Lien y ReyYa puede ser disfrutada la grabación en vivo del concierto A fuego abierto, de Lien y Rey, que ocurrió el viernes 4 de noviembre del 2005, en el espacio A guitarra limpia del Centro Pablo de la Torriente Brau.

Cuenta este CD con las grabaciones en la guitarra y voz, de Lien Rodríguez. En el Tres, Cuatro llanero y voz, Rey Pantoja. Las percusiones estuvieron a cargo de Dariel Díaz. Mirza Sierra tuvo a su cargo el Charango y el bajo, mientras Héctor (Pepo) Herrera hizo suyo Clarinete y tarka. El Cello de Yoetna Guerra y los violines de William Roblejo y Amanda Medina, también acompañaron a Lien y Rey en esta entrega. Enunciadoras de la calidad alcanzada por este proyecto, son las palabras de la importante compositora e intérprete cubana, Marta Valdés:
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CONFESIONES SOBRE LIEN Y REY

LienNo sé por qué me eligieron estos dos virtuosos; no sé por qué estos dos sabios han apelado a mi afición por dejar apuntados en papeles sueltos. Nunca he sido capaz de emitirles un juicio, ni siquiera una apreciación mínima, acerca de su arte. Será que han notado que cuando ellos se sientan a regalarnos ese prodigio, me vuelvo avara con el silencio, me vuelvo feroz ante cualquier disturbio de una palabra o un simple movimiento de otro espectador, que pueda desestabilizar la atmósfera que semejante entrega en vivo reclama como única retribución a las horas infinitas dedicadas por ellos a luchar con sus dedos, con sus mentes y sus corazones para, en música y palabras, tratar de dejarnos descifrado un misterio o a caso, simplemente, levantarlo bien alto de manera que todos lo veamos, descarnado y vivo, como reclamando que salgamos, cada cual, de su pequeño o grande letargo y recordemos aquello que Lorca dejó anotado de su puño y letra en uno de sus dibujos: “solo el misterio nos hace vivir, sólo el misterio”.

Ellos escogieron a Matanzas para generar desde allí, para configurar y confrontar allí un arte Reyque añade matices al espectro sonoro de la historia musical que ha estado naciendo y viviendo en esa zona tocada por alguna gracia especial. No se trata, en el caso de Lien y 

Rey, de dos solitarios sino de dos seres gregarios, necesitados siempre de convocar a sus iguales y convertir esos encuentros que se producen en sus presentaciones habituales en verdaderos actos de fe en el arte propio, donde pudiera siempre escribirse por algún lado en la pared, en el piso o sobre la palma de la mano, donde pudiera salir cada cual diciendo para sus adentros o en voz alta para el que está al lado: “qué bueno que no estamos solos”.

Yo, que he encontrado la emoción de mil maneras entre el San Juan y el Yumurí, no he visto en la ciudad de los puentes mucho de lo que ellos ven, no he visto las cosas a su manera y creo que por eso mismo desde que encontrándome una vez en el patio de las hormigas arremetieron con su millón de sonidos, con su millón de imágenes por segundo sin dejar tregua al silencio en la noche de su ciudad, me puse contenta y dije: “qué bueno que estamos vivos”. No lo dije en voz alta, como no les he dicho personalmente nada de lo que aquí confieso como habanera, ahora que se les invita a sonar en mi ciudad.


Por: Marta Valdés