La hora ceroPrólogo de la antología de cuento publicada por la Editorial Aldabón (AHS Matanzas, 2006)

Toda antología descansa sobre criterios selectivos. Ellos presuponen tanto un riesgo como un gesto de exclusión que el tiempo se encargará de corroborar o desmentir. La afirmación anterior es una frase hecha detrás de la que se esconde el temor, el juicio decretante del antologador, el cual no puede sustraerse de la incertidumbre ante lo porvenir; no obstante separa presente y futuro, ordena cronologías, señala ausencias, retrasos, promulga, descalifica y reconstruye los discursos, a partir del mundo que ficciona donde coexisten lectores y autores.

La Hora O no es la fotografía de un grupo o de una generación, tampoco una historia del cuento matancero; ni siquiera la asiste la fiebre, el furor hacia lo nuevo, lo fundacional; sino el espacio, su heterogeneidad; es decir, los diferentes imaginarios y sujetos hacia los que se explaya la escritura del cuento de principio de siglo en Matanzas y la pluralidad de registros dentro de la cual conviven varias promociones de autores.

Una ansiedad espacial, de disolución de las fronteras (raza, género, ideología...) y quiebra de los espacios que resguardan la identidad de un sujeto que, ahora, se define en relación con distintas coordenadas y para quien el texto deviene el espacio de inscripción de su universo y subjetividad; respalda los criterios de agrupamientos que articulan esta cartografía o mapa imaginario. No por casualidad autores como lsnalbys Crespo, Elvira García Mora, Sonia Suárez, se deslizan de una a otra vertiente. Tampoco es obra del azar que los relatos de Josué Rojo, Charo Guerra y Mabel R Cuesta a ratos galanteen, intercambien señas, con historias localizadas en otras zonas discursivas. Ello está determinado por la movilidad reversible, intercambiable, tanto de los sujetos (su textualidad) como de los perfiles que delinean a cada uno de estos grupos, haciéndolos coincidir en un punto cero donde no existe una realidad cerrada en sí misma, sino microuniversos que dialogan más allá de su cosmogonía.

 

El cuerpo de la escritura

El primero de estos imaginarios (el cuerpo de la escritura) tiene que ver con el espacio textual, los delirios de la fabulación y’ las jugarretas del lenguaje en sus batallas por nombrar lo real, desmontarlo, haciendo aflorar su contrasentido. En Aramís Quintero y Charo Guerra las historias se nos presentan como una mala pasada, una transgresión de los principios de identidad y verosimilitud.

El destino del cuento “fantástico” - por usar alguna denominación— en nuestra historia literaria ha sido intermitente, azaroso; casi siempre amenazado por un diálogo tenso, dramático, con el realismo. Sin embargo, esto no ha impedido que lo fantástico entre a formar parte de la literatura de estos días como uno de sus veneros constitutivos. Charo y Aramís vuelven por los caminos transitados por Armando Leyva, Miguel Ángel de la Torre, el de Hernández Catá de “los  chinos”, Arístides Fernández, Virgilio Piñera, Eliseo Diego y César López. Dialogan con ellos como si se tratara de parientes o viejos conocidos.

En “Viejos Cansancios” de Norge Céspedes y, en buena medida, en “Fiebre de girasol”, de Carlos Chacón Zaldívar y “Viernes de Carnaval”, de Pijín Pastrana, la palabra siempre lleva la huella que evoca otro referente literario: Hemingway, Cartas a Théo de Van Gogh, Carpentier. Son relatos construidos a partir del remedo, o la (re) escritura de otras historias, juego, palimpsesto, dialogo intertextual con el arte y la literatura.

Las fábulas de Eva

“Ella cuenta, cuenta y cuenta, teje un río de palabras que al desbordarse por su boca fluye hasta el mantel [..] Las palabras inundan la mesa y llegan al piso como lluvia o se convierten [..]” Así comienza “La estación de las lluvias”, de Dianelys Pérez Pujol. En un ensayo tan encantador como memorable sobre Francesca de Rímini, el personaje de la Divina Comediainmortalizado por Dante, Francisco de Sanctus pasa revista a los diferentes “por qué” y los distintos “acasos” desde los que la crítica italiana de su tiempo intentaba desentrañar la belleza de ese canto y los sutiles hilos que entretejen su argumento: “[…] ¿Y por qué el poeta hace hablar a Francesca y no a Paolo? “Porque las mujeres - contesta con poca galantería Magalotti- son por naturaleza charlatanas”; “y porque - continúa Foscolo, que ha cometido el error de tomar en serio tal futileza- las mujeres cuando están apasionadas sienten la necesidad de hablar y desahogarse”(1) Para De Sanctus semejantes juicios no pasan de rejuegos y adivinanzas. Sin embargo, me gustaría continuar con esas especulaciones. Tal vez ellas nos  ayuden a comprender la voluntad de contar que, conjugada con otras circunstancias, determinan la preeminencia de la voz femenina en la narrativa cubana de estos años.  

