Edmundo Paz SoldánEdmundo Paz Soldán transita por sus obras en una entrevista acerca de la literatura y del ciberespacio

El ciberespacio desempeña un papel fundamental en El delirio de Turing: por un lado el juego virtual “Playground” como “segunda realidad”, reflejando a través de un simulacro la realidad ficticia; por otro lado el contexto de los personajes, en el que las ventanas virtuales son omnipresentes; y más allá los recursos narrativos “ciberespaciales” que destaca Claire Taylor . ¿Qué implica la inserción del ciberespacio a nivel narrativo para ti? ¿A nivel espacial-conceptual?

Para mí es un nivel más dentro de un juego que podría prolongarse al infinito. Siempre me han gustado esas ficciones en las que dentro de ellas hay otra ficción, y así sucesivamente. Como esas muñecas rusas en las que una cabe dentro de otra y las dos caben dentro de otra. Eso provoca un cuestionamiento de la “realidad” del mundo representado. Pienso en algunos versos de Borges: “Dios mueve al jugador, y éste, la pieza. ¿Qué Dios, detrás de Dios la trama empieza de polvo y tiempo y sueño y agonías?“

Los personajes de tus novelas están a menudo transitando de un espacio a otro, de vez en cuando se hallan incluso geográficamente en zonas de tránsito. ¿Cómo se articulan los diferentes espacios (urbanos, íntimos, cibernéticos, lingüísticos…); son espejos, umbrales o fronteras? ¿No-lugares? En fin: ¿son espacio excluyentes o incluyentes?

Me atrae mucho la idea de frontera, ese espacio liminal en el que no sabes muy bien si estás adentro o afuera. No me interesan los no-lugares, creo que es un concepto que no da mucho juego (los no-lugares son grandes espacios afectivos, eso se puede ver en la obra de Alberto Fuguet). Quiero que mis personajes estén siempre en zonas de tránsito, incluso cuando no lo están debe haber algún tipo de ruptura psíquica, lingüística, algún desarraigo íntimo que los mueve.

Tanto en El delirio… como en Sueños digitales, el cuerpo nunca se puede incorporar; los personajes sólo se pueden trasladar mentalmente al ciberespacio y esta fricción conlleva a veces un deterioro corporal. ¿Qué pasa con el cuerpo en esta zona de transición entre virtualidad ficticia y realidad ficticia? ¿Qué significa un espacio ficticio complementario para los personajes?

No me interesó problematizar el cuerpo hasta mis últimas novelas (Los vivos, Norte e Iris). Lo has visto bien, en la época de El delirio y Sueños el viaje que tú mencionas es más mental. Si se desplazan los cuerpos físicamente, es para ser “desaparecidos” (Sueños digitales). Creo que todos necesitamos de zonas de ficción para vivir, partes inventadas que a veces terminamos asumiendo como más reales que la misma realidad. No hay que mirar los juegos virtuales a menos, ese tiempo que pasamos en la red.

En El delirio de Turing hay un trabajo estético en cuanto al ciberespacio que ya no se halla de esa manera en tus otras novelas: si bien representas y trabajas con la “escritura-blog” en Los vivos y los muertos, no hay señalización tan “particular” como la de los chats en El delirio de Turing; lo mismo vale para la representación del ciberespacio en Sueños digitales o Norte por ejemplo. ¿Cuál es la diferencia conceptual entre la inserción del ciberespacio entre El delirio… y las otras novelas?¿Qué cambios de percepción, de acercamiento había?

Bueno, yo creo que la realidad del ciberespacio me superó, y tampoco quería escribir una suerte de literatura costumbrista que refiriera los nuevos modos y lenguajes de la red. Lo que he tratado de hacer con mi nueva novela, Iris, es un juego al revés, es decir, ver cómo esas fracturas iniciales de lenguaje en Delirio contaminan ahora toda la representación de la novela. Ya no hay un lenguaje especial para el ciberespacio; ya todo el lenguaje es un lenguaje “otro”.

Afirmas en un ensayo que el cine, la fotografía y el radio “son medios que no solamente sirven para reflejar los cambios sociales sino también para construirlos.” ¿Y la literatura? ¿Qué es entonces el lugar específico de la literatura? ¿No te parece que el texto escrito pueda generar mitos, que trabaje con topoï que se puedan convertir en lugares comunes?

La literatura también construye los cambios sociales, solo que su impacto no es tan masivo, tan inmediato. La literatura tiene unas antenas muy potentes, procesadoras de los cambios sociales, que incluso es capaz de incorporar a todos los otros medios, reflexionar sobre ellos también. Es mucho más crítica que otros medios, y trabaja a un nivel muy profundo de la percepción psíquica, que le permite registrar el temblor antes de que este ocurra, y a la vez ayudar a construirlo. Solo que se trata de una iglesia de a uno, no con la feligresía masiva de otras religiones mediáticas.

