Federico de Noche(Apuntes de un proceso de trabajo)

La puerta entreabierta

Daré todo a los demás
y lloraré mi pasión
como un niño abandonado
en cuento que se borró

FGL

(Fragmento del poema Canción menor, 1918)
 

Son estos sencillos versos del poeta granadino Federico García Lorca, los que me mantuvieron siempre inquieto tras el estreno en  1996 de la obra  La niña que riega la albahaca y el príncipe preguntón,  versión teatral de Federico que se inspira en un conocido cuento popular andaluz del mismo nombre.

La historia  que desarrolla Lorca en la fábula de la niña Irene con su príncipe, salpicada de canciones tradicionales y populares, que Teatro de Las Estaciones mezcló  con frases, sones y ritmos cubanos de los tiempos en que el poeta visitó la Isla, alcanzó en sus representaciones nacionales e internacionales (realizamos en 1999, una función maravillosa y mágica en la Huerta de San Vicente, la casa de Federico en Granada) un firme éxito. Pero aquellos versos  Las niñas de los jardines me dicen todas adiós cuando paso…  me hacían sentir además de inquieto, inconforme. ¿Por qué esa ausencia sobre las tablas de piezas que trataran la infancia de García Lorca? Si es en ese periodo, sobre el cual el poeta escribió una y otra vez, donde se halla el germen de su reconocida obra mayor.

Tuvieron que pasar más de 10 años para que le pidiéramos al poeta, crítico y dramaturgo Norge Espinosa, habitual colaborador en nuestros espectáculos, un texto que fuera la alegoría de esa fase del día en que los niños sueñan, experimentan temores de distintos tipos, afrontan  visiones que surgen en la oscuridad en forma de fantasmas y monstruos de las sombras. Son esos instantes oníricos donde los pequeños descansan, asimilan y organizan lo visto y aprendido, lo que les permite madurar física y psíquicamente. Son los sueños el comienzo del ejercicio de una independencia, tanto del mundo exterior como de sus padres. Sabíamos que la propuesta podría ser complicada, pues queríamos mezclar lo lúdico con lo fantástico y lo humano con las alucinaciones nocturnas, para finalmente impulsar el espectáculo hacia los territorios de la esperanza, todo entrelazado con la lectura inconsciente que al dormir hace el hombre sobre el pasado, el presente y el futuro.

¿Como conformar y convertir un sueño en algo teatral? Fue ese  el reto que le propusimos a Norge, que nos entregó un texto no exactamente lorquiano, sino una recreación nueva de la imaginería del granadino, que parte de sus textos dramáticos, poemas y prosas de juventud. Comenzamos después a apropiarnos mediante talleres, improvisaciones y charlas teóricas, del concepto de García Lorca sobre el mundo infantil. Un concepto visto a través de su propia niñez, pues para Federico el niño significa el primer espectáculo de la naturaleza… no hay flor, numero o silencio comparable a él.

Quedó abierta para el equipo creativo y realizador del Teatro de Las Estaciones la primera de una serie de puertas hacia Lorca niño. Incitar la osadía plástica de nuestro diseñador Zenén Calero, y provocar el universo musical exquisito de nuestra pianista y compositora Elvira Santiago, hacia un mundo sonoro original fueron  otras de las puertas a traspasar.  Ese cosmos sui generis  del bardo andaluz, donde la infancia desanda en busca de su paraíso perdido, y en la cual el  rostro del poeta es un espejo que refleja una dimensión desconocida e inexplorada, fue lo que nos quedó por delante, dificilísimo camino a recorrer, mas no imposible.

La puerta del texto

Federico de NocheFederico de noche, pequeña suite para un niño abandonado, es un texto que conforma una rara biografía de Lorca. Hubiéramos podido elegir a otro dramaturgo o haber hecho yo mismo una especie de recital escénico, un montaje donde paseáramos de la mano del niño Federico y habláramos teatralmente desde su  literatura de juvenilia. Pero no era eso, que ya tanto se ha dispuesto en escena, lo que queríamos producir; sobre todo en las proximidades del 15 aniversario de Teatro de Las Estaciones. Nuestra evocación escénica buscaba quebrar la ya conocida fórmula narrativa del teatro para niños, alejarnos de sensiblerías y mojigaterías innecesarias, con la misma fuerza y riesgo conque en su momento lo hicieron autores como Carroll y su deliciosa y extraña Alicia, Juan Ramón Jiménez con su inmortal burrito Platero, o el conocido Saint-Exupery con su principito que nos habla desde el corazón y la boca de su autor. Todos estos autores fueron señalados, alguna vez, por la ubicación de su obra fuera de los moldes de las creaciones para niños, esas que solo deben divertir, ser muy alegres, levantando su andamiaje a base de canciones pegajosas y parlamentos llenos de diminutivos, como anémico remedo del lenguaje de los niños.

