Por: Zurelys López Amaya

Poesía que surca inmediata del vacío a la sensatez, hacia la respuesta de quien siempre busca sostenerse en lo divino del cuerpo que complica todo con lo que se llaman principios. La vida es un principio, un compromiso con el diálogo interior que promueve la “onda” literaria, la “queja” literaria, la crítica y sinceridad literaria. Conozco al poeta, al filósofo, al crítico, al inconforme que asume su ritmo permanente en un compromiso desde el oficio creador. Conozco su incertidumbre, sus duelos, su nobleza desde el puesto sagrado del ermitaño que teje con cuidado cada paso a seguir.

68_gravitaciones_daniel_diaz_mantilla_portada

Daniel Díaz Mantilla, narrador, ensayista y editor. Ha publicado Las palmeras domésticas (Premio Calendario de Narrativa, 1996; en·trance (Premio Abril, 1997); Templos y Turbulencias (2004); Regreso a Utopía (Mención Alejo Carpentier, 2007); Los senderos despiertos (Premio Fundación de la ciudad de Matanzas, 2007) y El salvaje placer de explorar (Premio Alejo Carpentier, 2013 y Premio de la Crítica Literaria, 2014). Ha sido publicado en diferentes antologías y revistas dentro y fuera de la isla.

Gravitaciones, es un canto a la soledad, al hastío, a las conquistas, al interior del cuerpo abandonado, a sus ruinas, pero siempre confiado en germinar desde el fondo, desde su cicatriz. La esperanza en este poemario de búsquedas salvables es el vuelo, el gorrión que llega cada mañana a su alero para derrotar la soledad. Su voz poética alcanza ese lugar amable, como “arar con dolor el surco de las causas” y luego descansar tranquilo sobre ellas.

Libro con ilustraciones del poeta, musicólogo e investigador Sigfredo Ariel, que combinan como una suerte de fábulas a ese instinto sagrado de la imaginación y que también salvan entre naves y objetos entrelazados en mundo mágico, pero a la vez real, logrando la perfección de la poesía ilustrada.

“A la deriva el témpano sobre las olas / a la deriva el náufrago en su bote después de la tormenta”. Es su silencio el confidente, el cómplice, el amigo y el amante. Todo emerge en una gravedad sin límites, confiado en su propia corriente, en su naturaleza amable hacia una quietud.

Este poemario nos define el destino del hombre, la angustia de un anciano que pasa. Versos a la vida y la esperanza. Es ese contemplar desde lo alto cuánto nos queda, cuánta sombra nos aguarda en la eternidad. Su canto es el principio y el fin. “¿Quién sobre su sed pudiera alzarse y comprender la eterna primavera del mundo…?”

Es también poesía del destierro, de la añoranza del viajero, de la duda, de las despedidas que, como visionario, llega a través de la palabra: “Soy un fabricante de historias como el resto de mi estirpe, un soñador, un obstinado artesano de ilusiones…”

La muerte como siempre alcanza sus raíces por la preocupación del poeta y su permanencia. El tiempo, el corto tiempo, el animal domesticado que también ansía su libertad.

Este es un libro dedicado a la vida y la muerte, al centro del hombre y su espacio. Ese que buscamos por doquier para luego ser partes como protagonistas del tiempo que vivimos en él y del que nos queda. Es un libro hermoso, digno de formar parte del catálogo de Ediciones Vigía.