A pesar de que introduzcas - ¿cómo consecuencia de McOndo? –la cibercultura y la cultura glocal, no hay una búsqueda estética- ¿“vanguardista” ? – que va más allá de una tipografía diferente en cuanto a los chatsen El delirio de Turing, donde utilizas dos diferentes códigos del ciberhabla. Comparado con la novela Keres cojer? = guan tu fak de Alejandro López, donde se busca trasladar la pantalla a la “novela-papel”, creando así un libro-objeto,El delirio de Turing es más “clásico”. Y al mismo tiempo afirmas que“desde la novela se puede ejercer con mayor libertad que desde otros medios la crítica de nuestro tiempo y nuestra sociedad. Con la novela se puede explorar las minucias de la conciencia y del inconsciente del ser humano, en diálogo con su contexto histórico y al mismo tiempo trascendiéndolo. La novela es un laboratorio textual de experimentación de nuevas subjetividades, de nuevas formas de relaciones interpersonales, de renovación de nuestra amenazada sensibilidad.” . ¿La novela como laboratorio que investiga el fondo, quedándose “tradicional” en cuanto a la forma, recogiendo estrategias narrativas de otros ámbitos?

Hay formas y formas de usar el laboratorio de la novela. ¿Te imaginas si todas las novelas hoy fueran “experimentales”? Se pueden decir y explorar muchas cosas a partir de las formas clásicas, no por nada siguen vigentes a pesar de que tratemos de matarlas una y otra vez. Los libros-objeto no suelen durar mucho. Ahora, tienes razón en algo, y es que no siempre se puede decir algo nuevo con una forma tradicional. Yo siento que me he estado moviendo a formas cada vez menos tradicionales, requerido por los mismos desafíos de las historias que quiero contar.

Hernán Vanoli sostiene que hay una lectura-blog y una lectura-libro, tanto como una escritura-privada, una escritura-blog y una escritura-papel . ¿Pero qué pasa cuando un texto se publica primero en un blog, y luego en papel? Estoy notamente pensando en tu cuento “Bernhard en el cementerio” que luego se publicó en Narrativas latinoamericanas para el siglo XXI: nuevos enfoques y territorios … ¿Sufre un cuento o una blogonovela cambios según el soporte?

Por supuesto. Los blogs, por ejemplo, no deberían ser “premiados” con su publicación en formato de libro. Los blogs se hallan muy enraizados en el espacio del cual han surgido, necesitan de los enlaces, la hiperconectividad, los comentarios de la red. Cuando los publicas en un libro, esos textos del blog se vuelven artículos periodísticos, crónicas de viaje, etc. Otra cosa, excepto lo que eran originalmente. Un cuento o una novela, leídos en la red, invitan a lecturas más fragmentarias, diferentes a cuando se leen en un libro.

Se puede observar como ciertas novelas implican más y más al lector, a través de recursos estilísticos, de juegos, de enlaces hipertextuales , etc. Este recurso literario no es nuevo en sí, pero tal vez se podría sostener que hay una actualización de ello.¿Crees que la interactividad de las nuevas tecnologías ha generado un mayor involucramiento del lector?

Sí, hay una actualización, una forma de acelerar ciertos procesos en el diálogo con el lector. Tengo amigos que a veces se frustran leyendo novelas porque no tienen enlaces a mano ni formas de comentar nada para el escritor u otros lectores. A la vez, todo esto ha permitido el resurgir de una novela más impermeable a esos cambios, que se niega a esa interactividad, como si quisiera mostrar que hay ciertas cosas, ciertos espacios que solo puede transitarla novela en su forma tradicional.

Muy a menudo se puede observar un trabajo lingüístico en tus novelas: hay hibridaciones entre lenguas o hablas socio-culturales, instalando diálogos entre el centro y la periferia. Me gustaría contrastar esto con una observación de Adélaïde De Chatellus que destaca ciertas tendencias de la literatura actual, relacionándolas con la “no-norma lingüística”. Dice:“Aunque suene paradójico, para ser universales las prosas de hoy también abandonan las ideologías, las normas, los –ismos de todo tipo. Desaparecen la política, las utopías y la religión. Las escuelas literarias tampoco existen, y los textos incluso abandonan los ideales sociales (fidelidad en el amor, diferencia social entre hombre y mujer, etc.). (…) La desaparición de ideologías, normas estéticas o sociales también contagia la lengua con un lenguaje coloquial en el que abundan neologismos, anglicismos y jergas, lejos de la norma lingüística.” . ¿Estás de acuerdo con esta hipótesis?

Lo queramos o no, incluso al escribir “hola” no somos inocentes y estamos implicados en un océano de ideologías en batalla constante.

Una última pregunta, más bi(bli)ográfica: ¿hasta qué punto el oficio de escritor y el de investigador se superponen, dialogan, se condicionan en tu caso?

El viaje es de ida y vuelta, constante. A veces ciertos temas de mi trabajo académico me llevan a una novela, como ocurrió cuando me pidieron que diera un curso sobre literatura y medios, me puse a investigar, armé una genealogía, y a partir de esas lecturas salió Sueños digitales. A la inversa, a veces las novelas me llevan a armar cursos. Mi interés por la novela policial desde Río Fugitivo he hecho que dé en Cornell dos cursos de literatura policial latinoamericana. Es un poco esquizofrénico, tener que leer a veces como académico, otras como profesor, para enseñar un libro, y otras como escritor, para ver qué mecanismos narrativos podrían servirme, pero se ha vuelto un proceso algo natural.


Por: Gianna Schmitter