Francisco Coro MarrodanEn enero de 2013 murió en su ciudad natal el pintor Francisco Coro Marrodán, figura imprescindible en la historia del arte matancero del siglo XX. La historiografía suele repetir como fecha de nacimiento el año de 1917. Sin embargo, Francisco José Rufino Coro Marrodán nació el 10 de julio de 1918, según ha podido corroborase en documentos eclesiásticos conservados en la Catedral de Matanzas (1) y en el Registro Civil de la misma población. Por ambas vías descendía de linajes españoles, siendo su padre Francisco Coro Bode e Irene Marrodán Hernández, oriundos de Asturias y La Rioja, respectivamente. Fue bautizado en la ermita de Monserrate, el primero de septiembre  de aquel año, elección  comprensible, si se considera que en el citado templo solían confluir las distintas comunidades de la península ibérica, si bien en su génesis fue concebida particularmente por y para  los naturales de Cataluña.

Perteneciente a la pequeña burguesía, su padre era propietario de una tienda de víveres o bodega, ubicada en Independencia (Medio) y Zaragoza. Junto a esta construiría su casa el futuro pintor. Sus progenitores fueron los primeros en trasmitirle el gusto por la pintura, manifestación a la que se vinculó desde la infancia. El propio Coro recordaría, años más tarde, la ocasión en que atrajo la atención de sus compañeros de la escuela primaria, al mostrarles el apetecible melocotón que había dibujado sobre un papel (2). Aquel sería su primer acercamiento a un arte que devino pasión y norma de vida.   
 
Se graduó de Bachiller en Letras y Ciencias en el Instituto de Segunda Enseñanza de Matanzas. Posteriormente cursó estudios en la Academia “Tarascó”, los que simultaneó con los de la Academia de San Alejandro, entre finales de la década de 1930 e inicios de la siguiente. El título de egresado fue expedido por la academia capitalina en junio de 1942. En ambas instituciones comparte con figuras que, a semejanza de él, trascendieron en el ámbito del arte cubano de aquellos años. Entre sus contemporáneos se cuentan los escultores José Felipe Núñez-Booth y Manuel Rodulfo Tardo, así como el pintor Rafael Soriano, por solo citar algunos.
 
Fidelio Ponce. Un retrato a cuatro manos?
 
Hacia 1941 llega a Matanzas Fidelio Ponce de LeónEl cantaro (antigua provincia de Camagüey, 25/1/1895- La Habana, 20/1/1949), uno de los pintores más sobresalientes de la vanguardia cubana. Junto a su esposa María se radica en Pueblo Nuevo y estimula entre las nuevas promociones de pintores matanceros, las muestras de pintura libre, lamentándose de que el impresionante paisaje yumurino no fuera reflejado en toda la dimensión de su contrastante belleza. También realiza retratos a varias personalidades locales, fundamentalmente a miembros de la pequeña burguesía. En esta ciudad, Ponce reside hasta poco antes de su muerte, dejando tras de sí una estela que marcó a varias generaciones de pintores.
 
Coro fue una de las personas que contactó regularmente con el genial pintor. La poética del camagüeyano influyó de una manera ostensible en él, particularmente en aquellos cuadros donde la atmósfera y las imágenes fantasmales citan al singular autor de Beatas, Niños o Tuberculosis.  Fidelio frecuentó la casa de Coro y no fueron pocas las ocasiones en que compartió los alimentos con la familia. En una ocasión el joven Francisco inició ante su mirada una cabeza que el maestro, en su afán por enseñarle su técnica terminó por componer. Al concluir la obra, Coro le pidió que la firmara pues a todas luces la imagen lograda llevaba manifiestamente el sello personalísimo del genio. De esta singular anécdota queda el cuadro –de pequeño formato- que se conserva en casa de Ana María, una de las dos hijas del pintor matancero, quien labora desde hace varios lustros en la prestigiosa editorial Vigía. Al reverso Coro colocó una nota que deja constancia de aquel encuentro singular entre estas dos almas de artistas.
 
