Roberto ManzanoRoberto Manzano es de esos amigos que reconoces con el primer estrechón de manos.Escritor, profesor, editor y diseñador gráfico, nació en Ciego de Ávila en 1949. Su versatilidad y sólidos conocimientos literarios están avalados por una rigurosa formación académica. Ha impartido postgrados sobre estudios literarios y lingüísticos y cursos para la formación de escritores. Actualmente se desempeña como Jefe de la Redacción de Poesía de la Editorial Letras Cubanas, del Instituto Cubano del Libro.

Nunca hubiese imaginado que su proverbial modestia escondiera semejante cúmulo en el arte de crear, cotejar, diseñar y estudiar la palabra. Sólo al revisar su currículo con motivo de esta entrevista he logrado visualizarlo. Ha recibido decenas de premios, entre los que destacan, por citar algunos: Premio Internacional de Poesía Nicolás Guillén, México, 2004; Premio Nacional de Poesía Nicolás Guillén, Cuba, 2005; Premio La Rosa Blanca de Literatura Infantil, 2005; Premio Samuel Feijóo de Poesía y Naturaleza, 2007. Ha publicado gran número de libros de poesía.

Conversando a intervalos, que pueden durar meses entre uno y otro, cada encuentro con el maestro y amigo supone un aprendizaje que me gustaría hacer público, con su consentimiento, a sabiendas de que no es más que una minúscula porción del iceberg que es Roberto Manzano. 

¿Concibes la poesía como prolongación consustancial de la vida, de sus actos, o como un suceso paralelo que la metaboliza y adorna intelectualmente?
Primero hay que diferenciar: diferenciar es conocer. La física de las partículas no adelantó un palmo mientras reinaba la filosofía que está implícita en la palabra átomo: elemento sin división alguna. Distingamos dentro del propio concepto de poesía: ¿toda la poesía es la poesía? Hay, al menos, según mi modesta experiencia, dos tipos de poesía. Digamos, la extensa y la específica; la antropológica, y la artística; la que revela la esencia de la espiritualidad del ser humano en general y la que se concreta en el poema. Vale decir, para visualizar de algún modo, la poesía y la Poesía. La poesía es una manifestación particular de la Poesía, que con cierta frecuencia se materializa en el poema. Pero hemos añadido un tercer elemento: el poema. Entonces tenemos la Poesía, la poesía y el poema. Claro, en sentido abstracto, porque es evidente que así no tenemos nada. Falta nada menos que el ser humano, que según el decir martiano es superior a la palabra. Si nos falta el ser humano en la relación nos falta, sencillamente, todo. Eso es lo que a veces le falta a algunos famosos estudiosos de la poesía en Occidente. Por eso ellos se quedan con frecuencia con el texto: porque la palabra texto alude al procedimiento por el cual algunos de los elementos trató de incorporarse al otro, con mayor o menor suerte. Y arrojan por la borda al tejedor, o si reparan en él lo diluyen en su circunstancia psicológica, económica, social o política. Pero rara vez logran ver la complejísima dialéctica de los cuatro eslabones que hemos indicado: el poeta –que escoge algo para juntarlo todo-, el poema –que es un enmarque específico del vasto mundo interior-, la poesía –que regula la expresión bajo una práctica histórica-, y la Poesía –que es la relación que rige, pues en ella la comunión combatiente de la realidad y el sueño, del individuo y el cosmos, alcanza una integración imposible de encontrar en cualquier otra manifestación de la conciencia. Puede parecer que no he respondido la pregunta, pero sólo me he situado en la raíz, para poder entender los frutos: existen las dos variables que expresas; si a la segunda le falta la primera, la palabra ha pasado a ser superior al hombre, y la palabra del poema sólo es válida cuando da testimonio de una sustancia humana. 

¿Cómo y cuándo se reveló el poeta en tu conciencia personal? ¿Fue un propósito o te sorprendió una mañana cualquiera?
¿Cuándo y cómo me percaté de que había nacido y de que un día he de morir? Muchos fenómenos de la conciencia individual no pueden ser ni datados ni descritos en detalle. Uno sabe que lo supo, pero se devana infructuosamente en la búsqueda minuciosa del cuándo y del cómo. La introspección también tiene su higiene. Me imagino que ese proceso sólo puede ser simulado para el conocimiento como un fenómeno de percolación: el agua que está sobre la cara superior de la piedra acaba saliendo por la cara inferior, pero como unas gotas respiradas, como un sudor cósmico. Cuando uno viene a ver, en un instante que cuesta mucho trabajo aislar, brilló el primer poema, mínimo y grávido, atraído por fuerzas desconocidas. He de reconocer que no recuerdo un primer poema mío, ni tampoco un impulso determinado, como un propósito. Después sí, recuerdo mucho, pues he advertido que poseo una gran memoria de los procesos de composición, que es el manantial de donde extraigo mis humildes opiniones sobre el arte de la poesía. 

