¿Acaso un sueño tiene forma? ¿Acaso podemos hablar de una figura definitoria? ¿O es el sueño la propia vida que inevitablemente se nos antoja  con su caprichosa física? La forma de un sueño, segunda entrega poética de Ángel José Martínez Haza( Matanzas, 1979), que hace poco ha visto la luz  bajo la pobreza irradiante de Ediciones Matanzas, va más allá del estado absoluto que establece la frase para demostrarnos su volubilidad, su condición cambiante. Así lo ha querido el autor, y así lo hemos recibido. El cosmos onírico consiste en la relación intrínseca que se establece entre la idea de la realidad y  la realidad misma,

casi imposible de dilucidar en la compleja convivencia del ser humano con su entorno. Ángel advierte: Trata de saber si estás dormido,/ si te quedaste dormido,/ si en verdad y completamente estás dormido. Ángel reconoce, pero al mismo tiempo se preocupa, se inquieta, no se resiste al hecho de aceptarse en un mundo inexistente, ideal, utópico; aunque su calidad de vidente lo haga ver una ciudad invisible, una patria extraordinaria.
                                                         
Y sin embargo, es el sueño el mejor de los espejos para hurgar en nuestra existencia, para indagar sobre nuestras miserias y carencias, para descubrir por qué hacemos y por qué nos detenemos. Es el sueño un viaje al centro del ser, a sus raíces más profundas, a sus parajes más recónditos. Y es desde el sueño que el poeta comienza a reflexionar sobre hombre y destino, habitante y ciudad, nostalgia y sobriedad.

¿Hay elección del acontecer, deseo humano en lo real?

La realidad se torna áspera en su empeño de anular el sueño traducido como deseo, como anhelo, como un no adaptarse a la cercanía más trivial. El sujeto de este cuaderno se obsesiona con el propósito de burlar los espacios comunes. Mediante la poesía y su escritura busca la fórmula para que sus huellas se impriman en la eternidad. Las transfiguraciones todas/ en la extraña superficie del poema.

La nostalgia —según Luis A. de Cuenca— es un burdo pasatiempo. No podemos asumir el pasado—agrega Ángel— sin reconocer la maravillosa impronta de esas vidas de misterioso destino.

Con un verso sosegado, sobrio, que se opone a los presupuestos  absolutistas del poema grandilocuente; y un poemario donde confluyen prosa, rima blanca y haiku; el poeta canta lo ya cantado, sin que su voz genuina se deje escuchar desde esa infinita multitud de voces que constituyen la historia de la literatura.

En forma de sueño transcurrió nuestra lectura, pues en cada verso, en cada palabra, hay una mirada cuyos interiores nos convidan a una fiesta que no sería real sino hubiera sido antes soñada.

Israel Domínguez
(Placetas, Villa Clara, 1973), radica en la ciudad de Matanzas desde hace más de una década, entre sus poemarios publicados se encuentran, "Hojas de cal", (Editorial Abril, 2001), "Collage mientras avanza mi carro de equipaje", (Ediciones Vigía, 2002), "Sobre un fondo de arena", (Colección Sur, 2004)