Grabadres HolandesesEl Museo de Arte de la ciudad de Matanzas es una opción excepcional para estudiantes, profesionales o aficionados al arte que deseen acercarse a la obra de algunos de los creadores universales más importantes de todos los tiempos. Entre las colecciones de arte cubano y universal que preserva la institución se destaca la de Grabado. Desde el temprano siglo XVI y hasta el XX decenas de estampas, hasta llegar a la cifra de 517, nos remiten de nuestra latitud o a otras tan distantes como el norte de Europa, en donde nacieron algunos de los grabadores más grandes de la historia, entre ellos, el alemán Alberto Durero, el primer gran maestro gráfico, de quien el museo posee varias piezas.

Demeritado en un tiempo por sus posibilidades de repetición, cualidad que hizo considerar a algunos que se trataba de un arte menor, el grabado goza en la actualidad de una renovada salud. No debe olvidarse, que la mayor parte de los artistas que hoy se estiman como paradigmas de la cultura universal sondearon sus distintas técnicas y le confirieron un lugar especial dentro de su quehacer. Nombres como los de Durero, Rubens, Rembrandt, Goya, Matisse o Picasso hablan por sí solos acerca del significado del llamado arte de la estampa. Todos ellos lo ejercieron, apreciando no sólo sus cualidades visuales y estéticas, sino las complejidades técnicas que le son inherentes y que colocan al género en un lugar privilegiado.

La eclosión del grabado en Europa data del siglo XVI, consolidándose en el XVII. Aunque más de un territorio de ese continente se destaca en el cultivo de esta manifestación, surgida en China, a la sazón del descubrimiento del papel, hacia el año 105 d.n.e, el Museo de Arte dedica un espacio especial a Holanda, nación en la que el género cobra particularidades muy especiales a tono no sólo con su tradición e historia, sino con la pericia de sus artistas académicos y populares. A diferencia de otras regiones cercanas, como Bélgica, por ejemplo, y tras extensas confrontaciones políticas y religiosas, la Holanda protestante y republicana, deja sentir las influencias de su status social en todas las esferas de la vida espiritual. Interesada en los asuntos de índole económica, científica y artística, pronto se transforma en uno de los países más cultos de Europa, como también en los de mayor aliento en lo que a creación artística se refiere.

Aunque interesada en el renacimiento del arte clásico de la antigüedad grecolatina, lo que dio lugar a una tendencia neorromana (1) en su cultura, en Holanda se afianza con fuerza, quizás como en ningún otro país de esa región, el llamado arte nacional. Éste coexiste con aquel estilo, pero llega a ser más fuerte, circunstancia que propicia que podamos conocer, justamente a través del grabado, la cotidianidad de un mundo, que no por lejano en el tiempo y el espacio resulta menos seductor.

El arte holandés de los siglos XVI y particularmente del XVII es catalogado por los estudiosos Rembrandt-Retratocomo un “arte doméstico”, destinado primordialmente a decorar los hogares burgueses. Quizás a esta razón se deba, en parte, que se practique más que la religiosa, la temática cotidiana, o lo que ha dado en proclamarse arte de géneros. Las escenas de costumbres, el retrato individual o de grupo, el paisaje, el cuadro arquitectónico, la naturaleza muerta y las representaciones de animales predominan en el interés del artista, que es a la vez su propio comerciante. También se abordan los tópicos mitológicos, alegóricos e históricos, que si bien mantienen su importancia, coexisten con ese afán “hogareño” del arte de ese país, un arte popular pletórico de lozanía que fue aplaudido por eruditos y neófitos y que se mantuvo al tanto, no de extravagancias ajenas, sino de lo abundante y variado que le brindaba el paisaje circundante. De esta peculiaridad Esteve Botey ha considerado que “En el arte holandés las escenas populares han constituido inagotable caudal para sus creaciones, y los grabadores, pintores en su mayor parte, practicaron este género con más inspiración que el histórico.” (2)