Algunos escritores piensan que el ejercicio de la literatura es un grillete. ¿Te sucede lo mismo o disfrutas con libertad el acto de creación?
Depende de lo que quiera simbolizar aquí grillete. Si el grillete, aunque me lo ponga yo mismo, nace de una conminación exterior, caminar es un suplicio irritante, una dejación de la dignidad y una ofensa al mundo interior. Si quiere decir la sujeción a que nos vemos obligados para ejercerla decentemente, desde antiguo se sabe que la vida es corta, pero el arte es largo: ¿cómo no vamos a sacrificarnos por algo que hemos elegido como el sentido de toda nuestra existencia? Después de realizada una introspección verdaderamente honrada e implacable, sabremos ya de algún modo responder a la demanda rilkeana, que es la gran prueba vocacional: ¿puedo dejar de escribir? Si se tiene vocación de poeta, ha de saberse que en cada poema producido hay que intentar la presencia al menos de alguna gota de Poesía, según la dialéctica que describimos en la primera respuesta. Pero la percolación es un proceso lento y difícil, en la que grandes masas líquidas sólo alcanzan a veces reflejarse como una humedad especial. Un pétalo de luz extraído por nuestras manos del océano da mucha alegría contemplarlo. Y en muchas ocasiones la alegría es proporcional al sudor devuelto al océano. Hay que darle mucha vida interior a la exterior, para que la exterior alcance a cristalizar económicamente en la interior.  

¿Qué retos aportan los premios y reconocimientos?
Como los premios y reconocimientos no son consustanciales a todo el proceso anteriormente descrito, que es el inherente a nuestra necesidad creadora, pueden alterar y distorsionar esa hermosa inherencia, o pueden fomentarla y precipitarla en áreas de mayor conquista. Depende de la naturaleza de los premios y reconocimientos, y de la naturaleza interior del poeta. Como el poeta es un trabajador muy especial, pues labora con la representación del mundo interior (añádase un agravante hoy: sólo ofrece productos escritos), la sociedad alienada y alienante en que vivimos tiene que realizar, cuando lo realiza, un marcado esfuerzo en identificar su aporte. Es una producción que exige un consumo especializado, y cuyos niveles de demanda bajan en la misma medida en que aumenta la alienación. Como ella resulta un buen antídoto contra la alienación, pues nos obliga a una introspección inteligente, las sociedades con más ingredientes humanizadores tienden a ofrecer mecanismos de distinción y reconocimiento. Pero toda intención contiene una práctica, y es en la práctica que materializa la intención donde entran las variables distorsionantes cuya explicación aquí nos alargaría mucho la respuesta. 

He visto tus creaciones de «arte digital» y me resultan sorprendentemente logradas. ¿Contemplas la visualidad como un suceso poético?
La mayoría de los artistas tienen bien aprendido que el pensamiento artístico opera con imágenes. No importa que el artista trabaje con la palabra, con el sonido, con el color, con el volumen, con el espacio, con el cuerpo. La imagen es el gran eje de la creación artística. Pero luego, en la reflexión casuística y parcelada, ese gran postulado inicial se olvida, y a veces surge todo un sistema deductivo sin ejes firmes, que puede llegar a verdaderas apoteosis interpretativas totalmente ebrias. Incluso entre los más autorizados teóricos. Un artista con un buen sentido común, que sepa discernir su práctica, les reconoce enseguida el mareo de pensamiento. La pintura y la poesía trabajan con imágenes. Esas imágenes, en ambos, poseen un grado de elaboración visual muy alto: uno, porque la vista juega un papel muy importante en el suministro de las formas que la imaginación necesita para trabajar adecuadamente; y dos, porque en la apropiación histórica de los analizadores, la vista ha sido más largamente modelada. Pero cada una de ellas, la pintura y la poesía, trabajan ese depósito de maneras diferentes, como dejó definido en sus líneas esenciales Lessing en el Laocoonte. En un poeta legítimo siempre hay un pintor inasible, porque la palabra es una representación. Muchas veces se interpreta el interés martiano de que el poeta pintara con palabras como una influencia o simpatía hacia el parnasianismo, pero a estos estudiosos se les escapa que nuestro más alto poeta alude a la naturaleza intrínseca del arte y no a una tendencia artística, en el que la poesía, aunque sea hermana de sangre de la pintura, ocupa sitio complejo y de privilegio. 

Me has comentado de tus habilidades para la escultura en pequeño formato. ¿Es un evento circunstancial o forma parte de aquello que la palabra no alcanza?
La realización práctica de esas esculturas fue un evento, pero la utopía personal de un arte total, íntegro, lo más abarcador posible, es uno de los puntos básicos de mi cosmovisión. No tengo condiciones materiales ahora, ni las he tenido nunca, ni se vislumbran en horizonte alguno, para consumar esa utopía. Pero forma parte inalienable de mi mundo interior, es una vivencia de lo que llamo la biografía interior, la que no pueden sujetar las circunstancias de ningún carácter. Y como la poesía es una especie de adelanto de ese arte total, pues trabaja con procedimientos de la pintura, de la música, de la danza, de la escena, de la escultura, de la arquitectura, del cine, trato de integrar esa utopía, de modo sinérgico, a las potencialidades y límites de la imagen inscripta en la palabra. 

