Gastón BaqueroCuando hace diez años, en 1997, supe que iría a Madrid, me ilusionó la lejana posibilidad de conocer al gran poeta cubano Gastón Baquero. Yo había imaginado cómo sería nuestro encuentro, había delirado. Tal como sucede con algunos sueños, éste también se cumplió. Cuando supe que el poeta de Orígenes me recibiría, comenzó lo peor. En mi torpeza ni siquiera había pensado cuál podría ser nuestra conversación ni cuáles senderos andaríamos, ni en qué río habríamos de sumergirnos...

En una tarde de febrero, bajo un aguacero tremendo -de esos que nunca caen en Madrid porque son patrimonio del trópico- fui a la residencia de ancianos donde vivía, llevándole a escondidas unos dulces. Todo lo que sentí, vi y escuché esa tarde son material para otro texto, hoy sólo quiero referirme a lo que casi al final de nuestra conversación dijo el poeta de Banes y de toda Cuba. Al preguntarle qué le estaba ocupando, él respondió: Estoy haciendo un trabajo sobre alguien a quien ustedes los matanceros tienen olvidado, escribo sobre Fernando Lles.

El próximo 31 de agosto se cumplieran ciento veinticuatro años del natalicio de Fernando Lles quien comenzó su vida literaria vinculándose a la tertulia matancera “Areópago bohemio” y colaborando con varias publicaciones periódicas de comienzos del siglo XX. Por esta época trabajó a la par de su hermano Francisco Lles, junto a quien escribió y publicó los libros de versos: Crepúsculos, Sol de invierno y Limoneros en Flor.

Lles, inconforme por excelencia, vertió ese hálito perturbador en sus libros “La Higuera de Timón” y “La Escudilla de Diógenes”. En La Escudilla... se permitió un importante análisis de las luces y sombras de la cultura griega. Estudiándola a conciencia pero sin llegar a hacer una apología de la misma, se convirtió en un analista de los movimientos, ritmos y cadencias de la cultura helénica, en un catalogador de cuanta referencia clásica encontró a su alcance.

Posteriormente, en “La sombra de Heráclito”, vuelve a esos mismos temas griegos pero con más sosiego. Hay en ese texto, como en otros de su misma autoría, una casi contemporánea avidez por revisar las tendencias y propensiones del alma de los hombres.

Medardo Vitier, el importante pensador y filósofo, en cierta ocasión escribió: Hace bien el Ateneo de Matanzas, que preside el gran poeta Agustín Acosta, en efectuar un acto público en honor de Fernando Lles. Desde época tan temprana ya era reconocido el talento, la genialidad de este importante escritor matancero. Desde ese momento estábamos en deuda con Fernando Lles. Muchos años más tarde el importante poeta cubano Gastón Baquero pensaba de igual manera. Hora es ya de que no sólo la ciudad de Matanzas, sino toda la intelectualidad -isla adentro o isla que se crece extendiendo sus costas hacia los diferentes confines que recogen a sus hijos- se ocupe de un pensador de tamaña magnitud.

Laura Ruiz Montes
Por: Laura Ruiz Montes

 (Matanzas, 1966) Ha publicado entre otros, La sombra de los otros en la colección Pinos Nuevos, Lo que fue la ciudad de mis sueños, en Bartleby Editores, España. El camino sobre las aguas, Ediciones Unión. Editora principal de la revista Mar Desnudo