Homanaje a Miguel barnetMiguel Barnet ha logrado la hazaña de reproducirse a sí mismo por medio del lenguaje escrito. Lo que en términos plásticos podríamos llamar autorretrato, o en ingeniería genética clonación, o en física cuántica el universo paralelo, es también y para definirlo de manera más sencilla, el resultado de una doble existencia: una transcurre en los veriles de la carne y los trasiegos del tiempo histórico; y la otra pertenece al mundo de la literatura, pero ambas existen conectadas a una fuente en común, que es la espiritualidad del poeta.

El afán de existir es, con certeza, uno de los rasgos más consistentes y se enuncia tanto en la propia dialéctica literaria como en la misma vocación social de Barnet; es un obsesivo impulso de presenciarse en las manifestaciones más disímiles de la historia, y para lograr esta revelación Miguel ha escogido dos condiciones específicas: la bondad y la belleza.

La primera, útil y necesaria porque en ella reside la justicia, el ideal del bien que sostiene la esperanza de una sociedad mejor; la segunda se afirma en la poesía, en un metalenguaje que sintetiza todo el conocimiento adquirido a través de las circunstancias con la atemporalidad con la que el propio espíritu prevalece.

Esta duplicidad no resume queja, angustia, o confusión. Es un manifiesto de combate, es una teoría de guerra, y no precisamente hay que llevar una granada en la mano para ser un soldado. Todo aquel que con su palabra ha defendido la vida, ha validado el proyecto humano en pro de la felicidad común, de la libertad y del amor, es un guerrero. ¿Qué son los poemas si no trincheras en las que poeta resiste?. Al paso de los siglos, cuando otras generaciones se asoman sobre el libro dan fe que desde sus páginas, entre las palabras venidas del tiempo, este poeta nos mira y nos habla resueltamente, nos convoca a su pasión existencial, y nos convence de que pudo vencer al olvido y destruir la nada.

En pro de esa sabiduría Miguel Barnet se ha construido ya en lenguaje, se ha hecho a sí mismo cultura, y ha sido tan precisa su labor que si alguna vez este Miguel presente, este de aquí, de ahora, se mudara totalmente a su doble literario, todavía su fingida muerte nos resultaría increíble, porque lo encontraríamos siempre en el cimarrón beligerante, en el gallego anclado en la isla, entre mapas del tiempo y poemas chinos, con pies de gato, con orikis y güijes, firme y eterno sobre las leves substancias del poema.

Hoy estamos felices de contemplar a este hombre, hecho de piedra de isla, de sal, de yagruma, de agua de río; a este hombre de gestos apacibles, de lealtad fecunda, que le ha ofrecido a la patria cubana tanta hermosura plena de utilidad.

Te damos las gracias Miguel por aceptar nuestra invitación para festejar con Matanzas y con Cuba estos setenta y cinco años de vida al servicio del hombre.


Por: Raidel Hernández