Estimado el más notable artista del Renacimiento en el norte de Europa, Alberto Durero se había formado inicialmente como orfebre. Sus extraordinarias habilidades en el arte de grabar, aplicadas, entre otros, al asunto religioso, llegaron pronto a la cercana Holanda, particularmente a través del pintor y grabador de ese país Lucas van Leyden (1494- 1533), quien en 1521 conoce al maestro alemán en Amberes. Ambos se retroalimentan de sus respectivas maneras de hacer. Aquel se apropia de los tonos fuertes y de los contrastes de luces y monumentalidad del holandés y éste aprovecha ese contacto vital con la técnica exquisita de Durero y la propaga en su país, constituyendo una suerte de punto de partida para la formación, en la centuria siguiente, de la llamada escuela holandesa de pintura.

Grabados de_ Hendrick GoltziusAdemás de van Leyden, en el siglo XVI se destacan artistas como Hendrick Goltzius (Mühlbrecht, 1558- Haarlem, 1617), del que la institución preserva tres calcografias, reveladoras del virtuosismo que lo identificó en su oficio. Imbuido también de los aires renacentistas y de algunos de sus predecesores retoma los diversos estilos de Rafael, Parmesano, Bassano y Barocci, así como de los mencionados Durero y van Leyden, para realizar una serie de seis grabados que aumentaron su renombre. Se trata de una de las figuras que se enmarcan en la etapa de eclosión del grabado europeo y que tras estudiar un tiempo la antigua cultura italiana retorna a Holanda para establecerse en Haarlen (3). En esta ciudad había iniciado su formación artística y con el tiempo fundará en ella una gran escuela, donde enseña pintura, técnicas de grabado, dibujo escultórico al desnudo y otras disciplinas y a la que se adscribirán muchos de los grabadores de mayor renombre en Holanda, presentes algunos en la colección de la institución. De la trascendencia de esa población para el arte holandés el historiador del arte Karl Woermann estima que: “Por su participación en la defensa nacional y su decidida aportación al cultivo y expansión de la genuina espiritualidad del país, Haarlem fue, en cierto modo, la ciudad que más contribuyó a la plena cristalización de la comunidad holandesa como ser colectivo de definido carácter”. (4)

En sus orígenes, en aquella escuela predominó el estilo ecléctico, el mismo que Goltzius puso de relieve en sus referidas seis obras maestras, en las que pretendió, con éxito, reproducir o imitar la manera creativa de los antiguos maestros. Indiscutible virtuoso, se mueve con facilidad tanto en el pretérito procedimiento de líneas compactas como en el contemporáneo de las más separadas. Se distingue como retratista y por sus cautivadoras escenas mitológicas. Fue uno de los más acreditados cultores de la calcografía, coadyuvando además al avance de la técnica del claroscuro en la xilografía.

Se estima que hayan salido de sus manos cerca de trescientos grabados, género que abandonó, tras sus exploraciones, para dedicarse a partir del 1600 a la pintura. Algunas de sus piezas se conservan en el bicentenario Rijksmuseum (5), de Ámsterdam. Además del [Retrato de Segismundo III], el Museo de Arte de Matanzas cuenta en sus fondos con [La bendición de la cosecha] 1 y II, calcografías de impecable factura, en la que Goltzius (6) intervino como pintor, al lado de Jacob Mathan (1571- 1631). La obra de éste estuvo imbuida originalmente por el genio del flamenco Pedro Pablo Rubens. En las referidas láminas, Mathan se ocupó, a la usanza de la época, del ejercicio de grabar para el maestro.

En la historia del arte holandés, el siglo XVII ha sido, por su prodigalidad, una época consentida no sólo por sus contemporáneos -monarcas y coleccionistas incluidos- sino por los conocedores y artistas de hoy, que aprecian en ese período artístico todo un universo de enseñanzas y de técnicas que mostraron un camino y una manera de hacer. Es precisamente esa “popularidad” la que motiva a todos los grandes museos del mundo a contar entre sus fondos y gabinetes con colecciones holandesas, cuyos precios han ascendido notablemente en correspondencia con tales circunstancias.

