Nancy MorejónExile is strangely compelling to think about but terrible to experience. It is the unhealable rift forced between a human being and a native place, between the self and its true home: its essential sadness can never be surmounted. And, while it is true that literature and history contain heroic, romantica, glorious, even triumphant episodes in an exile’s life, these are no more than efforts meant to overcome the crippling sorrow of estrangement. The achievements of exile are permanently undermined by the loss of something left behind forever.

…transcendental homelessness… is the result of discovering an absolute incompatibility between the realm of totality and the realm of personal interiority, of subjectivity…
                                                            Edward Said

To be rooted is perhaps the most important and least recognized need of the human soul.
                                                                 Simon Weil

Desplazamientos. Dislocaciones. Orfandad. Experiencias compartidas por muchos de nosotros que desde la antigüedad han venido marcando al individuo con traumatizantes pérdidas, transformaciones y redefiniciones subjetivas y culturales. Las últimas décadas del siglo XX parecen estar signadas más que otros tiempos por experiencias de migración y exilio tanto individual como colectivo, tanto forzado como voluntario, tanto geográfico como cultural y sicológico.

Teorizado por pensadores de la estatura de Edward Said y Julia Kristeva, entre otros(1), el exilio constituye una penosa experiencia de desplazamiento con cruce de fronteras espaciales, culturales y subjetivas que separan al individuo de un ámbito de seguridad y armonía.(2) Se trata de un movimiento de lo familiar a lo extraño que produce un sentimiento de dispersión y alienación.(3) El sujeto sufre una profunda nostalgia por todo su mundo dejado atrás donde no experimentaba ni separación ni extrañamiento, donde convivía compartiendo un legado cultural creado por una comunidad de valores, de lenguaje, de costumbres, de cultura.

Sin continuidad cultural ni subjetiva, el exiliado se siente incompleto, desposeído y disperso. Pasa a ocupar un espacio liminal entre su ayer y su hoy, entre el allá y el acá, un umbral que no está ni adentro ni afuera de los territorios que limita.

A consecuencia de disputas internacionales, guerras civiles, religiosas y étnicas, con exterminios masivos y las resultantes deportaciones y movimientos de poblaciones en masa, la migración, en números inéditos, constituye una experiencia política, cultural, lingüística y emocional característica de nuestra época. Fenómeno de amplias dimensiones e implicaciones sociales y también metafísicas, el exilio ha desgarrado a millones de personas al separarlas de su lugar de origen, de su familia, de sus tradiciones(4)

Haciendo aguas. KachoAmén de ser un motivo fundamental y recurrente en los mitos y en la historia de la humanidad, inscrito desde la Biblia con la expulsión de Adán y Eva del paraíso, hasta los anales históricos de nuestros días, el exilio tanto individual como colectivo, ya sea forzado como voluntario, constituye un tema central de mitos, épicas clásicas, épicas africanas, canciones de gesta, remontándose desde La ilíada, La odisea, La eneida y El Cid, hasta la literatura poscolonial contemporánea. Parte del imaginario de nuestros tiempos, el exilio ha llegado a ser punto referencial tanto como motivación y tema de muchas creaciones de una casi interminable lista de escritores latinoamericanos notables que sufrieron esa experiencia, Julio Cortázar, Pablo Neruda, Luisa Valenzuela, Cristina Peri Rossi, Gabriel García Márquez, Reina Roffé, Mempo Giardinelli, entre otros.

En el caso de Cuba, este mito se ha convertido en un arquetipo del imaginario cubano.(5) Su historia ha sido pródiga en acontecimientos que trajeron como consecuencia el exilio individual y colectivo experimentado por muchos de sus ciudadanos y escritores, en el siglo XIX, Félix Varela, José María Heredia, José Martí, Juan Clemente Zena, y, en el siglo XX, Nicolás Guillén y Alejo Carpentier, entre muchos otros. Más recientemente, la Revolución Cubana de 1959 que concitó y nucleó intenso fervor nacionalista, también trajo migración en números inéditos en las historia de esta nación, con la resultante división entre los que se fueron y los que se quedaron, aquellos “de aquel lado” y “los otros de este lado,” separados por “la memoria de aquel Estrecho Dudoso, el golfo…,” como sugiere Nancy Morejón en “Los que se van” (La Quinta de los Molinos, 44).

