Roberto ZurbanoHoy continuamos la serie de entrevistas sobre el tema que da nombre al título, con la de Roberto Zurbano (San Nicolás de Bari, La Habana). Ensayista y crítico cultural. Ha publicado Ramón Rubiera. Un astro ilusorio (Plaquette, Ed. La puerta de papel, 1992), Elogio de la lectura (Ediciones, La puerta de papel, 1994) La poética de los noventa (Premio Abril, Editora Abril,1995) y Los estados nacientes: Literatura cubana y postmodernidad (Premio Pinos Nuevos, Ediciones, Letras Cubanas, 1996). Ha obtenido los Premios Abril, Juan Marinello, Dador, Mirta Aguirre y el Premio de Periodismo Cultural en dos oportunidades y en el año 2000 recibió la Distinción por la Cultura Nacional. Autor de decenas de artículos y ensayos en revistas cubanas y extranjeras como Temas, Casa de las Américas, La Gaceta, El Caimán Barbudo, Catauro, Movimiento, Caliban, Contrapunto, y otras. Actualmente se desempeña como Director del Fondo Editorial de la Casa de las Américas.

F/ Se dice que la narrativa del siglo XXI comienza en los años 80 o 90 del XX. ¿Cuál es su parecer sobre eso y cómo explicaría semejante fenómeno?

Z/ No creo que la narrativa del siglo XXI haya comenzado aún. Lo que ocurrió en los 80 y los 90 fue un despertar de la tradición narrativa del siglo XX dormida durante décadas, los ochenta intentaron hacer el puente con los sesenta y los noventa se abrieron ya desde el puente, hacia el universo y hacia los temas globales y las apetencias discursivas marcadas por subjetividades que cerraron el siglo XX en todas partes: me refiero a las voces marginadas y marginales de mujeres, gays, negros, extranjeros, disidentes y otras tantas. De manera que aún estamos cerrando el siglo XX y en vísperas de una narrativa que diga cosas diferentes, desde enfoques diferentes y con protagonistas igualmente diferentes que no se parezcan tanto los unos a los otros, con sus excepciones, por supuesto.

F/ Existe, me parece, una cierta tendencia por parte de la crítica a analizar o estudiar las nuevas promociones de escritores de narrativa de  ficción y a su obra, desde el punto de vista  temático, llegando a obviar en ocasiones los recursos técnicos utilizados en su trabajo. Se ve qué se dice, olvidando un poco el cómo lo hacen. ¿Qué piensa usted de eso.

Z/ -Es un doble deseo: el de la Academia para a partir de un tema clasificar fácilmente a un grupo de escritores y el deseo de la crítica, también compartido por parte de esa narrativa, de competir con el periodismo. Los temas no son lo más importante en una literatura, pero forman parte de las elecciones que hacen los autores y forman parte de lo que no eligen o no pueden elegir, es decir, de la censura, de manera que la crítica juega a decir que los temas son importantes por que han sido censurados y ahora se pueden decir en voz alta o publicar en cualquier revista, pero es importante saber y decir cómo ese tema ha sido abordado por el escritor, con qué instrumentos narrativos, con cuánta certeza literaria ha revelado un tema, que como cualquier otro es eterno y cada cual lo escribe desde su fuerza literaria, o sus influencias, o sus aportes, o su desconocimiento. A veces se logra tocar un tema y por la forma de hacerlo, se vuelve a enterrar, desgraciadamente. Creo que hablar de narradores jóvenes y enfatizar en las técnicas narrativas no puede ser una obsesión, pero es siempre una necesidad de la crítica y de los propios narradores.
 
F/ La evolución es tan necesaria en narrativa, claro, como en cualquier otra de las esferas de la vida; sin embargo, ¿podría justificarse una experimentación total y constante que llegue incluso, en ocasiones,  a afectar la comunicación autor-lector  solo por esa necesidad  evolutiva? ¿No constituye ya cualquier obra narrativa, en primerísimo lugar, un texto netamente comunicativo?
 