Fue en aquella centuria del barroco por excelencia, en la que surgen los grandes nombres de artistas asociados al grabado. Los emblemáticos Rubens y Rembrandt dedican gran parte de su tiempo a perfeccionarlo y demuestran - definitivamente- que el suyo no es un arte secundario, sino, por el contrario, uno de los más complejos y acabados por ofrecer al artista infinitas posibilidades de creación y de búsqueda estéticas, a la vez que la singularidad de multiplicarse y de llegar a un público más amplio. Al iniciarse el siglo muchos artistas holandeses, incluido el referido Goltzius, pintaban todavía al estilo manierista. Avanzada la centuria, otros como van Honsthorst, van Ostade, van Ruysdael y Rembrandt se insertan, por su manera de hacer, dentro de los cánones del barroco. “Para los artistas del siglo XVII una imagen podía ser más que una simple descripción de la realidad si además impactaba emocionalmente. Se otorgaba gran importancia a la representación de los gestos, llegando a exagerar, incluso hasta lo grotesco” (7)

Un ejemplo notorio de la tesis anterior es el de Honsthorst. Nacido como Goltzius y Mathan en el siglo XV1, la obra de Gerard van Honthorst (Utrecht, 1590 - ?, 1656) se desarrolla en el XVII. Relacionado con la escuela inglesa de pintura, se entusiasma, al viajar a Italia, con el arte de sus maestros, en particular el de Caravaggio. Las influencias de éste las refleja en sus escenas bíblicas y cuadros de género, en cuya composición sobresale su particular tratamiento del claroscuro. Para lograr los efectos que se proponía, solía emplear una iluminación con velas, destacando de esta forma las interioridades de sus retratados. Numerosos historiadores del arte afirman que el barroco italiano se introdujo en Holanda por van Honthorst a partir de su contacto con la obra de Caravaggio.

Adriaen-van-Ostade.-La-esperaSu apego por la técnica más depurada, lo conduce a sentar escuela, incluso en Italia, donde es conocido con el sobrenombre de “Gerardo della notti”, por esa costumbre de destacar el claroscuro a la usanza de Caravaggio. Un ejemplo de su dominio de las luces y sombras y de su habilidad como retratista es su [Retrato de hombre con turbante], que forma parte de la colección del museo. Entre las grandes obras que vinculan a Honthorst con el arte de su país y el universal está el Palacio del Huis ten Bosch, de La Haya, en cuya decoración participó, junto a otros artistas de Utrecht y de Haarlem o procedentes de Flandes. Con el flamenco van Thulden, discípulo, de Rubens, Honthorst pintó la mayoría de los cuadros con que el príncipe engalanó el salón principal del noble recinto.

Nacido en Haarlem (1610-1685), Adriaen van Ostade, pintor y grabador como los anteriormente citados, fue, presumiblemente, discípulo de Frans Hals (véase nota 3), distinguiéndose fundamentalmente en el panorama del arte holandés como pintor de cuadros de costumbres. Abordó disímiles motivos populares en cincuenta grabados que detienen su atención en escenas comunes de familias campesinas y burguesas, en cuya recreación se considera un maestro. Es suficiente apreciar sus cuadros para que la Holanda pueblerina del siglo XVII se nos muestre en toda su real dimensión.

