(Textos poéticos basados en las pinturas de Jacobo y sus doce hijos, pintados por Francisco Zurbarán)


1

Jacobo

Prefacio

Desde este lugar tan poderoso llamado alma,
cambio la figura de mi ojo que mira,
el rebaño,
la sangre,
una piel joven rezando a la memoria de lo que fui.

Mi libre albedrío es cierto,
y soy testigo de que no tengo razón
para interrumpir mi deseo de alimentar la tierra
mientras ejecuto el destino de crear hijos
que todavía cantan sobre el privilegio de una página.

 



2

Reuben (Hijo 1)

Aquellos que me miran desde un libro,
me eligieron seguramente para que diera
el primer toque al dolor.
Cuerpo color café,
hago ruido a la distancia
y les arrebato la noche
mientras esta se allana horizontal en la oscuridad.

Aún así,
el lugar se ilumina y contradice a Donoso
(porque tiene límites).

El tiempo se equivocaba en el espacio,
y cumplía su propósito,
desobedeciendo.



3

Simeon (Hijo 2)

Ayúdenme a escoger
desde el fondo de mí mismo,
un gesto que me enseñe
a combatir las manos
agitadas frente al muro.

Orgánico,
parezco un hombre de papel
diciéndole al bastón que sólo puedo salvarme vertical.

Siempre fuí una línea elegida,
que desde las cuevas, ya pensaba en edificios.

La piel, quejándose,
murmura y arde.


4

Levi (Hijo 3)

Hay una tierra común que nos señala:
el mapa es mágico y contiene nuestros nombres.

De ahí que me ha tocado encender las lámparas,
medir las ciudades con dos manos,
aceptando la alegría provocada por los últimos tiempos.

A la más mínima muerte,
saco mi alma y canto;
los demás confian
porque comparten mi sangre
y el gesto del Padre en esta aventura
que conoce su vocabulario.
 



5

 

Judas (Hijo 4)

Las comedias de la vida
cantan y se bañan de azul.

Desde estas lámparas reconstruyo las escenas
que existen entre luz y sombra.

Hay un exceso de cabellos atrapando mi cara,
y he perdido el instante
pero ya recobro el tiempo total,
y en esa liberación
el cuerpo habla y tiene versos.

 

 


6

Zebulun (Hijo 5)

A partir de entonces,
no hablo con los ríos
como era mi costumbre.

Ya no contengo el inmenso mirar
entre las rocas,
ni la memoria en el mar.

Parece que espero a una multitud esclavizada
de momentos que entienden la pereza
cuando ésta protege al corazón en su exceso de vida.
 

 


 

7

 

Issachar (Hijo 6)

Mientras las cosas del cielo encuentran el color del alma,
procedo hacia aquellos que me necesitan.

Soy simple y ligero todavía,
y cambio mi cabeza de lugar
hacia una casa espléndida donde llevo mi cuerpo,
escultura que ocupa su espacio sin disculpas.

Nunca dudo que cuando nacimos,
el mar escuchaba en un acto de fe.

 

 



8

 


Dan
(Hijo 7)

He callado por completo
mientras exagero la imagen del espejo
que toma decisiones por mi rostro.

La fuerza es mi aventura,
y soy testigo de la belleza
que acosa la palabra.

Sobre la mesa, alguien juega y gana;
hay una diosa dentro del cuerpo,
perdonando.

 

 



9

 


Gad
(Hijo 8)

Mi lamento es inmortal,
aunque todos los lamentos lo son.

Cuando observo, sólo veo estrellas;
detrás de mi cuerpo,
alguien nace.

Perdida entre las brumas, mi madre sueña mientras sufre:
se duerme al revés entre mis brazos.

El abismo ha depositado al padre cerca de una puerta,
pero éste no aparece,
ni siquiera para salvarme de la tempestad.
 



10

 


Asher
(Hijo 9)

Tomaremos el juego con extrema sencillez,
dejando que los panes se diluyan en mi boca.

Toda materia pasa,
se acomoda entre diente y saliva,
cantando a la muerte,
danzando con los olores del cambio.

Las barreras se acuestan en mis ojos de vidrio
y sobre la enorme multitud de mi locura.

Pegado al hueso,
cargo al planeta con todos sus domingos,
la gente muerta,
entre hierro y papel,
amanece.


11

Naphtali (Hijo 10)

Hay palabras que gimen por sí solas;
cuando oigo sus ruidos,
salgo a buscarlas al fondo de la tierra.

Soy un Mesías,
un momento raro sobre mis hombros.

Cuando me ilumino, parezco un espectáculo
que alguien admira desde otro paisaje.

Estoy en el futuro con voluntad y fuego.
 

 



12

Joseph (Hijo 11)

Nadie conoce el canto de mi energía.

Parezco profeta, pero soy ángel en fuga.

A pesar de los templos, he roto el cristal
y escucho el oro y sus golpes,
avisando.

Por ahí voy,
     hacia adentro,
sintiendo la libertad y mis dedos perfectos,
que como pájaros,
                          vuelan.

 


13

Benjamín (Hijo 12)

A mi lado,
un rostro animal me cuida.

Es el mejor arcángel que he encontrado por estos caminos.
Ruge a pesar de su raza y me lleva en hombros
con una sencillez
que sólo en leyendas puede ser explicada.

He intentado revelar el secreto
pero su verdad no requiere transparencias.

El peligro ya es afable
y las batallas son de humo,
como si a intervalos,
fueran abrazos
.


Jacobo


Epílogo

Examino el universo con mis hijos,
bendigo el pan mientras el relámpago cae;
el Dios de la verdad lanza su eternidad
hacia un lugar magnífico
por donde todos fuimos invitados a dejar la débil luz
del cuerpo
      y sus máscaras.

De lo que queda,
aún temblamos entre las imágenes.

 


Maya Islas. Poeta cubana. Ha publicado, Lifting the tempest at breakfast, Merla, Altazora, Sola...Desnuda...Sin Nombre y Quemando luces, entre otros. Trabaja y reside en New York

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Nota de prensa: Jacobo y sus doce hijos

La Iglesia británica vende sus «zurbaranes»

Los 12 cuadros de «Jacob y sus hijos», valorados en 2.700 millones de pesetas

IRENE HDEZ. VELASCO. Corresponsal

LONDRES.- La Iglesia de Inglaterra decidió poner a la venta una de sus más preciadas posesiones: la serie Jacob y sus hijos, pintada por Zurbarán hace alrededor de 350 años. Se trata de un impresionante conjunto pictórico formado por 12 cuadros de gran formato que, desde hace 250 años, decoran las paredes del palacio episcopal de Auckland, residencia del obispo de Durham, en el noreste de Inglaterra.

Dadas las dificultades económicas por las que atraviesa la Iglesia de Inglaterra, su Junta de Gobernadores anunció ayer que había decidido, «en principio», poner a la venta la media docena de zurbaranes que posee. Sin embargo, y a pesar de que el Museo del Prado ya había mostrado su interés, los responsables de la Iglesia anglicana han dejado claro que «simpatizan con los que opinan las pinturas deberían de permanecer en Inglaterra».

La Junta de Gobernadores aún no se ha pronunciado en relación a la suma que espera embolsarse con Jacob y sus hijos (valorada en unos 2.700 millones de pesetas, unos 16.230 euros) ni la manera en la que se venderán.