Entre montañas cansadas de guerra,
Una mujer es invitada,
A echar raíz.

Helen Dixon, "Quinto vuelo"

Una mujer que vuela y como música de fondo, la melancolía de un fado. Un fado cuyas notas cuelgan del vacío, se despeñan, como la mujer que canta y vuela. Esa mujer se llama Helen Dixon pero pudiera ser cualquiera de nosotras. Una mujer que nació en un continente, en una tierra mágica, y que vive y crea en otro continente, en otra tierra igual de mágica y fecunda. La vida como un peregrinar; ésta parece ser la imagen que resume —y resuma— la esencia de este poemario bilingüe, Vuelo sobre el abismo/Flight over the abyss , que el Centro Nicaragüense de Escritores publicó en 2003.

La primera de las seis secciones que componen el cuaderno da la noticia inicial. Bajo el título de “Vuelos”, habla de un imaginario lentamente descubierto y de una sed real, dicotomía que marca la verdad y la ilusión, el piso y el aire, la soledad y la compañía. “Ya no solitaria”, dice Helen en su “Cuarto vuelo”, “Estoy sola/ Bajo el antiguo reflejo de la luna madreperla”. Ardiente hasta los huesos, deseosa, sus vuelos recalan allí, entre las “montañas cansadas de guerra”, en aquella “noche oscura y verde” que es, a su vez, tierra nueva y cuerpo explorado capa a capa, como quien va descubriendo, un regalo dentro de otro, los obsequios ocultos.

“Horizonte/ Ojo/ Lejanía”, como si lo que buscara siempre estuviera en la distancia. “Como si estuviera a la orilla/ Y vos en el mar,/ Perdiéndote”. Así describe Helen esa imposibilidad de asidero que parece, en definitiva, la suerte del que vuela, del que busca, del que vive traspasando fronteras de esa tierra de nadie que es la vida. “Quiero cruzar/ A otra orilla/ Y encontrarte”, dice Helen en su poema “Fado”, la primera de las cinco piezas de “Quinteto de fado”. Un poema de esta sección, “Beso de la vida”, anticipa lo que dirán sus “Palabras prohibidas”:

Seña de herida
Quemada en el cuerpo de siglos
Que resucita la memoria
Cuando nosotras
Boca a boca
Sin vergüenza
Compartimos
Un beso.

“Palabras prohibidas”, con un epígrafe de Gertrude Stein, es un poema largo, subdividido en estrofas breves que van dando cuenta de una historia de amor entre dos mujeres: los temblores iniciales, los titubeos y las dudas, el amor, ese prodigio de luz y de agua, de sangre y piel, de lenguas y dedos cantarines, y al final, una trenza entretejida de mujeres que van de ellas a sus madres, a las nuestras, a la madre original, a la mujer primera.
Helen Dixon

“Paria” es, sin lugar a dudas, el punto culminante del libro. Cinco poemas dibujan a la loca, la libertina, la hereje, la disidente y la forastera, cinco aristas de la misma mujer, quizás de todas las mujeres. Yo me reconozco en ellas: en la loca que asomada al borde del abismo observa que no hay puentes, sino sólo diáspora, y aun así se suspende en el vacío; en la libertina que marca un camino sin retorno trazando genealogías de libertad; en la hereje, cuyo sexo nació el día en que murió Dios, “libre de la eternidad de Él”, de su imagen y su semejanza, y aprendió a amar sin leyes y a hablar con la verdad; en la disidente que se atreve a mirar detrás de las máscaras y las cortinas y siente como propia cualquier voz justa por pequeña que sea. Pero sobre todo me reconozco con la forastera, me identifico en esa mujer indocumentada, intrusa, indeseable, expuesta al viento de las lejanías, siempre en el camino, que sabe que la única tierra posible está en un cuerpo, en ese cuerpo, y que sólo un abrazo, ese abrazo, nos dará amparo como la casa levantada en la imaginación.

Ella, la que ha encontrado un cuerpo y un abrazo, es la misma que nos entrega al final, en “Haiku Orgasm(o)s”, versos que son fotografías aéreas captadas en sus vuelos, detalles del paisaje que, como flashazos, se impregnan en la mirada voladora y la hacen detenerse, al menos un instante, en el espejo donde se encuentran los pezones, en el valle hondo, en la ascendencia “Empapada y lenta/ Al campo en flor”, en los pétalos dulces, en el toque de luz. Ese paisaje que es ni más ni menos que un cuerpo femenino. Y un haikú, como pequeño espasmo milagroso, revela el final del vuelo, el inicio de una historia:

En altiplano
Tu urgente aliento
Me lleva a casa.

Allí, en el altiplano matagalpino, en una casa que cuelga de la ladera de un cerro, vive y crea Helen Dixon. Desde allí sobrevuela, observa, retrata en versos, crea su mundo.

Odette AlonsoPor: Odette Alonso Yodú
Ciudad de México, 25 de febrero de 2007

 

 

 

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(*) Helen Dixon

Vuelo sobre el abismo/Flight over the Abyss
Managua, Centro Nicaragüense de Escritores
2003, 62 pp.

* Helen Dixon
Nació y creció en Gran Bretaña, pasó catorce años en Canadá y ahora tiene casi veinte años de vivir como nicaragüense nacionalizada en Matagalpa, Nicaragua. Es fundadora del colectivo feminista Grupo Venancia, e integrante de la Red de Escritoras Feministas y ANIDE (Asociación Nicaragüense de Escritoras).  Escribe poesía, cuentos, prosa poética y guiones. Además, es fotógrafa y construye intervenciones artísticas-poéticas-políticas bajo el nombre las artas. Ha publicado en revistas, suplementos y cuaderno literarios de Canadá, Canarias, México, Nicaragua, Brasil y Cuba. Varios de sus escritos están publicados en una antología bilingüe canadiense llamada Womanspirit.  Su libro de poesía bilingüe, "Vuelo sobre el Abismo",, fue publicado por el Centro Nicaragüense de Escritores en 2003. Esta en proceso de edición su libro "del prosema larga Olimpia". Es editora de la revista chichabruja, y fue co-organizadora, con el poeta nicaragüense Héctor Avellán, del recital a ntipoesía eres tu como aporte al Tercer Festival Internacional de Poesía en Nicaragua este año.