Carta a Charles Bukoswki Las biografías, los diarios, las cartas publicadas alimentan la curiosidad: la malsana o la blanca curiosidad. Acceder a la vida de los otros presupone una especie de pasaporte para entrar en los rincones de la vida nuestra que aún no hemos vivido, que no viviremos jamás, que no nos atrevemos, que no nos sucedió…O que, en cambio, sí hemos vivido pero no hemos podido asumir, sostener, nombrar… Y da consuelo, paz o regocijo en el dolor, ver esas mismas líneas en las biografías, los diarios, las cartas de los otros. Las surcos que coinciden, las huellas similares, nos hacen sentirnos más humanos, con más probabilidad de ser no sabemos bien qué cosas ni qué esencia, pero SER y ya eso es muchísimo. Llegar a SER es un acto sumamente difícil, alcanzar la coherencia de Ser es un episodio arduo.

Hugo Hodelín ha llegado a ser. Y siendo, escribe esta Carta a Charles Bukoswki que ha dejado abierta a ex profeso, para permitir que nuestra curiosidad se asome y podamos ver, con dolor y asombro; con inquietud y admiración esos perros que le muerden bien adentro y que el poeta logra poner a sus pies, mientras los va convirtiendo, poco a poco, en ese manso animal que puede llegar a ser -a ratos- la poesía.

Hugo confiesa estar ahí/ aquí, sudado, arrinconado y solo …esos parecen ser los hechos de los que deriva el alud poético. Pero en verdad este poema es, por encima de todo, lo que Charles Bukoswki no dijo, no alcanzó a decir; es el fragmento de la historia que aquel omitió.

Cuando Bukoswki escribió “Por la mañana era de día y yo seguía vivo”, lo que describía no era solo el transcurrir de su propio dolor, rememoraba también la noche atormentada de Hugo Hodelín. Se refería a esa agonía que muchas veces no es poetizable; a la noche oscura, cerrada, que no siempre es la de San Juan de la Cruz y después de la cual no necesariamente amanece…

El diálogo siempre es posible, de poeta a poeta, de vivo a vivo, de muerto a vivo, de vivo a muerto. Más posible puede llegar a ser en esos instantes en el que sin saberlo muy bien todos estamos muertos, aplastados, tirados en la lona maloliente, sin poesía que salve, sin oxígeno y sin milagro.

No sé cuántos golpes de uppercut soportó Hugo Hodelín antes de escribir este texto porque creer que sabemos algo de los otros es una ridícula pretensión. No sé cuánto salió de la caja de Pandora para clavársele como banderillas en el lomo del toro. Lo que sí es muy evidente es la multiplicación de Hugo. Este poeta es todo lo que salió del caballo de Troya y es el caballo mismo con la boca llena de espuma pero empinando el hocico desde el suelo, defendiéndose del enemigo que lleva dentro porque sabe que casi todo está en sus manos, es decir en su poesía, porque nadie va a detener la pelea y porque la vida no se hace la de la vista gorda ni tira la toalla .

Hugo vive la historia sin saber que él mismo la está haciendo. Él habla del poema de Hughes , de los jazzistas de caras largas , de Apollinaire , del poema de Luisito Marimón, a quien Hugo tiene que llamar el petit Luis para que no nos asustemos ante la dimensión que alcanzó su dolor y su agonía, pero no se menciona a sí mismo. Acaso es porque no sospecha que él mismo está contenido en todo lo que señala. La poesía de Hugo es todo cuanto nombra, es la espuma que emana de la boca del caballo que no se rinde, mezclada con la espuma del mar y con la espuma delirante de la cerveza…Hodelín sólo sabe que ahí, en toda la espuma está la filosofía, el devenir, la verdad y la mentira. Y es que Hugo escribe, para decirlo a la manera de Charles Bukoswki: “desde el alma de todos los animales muertos” y para decirlo a la manera de Hugo Hodelín: Hugo escribe desde las cruces de su pecho

Charles Bukoswki que nunca supo que iba a recibir esta carta del poeta matancero, escribió: […]“¿qué clase de mierda es ésta?” […] “es tan difícil ser hombre”…Hugo confiesa que la vida no fue gran cosa . Aquí estamos para mirar al lobo herido que somos, para vivir lo que escapa a toda melancolía poética.

Asistir al espectáculo como si sobrevoláramos el campo de batalla, vibrar ante las ofrendas marchitas, caer como un plomo de lo alto de la catedral , salir desde el fondo de eso -que efectivamente no es gran cosa-, es lo que Hugo Hodelín nos ofrece en el acto vital que su poesía nos regala, en la posibilidad que nos concede de redimirnos, en un instante, en el recuerdo de su verso, pequeño, grande, espumoso…verso que arde “como cuando en las/ altiplanicies/ se incendia el negro cisne”

Y es un entretenimiento duro pero lo disfrutamos, asistimos y en él nos quedamos detenidos, como esta tarde en el borde del sobre que contiene esta carta poema. Sin quizás ni atrevernos a decir: querido Hugo, aquí estamos, atrapados , como tu decías, pero mordiendo y escapando porque casi nada es gran cosa pero –afuera- todo sigue y no queda otra que descorrer el velo y asistir al forcejeo…Y adentro la poesía queda gracias a que como tú expían todas las culpas que no publicarán los diarios y eso, créelo, sí es gran cosa.

(*) Último título de Ediciones Vigía: "Carta abierta a Charles Bukoswki", de Hugo Hodelín, con diseño de Marialva Ríos. Presentado el 19 de octubre, en la casona de las Ediciones Vigía, en la celebración del día de la Cultura Cubana.


Por: Laura ruiz montes