En 1962, Año de la Planificación, la Isla mayor de las Antillas estrenaba nueva Revolución y el Guiñol Nacional de Cuba, nuestra agrupación titiritera de Vanguardia (pionera en este arte desde que en 1949 los Hermanos Carucha y Pepe Camejo decidieron enrumbar sus destinos artísticos hacia el teatro de figuras) estrenaban El maleficio de la mariposa, primera pieza teatral -escrita en 1919- por el joven poeta granadino Federico García Lorca -rara pieza dramática, no muy representada, casi siempre ausente en el repertorio de los grupos escénicos con actores y títeres- y estrenada en Madrid, en 1920 en el Teatro Eslava. 

En 1962 se conmemoraban los 25 años del asesinato del bardo andaluz, y los guiñoleros nacionales apostaron por la premier en nuestro país de una obra que algunos consideraron de escasos valores literarios y dramáticos, trunca además en el manuscrito original. Clasificada por el autor como una comedia rota de "quien quiere arañar la luna y se araña su corazón".

Se ha escrito que en junio de 1919 el Federico de 21 años da un recital en el Centro Artístico de Granada en homenaje a Fernando de los Ríos, allí conoce al empresario y autor teatral Gregorio Martínez Sierra y a la famosa actriz Catalina Bárcena. Ambos artistas quedaron impresionados con el talento del joven poeta y se van con el al Generalife donde le escuchan su pequeño cuento poetico El caracol aventurero (llevado a escena también por los Camejo en 1961) y un poema perdido sobre una mariposa herida. Le piden entonces transformar el poema en una obra para títeres con el compromiso de estrenarla en el prestigioso Teatro Eslava de Madrid.


Federico se entusiasma con la idea y concibe una pieza que primero llevó como título La estrella del Prado y finalmente El maleficio de la Mariposa, bella historia de amor y muerte, ubicada en una pradera poblada de insectos "que se aman por costumbre y sin preocupaciones", contada en un anochecer de otoño, cuando ya se han marchado los rebaños. El joven autor no desprecia "lo ínfimo de la naturaleza" y echa mano a cucarachas, gusanos, grillos, alacranes, mariposas, moscas, abejas, arañas, cigarras y lagartos para ilustrar su historia. El bellísimo y extenso prólogo aclara "no dejéis nunca libros de versos en las praderas" pues la lectura de poesía puede cambiarle la vida apacible a los insectos, causando mucha desolación entre ellos.

Toda la pieza expresa, un gran desahogo de juventud, como si un torrente de pasiones contenidas aguardaran por salir. Pero el futuro estreno yerra su camino cuando Martínez Sierra le escribe para comunicarle que no hará la obra en guiñol sino formalmente con actores vestidos de animalitos…,le comenta sobre los bocetos de Barradas, malogrado pintor uruguayo (muere en 1929), hijo de padres con origen español. El propio Barradas haría después retratos de Federico y sería su amigo personal.

Cuando escribo que la obra en proceso yerra el camino me refiero a lo sucedido con el estreno de El maleficio…el 22 de marzo de 1920. A pesar de lo notable del equipo artístico, Martínez Sierra en la dirección, Rafael Pérez Barradas en el vestuario, Mignoni en los decorados (fueron rechazados los proyectos de Barradas al concebir un proyecto demasiado audaz como el de una selva vista a través de la retina de los insectos), la famosa Catalina Bárcena como primera actriz, los bailes de La Argentinita, y la música de Grieg, otros dicen que fueron ilustraciones musicales de Debussy, todo concluyó en un estrepitoso fracaso. El mismo Federico comenta que al espectáculo" le dieron un pateo enorme, enorme”. Su amigo Santiago Ontañón recuerda: "A uno de esos bichitos se le ocurrió (no recuerdo exactamente el texto) decir que iba a comerse una cucarachita. De la galería bajó una voz, en el tono de asco más elevado, que dijo como dirigiéndose al autor: ¡Asqueroso! Fue una carcajada atronadora. Federico la repetía cada vez que la recordaba."


La aparición de curianas o cucarachas en una obra poética, realizada por un dramaturgo inexperto, con trajes de diseño vanguardista "era demasiado para el público del Madrid de 1920, y para cualquier público",recuerda su hermano Francisco García Lorca. Todo lo que soñaba el estudiante granadino de la Residencia de Madrid de ganar una respetable cantidad de pesetas con el posible éxito de El maleficio…se transformó en una sola representación. De lo que no le quedó duda a nadie fue que había nacido un verdadero poeta.

