Ulises Rodríguez FeblesPresentar a Ulises sólo puede hacerse de dos formas, ni una más, ni una menos. Y por supuesto, siempre hay una manera que supera a la otra. 

La forma 1 (convencional, más extendida, esa que empuja o aparta a quien busca los datos del autor “en la parte de atrás del libro”; las primeras palabras de todo currículum que se respete; la que una corta y pega de los mismos datos que el entrevistado facilitó): Ulises Rodríguez Febles, 30 de agosto de 1968. Dramaturgo, investigador y guionista radial. Licenciado en Español y Literatura. Diplomado en Teatro para niños y de Títeres en el ISA. Dirige el Centro de Documentación e Investigaciones Israel Moliner Rendón, de las Artes Escénicas en Matanzas.
 
Pero para suerte de todos los que aman, respetan y siguen la trayectoria del Ulises creador, del Ulises amigo, del soñador con los pies bien plantados, existe:
 
La forma 2 (donde el periodista reseña los datos que menos imagina el lector, o las cosas que más le gustan al entrevistado; quizás hasta esos detalles que un avezado en materia de edición asegure que le sobran a la entrevista). 
 
Por eso, para presentar a Ulises Rodríguez Febles sólo conviene la forma donde se asevere que el entrevistado nació, el último día de aquel lejano agosto de 1968, y que vivió hasta los diecisiete años en el Km. 9 de la Finca Dolores Junco, en el municipio de Limonar. Y que conoció las letras por su mamá, leyendo siete veces la historia de Robin Hood –mudando la voz para cada personaje. Y que de elegir, no le gustaría morirse en la tibieza de una cama. Y que entiende que es un deber cívico del hombre que se respete como tal, contar la historia más reciente, esa que carga sobre sus hombros, le pese o no.
 
¿Es cierto que te gusta la palabra guerrillero?
Ah, ¿porque oíste que un día lo dije? La palabra guerrillero es polisémica y contradictoria, porque su significado ha tenido diversas acepciones en el decursar de la historia. Guerrillero es el ser sensible que se conmueve ante las injusticias y encuentra en la lucha una manera de contribuir a la conquista de la dignidad humana. El guerrillero es un rebelde, un inconforme, un romántico, que está dispuesto a entregar por un ideal lo más preciado del ser humano: su vida. A veces se convierte en leyenda, en mito. Al guerrillero lo asocio con el héroe preferido de mi infancia: Robin Hood, nacido en el bosque por el hermoso amor de sus padres, uno sajón, la otra normando. De esa mezcla nace el niño, que es perdonado por el abuelo al verlo recién nacido, amamantado por su madre. Robin Hood el proscrito encontró refugio en el bosque, para, desde ese espacio, trasmutarse en un símbolo de la libertad, de lucha contra las injusticias.
 
Tu obra dramática El Concierto está incluida en los planes de estudio de la Universidad de Kansas. Has representado a Cuba en importantísimos eventos teatrales dentro y fuera de la isla; tus textos aparecen publicados en las más reconocidas editoriales del país y tus obras pertenecen al repertorio de varias compañías. ¿También así, con “tanta estrella”, se comportaron tus inicios en las tablas?

Nada es fácil. Para mí nada ha sido fácil. Recuerda que mi camino fue largo y tortuoso. Cursé una carrera pedagógica (de la que mucho me enorgullezco) donde estudié desde la Metamorfosis, de Ovidio, el Panchatrata hindú, el Popol Vuh maya, el Emilio, de Juan Jacobo Rosseau, el Poema Pedagógico, de Makarenko, la Psicología de las Edades, de Petroski, La Orestíada, la Ilíada, Borges y Martí y la literatura contemporánea cubana. La pedagogía, la psicología, la literatura, la lengua, la historia del arte y de la sociedad me prepararon de una manera especial para interesarme a estudiar, intentar comprender y amar el conocimiento y el ser humano.
 