La Hora O, en sus distintos apartes, da testimonio del fenómeno. En particular Las fábulas de Eva, espacio aquí reservado a la exploración de su entorno e identidad: las relaciones hombre-mujer, los diversos registros de su diálogo con el canon y el discurso dominante masculino que, a veces, asume la veladura de una tranquila historia de amor. En otras, como “La mujer del espejo”, se recurre a la relación onanista con el propio cuerpo, el doblez que propicia el cristal duro y liso del espejo, su brillo y encanto, su verdad y mentira, como vía para acceder y auscultar las regiones más enmarañadas de la sexualidad de la protagonista.

Del negro y sus alrededores

Una de las aperturas más inquietantes del campo cultural cubano en los últimos años es el repertorio de indagaciones sociales, culturales, antropológicas, históricas, hacia las que se ensancha la escritura de la negritud. Un tema siempre nuevo, polémico. Estas poéticas con sus nuevas visitaciones y desmontaje del esencialismo fundamentalista y los procesos de blanqueamiento que redujeron las diversas naciones de la diáspora negra al rótulo unidirnensional de “lo negro”, como estrategia de exclusión y jerarquía del poder blanco, buscan un espacio de diálogo y participación en los procesos de representación simbólica de un sujeto nacional múltiple.

Si Teresa Cárdenas vuela, respetuosamente, sobre los mitos y leyendas de la tradición oral africana, Elvira García Mora los recontextualiza. Ever Poll, en cambio, no sólo los transporta a la conflictividad de la vida cotidiana, las frívolas utopías de sujetos anónimos, sin historias, sino que también subvierte el significante de estos patakines a través de una escritura que recicla estelemas del bufo, lo kistch.

Diferente a las pretensiones de Isnalbys Crespo y José Rodríguez Menocal, donde el asunto vehicula exploraciones de índole sociológica sobre la condición marginal, subalterna, del sujeto negro, desde la supervivencia de estereotipos negativos, degradantes, en el inconsciente colectivo.

Historias minimal

Historias minimal, así hemos nombrado la sección que reúne los minicuentos de Loreley Rebull, Jorge Sabido, I.enin Masó y Sonia Suárez. Lo minimal no en su acepción de breve, pequeño; sino por el uso de los elementos expresivos y constructivos imprescindibles o el grado mínimo de autoexpresión que redunda en la eficacia o estimulación estética. Como el arte minimal estos cuentos breves se inclinan hacia lo conceptual y a las reflexiones de matiz filosófico.

Al filo de la sospecha

Los relatos inscritos en este grupo refieren asuntos y temas claustrofóbicos, propios de la relación descentrada que estos personajes sostienen con su entorno. Se trata, a veces, de criaturas indiferentes o transgresoras de las normativas sociales. Seres atrapados entre la desesperación y la esperanza, la culpa y la redención. Léase “Peligro” de Sonia Suárez o “La vida en rosa” de Josué Rojo; este último nos cuenta una historia que, no por casualidad, incorpora códigos de melodrama y radionovela en un contrapunteo entre lo real y los sueños y aspiraciones cotidianas. O el adolescente de “Sombras a la izquierda” de lsnalbys Crespo, relato en el que la crueldad y el absurdo conspiran contra el estoicismo del personaje.

Sujetos de las márgenes: balseros, drogadictos, rockeros, que transitan por la vida como por el borde filoso de una navaja. Seres anónimos, la mácula, el desperdicio que toda historia invisibiliza. De ahí el fisgoneo, “el beso polisémico” del protagonista del “Mapa de la fiesta”, de Daneris Fernández. La ambigüedad, el gesto cínico de quien rehúye lo absoluto, a quien no interesa saberse dueño de verdad alguna, más bien decide comulgar con dios y con el diablo.

