mirar a través del lente¨No es por casualidad que nacemos en un lugar y no en otro, sino para dar testimonio¨.
Eliseo Diego
 
Soy fotógrafa y estas páginas son sólo parte de una investigación, de un camino. A partir de un intento por entender la imagen misma, una búsqueda de lo estético devuelta en imágenes. Un descubrir de las huellas, desde las sombras y las luces, en la vida misma, en lo cotidiano.
 
Cuando parece que ya todo lo vimos, en esa irrupción desenfrenada de signos y símbolos, como imágenes que se nos muestran llenas de irrealidad, o al menos de realidades que nos resultan ajenas. Mi interés se centra cada vez más en revisitar aquello que me es común, familiar, con lo cual logro establecer un mayor vínculo con algo que también me pertenece. Tal vez como una explicación más inmediata hacia aquello que conforma mi ser. O como una posibilidad de autoconstruirme e ir transformando la realidad y la subjetividad toda, de modo se multipliquen las posibilidades, los caminos….
 
Lo cotidiano trabaja en un espacio paradójico. Es rutina, pero también es cambio. En él se urde la trama del mundo, que conserva, cambia y desecha experiencias. Es también donde realmente acontece la historia. Es donde vive el ser "de carne y hueso" es allí donde, según Émile Cioran, cae el tiempo horadando el cuerpo material del hombre. La vida cotidiana es un espacio donde median el individuo, la naturaleza y la sociedad. El hombre particular y el hombre genérico conviven, entonces, en la cotidianidad.
 
Analizar la vida cotidiana desde la fotografía es desenredar lo que aparentemente es normal y percatarse de lo simbólico de cada estilo de vida, es darse cuenta de que existe un sistema social que te abruma con una serie de normas a cumplir, o que te obliga a que disminuyas tu capacidad de asombro. El estudio de lo cotidiano es comprender el valor estructural de la nueva sociedad que estamos rediseñando. Finalmente todo esto con un propósito sumamente definido, reflexionar hasta qué punto la vida cotidiana te facilita ser un individuo libre y que puedas diseñar tu proyecto de vida. Es decir, revolucionar nuestras vidas cotidianas y promover o exponer visiones diferentes de comportamientos y compromisos propios, que pudieran ir construyendo una cotidianidad más intensa y llena de perspectivas individuales y sociales.
 
Pretendo acercarme a algunos mecanismos con los cuales un espacio o un lugar adquieren en el discurso visual un valor cultural que trasciende su carácter físico. La singularización de la reevaluada cotidianidad en la era posmoderna. Esta manera de concebir la historia como sumatoria de relatos subjetivos, parciales, ha impregnado todas las artes erigiéndose en un concepto cultural que marca las maneras de hacer y pensar durante la segunda mitad del siglo veinte hasta el presente. Un discurso que opta por las pequeñas historias como alternativa ante el difundido metarrelato de las sociedades modernas. Lo más importante es el aquí y el ahora, ¨Se acaba el sueño ingenuo de tiempos mejores, de situaciones mejores, se hace de este tiempo el mejor tiempo y de esta situación la única y la mejor posible, en donde se juega todo, día a día, paso a paso¨1.
 
Vivimos la mayor parte de nuestro tiempo en eso que se ha venido a llamar cotidianidad y es, por tanto, en el transcurso de la misma, donde se producen los acontecimientos más significativos.
 
__________________
1.Prácticas simbólicas de Jesús de Nazaret. Sergio César Espinosa y Sergio Sánchez.
 
Por otra parte, una abrumadora mayoría de los habitantes del planeta pertenecemos a esa categoría denominada “personas comunes”, es decir, anónimas, desconocidas para el gran público. Y sin embargo, a su vez, somos seres únicos e irrepetibles, protagonistas de la historia de nuestra vida. Y las vidas de cada uno están repletas de sueños, deseos, frustraciones, esperanzas, pérdidas, reconciliaciones… es decir, experiencias o historias, que no por ser vividas en el anonimato son menos interesantes o motivadoras.  Sobre la belleza de lo cotidiano, ya nos advirtieron algunos maestros de la pintura recordemos las escenas domésticas de Vermeer o Las Hilanderas de Velázquez, por poner algunos ejemplos hasta un Edward Hooper o varios pintores de nuestra vanguardia en la que cabe destacar el caso de Víctor Manuel García o Carlos Enríquez. Obras todas que parecen trozos de realidad, dando una impresión tan cercana y “auténtica”, que nos conectan enseguida con personas conocidas o historias vividas en nuestro entorno más próximo, logrando sensibilizarnos con los personajes, y de algún modo, con la vida.
 
Lo cotidiano tantas veces visto se puede convertir en un ejercicio de repetición de actos que inconscientemente solemos ubicar por varias cuestiones tanto psicológicas como sociales dentro de aquello que nombramos rutina. Según Walter Benjamin, el efecto de “shock” que tiene sobre una audiencia distraída algo visto, que comienza a ser efectivo en términos táctiles y después se expande hacia el campo de la visualidad a través del hábito. Es decir, la percepción consciente de la “cosa” sólo tiene lugar una vez nos ha capturado el “shock” de lo que nos encontramos. Esta manera de mirar el objeto es uno de los propósitos que me he propuesto en el material. Mirar la vida cotidiana a través de una fotografía que refleje la belleza de las múltiples rutinas que pasan desapercibidas por nosotros en los lugares más comunes que habitamos, tomando como referencia la cocina, como centro generador de relaciones y metáfora de la existencia humana.
 
