Odette AlonsoEl levísimo ruido de sus pasos constituye una magnífica colección de poesía de tema homoerótico donde la poeta cubana radicada en México, nos propone una búsqueda constante de un objeto amoroso que se aleja o acerca según los casos, y que siempre es tratado con delicadeza, con levedad. El cuerpo femenino es el gran protagonista de estos textos líricos, un cuerpo que se ubica sobre todo, en espacios urbanos. Aunque no siempre estén claramente identificados, ante el lector desfilan Madrid, La Habana y Pompeya, además de calles, camas, puentes, patios y parques ubicadas en urbes abstractas que constituyen el locus privilegiado para los múltiples encuentros (y a veces desencuentros) amorosos.

Estas ciudades abstractas, neutras en las que a veces se intuye la presencia mejicana, aportan a las protagonistas poemáticas –y amantes-- la libertad del anonimato. Como se expresa a través de la insólita metáfora visual con que cierra el poema “Extrañas en la ciudad”, las ciudades protegen a las amantes de los censores: “La paciencia son dos que esperan para amarse / otra ciudad neutral donde nadie las sepa/ donde ningún vecino y ninguna ventana/ donde todos nos miren con sus ojos de vidrio” (p. 19).

Odette Alonso cultiva el tema homoerótico con valentía, sutileza y profundidad. En sus poemas, el cuerpo constituye el lugar de la certeza y la seguridad: “Nada tiene sentido / sólo tu cuerpo desnudo en esa cama / esperando mi abrazo” (p. 31). En esta fascinante propuesta poética, el amor se presenta como la única forma de existir y afianzarse en el lento e inexorable devenir del tiempo. La fugacidad, ese tema de honda raigambre existencial tan presente en la poesía hispánica desde las “Coplas a la muerte de su padre” de Jorge Manrique surge en el texto “Cortina de agua” a través de una interrogación retórica de difícil respuesta: “¿Será el amor este segundo cósmico / que no va a repetirse ni a regresar jamás?” (p. 33).

Odette Alonso. El levísimo ruido de sus pasos. Barcelona, Ellas Editorial, 2005, 64 pp En 1998 Odette Alonso publicó en la editorial La Candelaria de Nueva York Linternas , una “plaquette” que tuve el placer de reseñar. Las composiciones recogidas allí, estaban muy vinculadas a la biografía de la autora, quien deja Cuba en febrero de 1992 y se instala en el DF en junio del mismo año. Los poemas de Linternas recreaban las disyuntivas y paradojas de ser cubano y vivir fuera de la isla, y respondían a su procedencia dual: pasado Caribe, presente mexicano. Y aunque El levísimo ruido de sus pasos la nueva entrega de Odette incluye un texto como “Lejos de Cuba” donde domina el tono elegíaco y se recrean con melancolía los encuentros en las calles de La Habana, la poeta se centra ahora en el presente y, como dijimos al principio, explora las infinitas facetas del amor.

Ejemplo de ello es “El arquero” donde se nos ofrece una magnífica definición del amor centrada en una paradoja que hace eco de los aforismos del filósofo presocrático Zenón de Elea: “Soy el arquero / y apunto al corazón de una muchacha./ Mientras tenso la cuerda / ella me mira / indiferente se aleja da la espalda/ y yo disparo la flecha contra mi corazón” (p. 49).

En El levísimo ruido de sus pasos Odette Alonso hace otras incursiones en la antigüedad sin la pesadez erudita que puede acompañar las referencias clásicas en la poesía de tono hermético o intelectual. Eva, Artemisa, las ninfas y Orfeo desfilan por sus páginas en textos donde se canta y explora el cuerpo y se afirma el deseo. En el “Lamento de Orfeo” la voz poética se apropia de la voz del hijo de Apolo y Calíope para intentar recuperar a su amada. El conmovedor poema construido sobre estructuras anafóricas y paralelismos, que contiene en su octavo verso el expresivo título de la colección, cierra con una súplica: “Devuélvemela Hades/ devuélveme a la vida que es Eurídice / o deja que las Furias me devoren” (p. 34).