Historias queer

¿Lo queer?: palabra dudosa, sin discusión, de enmarañadas y disímiles acepciones: extraño, excéntrico, timador, frívolo, borracho, atolondrado; también ambiguo, homosexual o, en otros términos menos peyorativos: ridículo, burlesco.. .Juan Vicente Aliaga, en un texto aparecido en la revista Acción Paralela que intenta rastrear los orígenes y revalorizaciones del vocablo hasta su inserción en el campo de la teoría sobre los géneros, señala: “Aplicado a la historia gay y lésbica, pues al fin y al cabo, en ella tiene su caldo de cultivo fundamental, sirve para teorizar el cuestionamiento de las categorías identitarias e inamovibles. Se pone de manifiesto así que la identidad es un concepto construido históricamente, de raíces culturales, respondiendo a los valores políticos y sociales de un período o época determinada”.(2)

Los cinco relatos reunidos dentro de esta última sección abordan el tópico de la sexualización de los cuerpos a partir de espacios y subjetividades marginales, alejados de la identidad emblemática de lo hetero y sus férreos dogmas que se abren a la aceptación de matices que los hacen portadores de múltiples significados.

En “La ruleta” los personajes juegan a transvertirse sin ambages, imbuidos en una atmósfera de lascivia y placer. Simulación, artificio, teatralidad, se convierten aquí en detonantes, estrategias desplegadas desde la angularidad del flirteo, que permiten a los personajes escapar de las miradas y pretensiones de un escenario machista y un orden eminentemente masculino. Escritura que se refugia en lo camp, para potenciar, desde el juego y su lógica, la diferencia.

Todo lo contrario de “No me llames Maritza” donde el sujeto narrativo participa y disfruta de una sexualidad perversa, convirtiéndose en un ser que dialoga con la sección anterior de la propuesta (Al filo de la sospecha), a partir del reflejo de sujetos de las márgenes, con una alta dosis de autoflagelación inconsciente que tiende a la burla, pero no lo es, se regodean en el análisis del otro como seres con una carga dantesca sobre las espaldas:

como todo el mundo, sólo tengo a mi servicio tres medios para evaluar la existencia humana: el estudio de mí mismo que es el más difícil y peligroso, pero también el más fecundo de los métodos de la observación de los hombres, que logran casi siempre ocultar sus secretos o hacernos creer que los tienen.

“Siempre creo que vamos a morir, que el cuerpo, como todo, ha de tener sus limites establecidos. Pienso en que nuestros cuerpos no tienen límites y me asusto [..]”, afirma la protagonista de “Confesiones on line”. Frente a la hoja en blanco llega al vaciamiento, los limites se difuminan y es capaz de sobrevolar otros espacios. Como si esa otredad simbólica que es el cuerpo de la palabra tocara la envoltura de su cuerpo, sus desciframientos. “Lo liberara de todo lo reprimido, de su espejismo cosmético”, diría Sarduy.

En “Paradojas”, su otro relato, Mabel R. Cuesta crea un espacio donde los personajes viven la dualidad del ser y, por ello, su constante ir y venir de un extremo a otro de la sexualidad.

La Hora O propone una mirada oblicua a mundos particulares que se unen en un propósito único.. ¿Narrativa matancera?, ¿daguerrotipo de un grupo? Lo importante es ir contando lo que comienza a hacemos cómplices, dentro de una brújula, de nuevos lugares narrativos que registrar, como vigías siempre alertas de recorridos proféticos.

Alberto Abreu Arcia (Cárdenas, 1961)
Narrador y Ensayista. Antologado por Salvador Redonet en Los últimos serán los primeros. Premio Casa de las Américas en el 2007.

lsnalbys Crespo (Matanzas, 1977)
Narradora y crítica. Tiene publicado el libro de cuentos " Paisajes en el borde" (Editorial Aldabón, Matanzas)

Notas

1) Francisco de Sanctus: “Francesca de Rímini” en Cuadernos H. Literatura 14. La Habana. Editorial Pueblo y Educación. Instituto Cubano del Libro, p370.

2) Ver a Juan Vicente Aliaga: “¿Existe un arte queer en España? En revista Acción Paralela www.accpar.orglnúmero3/queer.htm. Para la sicóloga Florence Thomas los Queer Estudies o Estudios Queer”  buscan desnaturalizar las categorías tradicionales de la sexualidad. Queer, palabra que significa originalmente “raro”, “anormal”, “extraño”, se utiliza para designar todas las sexualidades. Todas: gays, lésbicas, bisexuales, travestis, transexuales Ver: Homosexualismos y fin de siglo’, en www.revistpnumeçp,com/19homo.htm