Homenaje a Rita LongaCon motivo del centenario de Rita Longa Aróstegui (La Habana, 14.6.1912-20.5.2000), se han organizado en Cuba disimiles eventos y exposiciones. Se destaca, entre todas, la muestra antológica inaugurada, en julio pasado, en el Museo Nacional de Bellas Artes. En esta fueron exhibidas cerca de una treintena de obras, propiedad la mayoría, de la institución y de la familia. Mármol, yeso, bronce, piedra, terracota, entre otros, son los materiales, que Longa Aróstegui utilizó para crear cada una de las piezas que el público tuvo oportunidad de apreciar y a través de las cuales los receptores emprendieron un recorrido cronológico por la poética de la emblemática artista.

Atentos a la trascendental efeméride, el Consejo Provincial de Patrimonio y el Museo de Arte de Matanzas convocaron a algunas de las personalidades que mayor proximidad mantuvieron con la creadora, para tributar en nombre de la Atenas cubana, a quien fuera además Presidenta del Consejo Nacional de la Escultura Monumental y Ambiental (CODEMA), creado según Decreto-Ley, en 1985 y Premio Nacional de Artes Plásticas (1995). Celebrado el 16 de octubre en el Museo de Arte, el homenaje dio inicio con la conferencia Las manos de Rita, dictada magistralmente por María de los Ángeles Pereira, Doctora en Ciencias de Arte y amiga de la escultora. Intervinieron asimismo Lidia Margarita Martínez Boffil, especialista en arte santiaguero y caribeño, María Teresa Fleitas Monnar, especialista en arquitectura, urbanismo y crítica de arte y el historiador de arte Orlando Lazo Pastó, todos profesores de la Universidad de Oriente.
 
Con intereses múltiples, cada uno discursó sobre facetas diferentes de la artista, ofreciendo, de conjunto, una imagen abarcadora que incluyó aspectos medulares como la obra en sí, la labor docente y de promoción y la interpretación -desde la crítica artística- del quehacer  de la habanera dentro del contexto plástico insular de la pasada centuria.
 
Homenaje a Rita LongaLa Dra. en Filosofía y Letras Margarita Ruiz, ex Directora Nacional de Patrimonio, selló el encuentro con la conferencia Rita longa Centenario: Vida obra y su relación con el CODEMA. Consideramos que la cita tuvo su momento uno de sus momentos clímax en la intervención de Ruiz, en tanto inteligente observadora de muchos de los sucesos artísticos protagonizados por Rita Longa, con quien mantuvo durante años una entrañable amistad. Si la mayoría de los autores citados nos acercaron a la creadora, Ruiz, como en su momento Pereira develaron el alma inquieta y elevada de la mujer que fue capaz de moldear belleza y verdad con sus manos.
 
Nacida en cuna aristocrática, Rita Longa manifestó, desde temprano, su predisposición para el arte escultórico. Cuenta con el apoyo de la madre e ingresa en San Alejandro, donde recibe clases (1928-1929) de parte del notable  escultor matancero Juan José Sicre. Después de dos cursos decide marcharse de la academia y acude a la profesora Isabel Chapottin (1), quien le imparte clases en la Sociedad Lyceum (1930). Fuera de estos contactos “oficiales” con el academicismo, puede considerarse que su formación fue, fundamentalmente, autodidacta. Y es que más allá de las estrictas normas plásticas su espíritu libre busca expresarse en líneas y formas, diseñando y construyendo piezas renovadoras, que van desde una figuración sumamente estilizada y personal, hasta la abstracción bien pensada y de insondables valores estilísticos. Su historia es la de una mujer que constantemente se supera a sí misma.
 
Desde inicios de los treinta comienza a insertarse en espacios expositivos y en salones que le deparan sus primeros reconocimientos. A esta década pertenecen piezas tales como su magnífico Autorretrato (1932), Torso (1934), Figura trunca (1937) o El doctor (1939), inspirada ésta en su abuelo. Su primera muestra personal es presentada en el mencionado Lyceum (1934), coincidiendo con su matrimonio con el abogado Fernando Álvarez Tabío, de cuya unión nacerán varios hijos. Innumerables salones y exposiciones, tanto en Cuba, como en Estados Unidos y otros países, contribuirán posteriormente a legitimar la poética renovadora y altamente artística de Rita.
 
