Aunque se halla ausente por completo de los cenáculos literarios de la ciudad de Matanzas, donde nació y reside, Raúl Dávalos puede considerarse como uno de los escritores matanceros que viven con más intensidad su relación con las letras, encerrado a cal y canto en su hogar de la céntrica calle Medio, escribiendo sin parar. Como fruto de esta consagración casi ascética, llegó la sorpresa provocada por su primer libro, Crónicas de Satz-Natham, por el que mereciera el Premio Fundación de la Ciudad de Matanzas, en la categoría de cuento, publicado en 2011, por Ediciones Matanzas.  Al año siguiente, daría a conocer en Ediciones Vigía su segundo volumen, de ese mismo género literario, titulado Desvelos. Y ahora tenemos ante nosotros a El sueño del rey, obra con la que en 2015 volvió a ganar el Premio Fundación de la Ciudad de Matanzas, pero en novela. Acaba de ser publicada por Ediciones Matanzas.

Novela sobre una existencia posible de Cesarión, el hijo de Cleopatra

Crónicas de Satz-Natham llamó la atención por cierta rareza que lo singularizaba en el panorama de la narrativa cubana contemporánea. De atmósferas densas, opresivas, nebulosas, góticas, sus páginas revelaban las huellas que dejara en Dávalos su devoción por autores como Hoffman, Lovecraft, Stevenson o Poe.

En brusco movimiento pendular, El sueño del rey se desplaza hacia un episodio de carácter histórico, narrado de manera convencional y que, por tanto, exige nitidez, precisión, detallismo realista para ser concebido, erigido palabra a palabra. Algo que, por cierto, él cumple a cabalidad. Se nota la amplia documentación que ha requerido la escritura de esta obra, aunque, afortunadamente, esto no es algo que se eche a ver, puesto que el autor solo trae a colación el dato imprescindible, nada que empantane el fluir de lo que se cuenta.

La novela narra un episodio que tiene su punto de partida en el Antiguo Egipto, ante la caída de la reina Cleopatra, y la absorción de este territorio por el Imperio Romano. Dávalos supone que ni la reina Cleopatra ni el corregente, su hijo Ptolomeo César, también conocido como Cesarión, mueren como parte de ese proceso de cambios y logran huir gracias a un plan tramado previamente. De esta manera, Cesarión y Cleopatra, en secreto, establecen una dinastía que acaba enlazándose con un suceso ocurrido en nuestra época: la reinauguración de la Biblioteca de Alejandría el 16 de octubre de 2002. Este devenir se va presentando en el libro a través de dos planos temporales que se alternan, uno en el pasado, otro en la época contemporánea, hasta donde se prolonga la dinastía.

Francisco López Sacha, presidente del jurado que premió el texto en el Fundación, señalaba que en sus páginas “Raúl Dávalos ha proyectado un culto y un rito. El antiguo Egipto es revelado desde la perspectiva de una continuidad, un mundo que no ha fenecido porque sobrevive en una tradición, en una búsqueda y aún en la defensa de valores que entran a la modernidad como factores de cambio. Esta obra reconstruye con minuciosos detalles los sucesivos procesos de una civilización que sobrevivió a sus dioses, sus guerras, sus plagas y sus oscuros secretos”.

Recuerdo algo que aprecié en la extraña relación de Dávalos con su primer libro, Crónicas de Satz-Natham. Sentía que dichas narraciones le habían sido “dictadas” y no hallaba la manera de intervenir en ellas, de trabajar sobre ellas. ¿Cómo explicar tal cosa? ¿Cuestión mística, romántica, al comenzar a ejercer el rol de “autor”? ¿Pura novatada, inexperiencia?

No sé. No puedo dar una respuesta exacta y acaso el propio escritor tampoco. Lo que sí puedo asegurar es que ya esa actitud no fue mantenida por Dávalos en el proceso de revisión de la novela El sueño del rey, de la cual fui editor. Dávalos se mostró más sereno, más “experimentado”, y pudo acercarse a ella, y, ahora sí, “trabajar” esta obra.

En la novela hay una gran cantidad de personajes y, en general, se encuentran bien trazados, logran corporeidad, consiguen sus propias voces y gestos, con sus respectivos e imprescindibles matices. Lo mismo Cesarión que su sirviente y luego esposa Amanirenas, lo mismo Cleopatra que el recio y noble Nectab, jefe de los llamados Rakotis, guardianes del rey, quien, autoexiliado en el desierto, conserva la grandeza de su legado, transmitiéndola hasta el presente, hasta sus sucesores, incluidas las nuevas generaciones de fieles Rakotis. 

El sueño del rey, novela histórica, donde hay aventura, persecuciones, combates, dramas y otros elementos que incrementan su interés, es sin dudas una propuesta con la que su autor también llamará de nuevo la atención de los lectores. Una obra en la que se nota su crecimiento como narrador. En la que se observa el intenso viaje que emprende cada día este escritor, tomando el ancho camino de la palabra, de la literatura, a través del cual nos hace ir de manera entusiasta junto a él.


Por: Norge Céspedes