Gerardo Domenech GenerA María de los Dolores Aguirre Michelena
                                                                                
Entre los miles de cubanos que se sumaron a la Guerra del 95 en pos de lograr la independencia total de la metrópoli española, se destaca el matancero Gerardo Domenech Gener. Escasamente abordado por la historiografía nacional, amerita mayor atención por el rol que desempeñó durante  la génesis y eclosión de esta contienda definitoria.

Gerardo María Pedro Ronulfo, nombre con el que fue bautizado, nació el 27 de mayo de 1867 en la calle Real, No. 43 en el poblado de Bemba, hoy Jovellanos, Matanzas. Sus padres fueron José Gerardo Domenech Marrero, propietario de una fundición y Dolores Gener Puñales. Según documento conservado por María de los Dolores Aguirre Michelena, de esta unión nacieron siete hijos Ana Josefa, María Teresa, Gerardo María Anselmo, que falleció prematuramente, Gerardo María Pedro –protagonista de esta historia–, Dolores Cástula, Salvador de la Luz y María Cristina.

Legado de las familias Gener y Guiteras

Por vía materna el abuelo del futuro prócer fue José Gener Bohigas, hermano de  Tomás Gener (1787-1835). Proveniente la familia de Cataluña, este último se había establecido en Matanzas hacia 1808, erigiéndose pronto en uno de los más notables benefactores de la urbe.

Desde su puesto de Procurador Síndico y al frente de la Diputación Patriótica acometió proyectos de gran beneficio en el orden cultural y específicamente educacional. Amigo del Padre Félix Varela, comparte con este las ideas separatistas, las mismas que lo obligarían, con posterioridad, a exiliarse en Estados Unidos.

El apellido Gener poseía vínculos directos con el Guiteras. Rosa, Josefa y Teresa Gener Puñales, tías maternas de Gerardo, se casaron respectivamente con los ilustres hermanos Pedro José, Eusebio y Antonio Guiteras Font, hombres de saber enciclopédico que legaron a Cuba una obra preeminente en los ámbitos de la historiografía y la pedagogía. Ambas estirpes –Gener y Guiteras– colocaron su privilegiada posición económica e intelectual en favor de transformar a Matanzas en una de las localidades más prósperas de la isla. No es casual que José Martí los haya reconocido como los “padres de Matanzas”. Tales influencias familiares confluyeron de forma coherente y natural en Gerardo, en especial la innata devoción de estos prohombres por los valores que distinguían a Cuba como nación en ciernes. 

Primeros años. La Escuela de Agricultura

En 1871, José Gerardo Domenech parte con su esposa e hijos para Cádiz, donde residirán un tiempo, regresando a Cuba en 1873, poco después de que en aquella ciudad española naciera María Cristina, la más pequeña de los hermanos. Al retorno, la familia Domenech Gener se establece en la finca San Agustín, situada a la derecha del río de igual denominación, en Ceiba Mocha a escasos kilómetros de la ciudad de Matanzas y próxima a la finca de la familia Guiteras. Gerardo asiste a varias escuelas primarias de la zona. (1)

Dotado de una amplia capacidad intelectual, no pudo realizar estudios superiores en su juventud, a causa de las estrecheces económicas que embargaban a la familia por estos años. Aspiraba a licenciarse de Ingeniero Agrónomo y aunque ello no pudo realizarse ingresó en la Escuela de Agricultura de La Habana, según consta en el expediente que se abrió por la Diputación Provincial en 1884, el cual se conserva en el Museo Municipal de su natal Jovellanos. A Matanzas correspondían cuatro plazas, una de las cuales estaba cubierta por Gerardo desde 1881, aproximadamente.

Por el documento citado pudo conocerse que la Diputación convocaba a pruebas para cubrir una vacante y que  los alumnos que ingresaban en aquella  debían poseer  “la aptitud y robustez física necesaria, ser mayores de quince años y menores de veinte y cinco, saber leer, escribir y contar por las cuatro primeras reglas de la aritmética” (2)  Vale mencionar que entre estas y otras cualidades Gerardo poseía una excelente apariencia exterior, a lo que había contribuido en su adolescencia su desempeño como herrero en la fundición del padre. Amante del deporte y de la gimnasia se había propuesto, desde temprano, fortificar su cuerpo,  a través del ejercicio físico. Su imagen de atleta constituía un rasgo del cual se mostraba orgulloso, según puede apreciarse en fotografías de esta época.  

