Los puertos del silencioLos puertos del silencio testimonia una específica aventura. El poeta ha tallado un sujeto lírico en trance de desasimiento, cuyo tránsito vital es seguido paso a paso en una travesía que, haciendo honor al título del libro, tiene como destino el ensimismamiento silencioso, pues "Ya no basta ser el hijo". Todo el libro forja derroteros diversos de una transfiguración interior, jalonada por el asombro y la pesadumbre, a partir de la cual el discurso poético se orienta hacia un ámbito ajeno al de la experiencia y las raíces cotidianas, recinto lírico del espacio absoluto en el cual los recuerdos se transmutan en migración entrañable, emprendida en veleros imposibles. La voz poética se autodibuja enmarcada entre, por una parte, la posibilidad absoluta de la remembranza -y su correlato, la trascendencia a partir de la imagen-, y, por otra, la aniquilación inevitable derivada del vivir. Ambos polos del discurso se vinculan al tiempo y, por ende, a la muerte del ser y la inmolación de su vivencia -son, por tanto, "Los calendarios profundos en los que temo descansar" -. El trasfondo de esa bifurcación esencial del ser, aparece perfilado en términos de ejercicios de desasimiento, caducidad en la cual se tiende a "observar detenidamente los posos de un fondo cualquiera". La contrapartida de esa percepción oscura, es la certeza de la propia identidad de alcance panteísta - "seré el blanco, el insecto, la amatista" -, vinculada tanto a una orgullosa cuanto voraz percepción sensorial del universo.

 

En esa oposición difuminada, pero lacerante, entre la autopercepción y el tensión alerta de los sentidos, el sujeto lírico se encastilla en un silencio relativo y, en su médula, orgulloso, porque, al cabo, esa cuasi ausencia de palabras  -tema que concuerda con la sobriedad misma de los textos del poemario, organizado en ceñidas metáforas, en exposición escueta - constituyen una herencia, que. se recibe y se transmite, pues ese silencio apenas interrumpido, designador, en sus letras estrictas, de la nada que somos, es, por sí mismo, una entrega y un reconocimiento de la esencia humana ancestral, materializada, cultura tras cultura, época tras época, en la constatación de la indomable fragilidad del ser ante la nada, íntima inestabilidad marcada, como subraya Valdivia en uno de los versos de mayor estatura en el libro, por el "tiempo de la desnudez, del áncora".

¿Filosofía lírica? ¿Y por qué no? Después de tanto coloquialismo deslavazado, de tanto pseudo-lezamianismo - de hecho, galimatías sin cultura y, sobre todo, sin poesía -, luego de tanta crónica personal intrascendente - disfrazada de antipoesía, testimonialidad, realismo sucio, o cualquier otra etiqueta oportuna - como ha aquejado a la poesía cubana en los últimos años -con y sin excepciones notables-, hay que agradecer una poesía que se arriesgue a esa voluntad reflexiva trascendente -donde concurre una y otra vez la "mención eterna" a que alude el poeta-, esa que el peor conversacionalismo en Cuba, no por gusto coetáneo con años de tonalidad agresiva y cinérea, consideró preferible marginar y aun excluir.

En el más tenso, aventurado instante de itinerario de un poeta -alejado ya del punto de partida, y en marcha hacia una necesaria consolidación-, Valdivia revela en este libro una metálica destreza, una sinceridad ajena al ornamento - complicado o fácil-, sin que por ello deje de levantar imágenes especialmente cinceladas, como cuando alude al sitio mágico "Donde cada capital ya fue mi espuma", o cuando afirma: "He guardado la voz de los pájaros que migran". Todo el libro es fiel a dos esencias confluyentes -ser realmente joven, ser poeta -, y por eso mismo constituye a la vez una realización y una promesa, pues Los puertos del silencio construyen un espado de nítida fuerza expresiva y, también, sugiere la existencia próxima de un inevitable cre¬cimiento en pulso y tesitura. Lo demás, será asunto de la autoconquista y el misterio.

Luís Álvarez Álvarez
 


Selección de poemas del libro

I

Ya no basta ser el hijo,
la espuma se consume indetenible frente a la costa.
No importa quién se ha sido hasta hoy
en el simple desayuno de todas las horas,
en la espera, en las manos, en el silencio.
Por una puerta lateral, apenas conocida,
en el Palacio de Buckhingham
entrará un torrente de caballeros
recitando tardíos sonetos a la bruma.
Esa puerta descrita en los edictos
conduce a las manos del anciano, repite:

The sky is the first Kingdom.

Ya no basta ser el que escucha
la reminiscencia de la sombra,
al cubrir los corredores por los que jamás
arreciaré el paso en busca de mi sitio.
El patio ha sido cubierto con preciosos adoquines,
parece un lugar ordenado para el parto,
para las migraciones constantes de las aves,
de las grises y frágiles.

No quiero ver a mis aves en esa despedida.
deseo contener las estatuas de las mañanas familiares,
olvidar el llanto acusador de las expediciones,
el simulacro del regreso...
Y solo soy un habitante más,
un tercio insepulto de excremento.

II

Esconder la cabeza
En el agujero recién escarbado
Incinerar el rastro
Ir tras el paso del musgo
Probabilidades todas.

III

Cada país escoge entre las brumas sus casas,
Luego las luces,
Por último el paisaje dibujado sobre el silencio.
Los hombres lo acarician,
Moldean con su imagen bajorrelieves anacrónicos,
Descampados inmensos donde las cosechas Dominaron el habla frágil de la espuma.
En un país pueden el féretro y el convicto confundirse,
Abrazar la potestad
De recibir cantos matinales de los niños,
Volteretas sobre el ciclo.
Pero callado, como el lobo, ha de seguir el país al
                                                tiempo

En el intento de incrustarse en las paredes,
En los atajos de la memoria,
En los números que condenan a las puertas
Siglo tras siglo, apropiándoselas.
Por sus huellas inefables deberemos
Restituir el pecho,
Y dibujar puntos blandos en la garganta de la fuga.

-- Los puertos del silenico de Lionel Valdivia mereció el Premio de Poesía  José Jacinto Milanés 2007. El libro fue editado por Ediciones Matanzas en octubre del 2008.


Lionel Valdivia. Camagüey, 1973
Poeta, narrador e investigador. Ha publicado entre otros los libros "Desde los puentes", poesía,Editorial el mar y la montaña 2006."insinuaciones del castrado"cuento Editorial Acana,2005. Lionel dirige la Revista Digital La Liga de la AHS.