Vivir en Matanzas también hace difícil el camino, pero eso es sólo una ilusión, después te das cuenta de que nada es un obstáculo si deseas alcanzar algo.
 
El Concierto significa de alguna manera el inicio de una etapa de mi carrera. Pienso que ahora estoy precisamente en el inicio de mi vida personal y creativa. Los seres humanos siempre estamos en el inicio, intentando llegar a otro punto de partida. Soy y seré un eterno discípulo, porque el aprendizaje nunca culmina. Escribir, vivir el proceso teatral, investigar, es disfrutar esa necesidad de interrogar, de interrogarte, de comunicar a los demás. El otro placer a veces es silencioso y cada cual debe tener el suyo, como un acervo para el “ego” que llevamos dentro.
 
El Concierto me propició varias satisfacciones que van más allá de los dos premios que obtuvo y de sus publicaciones. Un goce que tiene que ver con su recepción por públicos diversos de México, Estados Unidos, Londres y Cuba, donde se ha presentado con diferentes estéticas, incluso hasta como teatro de figuras. Lo interesante es que son públicos de diferentes experiencias, culturas y pude advertir cómo la asumieron, cómo la aplaudieron. Que conjuntamente con su estreno por Upstream Theater dirigido por Philip Boenh, se estudió en la Universidad de San Luis, con cuyos estudiantes me encontré en Cuba durante una visita de estudios junto a su profesor José Escribano. Que también se imparte en la Universidad de Kansas como parte del plan de estudios de teatro latinoamericano y que según la profesora Patricia Tomé los estudiantes la han seleccionado como la más universal de todas las estudiadas. La noticia me sorprendió aunque coincidía con otras opiniones, especialmente de quienes han visto más allá de lo que es invisible a ciertas sensibilidades. Que el estreno de Huevos llenó el teatro, incluso en las funciones de las 12: 00 p.m. Que el día final en que salía de cartelera se dio doble función porque el público esperaba afuera, que recibí muchos mensajes, escuché palabras gratificantes en los lugares y de las maneras más insólitas. Que experimenté la conmoción de los espectadores, la diversidad de opiniones de la crítica. Béisbo,l por Vital Teatro, me hizo experimentar la presencia de un público diferente al habitual y me propició nuevas amistades entre atletas e historiadores del deporte. Ahora soy también un ferviente defensor de la historia del Palmar de Junco y de esta institución, el lugar donde debe encontrarse en Cuba el Salón de la Fama del Béisbol, por su incuestionable tradición.
 
La Ventana Tejida, primero con Teatro D´Sur, después por Teatro El Puente y últimamente con Teatro Icarón, sigue conmoviendo y alertando sobre la soledad, la frustración y el dolor de los seres humanos y me vinculó a la Asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer y a la Sociedad de Neurociencias de Cuba. Las funciones de Balada del Marino me demostraron la capacidad de comunicación del teatro que se hace en la calle.
 
Sólo menciono lo de los estrenos en otras latitudes, como una manera de decir lo que a veces es manipulable o se obvia de mis otros estrenos, lo que a veces no se menciona porque no se sabe o por conveniencia del que escribe.
 
Creo que en los textos del El Concierto y otras obras, con el esclarecedor prólogo de Amado del Pino, se encuentra una etapa de mi vida creadora, una manera de enfrentar la escritura dramática. En el 2010, sin traicionar en lo que para mí es visceral - el abordaje de la realidad cubana, y lo que hay de poético en la cotidianidad - iniciaré otro ciclo de experiencias creativas. 
 
¿Quiénes o cuáles elementos apuntalaron tu salida al mundo del teatro?

Los maestros voluntarios, esos que nunca tienes cerca pero a los que llegas por diferentes caminos. Los que están en los libros, sus manifiestos y su experiencia; los que admiraste como espectador o en un video pasado de mano en mano.
 
