Johan EnriquePor estos días, coincidentemente Matanzas sorprende con dos exposiciones del mismo creador sobre diseño gráfico: 10 años de carteles, en Teatro Papalote y Fuera de Colección, en la galería de la UNEAC. Porque Johann E. Trujillo, diseñador principal de la Casa de las Letras Digdora Alonso, reconocido con múltiples premios nacionales por su impronta, manipula inquietudes permanentes en pro del color y la forma.

En el campo del diseño gráfico se habla de diversas escuelas y tendencias, líderes mundiales. ¿Cuáles elementos  no debe obviar un diseñador cuando trabaja?

Cuando enfrento un nuevo diseño sobre mí pesa toda una tradición que de alguna forma he asimilado y por supuesto el bombardeo del diseño más contemporáneo que hoy te llega por todas partes. Además de Muñoz Bach, que es una sombra buena que planea sobre mí, hoy te pudiera hablar de mi deslumbramiento ante el español Isidro Ferrer. Pero uno tiene que despojarse de esos fantasmas y tratar de, sin espantarlos, hacer lo tuyo. Es complejo, pero es lo hermoso del reto, que no por ello deja de ser torturante.

Durante la presentación de Fuera de Colección el crítico y ensayista Lincoln Capote se refirió al eterno debate de que los diseñadores son o no creadores: los mal llamados artistas por encargo.¿Qué opinas al respecto?

No tengo ningún dilema con estos criterios. Yo me siento un creador pleno. Cuando una puesta en escena o un libro me gustan, tienen gran afinidad conmigo, trato de crear basado en esa obra, de no repetir lo que ya dijo el autor. Si como pasa muchas veces, es un texto que no me dice nada, recurro al tema y generalmente todo aflora fácil.  La obra que me atrapa se me hace más difícil, quizás por ello los resultados son al final mejores. No tengo prejuicio ninguno con el encargo porque sea cual fuere siempre me provoca a la búsqueda creadora.  

¿Cómo combinas tu labor en Teatro Papalote y tu vida creativa en la Casa de las Letras Digdora Alonso, sede de Ediciones Matanzas?

Como labor creativa al fin, se complementan. Tengo mucha libertad para realizarla. No solo en cuanto a horario, pues no tengo que seguir el rudimento de una jornada cerrada, si no porque en ambos casos quienes me dirigen son artistas que entienden la libertad que necesita un creador en toda su extensión.  En papalote diseño carteles, programas de mano, supeditados a una obra o evento. En Ediciones Matanzas hago la revista y los libros, siempre comunicado con los editores, ilustradores, autores y eso hace más rica mi labor. No hay contradicción entre ambos proyectos. Ahora mismo acabo de realizar un libro de René Fernández en Ediciones Matanzas y eso da la medida de cuan unidas están los trabajos que hago. 

En tus diseños conciertas las técnicas de la serigrafía y la risográfica. Háblanos de esta experiencia.

Es algo que surge por la necesidad de buscar una imagen más atractiva en nuestros libros.  Comencé a experimentar combinando ambas impresiones lo cual le aportó al blanco y negro de la risografía los colores que creía conveniente a cada diseño. Los resultados han sido muy satisfactorios. Es una experiencia que quizás otras editoriales comiencen a utilizar.

¿Qué necesita Johann E. Trujillo para crear?

Un pequeño espacio con cierta privacidad donde pueda oír la música que mi estado de ánimo o el diseño en que esté trabajando me sugieran. Pocas cosas. Paz interior y exterior. Lo demás es lo que uno tenga consigo.

Proyectos… 

Tengo sobre mi mesa, o mejor en mi computadora, un exigente plan de publicaciones que me tendrá trabajando todo el año.  Ahora mismo estoy terminando un libro de crítica de arte de Roberto Méndez, empiezo con un libro  de Daniel Chavarría y diseño un número de la revista Matanzas dedicado a Miguel Hernández con ilustraciones de José Luis Fariñas. Haré también el diseño de un ensayo de Luis Álvarez Álvarez por el Centenario de Lezama. En fin, trabajo. Me gusta lo que hago. Disfruto ver cada libro o un afiche que termino, pero sobre todo saber que hay infinitos planos muy blancos, todo un abismo, que me reta a llenerlo, que espera por mí. 


Por: Maylan Álvarez Rodríguez