Notable fue en la interpretación que hizo de las figuras mayores del catolicismo. Su fe católica, unida a la destreza de sus manos, fue la fórmula indicada para que de su ingenio nacieran imágenes de la Virgen María y de Jesucristo, en las que veneración y modernidad formal inauguran nuevos caminos en la interpretación de este tema, tan tratado, como antiguo. En los siguientes lustros crea varias figuras inspirada en este asunto, por encargo de algunos de los más importantes arquitectos cubanos, como fue el caso de Eugenio Batista, quien en 1940 le solicita la realización de un Sagrado Corazón para una residencia privada por él diseñada. María de los Ángeles Pereira apunta que: “Junto a Eugenio Batista y Aquiles Maza hizo una gran cantidad de obras de ambientación interior y exterior en residencias, como relieves, murales  y fuentes integradas a jardinería” (2). Otros de los arquitectos con quienes trabajó fueron Víctor Morales, Antonio Quintana y, posteriormente Mario Girona.
 
No pocas de estas obras, -cuyas imágenes podemos apreciar hoy, gracias a su preocupación por conservar la memoria gráfica de su labor- se perdieron hacia los años sesenta, cuando los propietarios se marcharon del país, no preservándose para la posteridad, casi siempre por desconocimiento o descuido. Sobreviven, sin embargo, piezas tan emblemáticas como Santa Rita de Cassia o la Virgen del Camino (1948), realizada en bronce y situada en el parque del Municipio San Miguel del Padrón, donde confluyen la calzada de este nombre, con la de Luyanó y la carretera. De una belleza excelsa, la imagen, de dos metros de altura, sostiene entre sus manos la Rosa de los Vientos y desde su misticismo recibe, protectora, a los peregrinos de cualquier parte. No pretendiendo repetir moldes ajenos, la escultora creó una virgen cubana, cuyas plantas descasan en las hojas de una palma.

Homenaje a Rita LongaSanta Rita de Cassia (1947), encierra por su parte toda una historia de entrega y también de incomprensión. Encargada por el arquitecto Víctor Morales para ser colocada en la iglesia de igual nombre, del barrio de Miramar, donde residía la artista, la imagen sorprendió por su belleza casi terrenal y por las líneas reveladoras del ropaje. Algunas feligresas no pudieron asimilar la esbeltez y sensualidad de la santa, en quienes creyeron ver a la misma Rita Longa. Salvados los contratiempos, pudo apreciarse durante largo tiempo en su sitio de destino, aunque no en el altar mayor. A pesar de su escasa visibilidad, resulta curioso que su altar es uno de los que más flores recibe durante todo el año.
 
El trabajo de colaboración con los citados arquitectos contribuyó a acrecentar el interés de Rita por interactuar y dialogar con el espacio. Tanto sus diferentes versiones del Sagrado Corazón, como de la Virgen y la inserción de estas en sitios preconcebidos la conllevan a estudiar la relación entre su obra y el contexto particular que circunda cada pieza. No se trata ya de esculturas para ser exhibidas en una galería o museo, sino de otras que deben cumplir el cometido de armonizar con un espacio y un gusto particulares.
 
La Pietá, de 1957, puede estimarse como la suma en el tratamiento de la temática religiosa. Realizada también por encargo para un panteón familiar (el de apellido Aguilera), el conjunto es uno de los más imponentes dentro del rico acervo escultórico que signa el monumental cementerio de Colón. Inicialmente uno puede remitirse a la obra homónima del renacentista Miguel Ángel, pero la creadora se cuidó una vez más de dejar plasmado su sello. En un armonioso juego de volúmenes, líneas y ondulaciones, el Cristo yacente y su madre se fusionan formando un todo que impacta por su ritmo y por la suave expresión de los rostros. La figuración, predominante en todos estos años coquetea con la abstracción para llegar a prescindir casi totalmente de la primera en piezas emblemáticas como Ave (1950) o en aquellos conjuntos heroicos, que como el Memorial a Marcelo Salado (1971) o  el Bosque de los héroes (1973), constituyen parte de lo mejor de su legado.
 
La figura humana, motivo principal de su obra, es sustituida, ocasionalmente. En colaboración con el referido arquitecto Antonio Quintana, una de las personalidades más importantes del movimiento moderno en Cuba, realizó el Grupo Familiar (1947), conocido como “los venaditos”. Ejecutado en bronce y ubicado a la entrada del Parque Zoológico de la calle 26, en Nuevo Vedado, el conjunto se destaca por su gracia y natural armonía y es una de sus obras más reconocidas popularmente.
 