A semejanza de otros padres, José Gerardo Domenech se dirigió a la Diputación, pero en su caso  para que su hijo Gerardo, que ya se hallaba realizando estudios en la escuela, optara por la plaza que dejara vacante un estudiante pensionado por el organismo provincial. La petición estaba avalada por las buenas calificaciones del muchacho  y por la circunstancia de que el progenitor no contaba con los recursos económicos suficientes para seguir sufragándole los gastos de la carrera. Aunque el expediente no incluye la respuesta a la solicitud, Gerardo permaneció en la prestigiosa institución, donde se impartían, entre otras disciplinas, Agricultura, Mecánica y Meteorología agrícolas, Agronometría rectilínea y esférica, Topografía y Dibujo Lineal aplicados, Zoología, Botánica, Física, Química Orgánica y Álgebra.

En los terrenos de San Agustín, aplicaría, presumiblemente, los conocimientos técnicos adquiridos en la Escuela de Agricultura. Debió tomar fuerza por estos años su ideal independentista, pues aunque existe poca información al respecto, será uno de los primeros en incorporarse al grupo de cubanos que se sumen al proyecto de independencia. No es casual que el organizador intelectual del mismo haya confiado en él, desde temprano. Y serán justamente, su amistad con José Martí y el afecto que creció entre ambos, pruebas elocuentes de la entrega de Domenech a la causa de la patria  y de la verdad.

El independentista

A finales de la década de 1880, marcha a Estados Unidos. Tiene veintiún años cuándo se hace retratar en Cayo Hueso con el torso desnudo para mostrar su magnífica estructura corporal. Ya para entonces había iniciado su noviazgo con su prima Ana Mercedes Josefa Gener y Gener, hija de Benigno Gener y Junco y de Ana Gener Puñales. De esta relación se conservan epístolas, cuyo lirismo y contenido retratan la sensibilidad y el patriotismo que signaban a la personalidad de Gerardo.

Comisionado por el General Flor Crombet, en Cayo Hueso –donde residía una cuantiosa comunidad de cubanos, tabaqueros principalmente– Gerardo pudo haber conocido allí a José Martí, quien frecuentaba el lugar, incentivando en aquellos cubanos las ansias de libertad. Residió, no obstante, en distintas ciudades del país norteño como Charleston y Nueva York, entre otras, donde se afilió a uno de los clubes revolucionarios que se organizaron, bajo la guía de Martí, antes de la constitución, en abril de 1892, del Partido Revolucionario Cubano (PRC). De igual manera, Gerardo colaboró con la causa independentista desde su labor como iniciador de clubes revolucionarios en diferentes logias masónicas. Debe recordarse que estas desempeñaron un rol fundamental en la organización de la guerra.

Domenech visto por José Martí

Del vínculo y la confraternidad establecidos entre Martí y Domenech, existen constancias en varios documentos. En diciembre de 1892, el yumurino se entrevista con aquel en nombre del Comité de Matanzas del que eran miembros Emilio Domínguez (Presidente), Pedro Betancourt, Juan Gualberto Gómez, José Dolores Amieva y Pedro Duarte.

El organizador del PRC (cuyo lúcido programa estaba encaminado a obtener la independencia definitiva de la isla sobre la base de la verdadera unidad entre los antiguos y los nuevos revolucionarios y el pueblo, en general) comisionó al matancero para realizar tareas de alta seguridad, tanto en la isla como en Estados Unidos. Conocedor de la alta confiabilidad de Gerardo, Martí trasmite indicaciones a este para que viajara a Cuba, con el fin de trasmitir instrucciones a los diferentes grupos que se fueron afiliando al partido, aglutinador de todas las fuerzas y a través del cual el intelectual revolucionario concibió la Guerra Necesaria, “con todos y para el bien de todos”. El 24 de octubre de 1894 Martí escribe a Domenech:

Mi muy querido Gerardo:

¿Conque yo lo ando buscando y Vd. A mí y no nos hemos podido ver?

