El arte de trabajar con la arcilla, conocido popularmente como  cerámica, es una de las manifestaciones artesanales e industriales más antiguas y características del ser humano. Un objeto cerámico habla de los pueblos que los confeccionaron, por sus técnicas de manufactura, decorativas, diseños y formas. También permite “conocer las necesidades funcionales y estéticas, la situación económica, el nivel cultural y el desarrollo tecnológico del grupo social al que perteneció, así como sus necesidades expresivas, e incluso sus relaciones con el más allá o con el mundo divino” (Padilla Montoya et al: 2002, 15). Podría añadirse, además, en el caso de las comunidades ágrafas, la cerámica como un elemento cronológico de importancia por sus propias particularidades.

En el continente americano el uso de la arcilla ya era bien conocido antes de la llegada de los conquistadores europeos en el siglo XV. Parte de la producción cerámica  tenía fines  utilitarios, y otros de uso decorativo y ritual.

Las figurinas de barro: representación simbólica del universo femenino 

Dentro del amplio espectro de lo ritual donde las fronteras entre lo simbólico, lo mítico, el fetichismo y el animismo se interrelacionan, sobresalen las figurinas de barro. La muestra es amplia. Se localizan en diversas culturas: Olmeca, Valdivia, Chavín, Andina, con diversas manufacturas, diseños y policromías; además de estar presentes en menor cuantía en Las Antillas.

Estas figuraciones han sido consideradas indicios de especialización artesanal,  asociadas a ritos de fertilidad y  calificadas también como obras de arte. El hecho de estar representando a un ser femenino parece distinguir a este género dentro de la comunidad donde fue manufacturado. La figura de mujer prioriza el simbolismo sexual; en algunos ejemplares se distinguen claramente los genitales, en otros, se proyectan al plano de la maternidad y en los más comunes, se escenifican actividades del acontecer diario. Suelen encontrarse de pie, con las piernas entreabiertas, sedentes, acuclilladas, con los brazos al lado del cuerpo, separados de éste, con o sin tocado y aretes, por citar los más reconocidos en el arte americano.

“Resulta significativa la existencia de precedentes muy claros en el norte de Suramérica para la figuración femenina en barro; sin embargo, este no se localiza en el resto de las Antillas…” (Valcárcel: 2000, 33).

Para las Antillas, con un poblamiento aruaco cercenado por la conquista española, la muestra de estos seres es reducida.

En la comunidad aruaca o taína, como toda sociedad agrícola, la mujer por su capacidad reproductora ha estado asociada simbólicamente a la tierra y a todo el proceso de producción, sobre todo en la reproducción humana” (Domínguez: 2001,88).

Las primeras se distinguen por presentar superficies frontales y dorsales muy planas, con un empleo mínimo de aplicaciones, punteados e incisiones, con códigos comunes. En ocasiones mantienen rasgos estilizados en el cuerpo siendo imprecisos aspectos de su morfología. Sin embargo, en las volumétricas desaparece la unidad temática para desarrollar niveles diversos de interpretación desde un bulto como cuerpo, con pocos recursos de técnicas decorativas (volumétrica simple), hasta piezas donde aquellos se explotan ampliamente y asumen particularidades del trabajo escultórico en otros materiales (volumétrica compleja). Pero uno de los elementos siempre preponderantes es la representación diferencial de los órganos sexuales.

Como ser protector de la maternidad numerosos autores la identifican como dos deidades del complejo mitológico aruaco insular: Atabey(1) e Itiba Cahubaba(2), indistintamente, a pesar de lo diverso que puede ser su expresión. 

Generalmente el modelado fue la técnica de manufactura concebida para su concepción, que según el estudio de sus rasgos formales, se han clasificado en: piezas de proyección tabular  o volumétrica (Valcárcel: 2000, 24).

