Marisela PrendesPretextos de Invierno

Es posible sentir el recuerdo sobre las cartas
frente a mi soledad
el mar con su pretexto.
No sé a donde van los peces
         ecos dormidos de esta ciudad.

Siembro un oratorio para la sed
alguien me deja la esencia del monje
porque sólo bajo los signos,
las catedrales son campanas prohibidas,
anhelos infinitos que se unen como una
                 leyenda.
Es tu ciudad
escúchala cantar su suerte,
gemir en el discurso de mármoles.
Será posible entonces que nazcan las tardes
el silencio de los ermitaños
alguna balada para secundar los símbolos.

Así los ciegos contarán su historia
de ninfas descalzas y tedios vacios.
Ahora ya ves,
brotan en mí vestigios de asombros
mientras salto a la lluvia y el paisaje
soy una breve estación
posible para cruzar
  el proverbio del agua
advertirles su demencia a los incrédulos
aunque todo resulte incréible,
hasta la complicidad del barquero
                   y su obsesión
de ser Sade
para penetrar despacio los sueños.

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Simple tejido sobre los árboles

Todos trazan bajo el abrigo
el invierno que ya no existe,
la vendimia es un pedazo prohibido
una apertura sobre el cuerpo de los dioses.
Yo me aferro a la paz del caminante
llueve
el doble paisaje
donde vuelve la mañana a ser
simple tejido sobre los árboles.
Mientras la vida
   es un pobre círculo
aquí se cuentan tratados inusuales
que nunca caen al agua.
Se quedan
en la pausa del boceto, transparentes
                 soberbios.
Soy la pequeña rama.
Conviven conmigo inmortales y solos
desconocidos em la fiebre de la palabra,
esos que embrujan la ciudad con tanto vuelo
y suelen girar bajo la soledad.

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Algo cae a mis pies

Para cuando comiencen a arder los pájaros
yo habré envejecido
lloverá sin límites en ese obstinado espacio
donde transitamos con frecuencia
abro mis pupilas desde el rincón más increíble del Mundo.
Me vuelvo hojarasca,
y el mundo sigue siendo una pequeña dimensión
que se dilata
    dejándonos la certeza de girar
sin máscara.

He sido el sueño simple que renace.
Tengo lejos los triunfos,
la costumbre de los días,
códigos prohibidos de los instintos.
Algo cae a mis pies,
se desliza en la memoria,
es hora de sacar mis ojos.
Un hombre se acostumbra
al alivio de que existio.
Ya el miedo no derribará los árboles,
nadie escribe sobre los ojos,
caminos ocultos donde se agotan los párpados,
refugio sin nombre en que habitas
como una visión impredecible.

Algo cae a mis pies
voy sujetándome la prisa
soy Artemis
debajo de mi los signos
tienen la percepción de lo posible
aquí ya no habitan náufragos
         sólo virtuales contratiempos

Quiero ser el sitio de Dios cuando cae la tarde.
La tarde e una llama aparente y frágil,
ella protege al forastero,
puede ser el beso más allá de todo,
la lluvia frente al poema,
mis manos. Volviéndose rama
en el centro de la ciudad, la noche
tiembla nuevamente para reencarnar en los espejos,
donde vivo, desdoblada
iluminándome


Tomado de la Antología "Poetas en matanzas VI" Ediciones Matanzas, 2005
Foto de la autora: Johann Enrique Trujillo


Marisela Prendes
Poeta. Calimete, Matanzas 1965.
Ha publicado "Pretextos de Invierno" Ediciones Matanzas