Harold GramatgesLa noticia apenas comienza a difundirse: ha muerto Harold Gramatges. Reconocido dentro y fuera de Cuba por sus extraordinarias dotes como pianista y compositor, con un amplio catálogo que incluye música sinfónica, de cámara, coral, vocal e incidental para teatro y cine, mis recuerdos del Maestro Gramatges —como muchos lo conocían— se refieren sin embargo a mi etapa de universidad, cuando un grupo de aventureros de diferentes carreras y especialidades intentábamos revivir la historia de Nuestro Tiempo, aquella Sociedad Cultural tan famosa como olvidada que fue presidida por el propio Harold los 10 años de su existencia. Recuerdo la larga conversación que sostuvimos entonces en su oficina en la sede de la Asociación de Música de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) —de la cual era Presidente—, cuánto me impactó entonces la sencillez de este hombre que en 2002 había sido nombrado Premio Nacional de Música, y su emoción al evocar los años y la historia de Nuestro Tiempo.

Aquella sociedad fue, aunque menos conocida que la música, una de sus grandes pasiones. Esa entrevista se publicó bastante tiempo después, casi por la misma época en que murió su esposa, su compañera de siempre; cuando llamé a su secretaria para avisarle me respondió: qué bueno, el Maestro anda bastante triste por estos días y eso lo va a alegrar.

Harold Gramatges había nacido en Santiago de Cuba el 26 de Septiembre de 1918. Estudió en el Conservatorio de su ciudad natal y continuó su carrera posteriormente en el Conservatorio Municipal de La Habana. En 1942 viajó a EE.UU. donde completó su formación en el Berkshire Music Center con los maestros Aaron Copland y Serge Koussevitzky. A su regreso, fundó la Orquesta Sinfónica Juvenil del Conservatorio Municipal de La Habana (1944-1948) y aceptó la subdirección de la Orquesta de Cámara de La Habana (1946-1957) que dirigía José Ardévol. Ejerció como profesor de armonía, composición, estética e historia de la música en el Conservatorio Municipal de la Habana. Desde 1943 y hasta 1948 integró junto a los más destacados compositores cubanos un grupo de vanguardia artística con proyección nacionalista: Renovación Musical, que tenía entre otros objetivos desarrollar las nuevas tendencias de la música contemporánea. Además, actuó como director invitado de la Orquesta Sinfónica de la emisora RADIO CMQ.

En 1958 recibió el Premio Reichold del Caribe y Centroamérica, otorgado por la Orquesta de Detroit, por su Sinfonía en Mi.  En 1959 creó el Departamento de Música de la Casa de las Américas. Entre 1961 y 1964 fue embajador de Cuba en Francia. Integró el Consejo de Asesores Técnicos del Ministerio de Cultura y presidió la esfera de la música; impartió clases de composición en el Instituto Superior de Arte y dirigió la Comisión de Escritores y Artistas del Movimiento por la Paz y la Soberanía de los Pueblos en Cuba. Participó en los festivales celebrados en Moscú para celebrar el centenario del Conservatorio de Chaikovski (1966), Primavera de Praga (1974), Otoño Varsoviano (1975) y Bratislava (1977). Asimismo, asistió como jurado a concursos internacionales tales como: Radio Francia, Manuel M. Ponce (México), Joaquín Turina (España), Teresa Carreño (Venezuela) y Tribuna de Compositores (París).

En diciembre de 2006 el sello Unicornio produjo el CD Harold Gramatges: música coral, uno de los discos que dedicara Producciones Abdala a sus creaciones y en abril de 2007 en los días del Premio de Composición Casa de las Américas se presentó el disco La guitarra y yo. Harold Gramatges de la misma casa discográfica.

Entre sus composiciones más famosas se pueden citar la música sobre textos de Juan Ramón Jiménez, Góngora, Rafael Alberti y Justo Rodríguez Santos; “Icaro”, para percusión y piano, “Ballet por encargo de Alicia Alonso”; “Sonata para piano”; “Dúo para flauta y piano”; “Trío para clarinete, violoncello y piano”; “Preludio para el ballet Mensaje al futuro”; “Sinfonía en mi”; “Capricho para flauta, clarinete, viola y violoncello”; “Concertino para piano e instrumento de viento”; “Serenata para orquesta de cuerdas”; “Dos danzas cubanas (Montuna y Sonera)”; “Sinfonietta para orquesta”; “Tríptico para voz y piano, con textos de José Martí”; “Quinteto de viento”; “Divertimento para cuarteto de metales”; “Tocata para bandoneón”; “In Memorian” homenaje a Frank País; “La muerte del Guerrillero para recitante y orquesta”; “Móvil I para piano”; “Móvil II para flauta, corno, piano-celesta, vibráfono, xilófono y percusión”; “Cantata para Abel”; “Concierto para guitarra y orquesta” y “Diseños”; entre muchas otras obras.

La muerte lo sorprendió a los 90 años, pero prácticamente hasta el último momento el Maestro Gramatges se mantuvo lúcido, activo, creador. En ocasión de aquella entrevista y refiriéndose al grupo que integraba Nuestro Tiempo, me dijo una frase que podía aplicarse perfectamente a sí mismo: “Todos aquellos jóvenes que formábamos parte de la Sociedad, no se puede decir que nos integramos a la Revolución, sino que éramos la Revolución, éramos el intelectual revolucionario”. Amén de todos los reconocimientos oficiales por su larga carrera como músico y pedagogo, siempre lo recordaré como el apasionado conversador, el artista completo que se ganó el respeto y la admiración de cuantos lo conocieron, el hombre sencillo que durante varias mañanas me recibió en su oficina hace ya tiempo para contarme su propia versión de un fragmento de nuestra historia nacional.


Por: Yinett Polanco

Tomado de: www.lajiribilla.cu