Ud. recibiría, Gerardo, mi carta, lo que escribí al salir para la Florida. Ya entonces lo necesitaba para el servicio que sólo Vd., con su tacto y prudencia, puede hacer. De determinado grupo hay que ir a pedir informes decisivos, sobre un punto esencial que me tiene con justicia, dudoso, y que sólo Vd. me puede traer aclarado. Vd. sabe que yo no puedo emplear a hombres de su valía, y a quien quiero como a Vd., en cosa en que corra un riesgo innecesario o que pudiera ser otro que no fuera Vd. Lo que es, se lo diré el viernes, si esta Vd. en casa de Gonzalo a las 3, o el sábado allí mismo, a las 11. Vaya y vuelva tan pronto como pueda. Vd. no  regaña porque disponga Vd. con esta confianza, un amigo suyo de quien a su vez puede Vd. disponer. Mi mucho cariño a la casa Guiteras. Su  Martí (3)

Acerca de las convicciones patrióticas de Domenech y de la confianza que este trasmitía al más universal de todos  los cubanos, quedan pruebas en otras misivas. Así, en una que dirige a Serafín Sánchez en octubre de 1894,  Martí al mencionar al patriota matancero expresa: “[…] Afuera, ya hemos hecho lo que tenemos que hacer. Hasta que Gerardo vino, hace quince días, no sabíamos a derechas de Cuba […] Es muy tarde, el sincero de Domenech duerme a mi lado, y sale de aquí a dos horas. […] He dicho ya a Vd. que nada nuevo podía traerme, que lleva el encargo de seguir con actividad extrema los trabajos de Matanzas” (4) de igual manera, en noviembre, comunica a José Dolores Poyo: 

Vuelve el comisionado, que es toda sinceridad, y por él aclaro la situación de Matanzas, que nos debe satisfacer y, preparo las cosas  de modo que la situación allí siga al vuelo, como va desde que nos vio acá Domenech, con sus propios ojos, sin caer en ningún lazo,  para este objeto o aquél, ni enemistarse con los que a su hora prestarán servicios, cuyo instante no parece llegado todavía […]  (5)

Inicio de la guerra

En el preludio de la guerra, Gerardo continúa la labor patriótica en la hoy provincia de Matanzas. Además de las logias, los independentistas se reunían en las casas de los revolucionarios Raúl Alsina, Orencio Nodarse, Juan Peña Delgado, Julián Santamaría, Cosme de la Torriente, Alfredo Carnot, Martín Marrero y del propio Domenech, entre otros. Una de las acciones más riesgosas que realiza, en conjunto con Emilio Domínguez, es trasladar al lugar indicado 40 fusiles y 4000 balas de la estación de Benavides.

Entre los días 21 y 23 de febrero de 1895, vísperas del levantamiento de Ibarra en el demolido ingenio La Ignacia se hallaban reunidos los grupos revolucionarios que participarían en el hecho. Estos estaban liderados por los hermanos Pedro y Guillermo Acevedo Villamil, Manuel García Ponce, el llamado “rey de los campos de Cuba”, Dolores Amieva, entre otros. A la sazón, Gerardo está cumpliendo labores de propaganda y organización en el ingenio Cayajabos, de donde partió para unirse con Emilio Domínguez.

Tras el estallido insurreccional del 24 de febrero y el coyuntural fracaso matancero, a Domenech se le confía una misión en la Delegación cubana de Nueva York con instrucciones de los revolucionarios de Oriente. Concluida la encomienda con los resultados esperados, se alista con el General José Carrillo en la primera expedición que parte del norte de Estados Unidos con el fin de incorporase a las huestes mambisas. Descubierta, la expedición se frustra y Gerardo es apresado con sus compañeros. Posteriormente realiza nuevos intentos.

Convencido de su deseo de ver a la patria soberana, antes de partir comparte con la amada su convicción de luchar por su ideal. Perdido el amigo entrañable y el gestor máximo de aquella gesta,  Domenech estaría por protagonizar un episodio decisivo en su vida. En carta fechada en Charleston, el 7 de marzo de 1896, le escribe a Ana:

Anita:

Tu Guey [pseudónimo con el que firmaba sus cartas] se va á la guerra en cumplimiento del sagrado deber que nos liga á la Patria. Cuba me separa de ti temporalmente,  en su suelo nacimos y á la sombra de sus palmas creció el amor que une nuestras almas […] Hoy clama por sus hijos en su desesperada lucha por la libertad y  yo qe [sic]le debo mi vida y mi honor no puedo cruzarme de brazos en sus horas de peligro. Desde mis primeros años oí hablar de la Patria á mis padres queridos y ellos me prepararon para servirla hoy. Me voy lleno de esperanzas y con las ilusiones de mi juventud. […] Recuerda en la ausencia, como lo haré yo, nuestros momentos felices y olvídate de mis majaderías.  Vive segura de mi amor, porque al partir me voy sabiendo cuánto me amas y cuánto vales. Cuídate pa que le seas útil a tu anciana madre q´ necesita de ti y para q´ á  [sic] mi retorno no note en tu dulce semblante las huellas del dolor q´ mi partida te proporciona. No temas por mí, soy fuerte y saludable [sabré] sobrellevar los rigores de la guerra. Volveré un verdadero General y ¡qué alegría entonces pa los dos nos casaremos y nos iremos a vivir á [sic] Cubita libre! (6)

