Nara Mansur CaoNoviazgo (Dos desnudos en un Bosque)


El erizamiento del brazo que no toco
el labio prolongándose hacia el espejo
succiones de un vientre seducido y suicida
no decir nada y acariciarme
reír por débil
oír el goteo de una mujer de brazos lánguidos
y otra de falda y muslos transparentes:
lágrimas de vidrio y la luz mortecina
de la lámpara del techo
sombreada pelvis y mi padre
que no veas mi boca
adherida al espejo, de aire leve
que no oigas tu sable
la filosa hoja cuando deja
círculos de óxido en mi vientre
nada en la sombra
frágil
y todos esos abanicos
llenos de polvo.


 

Retrato de mujer en su cuarto


Son las seis de la tarde
otra vez
Ensayo infinitas posibilidades de salir a escena
a ser
metáfora visual
muchacha decente y unos espejuelos
unos escarabajos de oro
puntiagudos
Mi cara en el espejo no es mi cara
Mi casa en la memoria no es mi casa
Ahora
no tengo cuerpo, no me quejo
El muslo dulce lo destiendo
y goticas de sangre alumbran mis dientes
Un mantel marrón a cuadros
y tu sabor atardeciendo
Una ligera movida, una ligera mueca
Son las seis de la tarde
otra vez
otra vez más
Pero me he dormido antes
incrustada, detenida
en el tibio centro de esas silenciosas
candilejas.

 


 

Naturaleza viva
 

Sus manos duermen donde mis espasmos
sus dedos transcurren
a largas rayas verticales
entre una piel blanca
siempre una piel blanca
Veo su mano abierta, sin uñas
cuando el aire se hace metálico:
pedacitos de huesos con lunas
sin pensamiento
Mis manos hundidas en naranjas
la mansa corteza se quiebra:
se derrama mi lágrima blanca.

 


Guillermo en mi pensamiento

En la saliva en mis camisas huecas
en la blanda caricia de su vientre
en los nervios crayolas anaranjadas
en todos los jarros células
en mi casa mis horquetillas
en las no miradas de sus no ojos
en mis manos eclipses escapando
en la abertura de mis labios siempre
en la historia en mis orines de encaje
Guillermo en mi boca en la punta de mis cejas
en la gelatina azul sus dientes
Guillermo enfermo roto sin solapas
Guillermo lavando mi pelo con espejos
Guillermo mirándose en mi nuca desnudo
Guillermo y yo y mis pechos tan blancos
más grandes una península y mi paisaje vegetal
Guillermo el embrión mi madre mi padre
mis tres hijos todavía
Yo.


Diego en mi pensamiento

No veo las formas... arañas decapitadas
Vendería todo por nada. Nada tiene espacio:
vidas ensalivadas. Los niños son los días
que no soy yo... no ahora, tampoco las niñas
No escribí una carta a Diego. No oí a nadie
Un día sin bocas perdí mis retratos
Diego es un niño. Yo soy la gran plaza pública
un árbol otoñal, las cortinas que arden,
Sin ilusiones
... y la gente quiere palomas.


Sueño de mi hermano muerto

Encontré la mano de mi hermano en el campo de caña
la que tiene el dedo meñique más crecido
así que supe que era mi hermano
así que supe que mi hermano estaba muerto.
Yo también me supe muerta, con mis manos perfectas
con las diez uñas de manicure en plena guerra.
Me quedé allí, me quedo allí hasta siempre
tirada
con la mano de mi hermano en mi mano
con las manos de todos los muertos en mi mano
con las manos de todos los ahogados
muertos
con las manos de todos los desempleados
en mi mano en la mano de mi hermano.
Me quedé dormida
hace dos horas ya.
Me levanté, busqué alguna rama verde
alguna florecita silvestre
algo evidente vivo y sano.
Enterré la mano de mi hermano en un montón de bagazo
y tropecé con un pedazo de la bandera:
escribí algo con su sangre
su nombre
él, el único que tiene un nombre reconocido (------)
comencé la huida, otra vez me fui.

Comencé el caminito de la muerte pequeñita.
Yo también.
Mi hermano también.
Muerte bebé, muerte recién nacida
muerte que tiene toda una vida por delante.


