Voy por cigarrosEste libro con doscientos ejemplares, nacido de la sensibilidad y las manos de los artífices de las Ediciones Vigía, con la edición de Gladys Mederos y los dibujos y diseño de Rolando Estévez no tuvo mejor lugar para dar a luz, que en el mismo espacio donde se leyó dos años atrás en la Jornada de la Dramaturgia Cubana, iluminado por el simbólico quinqué de una editorial que solo crea obras de arte. Es un libro que quiero presentar por múltiples razones. Una, es que su autor nacido en Santiago de Cuba en 1942, licenciado en Historia en la Universidad de La Habana, alumno del mítico Seminario de Dramaturgia del Teatro Nacional, autor de textos como La Querida de Enramada, Los Profanadores, Provinciana, Chago de Guisa, que le valió el Premio Casa de las Américas 1989 y autor de Ruandi, lo que significa que es el autor de un clásico de la dramaturgia cubana para niños, de una obra palpitante y renovadora.

De una obra que es un canto a la libertad del ser humano, cuyo personaje nació por razones que aún hay que dilucidar para la posteridad en el embrujo de una ciudad como la de Matanzas, pero que por escribirla, ya merece ser considerado el importante dramaturgo que es. Otra razón es que este autor dramático, investigador, crítico, poeta es una persona de vastísima cultura, testigo imprescindible de las ultimas cuarenta décadas de la cultura nacional, agudo pensador del teatro cubano y uno de los promotores más pertinaz y apasionado de la dramaturgia cubana y fundamentalmente de la más joven dramaturgia, desde la sede de la Compañía Rita Montaner y en cualquier foro en que se encuentre. Desde el concreto estímulo, desde el lúcido criterio y desde el ímpetu de un defensor de reconocido prestigio. Y ahora me Voy por cigarros, con Serafín Tato Armada y con Magnolia Barrera.

-Vengan de Santiago, salgan del camerino - les digo. Abran las páginas y salgan a la vida, que vida es la que les sobra. Un actor quisiera decir: “Quiero interpretar a Tato Armada. Quiero ser este personaje que otro santiaguero ha creado y donde Santiago palpita, se huele, lo baña a uno, lector o futuro espectador”

Gerardo FulledaVoy por cigarros, es un homenaje a Santiago y a Cuba y a su gente, a la música cubana, al amor, al desamor, a las frustraciones y los anhelos. Es un canto a los sueños creciendo dentro del personaje, de los personajes, haciéndose un cáncer o una flor vibrante, polémica, sucia o brillante. Desgarrándose lentamente con las sutilezas de quien maneja la técnica, y le sobra la sensibilidad para ir quitando, “deshojando las capas (de tabaco)” de la historia, de los personajes, para dejarlos en sus huesos, pulidos y brillantes, mugrientos y sucios. Personajes de riquísimos matices, de profundas vivencias, de hondura humana en el que hay que sumergirse y salir con sus pedazos de vidas. Personaje donde la palabra adquiere la fuerza que el teatro requiere, la dramaticidad que el teatro requiere, la vitalidad que el teatro requiere, la mezcla de lo popular y lo culto, de la poesía de la cotidianidad trascendida a arte. Voy por cigarros , es también una obra de la memoria y del presente, una obra del futuro. Una obra cubana, auténticamente cubana, de personajes, espacios y tiempos patentes, latentes y ausentes que se levanta desde la pagina impresa para que desde afuera Tato Armada, o desde adentro, la vea salir a ella, la vea escribir en el espejo: Voy por cigarros. La vea tocar la corneta.

Amigos, Fulleda, Estévez, Gladys, todos los trabajadores de Vigía. ¿Escuchan? Alguien está cantando Mucho corazón . Es Magnolia, canta para ustedes mientras se hace el apagón.

Presentación el 27 de marzo del 2007. Día Internacional del Teatro.


Por:Ulises Rodríguez Febles