En tiempos en que tantos compatriotas emigraban de la isla, Nancy Morejón, leal a su gente, a sus tradiciones e ideales, optó por permanecer en su Habana. No obstante, no haberlo vivenciado directamente, el problema de la separación de las familias cubanas, el desarraigo, la nostalgia y la soledad, se convirtió en una preocupación personal en esta poeta.

Movida por un innato espíritu de solidaridad humana y siempre sensible a las vicisitudes del ser humano, Nancy Morejón ha entendido, como Simon Weil, que unas de las necesidades más significativas pero menos reconocidas del individuo son el arraigo y la pertenencia. En su poesía, ha abordado esa inquietud de nuestra época: los peregrinajes físicos e interiores que dejan al individuo desconectado y sin un lugar propio, en un ámbito de umbrales donde se potencian múltiples negociaciones en un diálogo frecuentemente irresuelto entre la continuidad y la interrupción, donde además pueden generarse nuevas significaciones culturales. En estas páginas, nos detendremos en“Ante un espejo,” poema escrito a principios de los ochenta y publicado en Paisaje célebre (1993), donde Morejón perfila dimensiones subjetivas de la experiencia del exilio. (6)

“Ante un espejo”

Desde principios de los ochenta, Nancy Morejón ha viajado frecuentemente a los Estados Unidos donde ha trabado sólidas amistades de profunda humanidad, de empatía y compasión ante el desgarramiento afectivo y cultural sufrido por emigrantes cubanos, artistas, escritores, universitarios, entre ellos Sonia Rivera Valdés (7), quien, como Lourdes Casal(8) y también Ana Mendieta(9), años después de dejar su Cuba natal volviera a su añorada tierra, hermanada a sus compatriotas isleños estableciendo lazos entre su tierra de adopción y su lejana patria. Es precisamente a Sonia Rivera Valdés, a quien Morejón le ha dedicado “Ante un espejo,” poema en el cual cala profunda y lúcidamente en los sinsabores del exilio a partir de la relación de la emigrante con el mundo dejado atrás entrañado en su ciudad.

En este texto, interesa el vínculo de la subjetividad con el lugar, principalmente teniendo en cuenta que el espacio constituye un ingrediente fundamental de configuración de identidad personal y cultural, pues es donde se registran sistemas de representación y donde confluyen lo material y lo abstracto, el cuerpo y la mente. (Kirby 174) Allí se produce un anclaje de sentidos, similar a los puntos de capitone(10), entre el espacio físico y los parámetros más tangibles del ser y la identidad. La conexión metonímica del individuo con el espacio mediatiza la articulación de diversas facetas de la subjetividad de los niveles conciente e inconciente con formulaciones ideológicas de unidad, estabilidad y pertenencia, pero también de exclusión con efectos de dislocación y ruptura. Por otra parte, ese elemento concreto es investido de intenso contenido emocional y tiende a permanecer como objeto de nostalgia incambiado o frecuentemente magnificado y embellecido en la memoria del individuo.

En “Ante un espejo,” Morejón poetiza el alejamiento y desprendimiento físico del lugar de origen, tan entrañable que no admite sustituciones. La voz poética, en alusiones recurrentes al mundo abandonado por la emigrante, inscribe pautas de identificación inconfundibles, como el archipiélago “los Jardines de la Reina.”

Con este texto, Morejón parece entablar un diálogo intertextual con Konstantínos Pétrou Kaváfis, más conocido como C.P. Cavafy(11), en su poema “The City.”(12) Ambos autores poetizan la experiencia del exilio a partir de la relación del individuo con su ciudad como referente espacial primordial, aunque con implicaciones y estrategias expresivas muy distintas. Por su parte, Cavafy, hombre del viejo mundo, griego nacido en Alejandría, exiliado en Londres y en Constantinopla, había vivido esta experiencia en carne propia, mientras Morejón, mujer del Nuevo Mundo, afro-cubana, nunca ha considerado ni siquiera querido considerar el exilio como opción personal.

