Buena MuerteDesde una butaca escribo mi visión de Buena Muerte, la obra que Teatro El Mirón Cubano presenta exitosamente en su sala, sábado y domingo, del mes del julio, escrito y dirigido por de Ulises Rodríguez Febles: ¿Qué me ha impresionado de esta puesta? Sin dudas, el texto, pero también el resultado de la puesta en escena y las actuaciones de los tres actores: Francisco Rodríguez, Javier Martínez y Yanetsis Sánchez. Me conmueve la manera en que la muerte y el dolor han sido abordados. La muerte, que es parte de nuestra existencia, de cada acto que hacemos: nos observa, nos asedia y  ataca. Es significativo el tratamiento de la eutanasia, un tema tan debatido y polémico en muchas sociedades, incluida la nuestra. 

“Es que no trata de la eutanasia, me dijo un amigo, que ha visto la obra también dos veces, junto conmigo”. “Es cierto – le dije -  trata de la vida, de las cosas que dejamos de hacer, y solo ante una situación límite reconocemos.  Y a veces, jamás tenemos tiempo”.

“Trata de la eutanasia – argumenté -  porque lo que ocurre, lo que vemos, esas catarsis, delirios, lo que es común en los agónicos, son realmente imposibles. Lo que vemos, es el resultado de una decisión humana inverosímil, pero ficcionada, la de morir, como ellos - al menos, Cama 24 y Cama 23 - desean. Ellos escogen una manera de morir, felices, poseyéndose; viviendo, los actos más elementales de la existencia. Sobre ese basamento es que veo la eutanasia: ellos escogieron morir de la manera en que lo han deseado y eso es lo que vemos, lo que sentimos y experimentados”. 

Claro, hay otros elementos singulares de esas muertes, de esos proyectos, que parten del dolor, de la agonía. Es el enfrentamiento a la muerte en circunstancias diferentes, en personajes de tres edades, con distintas preferencias sexuales, con profesiones e intereses diversos. Eso hace interesante lo que veo, lo que el texto me transmite y comunica, una reflexión fluida,  de lo que acontece y de lo que me dicen los diálogos y los monólogos de los personajes, que van desde la belleza de la palabra, hasta el uso de palabras crudas, de esa realidad, relacionada, muchas veces con el sexo.

Cada uno, se mira a sí mismo y ante el otro; ansían cosas diferentes, pero quieren culminar su ciclo vital, impuesto por las circunstancias, haciendo el amor: manifestando lo reprimido del ser humano, lo que vive dentro de sí y solo expresa, confiesa ante este dialogo de lo imposible. La sexualidad es aspecto esencial de esta puesta. Se le confiere una importancia muy particular. Es uno de las ideas fundamentales, que mueven a los personajes, hacia un concepto de la vida, que parece primitivo; pero en este momento de sus existencias, es esencial; como también – en la obra -  se ve la incomunicación del agónico con el universo (médicos, familiares…), el tema de la vejez, asumida – aquí vuelve de nuevo, el tema vida – con dignidad, el matrimonio y las relaciones en pareja, la incomunicación humana, los sueños.

Las dos veces que la he visto, observé las reacciones del público, por cierto muy heterogéneo, jóvenes y adultos; pero mucho más jóvenes. Reían y hacían silencio durante el decursar de una trama bien concebida, en que lo cómico y lo trágico, se funden y a veces contrastan. Creo que transcurre, tal como veo personalmente la existencia humana. En el texto se manifiesta ese tránsito del dolor a la alegría, de la reflexión a los sueños; de los temas difíciles, a los más relajantes.  Con pocos recursos, mínimos, los  artistas consiguen transmitir ese transito, de la vida – hospital, mediante una cama, que los identifica, que los anula como seres humanos; a un espacio, que puede significar muchas cosas, que es la muerte y a la vez es la vida, que es el llamado túnel – blanquísimo de la muerte – y a la vez; es como lo veo, un mausoleo, blanco e impresionante, donde las luces funcionan, esto creo, como equipos de radiografías, como los claroscuros de la vida, donde se reflejan las siluetas de los cuerpos, desfiguradas como fantasmas, como animas, como el espíritu de esos seres, que se duplican en lo blanco. Todo esto contrasta con sus vestuarios y maquillajes. El de la cama 23 es impresionante: ese  vestido rojo, con esa cabeza rapada, esa palidez escandalosa, es conmovedora. Pero también  lo es la cama 21, que está como en otro estilo actoral, y su cuerpo adquiere esas connotaciones que dan la agonía.  Los tres actores, están muy bien. Han sabido transmitir sus tragedias. Son personajes complejos, difíciles, marcados por sus traumas. He visto muchos cambios, de la primera función a la última; detalles, incluso de textos, de elementos, como ese zapato rojo, que la cama 23 trae en la mano y luego deja abandonado.

No lo vi antes y ahora me produce, una extraña belleza, la de la fragmentación física y psicológica que vive el personaje.  Incluso, creo que la actriz ha madurado su personaje. El teatro es eso: procesos de trabajo incesante. Cama 24, interpretado por Francisco Rodríguez logra pasar de un estado a otro, maneja perfectamente la dicción y el cuerpo, las emociones, lo trágico y lo cómico de su existencia. La cama 21, para mí es una revelación de la escena matancera, de un actor joven, desconocido, al menos para mí.

Lo digo, por sus transiciones de un  personaje a otro, por esa manera de alcanzar – mediante sus recuerdos, sus delirios, sus añoranzas – desde los masculino y femenino,  los sueños, el dolor y los miedos.

Ayer traje a toda mi familia desde Colón. Quisiera que vieran lo que yo había experimentado como espectador.  Casi todos estuvieron de acuerdo con mis impresiones. A unos les gustó mucho más una actuación que otra. Es lógico. Son experiencias actorales y humanas diferentes. Como lo son para el público, que puede entender lo del Orlando, de Virginia Wolf, aparece manifestado en la Cama 21 o serle indiferente; pero ese espíritu, está, se transmite, llega y nos conmueve. Ojala esta puesta en escena sea vista por muchos. La he promovido entre colegas y entre mis alumnos. Sería bueno además, que lo vean estudiantes de medicina, de psicología. El ser humano, todo. Creo que del dolor humano, se sacan experiencias  y eso es lo que quiere transmitirnos Buena muerte, un texto, por demás sugerente, por ser paradójico. Donde veo, además la piedad y la compasión, desde su más profunda y raigal alusión. Creo que el mes de julio, ha estado teatralmente, muy animado, por la presentación de dos puestas de teatro, muy diferentes, y con una digna factura: Antígona, por Teatro El Portazo y Buena Muerte, por Teatro El Mirón Cubano.


Por: Osvaldo Veitía. Médico
Espectador de Buena Muerte.