En la década de 1950 Rita trabaja constantemente en la concepción de esculturas y conjuntos conmemorativos que están diseminados por gran parte de la isla y emplazados en lugares públicos como el teatro Payret (Las musas, 1950), el cabaret Tropicana (Bailarina, 1950), el banco Continental de La Habana (Tríptico del Azúcary Progreso, ambas de 1951), el Teatro Nacional (Muerte del cisne,1959 ) y otros.
 
Por estos años, su labor es cada vez menos aislada y se le puede ver con sus colaboradores levantando monumentos que hoy se cuentan entre los más significativos de la escultura contemporánea en Cuba. Pudieran mencionarse el Memorial a Marcelo Salado(Escuela de Natación de La Habana, 1971), realizado con piedra de Jaimanitas, el Bosque de los Héroes (Avenida de las Américas, Santiago de Cuba, 1973) y la Fuente de las Antillas (3) (Las Tunas, 1977).
 
Durante el homenaje efectuado en Matanzas las autoras Lidia Margarita Martínez y Margarita Ruiz subrayaron la importancia del Bosque de los Héroes para la historia del arte monumental y conmemorativo en Cuba, razón por la que alentaron la difusión de sus valores históricos y artísticos. Como en otros casos citados, en este, la creadora utilizó materiales cubanos, específicamente mármol de Bayamo, pues se trataba de levantar un monumento de acendrada cubanía, dedicado a ofrendar a Ernesto Che Guevara y a sus compañeros de la guerrilla boliviana. Participaron en la obra el arquitecto Manuel González y los también escultores Bertha Bonne y Pedro Vega.
 
Sobre una plataforma escalonada de granito, se encuentran colocadas setenta y tres piezas de mármol blanco de distintas dimensiones, en las que se representan las imágenes y posiciones de aquellos hombres y la posición que ocupaban dentro de la estructura organizativa creada por el Comandante Ernesto Guevara de la Serna en la guerrilla: Centro o Estado Mayor, Vanguardia y Retaguardia.
 
En quince de los paneles superiores están grabadas las imágenes, seudónimos de guerrilla, fecha y lugar en que cayeron combatiendo; en otros cuatro, aparecen textos que revelan las cualidades humanas inherentes a ellos, así como los objetivos de lucha. Una tarja guía u orientadora contiene los grados militares que alcanzaron cada uno de ellos, nombres y apellidos, seudónimos de guerra, fecha de nacimiento y organización política a la que pertenecían.
 
Entre estas piezas de mármol se alzan dos cipreses que simbolizan la inmortalidad , además la presencia de bambúes sugiere la selva boliviana; desde el fondo del monumento emerge una alfombra de canto rodado (chinas pelonas) que simbolizan las cuencas de los ríos Grande, Ñacahuasú y otros que fueron atravesados por los guerrilleros en su constante peregrinar. La palma real significa la hidalguía y cubanía de las ideas de estos hombres, y el algarrobo la continuidad histórica de la epopeya.  (4)
 
Varios elementos naturales se fusionan en este magnífico conjunto: luz solar, vegetación, agua y el complemento sonoro. La escultora prescinde aquí una vez más de la reproducción mimética de los héroes que están simbolizados en cada una de las erguidas piezas de mármol, confiriendo al sitio una solemnidad muy especial. Martínez Boffil lo compara con una “elegía de mármol y canto floral” (5), es la obra abstracta por antonomasia. El consabido poder de síntesis de Rita y su capacidad para captar las esencias son perceptibles en este monumento que se inserta con equilibrio al paisaje, atrayendo la espontanea afluencia del caminante, como legado de lo que muchos consideran el mayor y más genuino homenaje conmemorativo al Che.
 
Rita Longa en Matanzas
 
En la actual provincia de Matanzas se hallan emplazadas dos obras de la escultora, la Aldea Taína, en Guamá, Ciénaga de Zapata(1961-1964) y La leyenda de Canimao, (Carretera Matanzas-Varadero, 1995).  Con el objetivo de beneficiar a la despoblada zona de la Ciénaga de Zapata y de alentar su desarrollo, Celia Sánchez Manduley concibió la idea de crear allí un sitio turístico en el que se representara la vida de los “taínos”, grupos aborígenes más desarrollados de la isla. Rita trabajó durante más de dos años en la realización de veinticinco esculturas que debían ser colocadas en el ambiente natural de la Laguna del Tesoro.
 
