Eliseo Diego, en la CalzadaLa ciudad, a lo largo del tiempo, ha recibido los más insospechados tributos. Es como si se quisiera rendir homenaje a esas estrechas calles, a esas mágicas plazas, a esa espléndida bahía, que enriquecen a la urbe.

Los poetas son, quizás, quienes con mayor gracia y empeño se han referido a los misterios, los sortilegios, los encantos, de la antigua villa de San Cristóbal de La Habana.Eliseo Diego (La Habana, 1920-Ciudad México, 1994) publicaba, en 1949, el poemario “En la Calzada de Jesús del Monte”, hermosa joya de la lírica cubana que resulta un canto admirado y agradecido a la ciudad.

Inspirado en ese cuaderno, otro poeta, Abel G. Fagundo (Jagüey Grande, 1973) ha incluido, en su libro “En el bosque francés de la Calle Medio”, el texto titulado, precisamente, “En la Calzada de Jesús del Monte”.Evocador poema, que rememora escenarios, ambientes, personajes, de una ciudad que, muy pronto, arribará a su medio milenio de fecunda, enriquecedora y fértil vida.


Por: Fernando Rodríguez Sosa

Tomado de: http://www.habanaradio.cu/index.php


 

                                                          No podría decirles nunca: esto fue un sueño,
                                                          y esto fue mi vida.
                                                                                                Eliseo Diego

Por la Calzada de Jesús del Monte
camina aquel poeta mitológico.
Lleva el polvo en sus hombros
la trascendencia que se interna en el destino
paso a paso, tras la niebla habanera de la noche.

En el portón se quema el humo de los días
la sombra de un poema merodeador
se regodea en las columnas, quiere penetrarlas
sentirse libre en el corazón de la piedra.

En la Calzada
esa isla pequeña rodeada por Dios en todas partes
hay ecos de discursos, historias penitentes
ecos que se corrompen y corrompen
el mar contaminado
en los desbordes de la gente
La Habana molesta, capitalina, fetichista.

La ciudad se maquilla y reconfigura
pero el alma antigua sobrevive en las fotografías
y las viejas palabras fluyen una generación tras otra
como ríos marginales
que nos inundan desde la periferia del siglo.

Yo no sé nombrar las cosas
nunca he dominado bien
los adjetivos que definen
no suelo convencer cuando digo:
maldita Habana, maldita isla, maldita poesía…

Por la Calzada voy con paso sereno
de palabra en palabra
como el saltarín que cruza un charco
sobre las piedras interpuestas
para que el agua no lo invada.

El polvo envejece en mi cuerpo
con su peso me hunde en la memoria.
Soy un poema interior
un fragmento que gira en la periferia marginal
lejano al universo clásico de la isla.


Abel G. Fagundo