Mi experiencia cercana, cimentada en circunstancias especiales con los olvidados cursos de invierno del Palacio del Segundo Cabo o los talleres literarios de los años ochenta; ciertas zonas de la narrativa cubana; el magisterio súperexigente y a veces arrasador de Redonet; escuchar los consejos de Madeline Cámara, de Heras León, de Maggi Mateo. Por una extraña razón me siento más cercano a los narradores, escribiendo teatro, que a los dramaturgos. Me siento más afín a Angelito Santiesteban, a quien vi leer por primera vez Sur Latitud 13, que a muchos de mis colegas. Esa es la verdad. Esos son los sedimentos.
 
Amo a Dostoievski, por su capacidad de ahondar en las almas humanas. Amo a Faulkner, a Cortázar con su Rayuela y su Perseguidor, a Carpentier, con El Reino de este mundo y El siglo de las Luces, a Víctor Hugo por Los Miserables; a Estorino, Hernández Espinosa, Abilio, Alberto Pedro… Pero también a los griegos, especialmente a Esquilo.
 
Mi deslumbramiento con el mundo de la escena fue una visión prematura de una obra teatral a los cinco años. No la he olvidado y siempre quise hacer lo que vi hacer a otros: metamorfosearme. Siempre hice teatro, siempre quiero hacerlo, aunque a veces me parece un acto suicida, sobre todo cuando escribes y entregas tu obra a otros, en un arte que es de colaboración. Empecé con instructores como Luis Ramón Rodríguez, Carlos M. Betancourt; como profesional en El Mirón Cubano, con Albio Paz; en Papalote, con Fernández Santana, Darío Salazar, Zenén, Migdalia Seguí; en Teatro D´Sur, con Pedro Vera. Abelardo Estorino fue como un paradigma de dramaturgo cubano que tuve cerca muchas veces. Creo que fue el primer dramaturgo que tuve cerca, al menos para escuchar sus consejos con cierta timidez. Este acercamiento se lo debo a Pedro Vera.    
 
Por sólo indicar un momento de intercambio, durante la I edición de los talleres del Royal Court Theatre de Londres (Cienfuegos, Matanzas) también compartiste con profesores cubanos, españoles y norteamericanos sobre temas de teatro, radio, TV y cine. ¿El DRAMATURGO necesita de eventos así para autovalorar o confrontar lo que está escribiendo?...Dicen que Borges afirmaba no leer a sus contemporáneos…

Pienso que como creador se necesita del intercambio con otras experiencias, con otros creadores, con otras maneras de enfrentarse a la creación y especialmente con otros públicos. El Royal Court Theatre fue el cauce a ciertas necesidades que llevaba dentro como autor y la posibilidad de experimentar la legitimización del dramaturgo en una agrupación teatral. La participación reenumerada en el proceso creativo, su importancia dentro de ese proceso en que se opina, se escucha, te reescribes, se ponen en duda las obras, como acto de creación efectivo e imprescindible del que aún carecemos. Pienso que la dramaturgia cubana es casi desconocida fuera de nuestras fronteras, que no existe una estrategia para que esta suceda. El intercambio con otros autores, cubanos o no, siempre te retroalimenta. El teatro necesita confrontación incesante dentro y fuera, porque aunque se escribe – al menos en nuestro caso – sin esa confrontación, es simplemente un documento reservado para la posteridad.
 
¿Cuáles de tus trabajos como dramaturgo te han granjeado mayores satisfacciones? ¿Y sinsabores?

