Maylan Álvarez: La emoción del primer libro publicado“Que se presentaran dos textos míos casi a la misma vez (este año, en la Feria del Libro), es algo que jamás pasó por mi cabeza. Siempre fui testigo de la alegría de otros escritores cuando presentaban sus títulos, cuando firmaban la primera hoja. Pocas cosas superan eso de ver tu nombre en la carátula de un libro y que la gente amiga o los desconocidos también, por qué no, se te acerquen y te digan, oye, vi lo que publicaste. Yo fui testigo de todo eso. Disfruté esa alegría ajena. Pero les confieso algo. No es lo mismo que una lo viva en su propia carne, que sienta esto que estoy sintiendo, laemoción de ver tu primer libro publicado.

Hace apenas unos tres o cuatro años he tomado lo de ‘ser escritora’ más en serio. Muchos me reconocen en Matanzas como periodista, otros como relacionista pública y promotora cultural y otros como su maestra de Español en la Vocacional. Así que imagino que sea una sorpresa para otros tantos el nacimiento de mis ‘hijos literarios’. ¡Si yo misma casi no me lo creo!  

Pero la primera de las sorpresas con uno de los libros que presento ahora no es propiamente de este año. En el 2011 gané el premio Calendario, que convoca la Asociación Hermanos Saíz en el país, y como parte del premio estaba la publicación del poemario, Naufragios del San Andrés (Ediciones Abril).

Ojalá que a la gente le haya agradado, porque me costó algún que otro dolor de cabeza con varios de los instantes que comento en él desde la alternativa de la poesía. Es un libro –creo- muy vivencial, donde intento reseñar las historias de mi pueblo natal, las que conozco de oídas, y otras que sí me han tocado de cerca.
 
Mi segundo libro es un volumen bien matancero: Doce creadores entrevistos. Coordenadas de arte y literatura (Ediciones Aldabón). Este también nació de otro premio. En el 2009 la Asociación Hermanos Saíz en Matanzas me otorgó la Beca Aldabón por un proyecto de entrevistas.
 
Si digo que fue fácil me va a crecer la nariz. Me costó mucho trabajo redondear cada entrevista, desechar algunas (más propicias para otros proyectos que ya tengo en mente) y organizar dentro del caos que presupone el “lo que quiero decir en este libro es…”. Lo mejor fue conversar, escuchar, reírme, llorar o pelear –en el menor de los casos- con los amigos/artistas que entrevisté. Todos radicados en Matanzas. Por lo tanto, la ciudad como escenario siempre.

No me cansaría de repetir que estoy ambiciosamente feliz, pero que también estoy convencida que serán los lectores quienes digan la última palabra.”

Por: Norge Céspedes