Quizás lo que enamoró a los Hermanos Camejo y a Carril fue la confianza en el verbo auténtico y poderoso de García Lorca, y el ánimo de rescatar una pieza titiritera para su verdadero ambiente, libre del posible maleficio sufrido por un texto interpretado por actores, seres para quienes Federico, amante de los paisajes, el verde, la naturaleza viva, nunca concibió su pieza, hecha bajo un ciprés, a la orilla de un lago de esplendidas azucenas y piedras azules, con abundante poesía, mágica y melancólica. Con El maleficio… de conjunto con Amor de Don Perlimplin con Belisa en su jardín, el Guiñol Nacional de Cuba inauguró su programación para adulto en 1962, en la Sala Ciro Redondo, y un año más tarde, en 1963, la programación, también para adultos, del recién abierto Teatro Nacional De Guiñol, en la salita del Focsa,.

Para el proyecto escénico, concibió Pepe Camejo 10 hermosos bocetos, perdidos para la memoria patrimonial del títere cubano hasta el año 2001 en que los encontré en la histórica casa de Carucha Camejo en Fontanar "como una dulce estrella caída de un ciprés soñoliento", y es este realmente un hallazgo de particular importancia como pulso del camino que tomaría el trabajo plástico estético del maestro Camejo en cuanto a tono, forma y color, de acuerdo con la psicología del drama a representar. Cada boceto, hechos con trazos negros a la manera de los bocetos de Barradas, explica en la bella letra de Camejo el resumen de las características del mundo de las curianas; trajes sencillos y sintéticos y rostros cuya expresión elige la característica más importante del personaje. Así Camejo elige para el rostro del personaje de la madre Doña Curiana el color naranja, como símbolo de entusiasmo y exaltación, el amarillo para la Curiana Nigromántica, como imagen de dignidad y poder. El color blanco para la enamorada Curianita Silvia, el violeta para su madre Doña Orgullos, el azul para Curianito el Nene, hijo de poeta y enamorado perdido de la mariposa fantasma y soñadora, negro para el rostro del alacrán borracho y grosero, colores tierras para los gusanos, azul pálido para la Curianita Santa, sepias para las campesinas y rosa pálido para la Mariposa de alas blanquísimas, así como materiales textiles como la seda, y delicadas plumas para el cabello. El adjetivo de Preciosa resalta en la descripción de esta "flor errante" como la llama el enamorado.

Toda la influencia de un mundo nuevo, pictórico y escenográfico que inunda los sesenta cubanos, están presentes en estos leves trazos cuyo carácter informativo, decorativo, técnico funcional y dramático inauguraban una nueva era en el diseño de teatro de títeres nacional. Finalmente serían otros los bocetos triunfadores en la realización final de la puesta en escena a trío entre los Camejos y Carril. Carlos Pérez Peña se encargaría del vestuario y los decorados, Pepe Camejo de los muñecos, el modelado y la pintura. El elenco se daba el lujo de contar con estrellas de la magnitud de la actriz de radio y televisión Antonia Valdés como Doña Curiana y Marta Falcón como la Mariposa, Carucha Camejo como Silvia y la Nigromántica, Laura Zarrabeitia como Doña Orgullos, Camejo como el Alacranito, entre otros nuevos titiriteros como Ulises García, Perez Peña, Perucho Camejo y Mabel Rivero, el inefable  Armando Morales militaba todavía en los talleres de realización,prestando sus posibilidades plásticas a un montaje que al decir de la autorizada voz de Rine Leal resumaba delicadeza, sensibilidad, buen gusto, sutilezas y hacía al público caer en la cuenta de que el mundo poético de Lorca está hecho para ser representado por muñecos. El candor de la puesta en escena a la hora de recrear este mundo surrealista de animalitos hace que los muñecos venzan las limitaciones humanas ya que el espectador acepta en los títeres lo que no acepta en el actor de carne y hueso. Las acotaciones plásticas y expresivas del hermoso texto de Federico fueron desarrolladas por el Guiñol cubano desde la visión onírica de un mundo fantástico y melancólico, soñado por un poeta.

Dice Doña Curiana refiriéndose al marido en la segunda escena del II acto:" No hay desgracia mayor que la de ser poeta." A lo que le responde la Curiana Nigromántica : " Los quemará el olvido."

Gran mentira, la obra de Federico ha suscitado cientos de montajes disímiles, sugerentes y memorables, nada de fuego y olvido  para los poetas. Este hallazgo lo corrobora grandemente y perpetua la validez de ese maleficio que asombró y no alcanzó a comprender Martínez Sierra, como sí lo comprendieron los Camejo y Carril junto a su equipo, hace más de 40 años y  que sigue siendo aún referencia y maravilloso ejemplo.


Por
Rubén Darío Salazar