Era digiralNuevas formas de vivir la literatura emergen en la era digital y estas herramientas no sustituyen a la letra impresa, sino que potencian una experiencia y se convierten en trampolín. Es una de las coincidencias en el punto de vista de quienes viven la experiencia gráfica y digital desde tres aristas diferentes: el narrador Alberto Chimal, el editor Diego Rabasa y el creador de novela gráfica Bernardo Fernández, Bef.

La palabra y la imagen, las dos herramientas más poderosas de la comunicación, en la actual era digital aparecen engarzadas en nuevas formas de acercarse a la narrativa y generar novedosas experiencias literarias. Aunque, opinan, es un proceso lento y complementario.

Ulises, de James Joyce, se esparce por las páginas en forma de recuadros coloreados, el terror de Edgar Allan Poe está al alcance del toque digital en una pantalla portátil, es posible descubrir a un autor reservado para iniciados en el blog de un amante de los libros.“Cuando llega una nueva tecnología no destruye a las otras; cambia la relación de ésas con los seres humanos. Cambia su prioridad, el lugar que tienen en la cultura. Va a ocurrir lo mismo con las herramientas digitales, no va a dejar de haber las tecnologías previas, van a usarse para otras cosas, pero no creo que desaparezcan. Al menos la historia sugiere que no lo harán, porque no lo hicieron las otras”, opina el escritor y divulgador Alberto Chimal.

“La literatura existió antes que las letras. Y no dejó de existir con la aparición de la escritura. Se transformó, se convirtió en algo distinto”, y así abre el narrador mexicano la conversación sobre el primer cambio de la tradición oral hacia la escrita y, enseguida, un nuevo proceso de transformación con la invención de la imprenta.

Las diferencias entre los textos impresos y los digitales son evidentes, “lo inmaterial de la literatura digital también tiene sus ventajas, puede alcanzar una difusión mayor y traspasarse con mucha facilidad en contraste con el libro impreso; mientras más se usa lo digital, más vivo está. Menos riesgo corre de que se olvide”.

Sin embargo, “uno no excluye al otro, es más, puede potenciarlo, estoy convencido de eso”.

Experiencia enriquecedora

Autor de una literatura particular desde las redes sociales, principalmente desde su cuenta de Twitter, Alberto Chimal califica la experiencia como enriquecedora. Uno de los resultados ha sido la minificción, de donde ha surgido material para dos libros.

Aparecen ideas contradictorias durante la conversación. Por una parte, señala, cae la ilusión de que al publicar en Internet instantáneamente aparecen millones de lectores. Pero, de manera paralela, permite la ex-posición de quienes podrían haber sido ignorados por lo medios tradicionales y habrían quedado silenciados.

“Creo que se enriquece el potencial de la experiencia literaria”, afirma Chimal; es una de las reflexiones centrales en la práctica digital.

“Esto del griterío y la cacofonía está gravemente exagerado, porque la mayoría de las personas que entran a una red social no lo hacen para leer literatura, sino para hablar con su gente, decir tengo hambre, mira esta foto de gatos, lo cual es perfectamente normal y válido.

“La herramienta en sí misma no es buena ni mala. El uso que se le da es lo que importa. Los textos están ahí. Si de pronto se pierden entre el ruido, es una pena”.

Por otra parte, a los críticos se les olvida que no todo mundo está viendo lo mismo, porque una de las grandes ventajas de las redes sociales es que cada usuario se convierte en una especie de curador de su perfil, y si uno no quiere leer a una persona molesta, fastidiosa, simplemente la deja de seguir o la bloquea.

Al mismo tiempo ha sido un “camino de experimentación, de dar pasos falsos, pues el medio no está reglamentado aún, y para bien.

“Algo que trato de no olvidar es que ninguno de estos medios que tenemos ahora, muy importantes, ninguno de estos servicios con nombre y apellido: Facebook, Twitter, ninguno va a durar para siempre. Algún día se extinguirán, como ocurrió con otros”, afirma.

Hacia la cultura digital y visual

El editor Diego Rabasa considera que los fenómenos sociales digitales, en su mayoría, tienen que ver con las imágenes, como lo fue la aplicación fotográfica Instagram o la red social Twitter, en el que se utilizan textos reducidos, con la exigencia de tener solo 140 caracteres. “Estamos viviendo un tránsito para comunicarnos con imágenes y menos a través de textos largos”.

Los periódicos en línea, ejemplifica, “difícilmente reproducen textos largos porque las personas no quieren leerlos en pantalla”, asevera el director de la editorial Sexto Piso.

“Eso opera en sentido negativo en términos de lo que a nosotros nos interesa como proyecto editorial. Creemos que la lectura es un ejercicio que requiere atención, concentración, aislamiento y soledad para poder sumergirse en el texto en cuestión”.

En contraste, la edición digital “es una invitación a una vida fast track, de mucho movimiento. Pero, definitivamente, hay una tendencia irreversible hacia el tema digital”.

Sin embargo, desde su perspectiva, el tránsito de la lectura en papel al formato digital será un proceso lento, incluso complementario. Sin embargo, “definitivamente la inercia apunta hacia la cultura digital y visual”.

Desde su experiencia en Sexto Piso, dice que la imagen forma parte del proyecto editorial que cuenta con un creciente catálogo de novelas gráficas y la publicación de textos clásicos con bellas ilustraciones, como Ulises, de James Joyce; una biografía de Nietzsche, el poema “Aullido”, de Allen Ginsberg, que han sido criticadas en principio, pero que han tenido éxito de ventas y aceptación del público.

Al respecto, considera que puede tratarse de un acercamiento para después saltar a la obra original. No es un sustituto del libro ni un paliativo para una obra que puede ser difícil, sino un nuevo formato con otras características y demandas: es un acercamiento y una expresión distintos.

Lo mismo sucede con aplicaciones para computadoras o tabletas electrónicas, como el iPad. “Versiones interactivas, como el cd-rom, existen desde hace mucho tiempo. Y todo tipo de formatos que ayuden a promover la lectura, de alguna u otra manera, es bueno. Pero no creo que vaya a sustituir la lectura tradicional”.

Agrega que vivimos una fase donde la tecnología cambia de manera vertiginosa y es absurdo hacer vaticinios. “Me da risa cada vez que un artículo dice que se acabará la industria del libro como la conocemos. Hasta que la realidad demuestre lo contrario, hay que ser observadores y anticipar el futuro” y, mientras, “estas herramientas pueden ser interesantes para atraer la atención de lectores jóvenes hacia la literatura”.

Palabra e imagen

Por otra parte, el escritor y dibujante Bernardo Fernández, Bef, manifiesta que el cómic es una forma de literatura gráfica. Hay quien no está de acuerdo, pero son formas legítimas de hacer literatura.

“Habría que hacer notar que son nuestras dos herramientas más poderosas de comunicación: la palabra y la imagen”, enfatiza.

“Son nuevas formas de narrativa, y al final, tienen la misma estructura. Lo que pasa es que sus formas van cambiando. En la lectura digital, se crean otros envoltorios. Al final, lo que importa, más que el sustento, es la sustancia, las historias que se cuentan.

“Es muy importante en este momento enriquecer nuestro catálogo de formatos para contar historias.

“No solo es lo impreso o lo audiovisual, sino que existe el soporte digital, que es un medio distinto con otros potenciales. Apenas metemos los pies en este mundo de lo digital a escala masiva”, expresa el ilustrador de “La calavera de cristal”, cuento de Juan Villoro.


  Por Alondra Flores
 

Tomado de La Jornada