Rita no se detuvo a tratar de reproducir de forma realista  los rasgos fisonómicos del aborigen cubano. Le interesaba, llanamente, trasmitir la cotidianidad y forma de supervivencia de nuestros ancestros. Realizado en colaboración con el arquitecto Mario Girona, en el conjunto se reproducen, en piedra fundida (polvo de mármol, arena, cemento) figuras humanas, animales, bohíos, instrumentos de trabajo y de caza y pesca. Alejandro G. Alonso considera que la Aldea Taína fue:
 
[…]un planteamiento de tipo didáctico, ilustrativo, en cuyo desempeño Rita Longa, sin audacias formales, al margen del proyecto, dio soluciones orgánicamente enlazados al plácido paisaje conformado por el verde de la vegetación y el quieto azul de la laguna. Ejerciendo una vez más su consustancial buen gusto, el estilizador manejo de la figura eludió la reproducción etnográfica […] para en conglomerado de piedra pulverizada, fundir 25 figuras, en las que desarrolla verdaderos estudios de movimiento y acciones en un conjunto donde de hombres, animales y naturaleza integran armoniosa unidad” (6)

La leyenda de Canimao, se inspira como la Aldea Taina y como su india Guanaroca (Cienfuegos) en nuestra historia aborigen (7).  Muy próxima la Universidad de Matanzas, la escultura se yergue, mostrando lo mejor de la poética abstracta de Longa. Como expresara el escultor Agustín Drake Aldama durante el homenaje matancero a la artista, esta tomó como referencia la leyenda de Canimao, rescatada para la posteridad por el abogado, publicista e historiador de arte Américo Alvarado Sicilia. La leyenda cuenta los amores infortunados del guerrero Canimao y Cibayara, acontecidos en el pueblo aborigen de Yucayo, donde siglos más tarde se fundara la ciudad de Matanzas.

En la organización del homenaje matancero participaron Yoan Álvarez, Especialista del Museo de Arte y Deykis García Mesa, investigadora del Museo Provincial Palacio de Junco, quien actuó como moderadora. De tal forma, la ciudad de los poetas tributó a la autora de Forma, Espacio y Luz, esa emblemática escultura que a manera de pórtico da la bienvenida a todos aquellos interesados que visitan el Museo Nacional de Bellas Artes, donde se preserva lo más valioso del arte cubano de todos los tiempos.

 
Citas y notas
 

1) María Isabel de la Concepción Chappotin Jiménez (La Habana, 8/7/1880-24/2/1965) se graduó en 1917 de la Academia de San Alejandro, contactando posteriormente con el arte europeo. Fue profesora de la citada academia y del Lyceum habanero, donde impartió clases de Talla en madera, por la época en que Rita Longa debió ser una de sus discípulas. Ambas participan, en 1933 en la primera Exposición femenina y de autorretratos, auspiciada por el capitalino Círculo de Bellas Artes. A la creación escultórica de Chappotin se suma su marcado interés por las artes aplicadas. Tanto una como en otra faceta, las practicaba a partir de materiales y maderas autóctonos, destacándose por su defensa de los valores artísticos en la creación del souvenir cubano. En Matanzas, esta destacada artífice presentó dos exposiciones personales en 1936 y 1937, la primera de ellas exhibida en el Liceo local.2)

2) Tomado de Mario Coyula Cowley. “Rituales”. En: Centenario Rita Longa. La Habana, Talleres Palcograf, Palacio de Convenciones. 2012. p.7

3) La fuente las Antillas está compuesta por cuatro figuras humanas que sostienen una calabaza. Cuba está representada por una mujer yacente, a la que circundan múltiples elementos del mar. El coral fue empleado por la autora para las alegorías de las islas de Puerto Rico, Santo Domingo, Haití, Jamaica y de Pinos.

4) Conjunto Escultórico Bosque de los Héroes. Tomado de www.ecured.cu. 17 de octubre de 2012

5) Lidia Margarita Martínez Boffil. Bosque de héroes en ciudad de titanes. Conferencia. Matanzas. Museo de Arte. 16 de octubre de 2012.

6) Alejandro G. Alonso. La obra escultórica de Rita Longa. La Habana, Editorial Letras Cubanas. 1998. p.21. 

7) Atraída por este periodo de la historia nacional, Rita Longa acudió a la temática aborigen en más de una ocasión. Es conocido incluso que el la etiqueta del indio que identifica a la cerveza Hatuey, fue reproducido de una obra en bronce concebida por ella.


Por: Mireya Cabrera Galán