Es una pregunta difícil. Cada estreno es como estar en el patíbulo o en la guillotina, de la que puedes salvarte o hasta sentir cómo la cabeza se desprende del cuerpo. La cabeza cae muchas veces. Eso depende del verdugo, de su mirada, de lo que sus ojos deseen o puedan ver, de muchas recepciones y diversos códigos en ese sentido, lo que es importante tener en cuenta cuando somos investigadores. Tengo muchas satisfacciones, algunas que he mencionado antes, aunque la más grande de todas es trabajar, trabajar. Me satisface mucho el diálogo de mis obras con el público. Me encantaría ver todo mi repertorio en escena – el que se ha estrenado- pero uno de los grandes problemas del teatro de este país es que a veces es mayor el tiempo requerido para crear que el que permanece la obra en cartelera. Eso es fatal y decepcionante. Son pocos los grupos que mantienen una estabilidad y permanencia de su repertorio. Son pocos los grupos donde los actores no se van para otras agrupaciones con una promiscuidad sifilítica. Otros en los que el rigor profesional y una mínima ética no se visibilizan ni con un microscopio. Es fatal la infraestructura teatral por la carencia de salas, lo que incide de alguna manera en una programación y explotación coherente del repertorio. En otras geografías los autores de nuestra generación dirigen sus propios textos, pero esto es cada vez más difícil por la inestabilidad de los actores, por la imposibilidad de que surjan nuevas agrupaciones, de que haya que llamársele profesional a quien a veces no lo es y aficionado al que tal vez, por su entrega, talento o ética, es tan profesional como los que cobran un salario y tienen un título. Como si olvidáramos que los grandes maestros de la escena mundial trabajaron con actores que no se habían formado en ninguna parte. Demasiados dogmas y estereotipos que conspiran contra el presente y el futuro teatral. 
 
Sputnik, Huevos, El Concierto, Béisbol (por mencionar algunas de las obras que mejor la crítica ha acogido), están signadas por temas puntuales de la Cuba contemporánea. ¿Por qué ese interés de revisitar argumentos “sensibles” en nuestra historia?

Porque me sensibilizo con lo que acontece, con la realidad en la que vivo. Porque coexisten zonas de nuestra realidad que han signado a generaciones enteras. Nosotros tenemos nuestros mitos, que en ocasiones por cercanos, pasan desapercibidos o no nos interesan, pero están en nuestra psiquis, en nuestra manera de ser, en lo que seremos – incluso en el mañana. Escribo para interrogar, para cuestionar, para polemizar. Quiero ahondar en las preocupaciones de mis contemporáneos, a través del arte que interroga, cuestiona, polemiza, y nos hace reflexionar en quiénes somos o seremos. También porque quiero comunicarme con mis contemporáneos y con los que en el futuro me leerán, me representarán o me olvidarán. Al escribir se deja una huella en la que están las voces de los que caminan a mi lado: un coro humano contradictorio que revela lo que pasó en esta porción del planeta Tierra. En la tragedia del ser humano de nuestros días también hay poesía, la que emanan sus pasiones, sus dolores, sus alegrías e incertidumbres. 
 
Se te reconoce siempre como escritor dramático. ¿Y tu labor como guionista radial? ¿Escribes bajo los mismos presupuestos para un escenario que para radioyentes?

Lo primero es que mis experiencias como guionista radial son tres: una, la primera, con el guión El Pescador, Piet Haynd y los fantasmas, finalista del Concurso de Teatro Radiofónico Margarita Xirgú. Se transmitió por Radio Nacional y Exterior de España. Los otros dos momentos fueron con la BBC. La cadena se interesó por El Concierto para los Servicios Mundiales y después me comisionó para trabajar en Radio 4 con la guionista Jenny Bucmank, que escribió un serial muy famoso en los años setenta en el Reino Unido: Los diez días que estremecieron al mundo. Creo que ambas fueron experiencias muy conmovedoras, excitantes. Fue significativo que me permitieran escribir mi propio guión radial de El Concierto, porque cuando se trasmitió por Radio Güines fue a partir de la versión de otro guionista y en otras ocasiones que se ha puesto ni siquiera me lo han notificado.
 