Z/ La literatura experimental es un derecho del autor, un autor que se coloca, generalmente, de espaldas al lector y se concentra en las profundidades del lenguaje o en sus formas más juguetonas o en las elevadas montañas de palabras que pueden sepultarle.  Toda experimentación provechosa es un pasillo angosto por donde pasa el autor hacia otras alturas, si se queda en ese pasillo, la náusea lo condenará a esa sensación de callejón sin salida que resuma mucha literatura experimental.  No se le puede llamar necesidad evolutiva, sino estética o epistemológica o hermenéutica, es un momento de la creación muy significativo donde el autor investiga, prueba y comprueba sus instrumentos, lográndolo unas veces y otras no. Aun así, también el texto experimental tiene un afán de comunicación, menos masivo, claro, menos evidente, pero intenta comunicar. En las letras cubanas los grandes ejemplos no faltan. Cabrera Infante, Virgilio Piñera, etc. La comunicación es una obsesión de los periodistas, no de los narradores, el narrador quiere disfrutar y ser disfrutado, es otra cosa la comunicación. Ese afán esconde el deseo de tener un periodismo que nos comunique nuestras verdades y no haga ficciones de la realidad, es decir, justamente lo contrario de lo que yo le pediría a un buen narrador.
 
F/ Los medios audiovisuales han contribuido grandemente, en mi criterio, a una evolución acelerada en la manera de contar; revolucionan todo el tiempo y adiestran al público en el manejo de nuevas estructuras y formas, los hacen mucho  más aguzados y atentos. Sin embargo, ¿por qué son tantos quienes plantean que no les gusta, entienden, o simplemente les aburre nuestra narrativa actual casi de manera general?

Z/ Uno de los modos en que se ha empobrecido la narrativa contemporánea dentro y fuera de Cuba es  en querer repetir las fórmulas del cine. El cine es un arte caníbal cuyos recursos tecnológicos hoy superan muchas de sus grandes posibilidades narrativas y comunicativas. Pero la prosa es una experiencia más profunda, el coqueteo de algunos narradores con el discurso narrativo cinematográfico tiene que ver más con el mercado, con el dinero que gane el autor, quiero decir, que con la competitividad narrativa que se propone en realidad un narrador con el cine. El tratamiento del tiempo, del espacio, los cortes y la edición veloz que hoy tiene el cine se lo debe a mucha literatura y no al revés. Resultan caricaturescos esos cuentos y novelas  que quieren parecer un video clip o una película del sábado por la noche.  Algo mejor ya está en las letras japonesas o norteamericanas de principios del siglo XX.
 
Los medios audiovisuales ofrecen cuantitativamente muchos pedazos de información, ni siquiera completa y en un tiempo demasiado rápido parecen condensar muchos siglos de lectura, pero es un tiempo vacío de sentido, de hondura y de evaluaciones posibles, toda esa velocidad es para que evalúes cada vez menos, son imágenes que provocan muchas visiones descentradas sobre la realidad y el modo en que la realidad se muestra hoy ¿es el verdadero? ¿se puede tener con esas imágenes una distancia crítica? ¿Hay espacio para pensarse a sí mismo en medio de ellas? Estas preguntas siguen siendo demasiado lógicas y no estrictamente literarias. El imperio de la literatura terminó, pero el mundo de la razón, la crítica y las opiniones diversas sigue estando aquí, en cualquier parte; más allá de la imagen. Y el cine mejor apela también a ello ¿por qué la literatura va a escoger el camino más corto? Solo por facilismo, por ignorancia o por dinero. El cine es caro, pero se paga bien, la literatura todo lo contrario. Lo aburrido de una literatura no es su velocidad, sino su superficialidad y su modo elusivo, evasivo o cobarde de contar las cosas, decirlo a medias o no decirlo; ante esto, es preferible una película del sábado por la noche…
 

Entrevistador: Félix García Acosta (Felo)