En la cuarta expedición que organiza logra zarpar en el vapor Comodoro, al lado del comandante Baudilio Peña y de ocho patriotas más. Desde Charleston llega a playas cubanas, desembarcando, al norte, por las costas de Nuevitas, Camagüey, el 19 de marzo de 1896. El armamento que traían los nueve expedicionarios era bastante y  Gerardo se encargó de trasladar hasta la manigua un pequeño cañón. Posteriormente, al internarse en Las Villas ingresó con el grado de Capitán en el Estado Mayor del General Carrillo.

Durante su permanencia en los campos cubanos y desde diferentes campamentos y territorios, Gerardo se comunica continuamente con “Anita”, haciéndola participe de circunstancias y detalles, cuyo valor testimonial es, hoy, inestimable. El  29 de marzo, pocos días después del desembarco escribe: “Mi Anita: sale el correo pa´ el pueblo y no quiero demorarlo […] Estamos reunidos […] y muy bien parqueados. Esto es Cuba libre […] Pasamos veintitantos trabajos –pero se salvó la expedición” (7) Y transcurridos los días, aquellos dos amores, el de la patria y el que profesa a la novia lo motivan a describir el campo insurreccional con peculiar lirismo:

Mi Anita amadísima: Sobre el tronco de un árbol caído me he sentado á [sic] escribirte en la soledad del bosque. […] ¡Qué lindas son las mañanas en los campos de Cuba libre! El toque de diana, el gorjeo de las aves, el cielo azul qe  se descubre á [sic] nuestra vista a los primeros rayos del sol, los matices de la vegetación, la satisfacción y el placer que experimentan los qe combaten por la libertad de su pueblo, el sueño delicioso en qe pasamos la noche, acostados en nuestras hamacas tendidas entre árboles […] todo hace que despertemos alegres y felices […] con […] la satisfacción del qe ha sabido sacrificar lo más en cumplimiento de un deber sagrado […] (8)

Unos días después le refiere: “[…] Todavía no he entrado en fuego y  gozo una salud envidiable y hasta ahora me sopla la buena suerte. Tal vez debido a la medallita [ilegible]. Esto es Cuba libre […] A cada paso me encuentro con un amigo qe me recibe con los brazos abiertos. […] cuídate y que no decaiga tu espíritu” (9)

El 28 de septiembre de aquel año se une a las tropas del legendario Mayor General José María (“Mayía”) Rodríguez asumiendo el mando del batallón de infantería.  Mayía, había sido nombrado Jefe  del Quinto Cuerpo  y marchó rumbo al Occidente de la isla para ocupar oficialmente el cargo. En ese trayecto, iniciado en octubre de 1896, los cubanos mantuvieron un enfrentamiento con los españoles en el ingenio Colorado, de Matanzas.  Herido Mayía de una pierna, las tropas mambisas se detienen en espera de que las heridas sanen. Para entonces Gerardo es ascendido al grado de Comandante y continúa la lucha bajo las órdenes del Jefe de Brigada de Santa Clara.

Optimista y confiado en la suerte de la patria y de su amor, Domenech ve bruscamente interrumpido sus deseos de servir a la causa de la libertad. 

 

Herido en combate. Lucha por sobrevivir

El 21 de abril de 1897, en Majubina (finca perteneciente a la jurisdicción cienfueguera) sostiene un cruento combate con tropas españolas, superiores en número y armamento a las cubanas. Gerardo resulta herido en el enfrentamiento. Una bala enemiga le había traspasado la columna vertebral, dejándolo inmovilizado. Muchas fueron las peripecias de sus compañeros para lograr que sanara, pero las inclemencias del tiempo, los continuos traslados y otras situaciones atentaron, aún más, contra su salud.

Con el alma más herida que el cuerpo, lastimado por las decepciones, huyendo por los montes, sin apenas medicinas y alimentos, Gerardo se sostuvo más de un año en la manigua. Adolorido y ulcerado, quizás sobrevivió por la fortaleza de la juventud y de su organismo y por su perenne anhelo de ver a la patria libre.