En ambos casos, la voz poética se dirige al exiliado. Mientras que C.P. Cavafy le da la voz al emigrante anómimo, Morejón no le otorga la palabra en ningún momento a su supuesta interlocutora, sino que la hablante monopoliza esa voz. Por otra parte, Cavafy presenta en un discurso directo el exilio como fait accompli. En tanto Morejón, como un superego inmensamente sabio y profético, con su sutileza proverbial, indicando posibles motivaciones, la búsqueda “de nuevos horizontes, / de fortuna / o tal vez de una pasión sin precedentes,” parte de un planteo hipotético, “Si decidieras irte de la ciudad, / de tu ciudad…. A dondequiera que te muevas….” Como en una larga advertencia, se dirige a una receptora implícita incierta. Cabe preguntarnos ¿quién será esta interlocutora? En un primer momento, podríamos sospechar lógicamente que se tratara de Sonia Rivera Valdés, a quien Morejón dedicara el poema, pero también podríamos asociarla a otros posibles emigrantes, quizás a sus propios compatriotas isleños. Incluso llegamos a preguntarnos si la interlocutora no será la imagen desdoblada de la propia hablante reflejada ante el espejo. Pero quienquiera que sea y dondequiera que esté esa ciudad, su ciudad, provocativa e ineludible, la asediará siguiéndole los pasos.

Nostálgica de su matriz cultural, de un tiempo desaparecido, de un sitio desvanecido que parecería estar más cerca que ningún otro de sus sentimientos, la emigrante se ha de refugiar en todo lo proveniente de ese mundo. Agobiada de un extrañamiento, que la motiva con la fuerza continua y excéntrica de un deseo insaciable, se desplaza en pos de un objeto inalcanzable buscando restaurar lazos entre recuerdos y experiencias de un pasado idealizado y de un presente insatisfactorio. Así, la emigrante ha de deambular colmada de añoranzas sensualmente saturadas de olores de seres queridos, fragancias, perfumes, imágenes y sonidos amados, que, como pasión no correspondida, sin pertenecerle, nunca la abandonarán. Va a sobrevivir con una mirada triste dirigida constantemente hacia su patria ausente, paraíso perdido que reaparecerá con narcisismo masoquista, como un espejismo del pasado en evocaciones obsesivas. A donde sea que vaya, vaticina la voz poética, nunca ha de cortar las raíces, ha de permanecer irremediablemente fijada en el mundo que dejó atrás y que la cerca con “todos sus fantasmas.”

Como la extranjera de Julia Kristeva, se ha de sentir que no pertenece a ningún lugar, a ningún tiempo, a ningún amor. (7) Ha de ser una soñadora que exquisitamente deprimida "le hace el amor a la ausencia, que se solaza en esa ausencia.” (Kristeva, 10, mi traducción) En su acecho, la ciudad asedia a la exiliada sin dejarla anclar en otro lugar, ya que augura la voz poética: “Nada podrá depositarte en ningún sitio,” pues, no han de quedar ni “otro país, ni otra ciudad posibles.”
Con una actitud de denegación constante, la emigrante se ha de debatir en una lucha agónica entre su presente que más que indiferente le resulta inaceptable y la visión utópica de aquel, su lugar de origen, único e irremplazable. En general, toda persona es consciente de una cultura, de un lugar. La exiliada es consciente por lo menos de dos lo cual le otorga pluralidad de visión.

Si los parques florecen
cundidos de tulipanes firmes.
entonces el bulevar trae olores
de tus seres queridos
y sobre todo, de tus muertos.

Ambos entornos se han de mantener vivos con una consciencia de dimensiones simultáneas en una mirada cuyos códigos de ayer interfieren con una vision íntegra del hoy estableciendo una relación dialéctica entre ambos puntos de referencia. En esa doble visión, las experiencias en el nuevo entorno suceden sobre el trasfondo de la memoria del mundo dejado atrás que obnubilando el presente, va a asumir siempre el primer plano.(13)

En la frontera entre la armonía pasada y la alienación presente, sin estar ni acá ni allá, en el umbral entre presencia y ausencia, la emigrante experimenta un doble exilio. Con esta postura de no aceptación de vínculos o afiliaciones a una nueva lealtad y su insuperable obsesión con la ciudad de sus recuerdos, la emigrante se comporta como si todo lo que la rodeara fuera intrascendente, sin sentido y transitorio, aferrándose a una sombra, al recuerdo idealizado de una imagen utópica. Como si la esencia de su identidad perteneciera sólo al pasado, a ese otro lugar, su identidad ha sido suspendida. Así entonces, como la extranjera de Julia Kristeva, es una soñadora “que le hace el amor a la ausencia, que se solaza en esa ausencia” (mi traducción, 10), para terminar haciendo de su exilio un fetiche.(14)

