Mireya Robles Despojada de toda fuerza y llena de ella, la poesía de Mireya Robles es, a la par, escudo para la batalla y cobijo para el día después. Conocedora de la importancia de no sucumbir a la fuerza, traza un camino de soledad donde lo que niega, también queda establecido. La fuerza, la embestida feroz, de la que huye para que no le llene espalda y frente de asperezas y llagas, es la misma fuerza que mana de sus versos para encumbrarlos. Arrasadoras y arrasadas, sus palabras son péndulo sin reposo. Alejada de los otros, dormida cuando los otros se acercan , se muestra como quien ya ardió y enseña las cenizas propias que ella misma está obligada a esparcir. En la exposición de sus cenizas están la fuerza y la ausencia de ella . La pujanza de las cenizas no puede ser discutida. Parece suave pero es una suavidad que recuerda el vigor del leño que ardió y que por debajo aún está enardecido.

Tiempo artesano y Solitarios del silencio se complementan. En Tiempo artesano la palabra fiera está empezando a ser amansada dentro de los límites de su propio cuerpo. Están redondeándose sus bordes, regulando sus gritos. Solitarios del silencio , agrupa textos que anuncian un paso sucesor y otro, el de poetizar la historia de la fiera ya mudada en el San Juan de Salomé, lista para convertirse en un ser extraordinario y casi litúrgico.

Animales dolientes son sus poemas. Ira, miedo y lago en calma se escapan por el hueco de su ombligo , brotan, enseñan colmillos y heridas por entre las grietas de la garganta de la poeta.

Contracciones a las que no se les puede medir latido, período de tiempo, ni intensidad son las que emanan de esta voz poética. Contracciones que parirán nunca se sabe qué señal nueva, renovada, mitológica o torcida. Poemas espejos que devuelven la imagen de los que nos asista la luz de asomarnos al azogue confidente y a la vez anunciador en el que se erige la tremenda y elocuente soledad de estas palabras.

Por: Laura Ruiz Montes

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Selección poética de la obra de Mireya Robles

 

Tiempo artesano. Mireya RoblesTU PRIMER POEMA


Llego a ti
desarraigada
            ciudadana trashumante
            de la piel del mundo
apagas en tu sombra-esencia
            el martilleo de mi herida
 he de seguir otros caminos
 he de buscarte en el ángulo exacto
           de la voz del río
 he de buscarte
            en el perfume sutil
            de la pradera
he de buscarte
en esa noche ajena
en que tu sombra distante
se una
a mi silencio.

Madrid

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TU SEGUNDO POEMA

Me sale al paso
la risa
deteniendo el galope
de corceles en marcha
Te miro fijamente
El juego, escondido
en la esquina,
me sella los labios
Que lo diga el silencio
vigilando cada puerta
de mis cuatro caminos
Que lo diga el no sonido
de las no palabras
colgadas en paredes
de calles invisibles
Que lo diga el peso de la distancia
que se hace hija de su hija
hasta llegar a cero
Mi garganta se bate
al filo del absurdo
Te miro fijamente
El juego, escondido
en la esquina,
me sella los labios.

Madrid

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Mujer. Tinta en cartulina. Mireya Robles
TU TERCER POEMA

Estoy lista para emprender
mis caminos de ausencia
Una palabra, quizá,
ha roto el eco
Recogeré hojas de otoño
          y guardaré secretamente
          su muerte entre mis manos
Ya me prepara
    Dios
         para la nada
seguiré el rastro inútil
   de un pronombre invisible
eterno regreso
a mis sendas estrechas
  -  donde se apagan las voces
  -  donde se olvidan los nombres.

Madrid

 

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TU CUARTO POEMA

Si no me vieras
        en el filo del agua
si no me vieras
        en alguna rosa
                 amarga
si no me vieras
        en el abandono
                de raíles solitarios
podría decir
que fui sombra invisible
en España.

Córdoba

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TU QUINTO POEMA


Fino polvo de lluvia
        lánguido camino
espero
        Cristo flaco
        del Greco
el índice que marque
        mi vereda desierta
no juzgarás siquiera
        el instinto te aparta
        hacia la indiferencia
me verás
        torcida
        como un nudo invisible
roto el hilo
        alejado
        de las frígidas leyes
en tu arco de sombras
        monte de jueces falsos
deformas
        destrozas
                  el anillo fugaz
                  de mi melancolía.

Monasterio de los Jerónimos
Lisboa

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TU SEXTO POEMA

Se alza de nuevo
mi voz
       en el desierto
inútil el intento
de volver
desnacida
       a la inerte simiente
carne sin hilos
aislada entre arquitecturas
      
que siempre son de otros
no basta la muerte
para aplacar el quejido
       que me sale sin hambre
no basta la muerte
y es tardío el gesto
que pudiera romper
       el nudo que me trajo
 andariega sin rumbo
 desando por el mundo
 en sandalias de barro.

Talgo
 Madrid-Zaragoza

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TU SÉPTIMO POEMA

Anda el labriego
         las manos pegadas
                 a la tierra
hambre de hambres
         recoge la semilla
         hurtada al aire
  germinarán brotes
  pobres
         criaderos de huérfanos
         bocas vacías
         caminos solitarios
                   donde rompo mis sandalias
                  en silencio
no he de recoger el eco
de aquel concierto mágico
        que me arrulló en tu mirada
entre mis manos
se rompen los cristales
con fibras de mi voz
         “La verdad me hará vulnerable"
                 --me oí decir
          " O fuerte" --te oí
pedazo a pedazo
buitres del silencio
llevan piedras de mi sangre
        a remotas cumbres
flagela el aire
             en la casa de los vientos
             en la torre de los vientos
             en lo alto de lo alto
                      mi carne adolorida
divulgas mi verdad
convertida en infamia
         por tus miedos medievales
llega la hora mucho más difícil
que la hora de la muerte
llega la hora
          de la tercera negación de Pedro
llega la hora
en que apartas tu mirada
para no verme
        torcida
        retorcida
        en mi cruz amarga
pasa el labriego
cargando a cuestas
               su cansancio
el dolor seco de sus manos
me une a su silencio.