Paulus_Potter.-Las-reses.- I y IISu estilo es vigoroso y como la mayoría de sus colegas es diestro en el manejo de luces y sombras. Campesinos bebiendo, fumando, dialogando y toda índole de personajes de pueblo se suceden en aquellas estampas, que a la vez que arte, constituyen documentos de su tiempo, de igual manera que lo fuera Landaluze para el siglo XIX cubano. Algunas de sus obras más acabadas se hallan en el Museo El Prado, de Madrid, entre ellas Concierto rústico, Cocina aldeana y Aldeanos cantando. Después de 1650 sus escenas y personajes populares cedieron paso a imágenes más delicadas. De las primeras, por las que hasta hoy es reconocido, el Museo de Arte preserva [Un día de fiesta para los campesinos], [La espera] y [Escena de campesino].
Paulus Potter (Enkhuizen, 1625- Ámsterdam, 1654) se inspira también en motivos rurales, pero no es el individuo el que atrapa su curiosidad, sino los animales que conviven con él. Discípulo de su padre, Pieter Potter, se regodea con lo apacible de las praderas holandesas y de su ganado. A éste a menudo lo despoja del contexto y lo muestra con una exageración de detalles que hacen pensar en el arte fotográfico, aún por llegar. Esta obsesión hiperrealista provoca que en sus cuadros de tamaño natural la experiencia del observador no sea del todo agradable por la recargada fidelidad de sus imágenes. Pero “difícilmente encontraremos otro pintor que haya observado con tanto amor a los animales y los haya reproducido tan minuciosamente” (8). Grabados con puntas de diversos gruesos, sus bueyes, vacas, corderos y los motivos florales de sus láminas reflejan, a semejanza de van Ostade, el ambiente cotidiano de una época y de sus costumbres, fundamentalmente en lo relativo al campo y a sus personajes y animales. [La vaca] 1, II y II y [Las reses], pertenecientes a los fondos de la Colección Padilla, son una elocuente muestra de este artista.

Karel-Dujardín.-Los-humildeEn la misma línea de Potter se afanó su contemporáneo Karel Dujardín (1622- 1678), quien también pintó y grabó campos iluminados y especies animales, con claras referencias de la pintura italiana, para posteriormente dedicarse al retrato, con positivos influjos del arte nacional. El Rijksmuseum posee algunos de sus mejores grabados de ganado y es famoso su retrato de Potter junto al gremio de pintores. Los retratos de grupos o “corporativos” - como el antes citado - constituyeron un género excepcional en Holanda. Además, solían aportar grandes dividendos a los creadores de ese país, en el que ni la Iglesia, ni la realeza actuaban como mecenas del arte. Del quehacer de Dujardín se conservan en la colección del museo [Una familia de cabras], [Los cerdos] y [Los humildes]. Éste último es de un formato reducido, pudiendo tomarse por una miniatura. En contraste con su dimensión se destaca la desgarradora expresividad con la que, en pocas líneas, el autor connota las cargas habituales de un hombre de precaria condición social.

Otro de los pintores grabadores que prestigian los fondos de la institución es Jacob van Ruysdael (Haarlem, 1628 – Ámsterdam, 1682), considerado uno de los más notables paisajistas de su país. Natural de Haarlem, de donde también era oriundo van Ostade y patria adoptiva de Goltzius, Hals y otros grandes del arte de holandés, el también médico van Ruysdael descendía de una familia de artistas. Discípulo de su padre y probablemente de su tío, Salomón Ruysdael, el joven Jacob se adscribió a la respetada escuela de Haarlem en 1648, recibiendo las influencias de otro paisajista, su coterráneo Hendrick Cornelis Vroom. Absorto ante la fisonomía de los paisajes de Holanda y del occidente germano, recreó regularmente la geografía de esas regiones. Ruysdael pintó los campos llanos de su país, imprimiéndoles, en ocasiones, un hálito de nostalgia y serenidad a las lejanas aldeas y a los tradicionales molinos de agua, coronados por cielos nublados. Tonalidades oscuras, como las utilizadas en los verdes del follaje predominan en su personal poética paisajística.

Campos, montañas, caminos, cascadas, molinos y bosques han quedado eternizados gracias a su devoción por la paisajística y a su agudeza como dibujante, pintor y grabador. En esencia las características de su pintura, en lo relativo a las motivaciones que le despertaban el paisaje donde creció, se reiteran en sus grabados. En éstos la iluminación ocupa un lugar preeminente, así como los valores de los matices que hace emerger del cobre. De su ejercicio como grabador, el museo pone a disposición del público [Paisaje rural holandés].