Esta cabeza de Ponce está pintada sobre otra mía, que él me pidió pintara para criticármela después, durante mis días de estudiante. La crítica se convirtió en  clase y al final le pedí que firmase el cuadro, ya que era de él y no mío, fue una clase de “cómo se pintaba un Ponce”. Ese es la anécdota y doble valor de este cuadro. (3)
 
Presencia en la Escuela Provincial de Artes Plásticas de Matanzas
 
Un suceso en la evolución artística de esta provincia lo constituyó la inauguración,  el 3 de marzo de 1941 (fecha que marca el onomástico de quien fuera nuestro Poeta Nacional Bonifacio Byrne), de la Escuela Provincial de Artes Plásticas “Tarascó, cuyo primer local estuvo en Matanzas, No. 18, donde hoy radican los talleres de la Óptica. Resulta evidente que el contexto regional y nacional favoreció la fundación de este plantel especializado. En su materialización, hay que connotar las gestiones mancomunadas del Alberto Tarascó y Américo Alvarado, abogado, publicista y escritor. Según Leonel Capote Hernández fue en el espacio de creación de la Asociación de Artistas y Escritores Matanceros (ADAYEM) que Tarascó propuso  a Alvarado la  ampliación de la academia particular de pintura fundada por él en 1916. Tras varios intercambios al respecto e incitado por las pérdidas que estaba generando la academia, el fundador decide pasar la futura escuela a manos de Alvarado, quien se encargó de seleccionar el claustro.
 
Al acto inaugural asistieron el gobernador provincial Santiago Álvarez, el Ministro de Educación Juan J. Remos, Eduardo Abela, entonces presidente del Instituto Nacional de Artes Plásticas y Joaquín Rodríguez Lanza, director de la Academia Nacional de Bellas Artes, entre otras autoridades civiles y militares. La institución iniciaba su labor con igual categoría que la Escuela de “San Alejandro”, estando facultada para expedir el título de Profesor de Pintura y Escultura, con el que los graduados podían ser empleados en cualquier centro oficial del país.
 
Tarascó no logró armonizar su poética, de inspiración academicista, con las ideas renovadoras que los jóvenes profesores - la mayoría graduados de su academia y de la Escuela Nacional de Bellas Artes de “San Alejandro”-  pretendían divulgar a tono con el nivel alcanzado por la vanguardia plástica cubana, en relación con los temas, los códigos formales y las nuevas tendencias estéticas. El claustro inicial de profesores lo integraron Américo Alvarado –autor del Reglamento y profesor de Historia del Arte- el médico Mario E. Dihigo (Anatomía Artística), así como los escultores Juan Esnard Heydrich (Talla y Modelado de Estatuaria), Manuel Rodulfo Tardo (Dibujo de Estatuaria y Ropaje y director de la institución durante gran parte de la década) y José Felipe Núñez-Booth (Modelado del natural y Composición). Los dos últimos redactaron el plan de estudios.
 
Entre los fundadores se destaca, además, la presencia femenina de Hilda Aguiar, pintora de singular cromatismo y sensibilidad creativa.  El propio 1941, se incorpora al claustro el diplomático Guy Pérez Cisneros, considerado el crítico de arte cubano más importante del periodo, quien asume las disciplinas de Filosofía de la Historia del Arte y Estética. Por su parte, Domingo Ravenet, también relacionado tempranamente con la escuela, se incorpora a ella con la finalidad de impartir las asignaturas de Pintura mural al fresco y Arte decorativo. Estas personalidades serán cruciales para la evolución de la escuela. El conocimiento de las tendencias contemporáneas del arte y el ímpetu renovador y creativo de aquel grupo de fundadores, colocaran a la escuela en una posición privilegiada. 
 
Coro ingresó al claustro de profesores en 1946 y allí desempeñará varios roles, hasta, aproximadamente 1976, en que se retira. A finales de la década del 40 actúa como profesor de la cátedra de Colorido y como secretario de la escuela (1947 y  1949), ocupando el cargo de Director entre 1955 y 1958, sucediendo a Manuel Rodulfo Tardo (1945-1948 y 1950-1952), José Felipe Núñez- Booth (1948-1950) y Rafael Soriano (1952-1955), figuras claves, junto a Américo Alvarado, en el sostenimiento del centro.
 