Si algo me ha interesado del estilo de escribir de Espinosa, es su sentido poético, particularidad que el mismo reconoce en sus obras teatrales. Esa realidad reinventada que consigue, tan propia de la idiosincrasia de los títeres, tiene que ver con la poesía dramática que necesitaba para nuestro montaje. Lo que seguía era trabajar en  la combinación de música y acción que hemos venido ensayando desde El guiñol de los Matamoros, en 1998, pasando por Pedro y el lobo, 2002, hasta La caja de los juguetes, 2003, y El patico feo, en 2006, ninguno montajes cómodos, mejor recibidos muchas veces por el público infantil y popular, que por cierta fracción  de especialistas afincados en códigos y estructuras de creación con limitados espacios para el  riesgo.

Federico de noche es quizás el montaje más comprometido y lleno de sutilezas que hayamos emprendido hasta hoy. El recuerdo de un poeta que quisimos rescatar de modo teatral, como llamada de aviso contra los derroteros superficiales e inhumanos  a que se enfrenta la sociedad del mundo actual, y con ella las nuevas generaciones. Esa búsqueda de una armonía suave, salpicada de delicadezas y humoradas tenues, se arriesga desde el espectáculo mismo en pos de nuevas texturas dramáticas, de alegorías menos explícitas que se apoyan en el poder de la poesía hecha imagen.

La puerta del espectáculo
 
Federico de NocheNuestra puesta en escena se  inicia como una incitación a la aventura poética, a través de un tierno juego de belleza inocente, que comienza con la salida de un tren conformado por casitas blancas, al estilo andaluz, sobre las que duerme el niño-títere- Federico.  A partir de ahí el montaje se atreve con dos y tres niveles de exposición dramática para  plasmar la fascinación constante que ejercieron la naturaleza y sus misterios sobre el pequeño Lorca. Es el misterio y la curiosidad por desentrañar los vericuetos de la vida, lo que le llevó a escribir  piezas o diálogos escénicos como El paseo de Buster Keaton, Quimera y La doncella, el estudiante y el marinero, cuyos argumentos se emparentan con lo absurdo y lo surreal, ¿existen elementos más cercanos a la fabulación constante de los niños? Apoyándonos en este sentido libre de creación,  hacemos que cante la luna, que las hormigas hablen e inciten al niño Federico,  héroe de nuestro lance escénico, a marcharse de casa, a despertar en su propio sueño para enfrentarse en solitario a un mundo de amigos y adversarios. Aparecen batracios que bailan y hablan de amor y desamor, un viento maligno y burlón con propiedades extraordinarias, cuya prueba el niño deberá superar o no, comprobando su propia fragilidad. Nuestro pequeño, en su viaje simbólico hacia el amanecer, se identifica o disiente con  toda una variedad fantástica de personajes que provienen de sus propios escritos y poemas; territorios literarios donde el joven Lorca les dio una vida metafórica, insinuante, matizada con tintes de una tristeza sobria,  con cantos alegres, bromas y apariciones inesperadas.  La fuerza expresiva de los múltiples lenguajes que utiliza la puesta en escena, ya sea desde la expresión corporal y coreográfica, la música con señales ibéricas, las artes plásticas, el cine y por supuesto el teatro de figuras, existen para auxiliar, desde un plano visual y conceptual, en la conquista de la integración del infante a una comunidad que existe sobre las tablas, y tiene zonas de contacto con el mundo real circundante, pero desde un punto de vista enteramente artístico. 