Cuando pudo ser trasladado a Matanzas, fue atendido, durante su convalecencia, por Ana Mercedes, la novia que se sobrepuso a las distancias y a la enfermedad. Privado de algunas de sus capacidades vitales, el hombre de la gallarda figura, hubiera optado por deshacer el largo compromiso de casi veinte años, pero “Anita” decidió que aquel noviazgo –tan sujeto a las circunstancias y a las consecuencias de la guerra- finalmente se verificara de forma oficial. Registrado en la iglesia San Pedro Apóstol de Versalles, el matrimonio católico tuvo que celebrarse en la casa de Gerardo, a causa de su estado físico. Los padrinos fueron Dolores Gener Gener, hermana de la novia y Juan Guiteras Gener, (10) primo de ambos contrayentes.

En 1898 la pareja reside en la calle Milanés, No. 149 entre América y Compostela, en la propia ciudad de Matanzas. Por indicación del General Máximo Gómez y por suscripción popular se recaudaron fondos para poder enviar al Comandante a Estados Unidos con el propósito de que en ese país recibiera tratamiento médico.

El Museo Provincial de Matanzas atesora varios documentos vinculados al apoyo que brindó el pueblo cubano al héroe impedido de guerra. Dos de estos documentos contienen decenas de firmas de las personalidades y entidades que realizaron donativos con el objetivo de que el patriota yumurino viajara a Estados Unidos para recibir en ese país tratamiento médico. Oficiales del otrora Ejército Mambí, intelectuales, médicos, pedagogos, abogados, mujeres, allegados y otros miembros de la sociedad civil cubana firmaron estos importantes pliegos. Uno de ellos está fechado el 24 de abril de 1899 y entre los autógrafos relacionados se hallan los del General Pedro Betancourt, Eduardo Díaz, Alfredo Carnot, la Sociedad de Beneficencia Catalana, el Casino Español de Matanzas, el periódico La Lucha, hasta llegar a las más de cien firmas y a la suma total de 874 pesos oro. La otra relación data de septiembre de 1900 y consta entre sus rúbricas con las de Marta Abreu de Estévez, los generales José Miguel y  Clemente Gómez, Alberto Schweyer, Claudio Dumas, Eliseo Giberga, Jose G. Villa y otros.

Con las sumas recaudadas Gerardo y Anita marchan al país norteño y allí ingresará en el Hospital Presbiteriano de Filadelfia, en septiembre de 1900, según consta en la documentación del museo. Tras varios meses de tratamiento retorna a la Patria con algunas mejorías, pero sin recuperar el movimiento de sus piernas, por lo que esta batalla por sobrevivir a las heridas físicas y psicológicas de la guerra, durará toda su vida.

El Museo Provincial conserva una valiosa carta del General  Máximo Gómez a Gerardo. En la misma se alude, una vez más, el particular. Firmada en La Habana el 14 de marzo de 1902, el prócer de las tres guerras responde a una misiva anterior del veterano matancero, enfatizando en el destino desconocido del dinero que los Estados Unidos debía pagar al Ejército Libertador, tras el fin de la contienda y a su fe en que el electo Presidente Tomas Estrada Palma, “hombre de espíritu ilustrado”, actuaria de forma satisfactoria. Al remitirse a la situación de Gerardo, comunica a este:

En cuanto al asunto de V. y por ahora, creo yo que solo le queda en comienzo […] apelar á [sic] la generosidad de sus compañeros de armas por medio de una suscrición, iniciación, que a nadie más, sino a V. mismo le corresponde hacer. Debe V. tener muchos compañeros y amigos colocados en puestos públicos […] y no [hay] para que dudar que no respondan á su reclamo. Por mi parte puedo también ayudar a esa obra de generoso compañerismo.

Quedo de V afmo. S.S. M. Gómez. (11)

Los gastos del tratamiento eran cuantiosos. El patriota, inhabilitado por la guerra, se vio obligado a utilizar lo que quedaba de la fortuna de los Gener e incluso a hipotecar la casa que había adquirido con el dinero de la indemnización del Ejercito Libertador, razones por las que un grupo de Representantes solicitó a la Cámara - con fecha 16 de marzo de 1910- la aprobación de un Proyecto de Ley. El artículo primero de esta señalaba “Se concede un donativo de cinco mil pesos al Comandante Gerardo Domenech que quedó inútil en acción de Guerra”. El segundo, por su parte, establecía que se le pagarían, mientras viviera, 200 pesos mensuales, todo lo cual se verificaría una vez que la Ley fuera publicara en la Gaceta. (12) Exhausto por las molestias físicas y los continuos tratamientos, mantuvo el noble rostro, erguido y luminoso.