Francisco Coro
 
La “Tarascó” manifestó, desde sus inicios, un marcado interés porque alumnos y profesores se mantuvieran actualizados en relación con lo más renovador de las vanguardias europeas y norteamericana. Son años de incesantes cambios internacionales en la manera de concebir y construir una propuesta estética. Están en boga el arte abstracto, el empleo de técnicas como el silk screen,  la fundición en bronce o el serach board,entre muchas otras. De tal forma, la institución implementó un plan de becas de creación para sus profesores en Europa y en países como Estados Unidos y México, nación donde pudieron perfeccionar el ancestral arte de la cerámica y apropiare de no pocos rasgos del renovador movimiento muralista. Así, en 1947, Coro es autorizado, conjuntamente con otros profesores para trasladarse al extranjero con objetivo de realizar estudios entre los meses de julio y septiembre.
 
Aquel mismo año participó como Tribunal de exámenes en la asignatura de Dibujo de Estatuaria, junto con a Armando Cartaya, Hilda Aguiar, Roberto Diago y otros, también fungió como vocal en los tribunales de exámenes de la carrera de Dibujo y Pintura, titulo con el que los alumnos egresaban del plantel. Con el tiempo el prestigio de Coro se consolidó no solo por sus capacidades pedagógicas, sino creativas y en 1948 fue designado para custodiar los equipos de cinematografía y fotografía de la escuela.
 
El empleo de medios como el cinematógrafo connota el interés de la institución  por colocar la tecnología en función del aprendizaje. De igual manera la dirección  ponía tanto interés en el conocimiento de las nuevas tendencias, como en la divulgación de la obra de los grandes maestros. No es casual que el 6 de marzo de 1953,  por iniciativa de Rafael Soriano y Roberto Diago (a la sazón director y secretario, respectivamente) comience a celebrase el Día de las Artes Plásticas, a propósito del onomástico del renacentista italiano  Miguel Ángel. De  igual  forma,  Coro  participó  en otros eventos, como el Día del Idioma (4), en cuyo homenaje se celebraba cada año una exposición. Asimismo, jugó un papel fundamental durante los festejos por el Centenario de la Bandera (1950), al lado de los escultores José López Conde y José Felipe Núñez-Booth. (5)
 
Con la fundación, en 1950, de la Galería “Matanzas”, la ciudad devino centro de grandes exhibiciones del arte local y nacional. Las principales instituciones culturales se unieron a este proyecto magnánimo con el que colaboró toda la sociedad civil,  a través de esas corporaciones, entre las que se destacaron la Orquesta de Cámara, el Liceo Artístico y Literario, la Asociación Amigos de la Cultura Cubana, el Ateneo, el Colegio de Abogados y muchas otras, prestigiando la cultura matancera y devolviéndole algo del brillo que la distinguiera culturalmente durante gran parte del siglo XIX. Para 1952 ya habían visitado la galería (emplazada en los bajos del gobierno), 30 000 personas.
 
Exposiciones personales y colectivas
 
La primera exposición personal de Coro fue inaugurada en 1945 en el Lyceum y en el Laum Tennis Club de La Habana, espacios donde exhibió 19 óleos y 4 guaches. Al año siguiente, entre el 20 y el 27 de octubre expone en el Colegio de Abogados de Matanzas 36 óleos y 4 guaches y en 1949 forma parte de una muestra colectiva de los profesores de la escuela en el Liceo yumurino, así como en la exposición que protagonizan estos en la Sociedad de Recreo La Unión en Matanzas.
 
En la década de 1950 su actividad expositiva se torna constante. Participa en el Salón Nacional la Primera Bienal Hispanoamericana de Arte, en la II Exposición de Profesores de la Escuela, en la Exposición de Pintura y Escultura del Liceo de Colón, todas en 1951. Asimismo en el Primer Festival o Feria de Arte de la Escuela de Artes Plásticas “Tarascó”, organizado por el Instituto Nacional de Cultura en el Palacio Nacional de Bellas Artes, el 14 de diciembre de aquel 1951. Los creadores más importantes de la primera mitad del siglo XX en Matanzas se convocan en la ocasión.
 