Talgo
Madrid-Zaragoza

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TU OCTAVO POEMA

Caballos del miedo
negros sudorosos fieros
patean en mi pecho los retoños nuevos
Recién nací para ti
que no me esperas en algún café
del viejo Madrid
Viajas en ondas de mis ecos
en sentido opuesto
Lamerás esta topografía española
buscando lanzas que borren
silenciosas y austeras, mi nombre
En tu cruzada del olvido,
habrás detenido el tiempo?
No lo siento correr, la lluvia cesa
y las hojas mascan su verde
para hacerse otoño
El misterio de tu mirada
cae vertical
en el asombro de este pueblo de pinos
--montaña hirsuta
quizá en Suiza,
donde el aire frío
rompe mi sombra.

Albany

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TU NOVENO POEMA

Quise desmantelar mi huella
sentir entre mis dientes
el polvo mustio
de algún carretón
         desvencijado el eje
         soltando las ruedas
no devoro distancias
que alcanzaran tu marcha indetenible
         hacia el olvido
mírame un instante
detén tu huida
arranca la máscara férrea
aglutinadas esencias monstruosas
que fijaste en mis ojos
             tu mano temblando en el aire falso
he de romper mi huella
he de olvidar tu olvido
           arcano ritual de muertes
¿Descansará mi voz torcida en el aire?
Detén la marcha
mira en mí mi mansedumbre...
             cesarán los ecos
             se borrarán las huellas
             se detendrán mis pasos en el camino.

Albany

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TRAS EL TIEMPO, EN LA DISTANCIA

Se llega
al medio de la vida
en vueltas y vueltas
concéntricas
Por caminos largos
por sendas estrechas
por vías anchas
y desiertas
Gira y gira y gira
en un eterno girar
y desde lo alto,
en la torre de estrellas,
se hurga y se busca
el ombligo de la Tierra
La mirada se pierde
en corazones ausentes
y se espera y se espera
el lazarillo hecho luz,
hecho rayo,
hecho estrella
En la torre de astros,
de soles y lunas,
se busca el escape
del latido terreno
Y se siente pulsante
exorbitantemente
en el filo de los nervios,
en el cerebro,
dentro
Astilla estremecida
en las entrañas
sin ver nunca
la mano que la mueve
El cielo que busco
se me llena
de latidos de tierra
El ideal se remonta
y latiendo,
cae
Entre edificios
entre hierros
entre máquinas
el vivir
de ayer, de hoy y de mañana
se aleja y se aleja
para tocar
con los dedos del Tiempo
la orilla dorada que no alcanza,
la ola febril que no llega.

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EXTENDIÉNDOME EN EL TIEMPO

Quiero dejar
en el océano humano
mi gota de ser
Una gota
que fija en el Tiempo
 ruede
de instante en instante
en un sinfín de eternidades
Una gota
que corte el espacio
y lo acorte
y lo anule
y sepa llegar
Quiero dejar
en el océano humano
mi gota de ser
que ruede
de un mañana en otro
buscando un hermano
en un tiempo lejano
que me sepa acoger.

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POEMAS DE LA MUERTE

                TRES  POEMAS


                         I

Pasa
el arquero de la noche
engarzando sueños
en los rotos aleros
de la luna
Cada raíz
de mis dientes
  --campana hueca—
se ensordece
con el rocío
de arenas muertas
Saetas marinas
recorren las venas
de mis huesos
rastreando el eco
de aquellos versos
Corazón de sed,
bomba y tic-tac:
estallido,
quejido,
retumbar
Ecos que vienen,
que se mueren,
que se van
Sabores de salitre
salitreando
las encías amargas, secas
La mano se me pierde
tanteando los espacios:
señalo
rastreo
busco
Los ojos ciegos,
mendigos de la noche,
devorados por las mandíbulas
del aire
Calor verdoso de estrellas:
Pasa
el arquero de la noche
engarzando sueños
en los rotos aleros
de la luna.

                         II

Cien mil
cuchilladas en la noche
Cien mil:
ni una más
Que se vuelquen
las carretas
en los caminos polvorientos:
que se vuelquen
Corazón
--estrella palpitante
que revienta en pulpa
aplastada
por los pesados pisones del Tiempo
Venas y arterias
dobladas con mansa languidez
de flores muertas
Que siga la aplanadora
su marcha implacable y lenta:
Que deje mi sangre rosada
dormirse en calles desiertas

                               III 

Cuando llegue la luna,
la tercera luna,
o la cuarta, o la de más allá
Cuando llegue la hora infinita,
la hora única,
la hora sorda,
la HORA
Cuando el pulso de los sueños
huya hacia la noche
y se esconda en una estrella
buscando el nervio tibio
y la brisa serena
Cuando llegue la hora
en que se sienta el no sentir
y las uñas, y el pelo, y los dedos
se repartan en mil barrigas
pequeñas e implacables
que se arrastren en la tierra húmeda
Cuando llegue la luna,
la tercera luna,
o la cuarta, o la de más allá
Cuando llegue la hora infinita,
la hora única,
la hora sorda,
la HORA
que huya el pulso de mis sueños
y se esconda en una estrella
buscando el nervio tibio
y la brisa serena.


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(Estos poemas fueron tomados del libro Tiempo Artesano.
Mireya es también la autora de las pinturas con las que se ilustra esta página. Para conocer más sobre su obra, visite: www.mireyarobles.com )

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