Toda evocación es un llamado individual o colectivo que se dirige desde lo más hondo del alma y con la concentración máxima del pensamiento, a una o varias entidades espirituales, para lograr un propósito determinado. Así definen mis hermanos mayores la esencia de esa actitud conciliatoria entre luz y sombra, que nos arrastra durante el eterno viaje a todo supremo conocimiento. Ahora mismo si yo pretendiera evocar la ciudad en que nací, víctima por estos días del desastre constructivo que cambiará su fisonomía para siempre, podría cómodamente, concentrarme en el silencio virtual y concederle a mi imaginación las pruebas escritas para la mejor gloria de su nombre, y apellido. 

Pocas ciudades del mundo tienen la prestancia de poseer un nombre y apellido como es el caso de Ciego de Ávila, pocas ciudades hallan en si misma la verdad de un epíteto que las distinga de las otras como “La Ciudad de los Portales”, pocas ciudades insignificantes en la geografía han encontrado tanto deseo de trascender en sus hombres de letras como Ciego del Ánima.

Hace tiempo que esperaba la publicación de un libro que reuniera en sí la interpretación de la ciudad desde el discernimiento literario, un libro que expusiera alguna aproximación a la literatura escrita en la ciudad o utilizando ésta como región química y etérica para su cuerpo vital. En vano esperé mientras continuaban muy altos los propósitos de establecer poéticas contundentes desde la rosa-corazón del tiempo. Sucedían libros y más libros, pero ninguno que intentara explicarlos, definir individualmente la visión objetiva, ejercer un juicio abarcador de la literatura escrita en Ciego de Ávila, hasta que aparece este año, con cierta timidez editorial y mucha cautela: Silenciosa Evocación de Vasily MP.

El volumen recoge seis ensayos escritos en diversos momentos y bajo diferentes convocatorias, referidas a la publicación de igual número de libros. Dos son novelas, dos colecciones de cuentos, dos muestras poéticas. Pero todas de avileños en el sentido que ese gentilicio ya viene otorgando a los habitantes de un territorio nuevo en el pensamiento concreto, aportando una visión fresca y oportuna, auténtica y vital, de quien interpreta cada nervio de la palabra en su búsqueda de respuestas.

El primer discurso no se resiste al placer de invocar a la muerte como una mancha de tinta en el papel, refutando anteriores opiniones referidas al texto paradigmático y esencial de Reynaldo González Siempre la muerte, su paso breve. Novela que marca un punto de partida en la definición de Ciego de Ávila al re-fundarla mitológicamente para la literatura. Celebrando los cuarenta años de su publicación Vasily expresa cerrando esta primera evocación:

Siempre la muerte... es una novela que no merece el olvido en el cual ha estado, o la lápida que se le ha puesto encima para alzar a otras que ni siquiera despiertan en sus lectores los más genuinos sentimientos. Basta con leerla. (Pág. 16)

En la segunda evocación se nos reseñan dos títulos para nada cercanos: los cuentos de Félix Sánchez recogidos en Los huéspedes deben llegar temprano, y la novela infantil Estampida de Ibrahim Doblado, sucesivamente, y suponemos que tampoco debió ser difícil ofrecer una visión de ambos textos por el oficio como narrador que ha demostrado en reiteradas ocasiones el estrenado ensayista, habituado también a la mezcla de géneros y a ir configurando su criterio como una experiencia en constante movimiento, cuasi argumental, que pudiera transcurrir no en un espacio crítico, sino de la más pura ficción, Por ejemplo del primer texto dice casi al final de su invitación a la lectura:

De esta manera el libro se vuelve imprescindible y no queda más remedio que leerlo varias veces para que no queden dudas acerca de lo que ha estado viviendo. Pero, a la vez, nos damos cuenta de que ha construido un magnífico hotel, y nos sentimos a gusto trabajando, sirviéndoles a ustedes, queridos huéspedes. (Pág. 22)

Mientras que al inicio del segundo bosquejo de esta evocación nos introduce en el espacio analítico de un modo nada convencional:

Le di el libro al niño que fui y gocé verlo leer. A ratos se detenía para contemplar las láminas que adornan la narración, pero era evidente su avidez por terminar la lectura. Esto era una buena señal aunque, en algunos casos, puede ser algo negativo. (Pág. 23)

Al llegar a la tercera evocación el autor nos propone una relectura o una más bien re-escritura del libro de cuentos Farola y otros ahorcados de Carmen Hernández Peña. Aunque estamos ante el texto de mayor extensión, no es donde sobresalga el espíritu analítico de lo literario per se.

Bajo el signo de la duda y por medio alguna técnica o recurso cinematográfico, Vasily cede ante su talento narrativo y participa del acto creador paralelamente a la autora de Farola…, echando mano tanto al psicoanálisis como a la filosofía y al esoterismo. Describe y narra su experiencia durante la lectura, decodifica cada argumento, colocándolo ante el lector de un modo apremiante, haciendo un juego persuasivo de lo que podríamos llamar alteridad creativa.

Si en otros ensayos del libro, la narración aparece como elemento irradiador o desencadenante del ejercicio de una apreciación en esta evocación del libro de Carmen Hernández Peña, el ensayista no se puede resistir a la delectación en lo anecdótico, llegando incluso a identificarse a si mismo y a la autora con los personajes de cada historia, ofreciéndonos sus propios temores y conflictos.

La cuarta y última sección del libro contiene dos aproximaciones a obras poéticas publicadas también por Ediciones Ávila. En el primero de los casos se trata del cuaderno Enigma de mi fuego de Aniek Almeida, el cual Vasily nos presenta elegantemente, con toda la sencillez que necesita una ópera prima al ser mostrada ante sus lectores. No hay falta de habilidad ni juego intelectual petulante. Ecuánime y sintético es este texto que cierra definiendo una voz que aparentemente le sorprende e inquieta:

La poesía de Aniek Almeida Vergara se queda en el corazón; no importa jugar con ella a ser intelectuales para hallarle una explicación. Como el fuego, nos quema; como las cenizas, se esparce luego de la consumación; pero algo en ella queda ardiendo para siempre en las noches y los días. (Pag. 59)

Del último ensayo no debería hablar, puesto que busca una interpretación de Identidad para el silencio, una antología que intentaba celebrar una década al servicio absoluto de la poesía por parte de quien escribe estas palabras, Arlen Regueiro Mas. Puesto que no creo pecar de falsa modestia, y estoy muy consciente del lugar que ocupo en el mundo, me atreveré a decir solamente que Vasily fue capaz de traducir y mostrar mucho de lo que yo mismo intenté ocultar en cada uno de mis versos.

Observó de un modo impresionista, por omisión o conocimiento intuitivo, los pilares de aquel libro que visualmente me sigue pareciendo espantoso, pero necesario para explicarme yo mismo muchas cosas que hasta ese momento no tenía claras. Después de la lectura de ese texto me sentí ridículo y avergonzado como si estuviese desnudo ante una multitud de extraños.

Puede parecer sarcástico que Silenciosa evocación vea la luz en el justo momento en que el centro de la ciudad es barrido por los buldózeres y nada de lo que fue la Ciudad de los Portales volverá a ser. Puede también ser profético y que el hombre de mañana descubra en ésta callada invocación las palabras sagradas con que hallar la verdad oculta por los velos del destino.

Permítanme concluir con una evocación de Vasily MP nada silenciosa y que parece un intento por recuperar el encanto perdido de la literatura, ya sea para éste o cualquiera de los libros que en él se mencionan: Los libros son para ser disfrutados.

Por: Arlen Regueiro Mas
Ciego de Ávila, otoño del 2008