La entrevista de la lecheraCuando supe que Leonardo Padura participaría en la presentación de algunas de sus obras en la librería de Varadero, junto al historiador matancero Urbano Martínez Carmenate, literalmente se me hizo agua la boca. Pocos días atrás, un amigo me había prestado Adiós, Hemingway y La cola de la serpiente. Eso sin contar que conozco al dedillo (por las tantas horas de repetida lectura) las siempre inquietantes historias de Mario Conde, su antológica Fiebre de caballo, El viaje más largo, el ensayo sobre Heredia y su repercusión novelada: La historia de mi vida.

Toda una galería de personajes, historias y situaciones a lo Padura se me agolpó para sugerirme una entrevista de “las duras”: las contestables solo por elegidos. Y así como en la tradición que narra acerca de la lechera con la tinaja sobre los hombros, que ya se veía comprando un gran rebaño y tropezó, derramando leche y sueños, me sucedió cuando apenas pude casi imponerle tres preguntas del ansiado cuestionario a uno de los más –sin miedo a las exageraciones-connotados narradores cubanos de la contemporaneidad.
 
Muy corto el tiempo para entrevistas y cara de pocos amigos (hacia mí, por supuesto) de la cola de lectores que esperaban por un autógrafo (de Padura, por supuesto).
 
En mi digital voice recorder (¡guau!) de mano, grabé por encima del bullicio apenas 4 minutos con 42 segundos, en lo que se suponía fuera una de mis más logradas entrevistas –aquí también sin miedo a exagerar-.
 
Maylan Alvarez: Durante el evento teórico “Narrativa cubana de hoy”, a propósito de las jornadas en torno al Premio Fundación de la Ciudad de Matanzas, Alberto Guerra comentaba sobre la pretendida universalización de las letras en la Isla y que excepto Padura y otros pocos, el resto se quedaba en el intento. ¿Por qué Padura? ¿Por la galería de personajes que se inician con un desaforado localismo como en el caso de la protagonista de Fiebre… y termina, hasta estos momentos, con un Trosvki como personaje central en el El hombre que amaba a los perros?¿O sencillamente porque tiene la posibilidad de que le publiquen con exclusividades en Tuquetts y Brasil?
 
Leonardo Padura: Creo realmente que la literatura cubana de los últimos años se ha aferrado demasiado a lo local, al contexto local y a un tratamiento, una visión local de esos temas. Porque tú puedes hablar de temas, pero, lo decía Unamuno y Carpentier lo repetía, hay que ver lo universal desde las entrañas de lo local. Y hay que ver en lo local lo universal. Eso creo que es un principio fundamental para todas las manifestaciones del arte y la literatura cubana de los 90 y hasta hoy se deslumbró tanto con la singularidad de su realidad que se quedó encerrada en esa realidad y empezó a tener una visión localista de esa realidad. Creo que es necesario romper esa visión y yo he tratado siempre de tener una perspectiva mucho más universal. Mis referentes generalmente son más universales que cubanos:  tienen que ver más con la literatura norteamericana, con la literatura francesa que con la literatura cubana e incluso ahora he tomado personajes, historias, que tienen que ver con Cuba, esencialmente con Cuba, como es el tema de la perversión del ideario del socialismo, pero con una perspectiva, una visión, con una historia que tiene dimensiones universales.

M: Quisiera seguir hablando sobre sus personajes y le confieso que algo siempre me ha dejado en ascuas con respecto a algunos de ellos. Usted no “trabaja” los personajes femeninos , andamos siempre de segundonas (Risas de ambos), La madre del Flaco Carlos, las amantes de Yarini, la chica del saxo, las mujeres martirizadas en La novela de mi vida, para qué seguir enumerando ¿Cuándo nos regala un texto donde seamos las amazónicas heroínas?
 
LP: Hay muchas mujeres en mis obras, pero el problema es que el ser humano es un misterio, la mujer es diez misterios a la vez y yo no me siento capaz de poder revelar la identidad de un personaje femenino plenamente. Como personaje protagónico no lo puedo hacer. Que no la esperen (Risas).
M: En el 2002 se realizó la primera edición de La novela de mi vida, con la que obtendría EL Premio Internacional de Novela Casa de Teatro, el Premio de la Crítica y amplísimo reconocimiento en el panorama de nuestra literatura. En cambio hace apenas unos minutos atrás usted se refería a ella como la más matancera de sus novelas. Si seguimos en este orden de ideas de intentar universalizar lo local: ¿por qué el término entonces?
 
LP: Es que una novela en la que Matanzas es el escenario importante de la historia por toda la presencia de Heredia en la ciudad. Además fue un libro que para escribirlo me requirió un esfuerzo de mirar lo que fue la sociedad matancera, el mundo matancero del siglo XIX, de una manera muy especial porque es el lugar donde Heredia comienza a sentirse cubano. Y el hecho de que este hombre, que apenas ha vivido en Cuba, llegue a una pequeña ciudad de provincia y encuentre, según él, que tenía algún misterio que develar. Y esto me obligó a una investigación mucho más profunda de la vida matancera del siglo XIX…

Aquí nos interrumpieron. Si intentó colaborar o no con otras respuestas es algo que no me cuestiono: fue imposible. La presión de los lectores truncó los sueños de la periodista/lechera. En el plató quedaron preguntas sobre deporte, futuras novelas, narradores policiacos cubanos, Gijón, el Hammett, su labor en el cine bien cerca de un Benicio del Toro estrenándose como director…
 
¿Qué se le va a hacer? Esperaré otra oportunidad, otro libro, otro viaje de Leonardo Padura a Varadero. O mejor: volveré a subirme hasta los hombros mi tinaja… y compraré otra de repuesto, por si acaso.

Por: Maylan Álvarez
Periodista. Poeta. Promotora de la Casa de las Letras Digdora Alonso