La fiesta y el viaje. Adolfo SuárezEn aquel tiempo confundían el corazón de las cosas con la trompa del elefante,
la voracidad del león con la fragilidad de la cebra,
el chillido del mono con la ponzoña del escorpión,
la cabeza de gallina de Guinea, el diente oculto del reptil del agua
con la cavidad nocturna abierta en el pecho de la piedra.
En aquel tiempo el hombre comenzaba a ser y aún no era, como ahora
tampoco es pero ya fue lo que no se cansará de ir siendo mientras las nueces prendan,
tengan cuatro tierras principales en el espacio infinito
que dividió en parte donde crecen alimentos y pasiones.

Medir el tiempo es anticipar su fin.
Alejarse es emprender el camino de retorno.
Así sobre esta superficie como en el Universo.
Decir adiós es comenzar la ceremonia de la bienvenida.
Cuna o ataúd para viajar por lo desconocido.
 
Hojas de la puerta que siempre te acerca y siempre te aleja,
como el gallo del viento canta hacia cualquier dirección.
De este lado del coco la Muerte eleva sus negras lanzas blancas.
Del otro, el Fin se abrirá en un gran Cero aplastado.
Están por suceder los valores de la cara que todavía no ha sido vista.
Máscaras de fibra y humo.
El encuentro con árboles nuevos donde todo vuelve a nacer en otra tierra
A partir de los poderes del recuerdo.
 
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Pero el gallo blanco anuncia a Olorun desde las astas del torito de la loma.
El ave en la carne de la picuala, urgida de los amaneceres y las
Despedidas del fuego.
En los límites de tierra y aire.
Justo en el centro el hacha señala el lugar,
la tabla sobre la que han de pasar los elefantes,
en el sitio de las tunas,
allí donde el hombre le dijo al chivo “basta” y le rayó la lengua.
 
Entre el norte y el sur, a derecha y a izquierda levantaron túmulos de
ceniza y sangre de animales de cuatro patas,
de corteza de algarrobo, de perfumes de la brisa en diciembre,
de alas de águila y plumas de sinsonte.
Al bajar del vientre,
en un recodo del hígado de la victima,
cuando vas a entrar en sus feroces riñones.
La confianza del tigre coincide con la sabiduría del ágil corazón del
mono,
el plátano, el quimbombó y el amalá hirvientes sobre la otá.
 
Entonces dice que la boca no come.
Entonces dice que la boca no disfruta de lo que anunciaron los ojos y
la nariz .
Entonces dice que la boca no le da oficio al diente.
Entonces dice que la boca se abre para no dejar oir lo que dice.
 
El caimán y el veintiuno, el aura y el codorniz, la hormiga con su peso
encima.
Y la sirena, peje que ronca como hombre.
Todos viven lo desconocido en lo evidente por decisión de Olodumare.
El número señala nuevas cabezas,
las manos y esa estera,
abiertas como páginas.
Aquí el caballo pierde el casco donde el perro su camino.
La fruta, cualquiera con tal que sea fresca y esté limpia como el agua de
la buena sed.
Nadie se asombrará porque está dicho que el silencio es la mejor palabra.
De quien mucho habla,
la mansedumbre la mayor victoria del vencedor,
la paciencia una virtud que debe ser practicada en las peores horas de la
noche.
 
Los hombres tal cual aves o peces, y no a la inversa,
camino del rayo, Ceiba y palmares, estructuras de la guerra.
Como llegó volverá a su lugar el anunciante por la misma puerta,´
flaqueando de palos robustos y girasoles.
El anunciante se despide,
pero si invierte la palabra de la boca, oirá como regresa cantando la
misma tonada con la misma voz de falsete.
Porque dice que todo se va pero viene pero huye pero regresa
sin que se mueva semilla o estrella
 
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Nadie se calla.
Ni mi boca ni la tuya.
La fiesta no tiene fin.
El mediodía arde sobre la piel y el brazo levanta el aire espeso y
caliente.
Como una bocanada de tierra que señala los frutos de la estación,
y los árboles suben hacia los astros junto a los hombres y las raíces del
viento que también cantan.
Las sonoridades confunden los caminos porque el carnero
denunció el hueco más oscuro del Universo.
Porque el zumo fermentado de las cañas es un torrente.
Porque el hierro hiere con el frío de la noche.
Porque duele porque rompe y habla no te calles.
 
MI boca y la tuya en el desafío.
La tierra bajo los pies es sólo un puñado azaroso
y en cualquier momento puede invertirse el orden
y todo quedará igual en otra posición:
Ella arriba, y abajo tu corazón como la nuez del coco que habla.
 
Matanzas (C.1992)
 
 

Adolfo Suárez. 1936 - 2010 Poeta y periodista. Publicó - entre otros – los libros de poesía “Donde el poeta opina”, (1974) “Letras fieras”(1974). “Sucesos de la tarde” (1978), “Ella siente llegar el mediodía” (Ediciones Matanzas, 1989)