Rigoberto Rodríguez Entenza“Se fue anoche pero podría haberse marchado antes o ahora mismo. La duda que atraviesa este cuaderno queda inscrita en la memoria. Las miradas de toda una generación, de muchas familias, se clavan en un espejo de gastado azogue. Por momentos logran ver sus rostros limpios, su pulcra inocencia. En otros instantes lo único que asoma son sus espaldas torcidas, sus figuras enclaustradas dentro de las historias personales y la Historia del país. Nuevamente el poeta deviene cronista. Estudia espacios, tiempos y evocaciones. Muestra -en la temporalidad que el poema ofrece- las causas y dolores que conforman el universo nuestro: colgajos que en la poesía de Rigoberto Rodríguez Entenza encuentran asilo para dejar de ser insignificantes y patéticos”.

Así inicia sus valoraciones sobre Se fue anoche la escritora y editora Laura Ruiz, poemario de Rigoberto Rodríguez Entenza que se alzara con el Premio Fundación de la Ciudad de Matanzas, en su tercera edición.
 
 
 49 textos, separados en tres grandes segmentaciones, componen esta sinfonía del dolor del provinciano hombre universal que subyace en la voz del poeta. La separación de los amigos, los niños del barrio, el humo del tabaco, el desamparo de una Isla que puja por permanecer en su sitio… la aplastante cotidianidad que quiere -aparentemente- mostrarte inamovible, equilibrada… suspicaz desde donde se le mire.
 
Estas son apenas una de las varias provocaciones que impulsa Rodríguez Entenza en este libro que, para bien de su catálogo, publica Ediciones Matanzas  bajo el cuidado del poeta Leymen Pérez.
 
El escritor  no quiere jugar con insinuada banalidad. Los hechos poéticos confrontan este yo acuso: Los muchachos de mi barrio cuando van a sus asuntos llevan ya el cielo áspero de tanto preguntar por la vida. Los de mi barrio hablan con sus navajas / y no sienten compasión / por la cabeza que rueda en la cuerda.
 
Las ausencias se resuelven en el papel, una y otra y otra vez, como una jugarreta varias veces condicionada, ante los destinos truncos: En aquellos años, cuando mi padre faltaba/ al humo de su taza, tuvimos un carné como consuelo. / En la vitrina, al lado del platillo de porcelana/ había una pequeña caja de madera/ y dentro el librito rojo/ y dentro del librito rojo su foto de hombre decente.
 
A Entenza le preocupa el orden jerárquico de sus ideas, las tesis vitales que acompañan el corpus de cada poema. Por momentos parece aislarse en su propio padecer, se queja, acomete el yo con una fiereza casi crónica, pero como arrepentido de sus propias hambres, pluraliza para que el dolor compartido, toque a menos: Quién podría saber si aún nos duele/ el agua del arroyo, la voz de tía Ofelia/abrazada al rumor de los leves dedos del agua (…)

Este era un libro necesario para Entenza, quien al decir de Leymen Pérez “resulta uno de los más singulares momentos dentro de su poesía. Crea un lenguaje que es capaz de sostener un discurso de gran firmeza expresiva. Sobre todo una de las búsquedas más importantes en este libro es ser cronista de un contexto pobre y hostil. Rigoberto Rodríguez Entenza pertenece a la poética de la generación de los 80 y por supuesto aquí se van a encontrar claves de ese periodo. Sin embargo logra un texto de enorme eficacia desde el punto de vista temático y del punto de vista de la armonía de ese discurso poético”.
 

Por: Maylan Álvarez
 
Rigoberto Rodríguez Entenza (Santi Spíritus, 1963) es poeta, narrador dramaturgo y crítico. Ha publicado los libros de poesía De tales amantes tal historia (1990), Hombre colgando de un pie del mundo (1991), La mano y el silencio (1998), Sitios cruzados (2002), Cuerpo de álamo (2003), Último día del naufragio (204), Otras piedras talladas en silencio (2006)y Manera obsesiva (2008). Es también autor de los textos para niños La señorita traga truenos y otros cuentos (2004), Las 120 monedas (2005) y A la orilla del sendero (2006). Textos suyos han sido incluidos en varias antologías poéticas. Es miembro de la UNEAC y ostenta la Distinción por la Cultura Nacional.