Realmente fue muy especial laborar para la BBC con el mismo traductor que lo trasladó al inglés para la publicación con la Nick Hern Book y para la presentación en Londres, en el Royal Court en el 2004 y con la misma directora de la lectura dramatizada: Indhu Rubasingham; aunque ellos primero querían comisionar a una directora de la BBC. Trabajar con Indhu y con William Gregory, facilitó el trabajo porque la primera conocía Cuba. Es un ser muy agudo, sensible y participó en el proceso de escritura de la obra a través de los talleres del Royal Court Theatre en la isla. Creo que mi labor con El Concierto hizo que se decidieran para comisionarme el segundo guión, para el que se habían propuesto varios dramaturgos cubanos. El segundo fue mucho más excitante, pues fue escrito a cuatro manos partiendo de una historia preliminar acerca de un personaje que existía en el imaginario de los radioyentes del Reino Unido. Por lo que pude constatar después, fue un serial muy popular, al que tuve acceso para identificarme y crear en conjunto la nueva historia. Ella desde su perspectiva, yo desde la mía, siempre bajo la dirección y producción de Anne Edyvean, una prestigiosa directora de la BBC. Las experiencias creativas y humanas fueron muy enriquecedoras desde muchos puntos de vista. Las anécdotas son muchas y se escribió casi a seis manos. Sin contar la experiencia de volver a trabajar con el mismo traductor: comprendió mi estilo y mi lenguaje desde los primeros momentos.
 
El Concierto se transmitió en el 2007 y fue nominada para el Premio del Gremio de Escritores de Gran Bretaña, entre todos los guiones originales escritos y trasmitidos por la radio. A la ceremonia donde se entregaron los premios a los mejores filmes, series de televisión y radio de Gran Bretaña, asistió Jenny Bucmank con la bandera cubana.
 
Cuando la BBC me contrató pensé en las innovaciones de Samuel Beckett para esta cadena; en las muchas veces que rechazaron sus obras hasta que Beckett se hizo imprescindible. Repasé en cómo sus guiones, estudiados mucho antes de trabajar en esta labor, fueron tan innovadores que la BBC tuvo que perfeccionar sus posibilidades técnicas. Así se inciaba una etapa de esplendor para el radio teatro, recogida para la historia con el nombre de “El Tercer Programa”. También recordé el legendario guión de La Guerra de los Mundos, cuando el genio Orson Welles conmovió al mundo iniciando una nueva era radial.
 
Estéticamente amo escribir para la radio. Tiene códigos muy particulares que permiten todo tipo de experimentaciones. La radio es y será el medio ideal para la imaginación y sus posibilidades, aún hoy infinitas. Pienso que con las palabras y los sonidos como soporte eficaz para la comunicación se puede experimentar de una manera absolutamente inusual.
 
¿Que te atraiga la profesión del historiador favorece tu trabajo al frente del Centro de Documentación e Investigaciones “Israel Moliner Rendón”, de las Artes Escénicas de Matanzas?

Me apasiona la historia, me apasiona estar rodeado de libros y documentos, tenerlos al alcance de la mano. Amo las bibliotecas y los archivos, el espacio donde trabajo y he pasado diez años y que se ha ido consolidando sobre la práctica. Amo conservar, proteger y difundir la historia escénica, cultural. Creo que con la ayuda de muchos, hemos aportado al enriquecimiento de los archivos, no sólo de la escena matancera y la cubana, sino también de la cultura cubana. Todo lo que hemos podido salvar lo hemos salvado.
 
Me fascina interrogarme e interrogar esa historia, descubrir documentos contradictorios, sucesos y seres anónimos. Amo buscar entre documentos olvidados y fotos amarillentas una verdad que a veces no está en los libros que uno lee. Siento placer en rendirle homenaje a los olvidados, los que no fueron protagonistas de los grandes sucesos, pero ayudaron a hacer la historia. Creo que hay demasiados investigadores que se van por lo más fácil, por lo que ya está instaurado y convertido en paradigma. Esos se arriesgan muy poco o nada frente a lo desconocido, a lo controvertido, lo polémico, con seres y sucesos que también forman parte de nuestra historia. Creo mucho en una frase del filósofo marxista Walter Benjamín que dice algo así como que la historia se construye con la memoria de esos seres anónimos.
 