Roberto Manzano, escritor, profesor, editor y diseñador gráfico

Una vez que asumes el rol de editor, ¿cómo interpretas las disímiles maneras de hacer poesía? ¿No altera tu propia visión creadora a la que tienes de otros autores?
Te refieres a uno de los procesos más complicados de la psicología del poeta. Para que el poeta cumpla con exhaunción los deberes del editor tiene que tener bien estructuradas las relaciones entre la ética y la estética. Me refiero al editor como escogedor y propulsor público de obras poéticas, no como persona académica que indica qué es correcto según las normas al uso. En la edición de poesía, este segundo trabajo es necesario, por cuanto el libro de poesía pasa a ser un producto social en sus manos; pero el primero es el esencial, es el gran trabajo del editor con la poesía, y el que garantiza que el primero no refrene y rebaje el vuelo audaz y original de manifestación tan compleja. La poesía, es evidente, necesita un editor determinado. Si ese editor es poeta resulta mejor que si no lo es, pero lo acompañan entonces grandes retos personales sobre los cuales ha de crecerse ética y estéticamente. Como poeta, debe tener una fe inexpugnable en su propia mirada estética; como editor, debe situarse en el otro estético, y favorecerlo desde sus propias improntas, y ayudarlo a presentarse socialmente no sólo con un libro correcto, sino lo más coherente posible con la utopía artística que el propio conjunto emana. Exige una generosidad sin fisuras, y una ausencia de proselitismos y de despóticas militancias muy grandes, si se quiere realizar labor de eficacia profesional y legítimo valor humano. 

En tu obra no caben dudas de una rigurosa tenacidad y exigencia crítica. ¿Qué papel juegan la perseverancia y el oficio en un cultor de tu género?
No hay oficio alguno sin tenacidad y exigencia crítica. Hoy día vemos un deterioro muy avanzado de los oficios. Como faltan aquellos dos ingredientes, el operador no es riguroso en todas las operaciones, y no posee la perseverancia necesaria para un dominio mayor. Obreros de distintos tipos, artesanos que cubrían múltiples necesidades de nuestra vida cotidiana, artistas que sueñan con la realización de una obra significativa, olvidan con frecuencia que hay una práctica histórica que asimilar como segunda naturaleza. Es absolutamente imposible ya tocar la flauta por casualidad. Hay una acumulación extraordinaria de práctica sensible en el tiempo, y en el espacio que nos ha tocado vivir. ¿Cómo añadir, que es todo lo que quiere decir poiesis? ¿Cómo incorporar un paso más en la sombra? Si no se está dispuesto a pagar el precio necesario, no se podrá disfrutar de una mínima maestría, o al menos de una asunción real del nivel alcanzado por el arte a la altura de nuestra existencia histórica. ¿Cómo representar con suficiente eficacia artística problemas tan enormes, desacostumbrados y dramáticos como los que hoy agobian al espíritu humano? 

Siempre hubo poesía y cruzamos los dedos para que la haya. ¿Qué piensas de las nuevas maneras de expresión poética, con el empleo del video y el soporte digital?
El cine se enriqueció cuando estudió a la poesía. Einsenstein examinó Poltava, de Pushkin, para la concepción de su teoría del montaje. Los procedimientos cinematográficos básicos ya estaban en la poesía, que es arte de inscribir lo simultáneo en lo secuencial.  Pero luego la poesía ha aprendido de los procedimientos cinematográficos. Siempre hay un toma y daca. Y ahora también existe, aunque se identifique menos. Las matrices visuales del video y de cualquier elaboración digital están en las raíces mismas del devenir poético, y aquellas se pueden enriquecer con una apropiación inteligente de éstas, como éstas se renovarán profundamente con las primeras. Hay una sinergia, un auxilio continuo en la conducción de las naves. Sí pienso que la poesía no se ha enterado lo suficiente de la honda transformación comunicativa que significa la presencia desarrollada de lo virtual. Ella, que es lo virtual mismo, no reconocerá bien como propias esas figuraciones inasibles hasta que el mundo interior –su verdadero espacio- no las asimile de modo profundo y definitivo. La extensión cibernética es aún muy desigual dentro de la masa humana, y muy joven como expresión de la sensibilidad, y se encuentra en frecuentes ocasiones al servicio descarnado de prácticas e intereses, sin ninguna elevación y gratuidad espiritual, como la poesía exige rigurosamente para sus mecanismos básicos de representación estética. 

Tomado de: http://www.almamater.cu/Index1.htm


Por: Amilkar Feria Flores
Fotos: Cortesía del Autor