Otro mérito que asiste a ciertas propuestas cinematográficas como expresara Norma Mederos en su artículo IFPA y Lógicas comunicativas: (…) es hacer de lo ordinario, de lo cotidiano algo extraordinario. (…)La mirada de diferentes generaciones que coexisten. Porque esto que nos parece obvio, rutinario es la historia misma. Nuestra cotidianidad es producto de un momento histórico, contextual, que está marcada por una temporalidad, y son nuestras historias representación del universo que las constituyen. Son las singularidades de nuestra vida, nuestras biografías personales lo necesario para entender lo humano, lo necesario para entender la vida misma.
 
Esta manera de imbricar la trascendencia de lo cotidiano dentro del proceso histórico al cual asistimos, es el aporte testimonial que tiene la mayoría de las producciones artísticas de países marcados por el signo del subdesarrollo. En la medida que seamos capaces de entenderla y expresarla con mayor vocación hacia la sinceridad, estaremos más cerca a no tener dueño. Estaremos más cerca del sueño de lo que muchos llaman pero pocos entienden por el nombre de libertad.
 
¿Por qué resulta tan importante para mí entender este marco cotidiano en el que una mujer cubana crea imágenes? Es el principio de la identidad lo que empieza a cristalizarse en la búsqueda, es quizá el primer hallazgo, o el más importante para defender una postura artística. Cuando reconocemos al nacer los latidos del corazón de nuestra madre, estamos estableciendo nuestro primer vínculo con una identidad sonora, luego reconocemos rostros y vamos estableciendo nuestra identidad visual ambas se irán transformando durante toda nuestra vida. Sin dudas en esta época fecundada en desarraigos, intentar asirse a aquello que es valioso para sí es un paso esencial hacia la libertad y legitimación del individuo.
 
De aquí que la manera que encuentro para expresar quien soy, es la pista para entender la posibilidad de lo que puedo ser, mi realidad es en tanto yo le transformo y viceversa. Entre sus límites y los míos cobra fuerza un nuevo espacio que convengo en llamar punto de encuentro, el encuentro donde nace el otro, lo otro, el misterio, la Utopía. Ir hacia ese misterio, es una de las razones que marcan mi trabajo desde la fotografía.
Y aunque mi cotidiano es también parte de ese espectáculo que creo para mí y para el otro lo cual se desprende que en mi existencia pertenezco a ese mundo dónde lo aparencial es la realidad, y que todo comportamiento tiene la seña de estar modulado por el omnipresente poder de los medios. Revalido junto a la concepción posmoderna, como natural heredera de ella, el presupuesto de historiar desde lo cotidiano. Mostrar desde este espacio sigue significando para mí un estar más cerca del ser, en la medida que este se transforma en identidad, en expresión de un proceso histórico concreto, por el que es absorbido. Estar consciente de ello, replantearse los modelos imperantes que propone la esencia de la sociedad espectacular:"lo que aparece es bueno, lo que es bueno aparece", repensarse al sujeto como ente activo, y modificador de su realidad o por lo menos proponerlo, es la alternativa, el hecho de dejar testamento sería la finalidad del proyecto.
 
La imagen es el hecho de mirar algo en dependencia de cómo el ojo se ha desarrollado, para ver lo que se nos presenta, es decir, cómo el ojo ha sido testigo de la evolución misma del hombre. Los desarrollos tecnológicos han devenido en una noción diferente del tiempo y del espacio, la revolución industrial y con ello la revolución de la luz a través del lente; presupone una nueva mirada, un nuevo enfoque, una nueva manera de sentir, y de presentar y representar lo que nos rodea.
 
La fotografía es producto del modo acelerado en el que se nos ha impuesto vivir, cada vez más nos parece que todo ha sido fotografiado. Los modos de consumismo actual requieren de las imágenes como forma de obtención de ganancias, el capitalismo las utiliza para adormecer a las masas, anestesiar las angustias reales provocadas por él mismo. El consumo acelerado de imágenes provoca indudablemente más de otras y de otras y siempre más imágenes.
 
Cuando parece que ya la vida misma es insuficiente, pobre y mermada en comparación con las imágenes emergentes, y en una necesidad de originalidad nos apresuramos en búsquedas de lo trascendente, cada vez más las fotografías creadas por el ordenador, mediante las técnicas más avanzadas de software, se representan a la vez que nos identifican como hechos puramente virtuales, es como si lo bello (admirable), lo ciertamente digno se encontrara allí, en la irrealidad, en lo platónico. De ahí que mi intención como fotógrafa sea precisamente buscar en esos espacios donde ya no miramos, para encontrar en la sencillez de la cosas, en su origen mismo, en su estado más puro; una reivindicación contra la ceguera.
 
Pretendo parar, detener un instante el tiempo, y de espacio, para atrapar eso que nos está escapando, visibilizar lo invisible, ver lo que nunca vemos en absoluto, o que vemos pero no le prestamos atención por parecernos común.
 
Estas imágenes no son un relato de intrigas, sino el reporte de la cotidianidad, que puede despertar interés sin que se venda envasada en escándalos. Implica la abolición del predominio de la política en la narración historicista. Esa historia que se vanagloria de las conquistas, que habla de vencidos y vencedores, va a ser sustituida por la saga de la cotidianidad.
 
En éste mundo compuesto por imágenes y para las imágenes es y pienso que cada vez más importante, en tanto necesario, repensar hoy, la construcción de imágenes fotográficas. Cuando ya es claro que no sólo son simples sustratos de realidad, sino que ésta realidad ha devenido también en reflejo de ésas imágenes.

Por: Rocío Aballí Hernández