Y así, el perenne optimista, de quien José Martí encomió reiteradamente las virtudes de la honradez y la franqueza, muere en la plenitud de su existencia, a los 49 años. Ello aconteció en La Habana, el 30 de noviembre de 1916, en el Hospital Las Ánimas, donde aseguran que fue asistido por su ilustre primo, el médico y científico Juan Guiteras Gener, así como por el Dr. José Cartaya. En su certificado de defunción este facultativo declaró que murió a consecuencia de epelilioha. Trasladado a Matanzas, sus restos descansan en el Panteón Redondo No. VII de la familia Gener.

Hoy, a casi cien años de su fallecimiento, Matanzas rinde un homenaje colectivo al patriota y al amante. Al mismo, para el que las palabras Amada, Patria y Naturaleza resumen su vida de servicio y lealtad. Bonifacio Byrne lo describe magistralmente en este soneto inédito (copia de 1925) que se conservaba en la papelería del Dr. Juan Guiteras Gener.

Convirtiolo el gimnasio en formidable atleta
y en un Horacio Cocles de la Revolución.
Las ansias de su pueblo generoso interpreta
y en él su patriotismo luce como un blasón.

Sabe lucir airoso su traje de etiqueta
y hacer ante las damas una genuflexión;
pero cuando en sus manos su Winchester aprieta,
es cuando alegre late su corazón.

En su primer combate una bala envidiosa,
de parte á parte el pecho atravesó alevosa,
rozándole, a su paso, la médula espinal…

Y en plena luz lo vimos en su sillón radiante;
y en su postura inmóvil, bello y desconcertante,
de la muerte esperando la fúnebre señal. (13)


Por:  Faustino Gómez Brunet y Mireya Cabrera Galán


 Notas

  1. María de los Dolores Aguirre Michelena. Biografía de Gerardo Domenech y Gener. Matanzas. Mecanografiado. 1992. Inédito. p.2
  2. Museo Municipal de Jovellanos. Expediente de la Diputación Provincial de Matanzas. Secretaria. Agricultura. 1884
  3. José Martí. Obras Completas. Carta Gerardo Domenech. Tomo III. pp. 299-300
  4. Ibídem. Carta a Serafín Sánchez. pp. 313-316
  5. Ibídem. Carta a José González Poyo. pp. 381
  6. Museo Provincial Palacio de Junco. Departamento de Inventario. Expediente Personal de Gerardo Domenech. Carta de Gerardo Domenech a su novia Ana Mercedes Gener, “Anita” Fechada en Charleston, el 7 de marzo de 1896.
  7. Ibídem. Carta de Gerardo a Anita. Camagüey. Campamento “Los Ángeles”. 29 de marzo de 1896
  8. Ibídem. Carta a Anita. Tunas. Oriente. Campamento “El Lavado”. 10 de abril de 1896
  9. Ibídem. Carta a Anita. Campamento “Josefa”. 3 de mayo de 1896
  10. Primo de ambos contrayentes, Juan Guiteras Gener (1852-1925) se destacó como médico entomólogo, higienista e investigador. Graduado de Medicina en la Universidad de Pensilvania, formó parte también del Partido Revolucionario Cubano, para el que cumplió importantes misiones. En Cuba funda, junto a Finlay, la Junta Superior de Sanidad, asume el decanato de la Facultad de Medicina y Farmacia y dirige la primera Revista de Medicina Tropical de América. En 1921 renuncia al cargo de Sanidad y Beneficencia, en protesta contra la amenaza de Estados Unidos de intervenir, a partir de elementos falsos sobre la situación sanitaria del país. Fue el primer  Presidente de la Federación Médica de Cuba.
  11. Museo Provincial Palacio de Junco. Departamento de Inventario. Expediente Personal de Gerardo Domenech. Carta de Máximo Gómez a Gerardo Domenech. La Habana, 14 de marzo de 1902.
  12. Ibídem. A la Cámara de Representantes. Proyecto de Ley. Palacio de la Cámara. Marzo 16 de 1910. Copia mecanografiada.
  13. Archivo Histórico Provincial de Matanzas. Fondo Familia Guiteras. Leg. No. 4. Expediente 229.