En esta reseña acerca de los grabados holandeses atesorados por la Colección Lorenzo Padilla del Museo de Arte de Matanzas se ha pretendido resaltar aquellas figuras que hoy son estimadas como paradigmas del género en el los siglos XVI y el XVII, fundamentalmente. A propósito de los nexos históricos, vale señalar que en la última centuria mencionada la región de Matanzas contactó en más de una ocasión con aquella cultura a través de las muchas empresas comerciales y piratas que procedían de la nación europea. Entre 1620 y 1640, innumerables embarcaciones de esa bandera recalan en Matanzas. La más renombrada confrontación de ambas culturas en esta época tuvo lugar, cuando en 1628 el corsario Piet Heyn, se apoderó, en la bahía yumurina, de los ricos tesoros que la conocida Flota de la Plata - cuya travesía se había iniciado en el puerto mexicano de Veracruz - pretendía trasladar a la metrópoli española. Más allá de los argumentos historiográficos, el azar o como quiera definirse, motivó que el hecho repercutiera de muchas maneras en Holanda y que diera lugar a las primeras imágenes gráficas que de la bahía yumurina y su entorno se conservan.

Esto ocurría precisamente en el momento en que el arte del grabado tenía en Holanda algunos de sus mejores cultores. Hals, van Ostade y van Ruysdael, por ejemplo son aclamados como los más emblemáticos exponentes del retrato, el costumbrismo y el paisajismo respectivamente. Abundaban los conocedores de las técnicas de grabar, especialmente del aguafuerte, que en ese país alcanzó niveles de depuración insospechados. En el caso de las estampas de Matanzas parece haberse tratado, en una parte considerable, de artistas anónimos. Seducidos por las historias de Piet Heyn, decidieron inmortalizar las hazañas del “héroe” a través del grabado, tan en boga entonces y particularmente apropiado por sus posibilidades de repetición, no presentes en el exclusivo y costoso arte de la pintura.

La mayoría de los grabadores aquí citados se hallaban entonces en plenitud de sus facultades. También el más grande de ellos: Rembrandt Harmenszoon van Ryn (Leiden, 15/7/1606- Ámsterdam, 4/10/1669). Aclamado unánimemente como uno de los pintores más importantes del arte universal y el máximo cultor del aguafuerte en cualquier tiempo, Rembrandt marca pautas por algunas razones más. Creador de más de seiscientas pinturas y grabados y de 1,400 dibujos (los primeros con carboncillo, los posteriores con tinta), difícilmente ha podido ser emulado en la técnica de los efectos del claroscuro o en la fuerza de su peculiar empaste. No obstante proceder de una familia de escasos recursos económicos, sus padres le propician estudios superiores, que abandona para encausarse en la profesión que le daría celebridad universal. Su vida profesional casi siempre estuvo marcada por el éxito, alcanzando altos beneficios financieros y destacándose además como marchante y como maestro. Su taller era visitado por iniciados y consagrados. Como no solía firmar sus obras algunos expertos han llegado a la conclusión de que no todas las que se le atribuyen salieron de sus manos, sino de las de algunos de esos discípulos aventajados, en los que la huella del maestro se confunde con la propia.
Las pinceladas germinales de Rembrandt reflejan la influencia de Pieter Lastman, su primer maestro. Más tarde fue instituyendo su propio estilo, manifiesto en escenas religiosas, paisajes y en sus portentosos retratos, donde, a la técnica consumada, se añade su agudeza psicológica para penetrar, más allá de la apariencia, en las interioridades del alma humana. Catalogado el retrato como su más alta vocación, inicialmente detiene su atención en personas ancianas, presumiblemente sus padres. Posteriormente retrata una y otra vez por motivaciones personales y también por encargo, si bien muchos de sus modelos son amigos o conocidos. Asimismo utilizó su propia imagen para realizar exploraciones técnicas y para resaltar la verdad en gestos y estados de ánimo.