Por su parte en “Amantes de Pompeya” quizás mi poema favorito, la poeta recrea magistralmente el instante de la erupción de Vesubio en el año 79 de nuestra era, enmarcándolo en una escena amorosa. A lo largo del texto un yo poemático desprovisto de marca de género, dialoga con una amiga: “Moriremos de amor amiga mía / presiento que un tropel desciende de las cumbres / siento su oleada tibia presionando mi espalda”. El texto se detiene y cierra justo en el momento de la tragedia: “Hace un segundo la luna era distinta / y no había ese susto en tu mirada. / Algo nos viene encima / ese sordo rumor es un presagio. / Cierra los ojos pronto amiga mía. / Es el amor que llega” (p. 18). Como en “Cortina de agua” donde tiempo y amor se conjugaban, y el segundo lograba vencer la inexorabilidad del primero; aquí muerte y amor se funden, confunden y cristalizan en una escena delicada y altamente emotiva.

Por otro lado, en “Vivimos en el desierto” se da un cambio de registro y domina un tono misterioso y sugestivo que linda con lo siniestro. Desde el incipit se imponen unas imágenes crípticas e impactantes: “Vamos por el desierto / bebemos ese licor amargo agua curada/ mezcla de lluvia espesa / radioactiva”. Por vez primera en la colección el yo poético se confiesa impotente ante un entorno marcado por la hostilidad y la balacera. Una violencia sorda se impone en un discurso amoroso que se satura de elementos bélicos: “Cuando digo te amo / un aleteo azul alumbra mi cabeza / pero cae el misil astilla el ojo / la mano frente al ojo que da pena”. El texto termina como comenzó, pero esta vez cerrándose sobre sí mismo y cerrando las esperanzas a toda redención: “Vamos por el desierto / vuelta y vuelta a la arena / camino sin retorno” (p. 55).

En fin, en El levísimo ruido de sus pasos Odette Alonso explora la historia, la vida y la muerte, y sobre todo el amor que presenta como única salvación posible. Para ello utiliza un lenguaje claro, fresco y un tono íntimo y conversacional que posibilita el milagro de la comunicación poética. Queda sólo felicitarla por este hermoso libro e invitar a los lectores a que conozcan esta excelente muestra de poesía amorosa.

Odette Alonso. El levísimo ruido de sus pasos. Barcelona, Ellas Editorial, 2005, 64 pp

Por: Marithelma Costa

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Selección de Textosde Odette Alonso

LA VISIÓN

Fue ella quien se metió
tan suave
en mi cabeza
que yo no supe cuándo
dejé de ser yo misma.
Fue ella
quien me vertió su néctar
en los ojos
para que en mi ceguera
sólo hubiera una imagen.
Ella fue
despeinada y rebelde
la que torció mis pasos
hacia el camino único
que marcaba su huella.
Su huella
que mientras avanzaba
iba borrando todo
el principio
y el fin.

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PARPADEOS

Junto a la puerta del baño de La Lupe está Virginia
interminable júbilo bajo la noche eterna
el humo haciendo grises en todos los rincones
la copa hueca una vez y otra vez.
Cierro los ojos y pasan
como el ritmo inalterable de un reggae
un vuelo sobre Irlanda
el río revuelto y el molino rojo
en la ribera del puente el campanario
y en los horrores de la noche un tren.
En un tugurio de la plaza de Callao
el hachís trae las visiones del tesoro perdido
la muralla medieval sobre la roca estrecha
Quevedo en una calle de Madrid
sombras chinescas fotografía inútil.
Abro los ojos y estás tú amor mío
confluencia de todos los paisajes
paz de mi alma.
Con un hilo de voz digo tu nombre
dos sílabas se encienden en mis labios
y entonces puedo
una vez más
cerrar los ojos.

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LEJOS DE CUBA

No son largos sus dedos
al menos no tan largos
como la suerte que dibuja un océano
entre ella y las calles del Vedado
entre ella y el diente de perro en 16
entre ella y la palabra entonces.
La mano
una caricia sobre el negro y el blanco
sobre el hedor sin fondo del Almendares seco
sobre los techos de Cubanacán.
Como la rosa como el perfume
así era ella
son y guajira en el aire extranjero
contradanza y montuno en la melancolía
de un amor que se hizo ajeno en 12 y 23
y de otro amor resucitado en la calle Concordia.
Como lo triste como una lágrima
así soy yo
el ceño se contrae
nota a nota se desgrana el clarinete.
El pie redobla el ritmo
e inaugura otra espera
otro pozo en la fuga y en el pecho.
Como lo triste como una lágrima
así soy yo.