Divorcio

Cuando los viernes al salir de la oficina no siento placer
cuando su voz a veces la olvido.
Cuando los sábados me parecen demasiado largos
y los domingos caen sobre mí
como plomos esos días sobre mi cuerpo:
pequeños animales que me caminan por el cuerpo
y su saliva huele a pasado, a lo que fui y me entristece.
Todo sale por mi boca
la tos, los cadáveres que antes fueron postres
mi cinismo.
Cuando los viernes parecen demasiado cortos
y sus pantalones tan largos.
Cuando salgo del escondite después que se ha ido.
Cuando junto a los fantasmas de otros hombres entra al baño
y los veo afeitarse y usar colonia Azzaro frente al espejo.
Cuando tengo más prendedores que amantes.
Cuando la nada es mi fértil tierra en la que siembro
y la simulación transcurre desde los sombreros
hasta los gatos que izo como banderas.


Reconciliaciones

Ensayar la separación
abrir una pequeña zanja en nuestra tierra común
en la aridez y la fertilidad.
Convocar al agua para que nos divida y parecer unidos:
el agua
que es otra especie de sangre
una suma de lágrimas familiares y extrañas
juguetes.
Por este dolor acuoso se consumen nuestros esfuerzos
el mejor para decir: sí puedo hacer tu voluntad
pese a todo saltaré el muro, la alambrada
y apareceré de nuevo
solitaria
para vestirme de novia.


 

Comedia silente
 
 

¿Y qué tiene ella que no tenga yo?
“Di, mamá”.
Algo tendrá, un aire más sofisticado, más falso, más seductor.
¿Quién puede culparme por no tener
una visión sentimental del pasado
del futuro del romance?
“¿Tú sabes qué cosa es reina?”.
No sólo la costurera rubia y ojerosa es triste y narrativa
mamá.
Uno, yo, me pregunto si soy mi nombre:
“Yo me llamo yo”.
¿Para quién soy un nombre, un hecho, un presente?
¿Soy un hecho, un presente, un nombre?
¿Quién es quién?
La gente pasa por aquí, pasea, se perfuma
los viajeros
todo lo que puede padecer un síntoma de belleza.
Él
¿estará pensando en mí?
(“Yo sin cesar pienso en usted”.)
El sinsentido atroz de mi alma
para mí, sin mí, contra mí
la duda del viajero efímero
en su mueca silente e inhibida.

 


 

Ya ves, y yo sigo pensando en ti
 

Una sensación de mala palabra, una sensación de irse de rosca
de cortarse las uñas
con una tijera de podar las matas
una sensación de pesadilla, de adoración del dolor
un viaje a la ciudad a donde no puedo volver
un pinchazo, un aborto, costillas rotas.
Hormigas en el cerebro.
Y yo sólo pienso en ti
y yo sólo pienso en ti
en tu presencia alejada, desarraigada
tú que te fuiste y ahora eres espuma
como La Sirenita original.

 



Hora de la merienda
 

Otra vez abuelo se muerde la lengua comiendo
mermelada de higo y queso crema.
Otra vez le saca brillo a los zapatos de Dinorah,
sus sandalias negras siempre un poco demasiado sucias
por el polvo de Víbora Park. Pero a ella le da
un poco de pena. Talco, talco, pata, pata, Emilia.
Dulces que resbalan: higos, duraznos, banana, pera
y también la calabaza y el boniato.

Cuánto temblor seguido de rutina y sueño. Cuánta hambre
y deseo de algo dulce. Cuánta aglomeración y ligereza.
Cuántas compotas y jugos. Cuántos platicos redondos
reunidos y cucharas y galleticas de plástico.
Que no brote una risa con prótesis y fatiga.
Comienza a saltar entonces la cuchara sin ton ni son.
Comienza a saltar Emilia en su butacón,
un cauce un miedo una caída, se asusta la mamá.
Río sin luna alúmbranos otra vez.
Agua demasiado caliente o demasiado fría. Plástico
que parece acero porque te pincha.
Verruga, lunar, roncha, mancha.
Emilia
se ha virado arriba la mermelada.
Abuelo grita de dolor.

 


Nara Mansur Cao (La Habana. 1969)
Poeta, autora de materiales para la escena, crítica teatral, editora, y promotora cultural. Licenciada en Teatrología, Facultad de Artes Escénicas, Instituto Superior de Arte. Miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).