Un hecho importante en este quehacer es su inserción, en 1955, en el Concurso Especial de Arte Religioso donde presenta dos obras: La Virgen de Matanzas, una de cuyas versiones se conserva en el Museo Farmacéuticoy el Cristo de la Merced. Este Concurso de Arte Religioso había sido instituido por  el Obispo de Matanzas, Alberto Martín Villaverde para apoyar la celebración del Día de las Artes Plásticas, que se instituyera por la escuela, desde 1953. Se otorgaban dos premios: el San Lucas y  el San Juan Damasceno, consistentes en cincuenta pesos y diploma.
 
Coro ya había manifestado, con anterioridad, su interés por la pintura de temática religiosa cuando en mayo de 1951 obtuvo el segundo premio del Concurso de Carteles para el Congreso Eucarístico Es destacable que en esa ocasión el Jurado estuvo conformado por personalidades de la sensibilidad de Gastón Baquero, el crítico Rafael Marquina, el pintor Armando Maribona y el sacerdote Ángel Gaztelu, una de las figuras consustanciales del Grupo Orígenes. Se destacan de igual forma los murales que pintó para la sede del Obispado matancero y las pinturas realizadas para el Santuario de la Purísima Concepción y para la Capilla del Sagrario, de la Iglesia San Pedro, ambas, en Versalles.
 
En 1955 había integrado la nómina de expositores matanceros que exhibieron sus obras, una vez más, en el Palacio de Bellas Artes de La Habana, le acompañaban López Conde, Núñez- Booth, Soriano y Ramón Fundora, entre otros. Al siguiente año,  el 6 de marzo de 1956  participa en el IV Salón por el Día de las Artes Plásticas, con un magnifico retrato de la malograda pintora Angelina Byrne. En esta ocasión le acompañan los pintores  Casas Lima, Cartaya, Soriano,  Hilda Aguiar y los escultores Rodulfo, López Conde, Núñez-Booth, Ismael Fernández y Margarita Cáceres. Por su parte, el 20 de mayo participa, fuera del certamen, en el Concurso por el Centenario del Liceo matancero con los retratos del Padre Zenón y de Carmucha Pérez.
 
El 4 de octubre de 1959 se casó con Emilia Barreto Llano, en el obispado de Matanzas. A la esposa está dedicado uno de sus retratos, conservado hasta hoy. Del matrimonio nacieron dos hijas: Ana María (1961) y María Dolores (1964), profesora de ballet y promotora cultural, respectivamente. En los años posteriores a la revolución continuó trabajando, hasta que se retiró hacia 1971 o 1972, tras más de dos décadas de intensa labor como creador y como pedagogo. El 25 de noviembre de 1984 marcha a Estados Unidos y retornará ocasionalmente a Cuba. En Norteamérica tuvo una gran acogida de público y devino retratista de varias familias, además de exponer su obra en diversas ocasiones. (6)
 
Más sobre el retrato y otros temas
 
Desde la génesis de su poética, Coro manifestó notables habilidades para captar los rasgos y las expresiones de un rostro. En la década de 1940 son notorios sus referentes de Ponce en los retratos que realiza a sus padres, logrados a partir de manchas y empastes, con predominio del blanco y el siena o en el Retrato de Anita (1945), uno de sus exponentes más conocidos, exhibido en la exposición permanente del Museo de Arte de Matanzas.  Devoto del buen hacer, nos legó centenares de obras de un acabado impecable, manifestando un interés, casi obsesivo, en el tratamiento de ojos, manos y transparencias.
 
Entre sus obras más importantes se cuenta Paisaje interior o El cántaro roto, más conocido por el nombre de La lechera, inspirado en una fábula de La Fontaine. A partir de los motivos de esta historia pintó dos versiones, la primera en Matanzas y la segunda en Estados Unidos. Ambos cuadros son de gran formato y las diferencias entre uno y otro están determinadas por detalles como el de la flor que forma parte de la composición.

Retratos
 
Pintor de una pincelada impecable,  Coro Marrodán recibió el elogio de autoridades en arte como Luis de Soto y Jorge Mañach y su nombre está recogido en el antológico Diccionario de artistas plásticos de Cuba (inédito), de Antonio Rodríguez Morey. Sin desentenderse de la normas académicas incorporó ciertos rasgos del vanguardismo, particularmente en aquellos retratos –ya citados- en los que sublima sus referencias de Ponce de León o en esos otros en los que sus composiciones entroncan con una visualidad y un imaginario alejado de la realidad más ortodoxa, como sucede con sus “mujeres-naturaleza” o con el Retrato del Che en Bolivia en el que se mezclan elementos surreales y figurativos, en un discurso visual y conceptual de un lirismo manifiesto y casi monumental.
 