También amo mi trabajo porque pienso que si no defiendes el pasado y el presente con una pistola el futuro te disparará con un cañón. Espero tener siempre balas para esa pistola y que me acompañen dos o tres alucinados con deseos de disparar, en un acto cívico imprescindible para el resguardo de la memoria histórica de la nación. Un acto muchas veces ignorado, silencioso, poco recompensado e ingrato, aunque de algo así lo único que puedes esperar es la recompensa del futuro.
 
¿Cuánto crees que han aportado al teatro cubano los eventos que convoca el CDIAE? ¿Y tu desempeño como coordinador en la isla de la investigación Dramaturgia Actual en Español, dirigido por el español José Luis Barrientos?

Los eventos que convoca oficialmente el CDIAE son dos, desarrollados a lo largo de siete intensos años y que ya constituyen una tradición en Cuba. Representan un legado en el que nos educó Mercedes Fernández y los creadores matanceros: organizar, concretar, sistematizar y persistir con los eventos, que dan placer e inmensos dolores de cabeza. Uno se especializa en eventos. En el CDIAE se realizan los espacios que convocamos nosotros mismos; pero también otros cinco que se organizan en Matanzas. Eso sin contar los homenajes y coloquios y los cinco espacios creados por el CDIAE. Por eso sostengo que “mis muchachos” –a los que quiero y admiro con el alma- laboran como promotores, investigadores, archivistas, bibliotecarios, curadores, especialistas en homenajes y en eventos, todo cuanto entiendo que deben ser los trabajadores en este tipo de centros. Admiro a esta generación que salió ayer de la universidad y que persiste junto a mí en este sueño.
 
El Anaquel, ese espacio dedicado a las investigaciones, al trabajo de archivo, a la historia, ha logrado incentivar y estimular la investigación, la invención de técnicos de las agrupaciones y de las instituciones escénicas. Ha derivado en un evento nacional de los que se dedican, como monjes, a custodiar el patrimonio escénico cubano. Incluso se propició la creación de la Red Cubana de Archivos, implicando a todos los que aman esta profesión, que es lo significativo. Si no se ama apasionadamente, este sueño gratificante cae en el vacío. Es la fórmula ideal: pasión, mucha pasión. El que hoy seamos miembros de la Red Iberoamericana de Archivos de las Artes Escénicas, espacio donde representé a Cuba en Montevideo, Uruguay, sintetiza lo que hemos alcanzado sistemática y coherentemente en esta labor.  
 
La Jornada de la Dramaturgia Cubana ha reunido ha más de 160 dramaturgos cubanos de diferentes generaciones, tendencias y estilos. Se han homenajeado acontecimientos y figuras esenciales de la dramaturgia cubana, aunque faltan muchos otros, porque se han invitado a algunos que no han asistido. También se han leído textos inéditos que luego se publicaron, premiaron o llevaron a escena. Han participado muchos grupos del teatro cubano y presentado libros de las diferentes editoriales. Se le ha rendido homenaje a espacios del teatro cubano que estimulan la escritura dramática, como los seminarios del ISA, del CNIAE, en el Rita Montaner, Tablas Alarcos… Se han debatido temas cruciales en un panel (aunque esto de debatir, reflexionar, cada vez me resulta más aburrido y decepcionante). Rubén Darío Salazar y yo como coordinadores, hemos tratado de preparar cada evento lo mejor posible, con el constante apoyo del CPAE. Creo que este trabajo ha sido fundamental en el panorama teatral de la Isla, aunque no esté entre las prioridades estratégicas de la nación. Pero eso no es importante, lo esencial son los resultados.
 
El proyecto con el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España es otro camino en la relación con otros investigadores e instituciones. A García Barrientos lo conocí en México. Vio allá mi obra, leyó mis textos y escribió algo sobre ellos. Él es autor de libros muy particulares que he divulgado. Intenté introducir en Cuba sus investigaciones. En ellas participan ocho investigadores de varias latitudes, incluso tres cubanos. El libro debe salir pronto. Es una mínima acción de promoción para la dramaturgia cubana, que debería gozar de mucha más.
 