Los genitales, receptores del impulso germinador y camino de la nueva vida, monopolizan la imagen convirtiéndola en un espacio de enorme fuerza simbólica. Es difícil establecer con exactitud el uso de estas figuras aunque es evidente su inserción en el plano del propiciamiento de la fertilidad; no excluimos tampoco las connotaciones míticas inicialmente consideradas (Valcárcel: 2000, 29).

Las evidencias parecen revelar que el aborigen antillano no concebía imágenes que lo dominasen a él, sino que representaba seres que él controlaba, e intentaba de alguna forma presionar (Fariñas: 1995, 68).

Las sociedades prehispánicas que hicieron suya la figuración femenina en barro fueron grupos humanos cuya economía fue generadora de una creciente acumulación de excedentes que propició una alta recreación en los diseños confeccionados y mayor refinamiento tecnológico. 

La figurina de barro del Museo Provincial Palacio de Junco. Origen e Historia.


El 17 de octubre del 2002 el Registro Provincial de Bienes Culturales (RPBC) de Matanzas, sito en Contreras entre Matanzas y Jovellanos recibía tres piezas importantes en depósito legal. Estas eran dos obras del pintor vanguardista cubano Wifredo Lam (1902- 1982): una  serigrafía y pintura sobre plato de cerámica y una “estatuilla de figura femenina esculpida en piedra” (RPBC: Expediente 1/2002). El origen de aquellas era desconocido. Las mismas fueron entregadas por el Órgano de Instrucción Judicial División Seguridad del Estado, en la persona del instructor Teniente Ulises Martín Cid, que habían sido ocupadas en casa del ciudadano Edelburgo Mercier Cabrera, a disposición de la sala de delitos del Tribunal Provincial Popular mediante el expediente 8/2002. El delito: Actas de perjurio de la actividad económica de la contratación y otras.

Estando bajo custodia de los especialistas del RPBC las licenciadas Sorangel Fuentes Cruz y Maité Hernández procedieron a certificar el dictamen de autenticidad y su tasación. En aquellos momentos fue valorada en USD 1000.00 y establecida una posible procedencia  latinoamericana. Durante este tiempo fue expuesta en la entidad en una exposición transitoria sobre decomisos aduanales.

El 20 de octubre de 2005 fue recibido la comunicación del Tribunal Provincial Popular Matanzas, Sala Quinta de Cárdenas, sobre la libre disposición de los bienes dejados en depósitos. Fue entonces que el RPBC procedió a su transferencia al Museo Provincial Palacio de Junco (MPPJ). La transferencia quedó efectuada el 17 de marzo del 2006 cuando la Técnica Julia Osorio García del Registro procedió a la entrega de la figurina junto a 134 piezas más. Recibió en la entidad la museóloga Sonia Tabera.

Al Palacio de Junco llegó, además, con un dictamen definiendo la pieza como taína, representando a la deidad Itiba Cahubaba, contextualizándola en la  región oriental de la Isla de Cuba. Formando parte de la colección arqueológica del Museo Provincial se incluyó en el plan de muestras y exposiciones transitorias propuesto para el año 2007-2008.

#  Inventario: 2-533.

Descripción: Figurilla femenina de barro. Posición bípeda con las piernas decoradas mediante la incisión (cinco bandas paralelas), los brazos sobre la cadera. Se pueden observar protuberancias en la zona del busto resaltando los senos. El rostro bien definido, los ojos logrados mediante la incisión (raya horizontal) al igual que la boca. Presenta una nariz prominente. La cabeza tiene un tocado con adornos. En el torso el ombligo está bien definido con un orificio. Tiene glúteos prominentes que hacen posible que la figurilla quede enposición recostada, descansando sobre aquellos. Según exiguas evidencias parece haber estado pintada. Se observa una coloración negruzca en uno de sus pies y en los glúteos. Tiene en su base el número 4045.

Se verificó con la especialista del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural que atiende los inventarios en la red nacional de museos el número que parece marcado en este objeto museable y no fue reconocido en el sistema de inventario del país.

