Luis YuseffPareciera que Luis Yuseff tiene razón, cuando dice, desde la voz de la negra Mercedes Sosa: las canciones de barricada “pasaron de moda”. Y digo pareciera porque pensado así, a lo grande, pudiera semejar certeza. En cambio, Yuseff es el primero en desmentir ese supuesto desde su libro “Los silencios profundos”, Premio Adelaida del Mármol, 2008.

Este conjunto de textos es una barricada perfecta desde la que el poeta se enfrenta, lustra las armas y se entrega para permanecer vivo en medio de la balacera. Desde imágenes,  que sin rubor o duda, me atrevo a llamar trascendentes, el poeta apaga las luces y muestra el pecho blanco. Después, acaricia al bárbaro que un día abrirá de un tajazo ese mismo pecho. De regreso, lava su cuerpo, recorta el cabello y destruye algunos poemas…Ese acto de limpieza de cuerpo y textos es el que signa el renacimiento. Pero no al estilo del fénix sino un renacimiento cotidiano: el despertar de la voz después de haber creído que no se cantaría más. El ponerse en pié luego de los disparos y adioses. El árbol del pan creciendo en el campo quemado. El encumbramiento de la mirada luego del fin del sudor gozoso y la fiesta de los primitivos olores del cuerpo. Y más tarde, a solas con ese renacimiento, el desafío es poder escribirlo.

Ya es sabido que es cierto que pasamos la vida despidiéndonos y no siempre con el blanco pañuelo de la paz entre las manos para hacerlo hondear en el muelle. Hay muchos adioses ante los que no tenemos siquiera la fuerza, la energía para agitar la mano o balbucear palabra.

Contra el adiós que colma la Tierra de Todos, es decir de Nadie, estos versos son parapeto y escudo. Y como los sublevados en las barricadas, saben cuándo adelantar el paso y cuándo tenderse -medio muertos- para que las tropas pasen, atraviesen el campo de batalla que son estas páginas. El desgarramiento mayor, el quebrantamiento del yo en minúsculos fragmentos que como en el cristal más exquisito es imposible volver a juntar, permanece en la poesía de Yuseff.

El Nunca Más está dicho aquí sin el tremendismo del momento del hundimiento. Está apenas susurrado desde el oscuro rincón. Pocas veces puede conseguirse que un gran gesto, un gesto tremendo, sea sobrio.

Los tremendismos esconden tras de sí las verdaderas naturalezas. El aullido  a la luna sigue siendo un llamado de atención profundo, pero el escape, el abandonar la manada, quedarse a solas, la huida hacia sí mismo llevándose al escondite los fantasmas, las pequeñas muertes y con ellas construir otro mundo, como ha hecho Luis Yuseff, eso es elegancia poética, sin estruendos.

No es lo magnífico de la escritura de este joven poeta, que también... No es la elección limpia del verbo adecuado, que también...No son sus indiscutibles aciertos poéticos, que también... Es, sobre todas las cosas, a mi entender, la realeza de la emoción genuina lo que emerge de este libro. ¿Quién puede decir exactamente lo que le sucede en el momento mismo en que pasa?  ¿Cómo gritar y que sólo se escuche un delicado silencio? ¿Cómo desgarrarse sin sentirse centro del mundo, huérfano ombligo de la tierra? ¿Cómo aprender lo que Yuseff sabe tan atinadamente?, que “la gloria consiste en saber callar”

Todo cuesta, doloroso descubrimiento que una vez hecho no es posible olvidar. Todos hemos sido animales vigorosos y hemos estado en la algarabía, la confusión, la vida. De ahí se regresa cada día, de ahí somos expulsados una y otra vez. Este libro da fe de esas expulsiones y de los enigmas de esas expulsiones. Lo hace del mismo modo en que el infante empieza a explicárselo todo o el monje admite o la adolescente prostituta consiente: con miedo, con mucho miedo. Y de pronto el miedo, el abismo, no es solo lanza que atraviesa la garganta ni muerte punzante, sino perpetua belleza. Absoluta y magistral belleza del dolor, del poeta que sabe cómo explicar el tiempo en que fueron quemados los lirios. La época en que todo ardió,  y tras la cual hubo que volver a  inventar vida, verso, tierra y mar para sobrevivir.

Pudiera ser que la pérdida de la felicidad traiga en sí ese ruido de crash seco de disco viejo, tantas veces escuchado. Pudiera ser que en algún punto sea irrefutable que las canciones de barricada  hayan pasado de moda. Pero lo incuestionable también es que Luis Yuseff  desmiente esto último y sabiendo que siempre estamos en guerra, que siempre estamos cercados, que el golpe seco, la aridez, el grito acosan y están seguros, él ofrece, sabiamente ofrece (y eso es otro don dentro de su juventud), el reposo necesitado y la verdad contundente de los silencios profundos.


Por: Laura Ruiz