¿Dramaturgo matancero o cubano?

Cubano, porque soy un autor de este país singular. Un autor que escribe sobre su país y sobre su gente, como necesito hacerlo. Matanzas está en el mapa del archipiélago, como también Cárdenas, Unión de Reyes o el Valle de Guamacaro donde me crié. Los espacios donde uno vive, respira, crea, camina, se sorprende, se alegra y sufre son la patria, la mía. Esa que ha proporcionado los materiales dramáticos para mis obras. Es a ella la que he desandado. A la vez ella lo ha hecho conmigo: me ha acariciado, me ha rasgado, me ha acompañado y hasta mordido. Lo que escribo es un resultado de las colisiones, los estremecimientos, las pasiones de ella, por lo que también soy su consecuencia. Somos uno mismo, en Matanzas o cualquier otro lugar del mundo. En otro país la sientes tan adentro que sales ansioso a buscarla. Matanzas es mi refugio espiritual, nunca una limitación para dialogar con el universo.     
 
Crítica literaria, género dramático, narrativa; escribes para el público infantil; terminaste el Diccionario del Teatro para niños y de títeres en Matanzas y un espectáculo para artistas circenses. ¡¿Poesía también?!¿Algún otro secreto literario?

Escribo siempre por las mañanas, por las tardes, casi nunca de madrugada, aunque me despierto a las seis, a veces afiebrado por los deseos de sentarme a escribir o al menos a crear, sin sentarme a la máquina. Siempre con placer, con muchos deseos, con una libido desbordante. Escribo a veces entre un evento y otro, entre una actividad y otra, entre una llamada u otra. En la casa o en el trabajo. Dos o tres textos a la vez: una investigación, un poema, un texto teatral, un programa de radio. Es una maravilla tener siempre numerosas cosas que hacer y que te queden muchas otras como propósitos. Es eso lo que te hace vivir con un placer inigualable, soñar y tener entrañables proyectos que concretar en una vida que casi no alcanza. Y eso que ando a millón e intensamente por ella.
 
Sobre los secretos, los mantengo como lo que son. Sí te aseguro que para este 2010, además de dar a conocer mi última obra teatral Saxo, culminaré algunos de los proyectos en los que he venido trabajando hace tres años, que me tienen fascinado y que no guardan nada en común con el teatro. Creo que en lo adelante haré otras muchas cosas que no tienen nada que ver con el teatro, o que al menos, que sostengan el sentido de lo híbrido. Es reconfortante beber de numerosas fuentes culturales, estéticas; de códigos disímiles e inagotables del conocimiento humano, alejado de lo que uno hace a diario. Es aburrida la quietud, hacer siempre lo mismo. Debes apartar ciertas actitudes o dogmas, ciertas restricciones mentales, barreras que la cotidianidad del trabajo “oficial” o de la vida te tratan de imponer para alcanzar lo que ansías, que es lo más importante. La felicidad de la vida es vivirla como aspiras. Intentar ser coherente y consecuente con ella hasta el último instante.  
 
Una vuelta de tuerca a la infancia: relees a Robin Hood, mientras tu mamá corrige la mala pronunciación. De ser posible ¿cómo escribirías el desenlace?

¿El de Robin Hood o el mío? Robin Hood tuvo una vida y hasta una muerte hermosas porque disparó la flecha y pidió que fuera enterrado donde su fuerza de arquero inolvidable logró que cayera: en el horizonte, en un lugar del bosque de Sherwood donde había nacido y vivido en libertad. El arco fue su arma. Las palabras, los actos que penetran en la espiritualidad propia y la de los otros, son las mías. El desenlace sería mantenerse en pie, soñando, siempre erguido persiguiendo el transcurso de la flecha y que al caer ésta, al menos, se acerque al blanco de lo que ansiabas fuera tu proyecto de vida. 
 
Tomado del libro en preparación "Me permite una pregunta" de la periodista Maylan Alvarez