Marithelma Costa
El violín chino


En medio del camino, una mañana de música de erhu
tiempo y espacio convergen

El primero se achica  súbitamente
cuán corto el ahora
cuán poco lo que nos resta

En medio del camino, el espacio
esa otra sensación que tensa el cuerpo
esa otra fórmula que entra por los poros

La suavidad del aire en su leve roce con la piel
la peculiar forma que adquieren las sombras en el muro
el azul del cielo
a veces cobalto otras sólo poluto
el aroma de la bergamota en el frasco
del romero en la rama fresca
el punto en que coinciden las notas del violín chino
y los pétalos de la orquídea

Las piedras son piedras
y como piedras se alargan en el tiempo
su espacio de canto rodado
o en ángulos rectos
constituye su límite

Cómo siente la piedra
Cómo la caricia de la luz, cómo el crepúsculo
Percibe acaso la brisa mañanera, el olor a carne descompuesta
la textura de la sangre coagulada, el frío del lodo
el contacto con la otra piedra
Siente tal vez las pisadas del gorrión
o la velocidad de su vuelo cuando el niño la engancha en la honda
y la lanza al precipicio

En medio del camino
sólo una certeza
Sólo el espacio que nos rodea
el momento pleno
nuestro  presente

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El contemplado I
  

En lo alto de San Juan
en un abril que aún no era bisiesto
me convertí en el contemplado
el mar
nuestro mar entró en mí
y hubo una mirada
constante, inquisitiva
una mirada que llegaba de otras tierras
pero ya yo era el mar
y lo que está detrás del mar
rocas y farallones
acantilados y picos

Y el mar te llevó a ver el mar
mar con mar te llevé a encontrarme
contemplador y contemplado se encontraron frente al abismo
y aparecieron tres barcos, tres banderas
tres épocas, tres trayectorias, tres mundos
mar con mar te llevé al horizonte
y hubo tornados y ciclones
y viento alisio
 
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El contemplado 2

De tanto mirar el mar
vivir el mar
escribir el mar
por unos minutos
y en un sueño que jamás sería mío
me transformé en el contemplado
mar con mar
te llevé a encontrarme
un salto en el vacío
te llevé a correr contra el tiempo
y a detenerlo en mí

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Latitud 30

Mar de los Sargazos
En la punta de la proa

1.
Uno se agarra a la cubierta de Nova para no caer
Se agarra al cedro y levanta la cabeza del caballo alado
mientras éste abreva

Uno besa suavemente
como besa el cisne al águila de una ribera a la otra
como se besan las olas frente a la valla del cementerio
mientras el sanjuanero camina
uno se agarra al cuello del caballo, abajo trébol
se besa como besan sabicú y palosanto

2.
Abrazo  en diagonal
una mano en la cintura la otra en el hombro
beso
contacto de sargazo
caricia de ala de tórtola
aroma de lirio

Beso
como la luz besa las superficies cuando llueve en febrero blanco
o hace sol en febrero oro

Uno se agarra a la que no va
se sujeta al puente generoso junto al capitán
mientras da la voz de alarma
y comienzan los tiros
uno besa al capitán, a veces con tacto de sargazo a veces con coces
pasado el Trópico de Cáncer
del año nuevo

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Latitud 30.5

                        A Maria Gradvohl

Los pies en el guayacán
azul, negro, bajo la quilla
uno se aferra a los tablones de la bodega
se afianza a la cubierta y los soyados
se funde al sargazo mojado y la arena caribe

Uno se agarra con las manos, con los pies, con todo el cuerpo
en abrazo de Piedad de Miguelángel
de arcoiris
de manatí

Uno se sujeta
una mano en la cintura, la otra en la nuca
y besa el caballo alado, el mascarón de la proa
con suavidad de sueño de pelícano, de colibrí

Uno se besa entre las balas
se acaricia bajo los bombardeos
las Pléyades vuelan hacia poniente
latitud 30

Las Azores
 

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Latitud 47
                                                Hacia el Orinoco

Morir cuando se lo desea
porque en este viaje uno es el capitán y uno el piloto
viento alisio a babor
el caballo alado en el mascarón de proa
ése que uno agarra con suavidad de hoja de sauce
con tacto de pluma nueva
ése que uno besa largo en los labios en los belfos en el pico

Morir cuando ha terminado el viaje
cuando la luz se disgrega entre el calabobos y la garúa
cuando el té es verde como es verde la tinta y verde la pluma

Entonces
agarrar el estilete coger la punta del puñal
clavar la aguja
volar en una ráfaga  de viento
cortarle la cabeza a la gorgona
para descansar feliz bajo las peonías

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Latitud 47.5
                                                    Bajo la quilla

Vuelan los peces
salta la espuma
me agarro a la masa luminosa
con las garras con el corazón con el pico
me sumerjo bajo la quilla y traigo planetas

Me deslizo sobre la espuma
planeo desde la luz
me agarro al beso me agarro a la sangre
me agarro a la carne que se desgarra en el encuentro

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Latitud 47.7

Cantan los tordos después de la lluvia
cantan los mirlos, los estorninos

Cantan a la misma hora en que Miguel lanza la atarraya
y el sanjuanero se detiene frente al cementerio

Cantan los gorriones, las tórtolas, gritan las cornejas
se levanta nuestro inmenso alado país
en tu partida.

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Marithelma Costa (*) Marithelma Costa nació en Puerto Rico, vive en Nueva York. Ha publicado Kaligrafiando. Conversaciones con Clemente Soto Vélez; Las dos caras de la escritura. Conversaciones con M. Benedetti, M. Corti, U. Eco et al . Ha publicado los poemarios: De tierra y de agua y Diario oiraiD , entre otros. Es autora de la novela Era el fin del mundo. Se desempeña como profesora de Hunter Collage y de Graduate Center de la City University of New York.