Sin embargo, la mayor parte de su trabajo es una suerte de “ensamblaje” entre las normas del academicismo y la atmósfera y texturas que aportó el impresionismo. Así puede apreciarse en las decenas de retratos que pinta, por encargo, para personajes de la burguesía matancera, En Cuba primero y, posteriormente en Estados Unidos.
 
Acerca de su obra el pintor expresó:
 
Yo me especialicé en retratos. Casi nunca hice paisajes. Uno de mis cuadros preferidos es el de La Lechera. Yo soy afortunado porque tuve la influencia del pintor cubano Ponce. Mi obra puede situarse en el realismo mágico con caracteres muy personales y como un auténtico retratista. Hoy he hecho innumerables exposiciones tanto en Cuba, como en Estados Unidos y en Los Ángeles y aquí en Miami. (7)
 
En relación con el abuso desmedido de la computadora y su aplicación en el arte se mostraba escéptico: “el talento creo yo, no podrá hacerse en computadora. Es algo inherente al ser humano”. (8)
 
Más apegados a otras tendencias como el art pop, son los retratos que realizó hacia finales de los años sesenta e inicios de los setenta, menos profusos en detalles y creados a partir de grandes manchas de color. Son los casos de los retratos de su alumna Josefina Báez y de su esposo, el ingeniero Mario Sánchez. De la misma época data el que le realizó a la músico y directora coral Celaida Menéndez, “Maricusa”, caracterizado por un cromatismo y una delicada carga de sensualidad. Estos exponentes se conservan en poder de los retratados.
 
La ya citada pintora y pedagoga Josefina Báez Peñate recuerda a Coro no solo como el excelente maestro que fue. Tal era la fuerza de su verbo y su devoción compartida por el arte que lo estimó un suerte de maestro de vida. (9)
 
Tras residir, cerca de tres décadas, en Estados Unidos, Coro regresó a Cuba. Durante su última etapa se alejó del retrato y de la factura impecable, para apropiarse, como soporte, de la cartulina y acercarse a la grandeza del universo astral y de sus formas. Su pincelada se tornó más suelta en su ancianidad, cuando consciente de la proximidad del fin tornó a su entrañable Matanzas. Así, a principios de este año, el 1 de enero de 2013 dijo adiós, dejando como legado una vasta obra que se conserva, fundamentalmente en Estados Unidos y en esta ciudad. También, aunque en menor medida, en España, Rusia y otros países. Llegue nuestro homenaje a quien siempre se hizo acompañar de los pinceles, reinventando la maravilla  en cada obra nueva.
 
Citas y notas
 
1.     Catedral de Matanzas. Libro General de Bautismos de la Catedral de Matanzas, (Libro 9 1917-1919).
2.     Según entrevista concedida a en el 2008. Conservada por la familia
3.     Así costa en el reverso el cuadro referido, firmado por Ponce a inicios de los años cuarenta.
4.  Desde el  11 de febrero de 1946, por iniciativa de Alvarado se había instituido la celebración deun Concurso Anual de trabajos artísticos de los alumnos, que debía celebrarse cada 23 de abril, “Día del Idioma”, a manera de homenaje a Miguel de Cervantes Saavedra.En el evento se entregaba diploma y premio en metálico al alumno, cuyo trabajo fuera el más destacado y  la obra premiada era distribuía en los periódicos de la localidad.
5.  Centro de Documentación del Consejo Provincial de las Artes Visuales. Registro de Resoluciones.
6.   Una parte considerable de la información correspondiente a la vida y obra de Coro fue proporcionada por Eladio Martínez Blanco, secretario de la Escuela Profesional de Artes Plásticas, esposo de Ana María Coro, quien se encarga de custodiar el patrimonio documental y artístico de aquel.
7.     Tomado de una entrevista que se le realizó en la década de 1980. Recorte de prensa.
8.     Ídem
9.     Josefina Báez. Entrevistada por Mireya Cabrera Galán en septiembre del 2013

Por: Mireya Cabrera Galán