Técnica de manufactura: Modelado
Tipología: Proyección volumétrica compleja
Técnica decorativa: Incisión, hendidura ancha.
Dimensiones: A: 118 cm., Prof.: 5.6 cm., h: 15.8 cm.
Valor: I
Estado de conservación: Bueno
Ubicación: Almacén
Origen: Lamentablemente fue imposible determinar el origen de esta valiosa pieza. En los catálogos consultados no se pudo localizar una figurina de iguales características y según testimonio del teniente encargado del caso judicial no recordaba detalle alguno en relación al objeto de estudio. No obstante, después de realizada esta pequeña investigación y confrontando criterios con otros especialistas(3) se puede aventurar la hipótesis de una procedencia americana, quizás, específicamente, el área mesoamericana.

Dicha idea podría estar avalada en su factura y decoración. La figurina del MPPJ presenta un tocado en forma de tiara, elemento decorativo inusual en sus homólogas taínas de Cuba (Valcárcel: Ob. cit.). Otro elemento a destacar es su posición, con las piernas abiertas, como si fuera a parir y la ausencia de los genitales marcados, características que se pueden apreciar en sus similares del continente, al igual que el tocado mencionado.

La presencia de ombligo, las piernas con decoraciones y el uso de pintura; además de las protuberancias en los glúteos, cuestión nada frecuente en los ejemplares antillanos, aportaría nuevos argumentos a la hipótesis planteada.

 

Bibliografía mínima

  • Domínguez, Lourdes (2001). La mujer aborigen al inicio del siglo XVI en el Caribe. En: Boletín del Gabinete de Arqueología. Oficina Historiador Ciudad de La Habana. No. 1, Año 1. pp. 88-91.
  • Fariñas Gutiérrez, Daysi (1995). Religión en Las Antillas. Editorial Academia. La Habana.
  • Guarch Delmonte, José M. y Alejandro Querejeta Barceló (1992). Mitología aborigen de Cuba. Deidades y personajes. Publicigraf: Ciudad de La Habana.
  • Padilla Montoya et. al (2002). Diccionario de materiales cerámicos. Secretaria de Estado de Cultura. Madrid.
  • Valcárcel Rojas, Roberto (2000). Seres de barro. Un espacio simbólico femenino. En: El Caribe Arqueológico. Santiago de Cuba. No. 4. pp. 20-34.

Imágenes:

I Figura femenina. Polícroma. Costa Rica.
II,  III Figurinas femeninas. Banes. Holguín. Cuba. Proyección tabular.
IV Figura femenina. Ventas de Casanova. Santiago de Cuba. Proyección volumétrica compleja.
V / VI Figurina de barro mesoamericana. Colección MPPJ. Proyección volumétrica compleja.
VII Figurilla femenina hecha en parte con molde. Costa Rica.

Notas:

(1) Rige las aguas dulces y limpias que brotan de las montañas. Su imagen es la mujer desnuda, muchas veces encinta. Figuras de cerámica con los brazos en jarra, las manos en las caderas y adornadas con grandes tocados. En ocasiones no se advierten brazos y son pequeñas, esquemáticas y simbólicas (Guarch y Querejeta: 1992, 27-28).

(2) Madre tierra, se la vincula a la formación de los grupos humanos y el abandono del nomadismo. Los iconos que la evocan consisten en una figura de tronco muy abultado, las manos sobre el vientre y en posición de alumbramiento; sus piernas cortas y abiertas (Ídem: 11).

(3) Dr. Armando Rangel, Dtor. Museo Antropológico Montané; Roger Arrazcaeta, Dtor. Gabinete de Arqueología de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana; Antonio Quevedo, Dtor. Museo Gabinete de Arqueología de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana; MSc. Daniel Torres Etayo, Jefe Grupo de Arqueología del Centro Nacional de Conservación, Restauración y Museología.

 

Por: Silvia Teresita Hernández Godoy
Oficina de Monumentos y Sitios Históricos. CPPC. Matanzas.