Rembrandt. AutorretatoQuizás no haya un artista que haya pintado tantos autorretratos (alrededor de 60), o se haya sometido a un análisis tan profundo de sí mismo. Sin embargo, no todos los primeros retratos pueden considerarse como una representación objetiva, ya que estos lienzos solían utilizarse como estudios de emociones diversas que después habrían de ser incorporados a obras de tema bíblico e histórico. Es posible que también fueran utilizados para demostrar su dominio del claroscuro, por lo que resulta difícil afirmar el aspecto que tenía Rembrandt partiendo de sus disimiles interpretaciones, si bien debe admitirse que en sus autorretratos de juventud nunca pretendió ocultar sus facciones toscas.

Parte también de la Colección Padilla, el [Autorretrato] de Rembrandt que exhibe el museo es de pequeñas dimensiones y nos presenta al pintor ya consumado, a juzgar por su apariencia - ya no tan juvenil - portadora de los rasgos poco delicados que lo identificaban. A diferencia de otros artistas coterráneos, dedicó una parte de su obra a temas religiosos, lo que era poco frecuente, como se ha referido, en la Holanda protestante de entonces, donde la Iglesia apenas realizaba encargos de este tipo y en consecuencia el arte litúrgico ocupaba un lugar menos preferencial.
Hacia 1640 las creaciones de Rembrandt, enmarcado como la mayoría de los citados en el estilo barroco, del que fue su principal exponente, muestran influencias del clasicismo, y sus retratos de grupos se hacen superiores como en La ronda de la noche, de 1642 (Rijksmuseum), estimado una suerte de tratado artístico por la renovada manera en que asume la técnica y la composición. Este lienzo cumbre del arte universal nos presenta a un Rembrandt en plenitud de facultades. En él parece anticiparse al tiempo, dejando entrever, como en otras piezas suyas, rasgos semi abstractos y distinguiéndose de sus colegas en el novedoso tratamiento del retrato corporativo. No se trata de las trilladas imágenes patéticas y en armoniosa fila, sino de un grupo captado en un momento concreto y en posiciones tan comunes que alejan al cuadro de la rigidez acostumbrada en las obras de ese género, confiriéndole realismo y espontaneidad. Asimismo, los paisajes de Rembrandt se destacan por su vuelo de romanticismo, donde las formas imaginarias suplen sitios reales de la geografía holandesa, tipificada por las llanuras y no por las ondulaciones que sí posee, por ejemplo, el paisaje italiano. En constante ascenso, su estética es sencillamente la del genio que busca en las profundidades del espíritu y que se alía a la más impecable de las técnicas. En las dos últimas décadas de su vida nos regala lo mejor de su creación. No se afana en el dramatismo del barroquismo, ni en detalles superfluos. Sus retratos individuales o de grupos, sus lienzos y estampas religiosas e históricas traducen su inquietud por descifrar el temperamento y los sentimientos del hombre. Su pincelada se torna más vigorosa y su paleta más rica en cromatismo, manifestando excepcional maestria en esos gruesos empastes que incorpora armoniosamente a su obra, plena de expresividad y de luz.
Rembrandt que fue grande en todas las técnicas que practicó confirió al grabado la misma importancia que al dibujo y a la pintura. Lo exploró en toda su magnitud, empleando trazos rápidos y sueltos que se tradujeron en líneas de gran expresividad y franqueza. La técnica de la punta seca, semejante al grabado en buril, le confirió efectos especiales a las estampas de su madurez. Además de su mencionado [Autorretrato] la colección cuenta con sus [Retrato de un caballero] I y II, exponentes que privilegian la condición del museo, a la vez que alertan acerca del resguardo y preservación de que deben ser objeto sus exponentes.