El poeta escribió en su conferencia Las nanas infantiles: Mucho más de lo que pensamos comprende el niño...está dentro de un mundo poético inaccesible...muy lejos de nosotros, el niño integra la fe creadora y no tiene aún la semilla de la razón destructora. Es inocente y por tanto, sabio, comprende mejor que nosotros la clave inefable de la sustancia poética. Las andanzas dramáticas que nos propusimos crear para Federico de noche introducen a nuestro niño protagonista en un espectáculo que en sus variadas  lecturas, incluye a los pequeños de más de 6 años y a los adultos que les acompañan,  pues también ellos tienen derecho a deleitarse con la puesta en escena.

El paisaje nocturno donde los actores titiriteros juegan con Federico en medio del sonido de los grillos y una brisa que trae, a través de una nana, el encanto de la preciosa voz de Bárbara LLanes,  es la puerta que abrimos a las figuras escénicas pequeñas y grandes, que aparecerán ante Federico, con realidades parecidas al dramatismo del mundo. La vieja caminante, el viento malo, el titiritero trashumante con sus muñecos populares Cristóbal y Rosita, o el pintor de bigotes dormidos, fueron concebidos de manera extravagante por la mano de Zenén Calero, cual abstracciones mágicas que no tienen explicación posible. Ellos pertenecen al  mundo único de la niñez, a una legión de fantasmas domésticos que asociamos lo mismo con los cuentos de hadas, las leyendas épicas y las aventuras, que  con el coco o el hombre del saco. Todos tan atractivos como temidos, pero que nada tienen que ver con personajes que exhiben un solo color, y cuyas actitudes son analizadas por los adultos desde un intelecto  frio, vacío de los recuerdos que abrazaron sueño y tiempo en nuestra infancia, recuerdos carentes de esa  certeza inconmovible que poseen los poetas y los niños.

Lo que abre Teatro de Las Estaciones con Federico de noche hacia su público no es una puerta común, que traspasamos con facilidad, sin que nos interese pagar un precio vital por lo que encontraremos dentro, sea lo que fuere; es una puerta lírica hacia la niñez perpetua, algo que todos debiéramos atesorar como garantía de inspiración y limpidez en el espíritu.

Marzo 2008-marzo 2009.

Rubén Dario
Rubén Darío Salazar

Actor, Director Teatral, Ensayista

 

 

 

 


FEDERICO DE NOCHE de Norge Espinosa, es el primer estreno en 2009 de Teatro de Las Estaciones, por el 15 cumpleaños de fundación.

Primera representación: 24 de enero. 10:00am. Sala Papalote, Matanzas. Cuba

Federico de noche

Pequeña suite para un niño abandonado. Inspirada en  poemas y prosas juveniles de García Federico García Lorca

Texto original de NORGE ESPINOSA, escrito para Teatro de Las Estaciones

Concepto e idea visual:  Rubén Darío Salazar y Zenén Calero.
Puesta en escena: Rubén Darío Salazar
Escenografía, vestuario, figuras, máscaras y luces:  Zenén Calero
Música:  Elvira Santiago
Coreografía: Liliam Padrón
Asesoría dramática: Yamina Gibert

Con:
Yerandy Basart: Federico niño y Don Cristóbal
Fara Madrigal:  La Vieja y Rosita
Migdalia Seguí:  Hormiga 1,  Peregrinita Rana y Rosita
Iván García , Aniel Horta  o Freddy Maragotto:  Hormiga 2, Peregrinito Sapo, Viento malo, Titiritero ambulante, Pintor de bigotes dormidos y Federico joven.
Yaitma González*: Hormiga 3, la Luna en silueta de sombras y ayudantía en animación de figuras
Fara Madrigal: la voz de la Luna

*Miembro del Laboratorio permanente de teatro de figuras de la agrupación.

Intervenciones especiales

Bárbara LLanes, soprano la Luna que canta
Lázaro Horta  canta la Habanera de la escena del titiritero
Felipa Moncada y Elvira Santiago cello y piano
Coro de la Escuela Vocacional de Arte bajo la dirección de Rosaida Pita

Realización computarizada de imágenes: Juan José Palma.

Diseño gráfico: José Luis Guerrero y Zenén Calero.

Federico de noche es una coproducción de Teatro de Las Estaciones con la Galería El Retablo.

www.teatroestaciones.cubaescena.cult.cu
www.elretablo.cubaescena.cult.cu

Ayuntamiento 8313. Matanzas 40100. Cuba. 53 45 283178 y 261999