La hablante concluye que, con el paso del tiempo, la receptora del mensaje lírico, en la encrucijada de otredades, ha de dilapidar su energía y su ser en una nada, en un vacío, pues como extranjera “no tiene nada, no es nada.” (Kristeva 12, mi traducción) Así, infructuosamente se ha de marchitar triste y alienada de su entorno original. Augura la voz poética, “Habrás desgastado tu vida un poco inútilmente….” para continuar advirtiendo que cuando esté vieja y narcisistamente intente reconstituir su identidad buscando unidad en la confirmación de su imagen ante un espejo (15), “como el de Cenicienta,” ese cristal le devolverá, en su lugar, una triste sonrisa y “en sus pupilas secas” aparecerán “dos rocas fieles y una esquina sonora” de aquella su insoslayable y eterna ciudad, siempre deseada, eternamente idealizada y, por eso mismo, irrecuperable.


Por: Juanamaría Cordones-Cook
University of Missouri-Columbia. Ha publicado extensamente artículos en los Estados Unidos, Latino América y Europa. Publicaciones suyas son, entre otras, Poética de transgresión sobre la novelística de Luisa Valenzuela, ¿Teatro negro uruguayo? Texto y contexto del teatro afro-uruguayo de Andrés y una antología crítica bilingüe de la poesía de Nancy Morejón: Mirar adentro /Looking within. Tiene en prensa una antología crítica de teatro biográfico y en preparación un extenso estudio sobre la poesía de Nancy Morejón.


Bibliografía

Autokoletz. “A Psychoanalytic View of Cross-Cultural Passages.” The American Journal of Psychoanalysis. 53. 1 (1993): 35-54.
Bhabha, Homi K./Jonathan Rutherford. "The third Space: Interview with Homi Bhabha." Identity: Community, Culture, Difference. Jonathan Rutherford, ed. London: Lawrence & Wishart, 1998. 207-221.
Cavafy, C.P. Collected Poems.George Savidis, ed.Edmund Keeley y Philip Sherrad, trad. Princeton, N.J.: Princeton University Press, 1975.
Fischer, Michael M.J. “Ethnicity and the Post-Modern Arts of Memory.” Writing Culture: The Poetics and Politics of Ethnography. James Clifford and George E. Marcus, eds. Berkeley: University of California Press, 1986.
Grinberg, Leon and Rebeca Grinberg. Psychoanalytic Perspective on Migration and Exile. New Haven: Yale University Press, 1989.