En el Fondo de Grabados del Museo de Arte, las estampas holandesas de la Colección Padilla suman más de cincuenta, la mayor parte correspondientes al siglo XVII, estimado como la época de oro del arte de ese país. Quince pintores grabadores integran esa sección. De ellos ha sido posible acercarnos a ocho, cifra respetable si se considera que, a excepción de Rembrandt, a cuya obra se han dedicado enjundiosos estudios y análisis, la mayoría de estos autores es, o bien relativamente desconocida, o bien sucintamente abordada. En los casos de Goltzius, van Honsthorst, Potter y van Ostade la información tiende a ser más copiosa en correspondencia con el lugar que ocuparon en el arte de su país en su tiempo y con posterioridad al mismo.
Excepto el retrato de [Segismundo III], de Goltzius, todos los grabados datan del siglo XVII y en su totalidad se trata de calcografías (grabado realizado en planchas de cobre, aunque extendido más tarde a otros metales), técnica en la que aquellos artistas demostraron maestría singular. Las dieciocho láminas mencionadas en esta reseña son de mediano y pequeño formatos. A pesar de su antigüedad, presentan buen estado de conservación y, según los grabadores y estudiosos Oscar Montejo Ramírez y William Hernández Silva en ellas fue empleada fundamentalmente la técnica del aguafuerte (una de las variantes de la calcografía), muy recurrente entonces y en la que los holandeses llegaron a desplegar una destreza a toda prueba.

En algunas de estas estampas, sus creadores apelaron a la técnica mixta en la que es posible apreciar, de acuerdo a sus intenciones perceptivas o expresivas, la huella del buril (Goltzius) o de la punta seca, ésta última en Dujardín, Rembrandt y van Ostade. Por sus valores artísticos y patrimoniales, la colección de grabado holandés del Museo de Arte (9), así como el resto de las colecciones de la institución validan el renombre cultural de la ciudad de Matanzas y hacen de esta institución una de las opciones más acertadas para aquellos que quieran acercarse a parte de los más sublime del arte universal.
 


Por: Mireya Cabrera Galán
Licenciada en Historia, investigadora. Ha publicado entre otros, El Ateneo de Matanzas: Historia y Trascendencia


Citas y notas

1) El arte del Renacimiento volvió la mirada al rico pasado de las civilizaciones griega y latina. Holanda, no ajena a tan fuerte movimiento tuvo numerosos cultores del llamado renacentismo. Más de un artista consideraba que en aquellas fuentes radicaba la salvación del verdadero arte y que sólo después de viajar a Italia y contactar con las obras originales lograrían su verdadera y definitiva consagración. Véase Karl Woermann. Historia del Arte en todos los tiempos y pueblos. Barcelona: Montaner y Simón. 1961. T. V pp. 284-285.

2) Francisco Esteve Botey. Historia del grabado. Barcelona - Buenos Aires. Editorial Labor. 1935. p. 188

3) Ubicada a orillas del Mar del Norte, Harlem, como se llamó antiguamente, es la capital de la provincia de la Holanda Septentrional. El barrio de igual nombre, en Nueva York, fue bautizado así por los primeros colonizadores holandeses en honor a esta ciudad, donde hasta hoy se destacan las artes gráficas como una de sus primeras industrias. Otra de las figuras emblemáticas del arte holandés vinculada a esta ciudad, fue el pintor realista Frans Hals, nacido de padres flamencos, pero radicado desde temprano en aquella.

4) Karl Woermann. Historia del Arte en todos los tiempos y pueblos. T. V. p.303

5) Este monumental museo posee valiosísimas colecciones de arte y es visitado anualmente por 1,2 millones de personas.

6) A la escuela de Goltzius, en Haarlem, se integran varios grabadores. Además del citado Mathan, Jan Müller, considerado el más original de todos y Jan van Velde, uno de los más brillantes acuafortistas de esa ciudad.

7) Cayetano Lupenna. Historia de las técnicas del grabado. s.p.i p.4

8) Karl Woermann Historia del Arte en todos los tiempos y pueblos. T. V. pp 338-339.

9) El museo ha prestado éstas y otras piezas de la Sección de Grabados a instituciones análogas como el Centro Provincial de las Artes Visuales Roberto Diago Querol y el Museo Nacional de Bellas Artes.