Notas

1) Para el desarrollo de la noción de exilio, se han consultado los textos citados en la bibliografía de Juana Canabal Autokoletz, Michael M.J. Fisher, León Grinberg y Rebeca Grinberg, Julia Kristeva, Margaret Paul Joseph, Nikos Papestergiadis, John Durham Peters, Domnica Radulescu, Edward Said y Maeera Y. Sheiber.
2) Edward Said ha propuesto diferentes formas de exilio diferenciando entre exiliados, refugiados y emigrantes. (362) A los efectos de nuestro estudio, empleamos la noción de exilio para referirnos a la experiencia de separación compartida por todos esos diferentes tipos de exiliados, incluyendo el fenómeno del exilio interior que veremos más adelante.
3) Véase a Papastergiadis. (110)
4) Para un lúcido desarrollo de esta noción en comparacvieon con los conceptos de nomadismo y diáspora, véase “Exile, Nomadism, and Diaspora: The Stakes of Mobility in the Western World,” de John Durham Peters.
5) En un reciente festival de teatro cubano en Miami, se observaba que el exilio era tema en todas las piezas y que además en cada una siempre aparecía un personaje con una maleta en la mano.
6) Las citas de este poema provienen de la versión publicada en Looking within/Mirar adentro. (108-111)
7) Nacida en Cuba, Sonia Rivera Valdés vive en Nueva York, desde 1978, donde es profesora de literatura latino americana en York College. Narradora antologada frecuentemente, es la segunda escritora cubana residente fuera de la isla que ha recibido el prestigioso premio literario Casa de las Americas Literatura (1997), por su colección de cuentos Las historias de Marta Veneranda.
8) Nacida en La Habana, Cuba (1938-1981), residió en Nueva York desde 1961 hasta pocos años antes de morir. Fue profesora de psicología de la Universidad de Rutgers, en New Jersey. Publicó una colección de documentos sobre "El caso Padilla," otros libros de ensayo y poemarios, uno de ellos premiado por Casa de las Américas, Palabras juntan Revolución (1981). Fue la iniciadora del diálogo entre los cubanos exiliados y los que optaron por permaneceer en la isla. A ell le dedico Nancy Morejón “Alfombra,” poema publicado en Piedra pulida (1986).
9) Mendieta, quien vino a Estados Unidos como parte del plan "Peter Pan," fue una de las artistas performáticas más originales e innovadoras de la época. A ella, a su arte, su vida y su muerte, Morejón escribió un poema elegíaco de increíble plasticidad y movimiento, "Ana Mendieta," publicado en Paisaje célebre (1993).
10) La noción de puntos de capitoneo proviene del sicoanálisis de Jacques Lacan. Según Lacan, el mensaje tiene una dimensión diacrónica que se produce mediante elementos discretos representados por significantes relacionados como puntos de almohadillado o capitoneo que se unen y se sostienen por un hilo que une los diferentes elementos para producir sentido.
11) C.P. Cavafy (1863-1933), nacido en Alejandría, Ejipto, Konstantínos Pétrou Kaváfis, vivió el exilio en Londres y en Constantinopla. Como escritor no tuvo reconocimiento en vida pero ha sido celebrado póstumamente como el poeta griego más original e influyente del siglo X.
12) Este poema que aparece en Collected Poems, reza: ”You said: ‘I’ll go to another country, go to another shore,/Find another city better than this one./Whatever I try to do so is fated to turn out wrong/ And my heart lies buried like something dead./How long can I let my mind moulder in this place?/Wherever I turn, wherever I look,/I see the black ruins of my life, here,/Where I’ve spent so many years, wasted them, destroy them totally.’//You won’t find a new country, won’t find another shore./This city will always pursue you./You’ll walk the same streets, grow old/in the same neighbourhoods, turn grey in the same houses./You’ll always end in this city. Don’t hope for things elsewhere:/There’s no ship for you, there’s no road./Now that you’ve wasted your life here, in this small corner,/You’ve destroyed it everywhere in the world.” (27)
13) Sobre la visión simultánea en contrapunto del exiliado, se ha consultado “Reflections on Exile.” (Said 366)
14) Sobre el narcisismo masoquista del exiliado y su obsession fetichista, véase “Reflections on Exile,” de Said. (364)
15) Me refiero a la etapa del espejo del modelo psicoanalítico de formación de la subjetividad que precede el ingreso al orden simbólico de la cultura, orden desconocido al que se accede por obra de la Ley-del-Nombre-del-Padre.


 Poema de Nancy Morejón:
 

ANTE UN ESPEJO
                            A Sonia Rivera Valdés

Si decidieras irte de la ciudad,
de tu ciudad,
en busca de nuevos horizontes,
de fortuna
o tal vez de una pasión sin precedentes,
la ciudad, esta ciudad,
aún inconciente de sus ruinas,
emprenderá tu acecho
siguiéndote los pasos.
Alguna tarde cálida
(tú sobre los puentes
de algún río caudaloso pero ajeno)
nuestra ciudad sepultará,
bajo un aroma extraño,
los años transcurridos
antes y después de Cristo.
No hay otro país, ni otra ciudad posibles.
Cuando haya amanecer, no habrá crepúsculo.
Si los parques florecen
cundidos de tulipanes firmes,
entonces el bulevar trae los olores
de tus seres queridos
y, sobre todo, de tus muertos.
Si decidieras irte,
el puerto y las bahías
y los Jardines de la Reina
te escoltarán con sus vapores.
Recorrerás los mismos pasadizos,
los barrios arcaicos del estruendo
con la indolencia de sus bares;
no valdrá un solo verso de Blaise Cendrars
y hasta los mismos cuartos de tu casa sellada
te cercarán con la angustiosa cadencia del engaño.
A donde quiera que te muevas
escucharás el mismo pregón de la mañana;
te llevará el mismo barco andando por la misma ruta
de los perennes emigrantes.
Nada podrá depositarte en ningún sitio.
Aunque hayas monteado el mundo entero,
de castillo en castillo,
de mercado en mercado,
ésta será la ciudad de todos tus fantasmas.
Habrás desgastado tu vida un poco inútilmente
y cuando ya estés vieja,
ante un espejo como el de Cenicienta,
sonreirás algo triste
y en tus pupilas secas
habrá dos rocas fieles
y una esquina sonora de tu ciudad.
 

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