Alicia Alonso en VigíaTócame contar aquí la historia de la niña nacida el 21 de diciembre de 1920, en la isla esbelta y juncal, a la que ensalzaron como Alicia, nombre de origen griego, ungida por la musa Terpsícore, quien le otorgara como atributos el amor y la oblación; el amor que tiene ímpetus de vuelo más amplios y potentes que las musas; la oblación: ofrenda y sacrificio, fuga al fin. Total y leve.La niña creció, creció delgada. De sus labios saltaban las palabras, de sus manos un vuelo de palomas. Quiso la madre entonces que estudiara las artes de la escena (teatro y danza), mundo de voces, luces, música zumbante en los oídos. Fue nuestra Alicia a Pro-Arte; tuvo de maestro a Nicolai Yavorsky; el primer vestido hecho por su madre de organdí blanco con pequeñas flores azules, muy ceñido a la cintura. Y debutó en otro diciembre, en el Teatro Auditórium, como una de las doce damas de la corte en el Gran Vals, con música de Tchaikovsky.

En ese diciembre de 1931, la pequeña Alicia firmó su primer autógrafo, a un músico de la orquesta que sentenciaba muy quedo: tú vas a ser una gran artista.

En 1935, bailaría Coopelia, tenía entonces quince años. Después de terminar estudios en Pro-Arte, en 1937, parte hacia Estados Unidos. A finales del 39, la Alonso debe decidir si bailar para el Ballet Ruso de Montecarlo o para el Ballet Theatre de Nueva York. Es llamada primero por el segundo.

Alicia AlonsoEn 1941, es operada de la vista y en la inmovilidad, cuando todo estaba oscuro en torno suyo, repasaba mentalmente cada obra. Sus dedos eran el único vehículo de posible movimiento. Los feos sueños fueron sustituidos entonces por el gorjear de los pájaros en el aire, el sonido de las verdes ramas que se mecen al viento o las aguas rielando bajo una luz dorada la ayudaron a levantarse para el goce de nuestras almas, soberbia, plena en la humildad más transparente.

Tú tienes alas y yo no. En octubre del 43, el ballet Theatre de Nueva York se prepara para llevar a la escena “Giselle”. En el rol protagónico estaría Alicia Márkova, días antes del estreno la Márkova enferma. Se debe encontrar una Giselle. Fueron consultadas la Hightower y la Kaye y no aceptaron. Con cinco días de diferencia para el estreno es llamada Alicia. Nacía Giselle, muchos afirman que la cubana se calzaba las zapatillas por esos días muy temprano y no se las quitaba hasta la noche. El 2 de noviembre día del estreno, la Márkova obsequió a la Alonso el adorno de cabeza con el que había debutado en Giselle.

Minutos antes del principio se sentía en los pasillos murmullos expectantes. Habían ido a ver bailar a la Márkova y en su lugar saldría a escena una nueva Giselle, la encarnación más próxima en espíritu a lo que concibió Gautier.

Bienaventuranza para esos que desde plateas y palcos vieron en el lejano noviembre del 43 el alumbramiento de la Giselle, apasionada y febril como el amor; desesperada y reveladora, frágil y hermosa doncella que ama a la danza con tal pasión que después de muerta, se ve condenada a convertirse en una Wili.

En el Metropolitan de Nueva York, danza y amor piden paciencia. Amor es espera y henchidura, danza es henchidura y espera. Y las dos una vigilia dolorosa por unas gotas de resina; sería la sentencia de la noche. El cerrar de las cortinas, la ovación y el hilo de sangre que mancha las zapatillas de la Alonso.

¿Qué camino extravié que no me acuerdo?

Con los años iría a la Ópera de París, representaciones para gran número de personas en los Estadios de Cuba y funciones en los teatros Bolchoi, Colón, Kirov o el Covent Garden. Frente a mí la leyenda.

Ella es toda de aire y de agua fina/ Un recuerdo de sal, de horizontes perdidos/ y una espuma de barco naufragado le ciñe la cintura/ le estremece la yema de las alas.

En el año de 1948, deciden crear su propia compañía. En Pro-Arte encontraron salones de ensayos, escenarios, vestuarios, partituras y decorados. Cuarenta artistas la integraron, solo una decena de ellos cubanos.

Su país, su sangre.

Alicia AlonsoLa función inaugural de la Compañía Alicia Alonso sería en el Coliseo de Calzada y D.

En 1949 inician su gira por América, la Alonso interpretaría por esos días La muerte del cisne. Entonces la señora Ernestina acompañaba al conjunto como costurera, con las cortinas del hotel fue hecho el traje.

En noviembre de 1956, tuvo lugar la última función en Cuba de la Compañía, hasta el triunfo de la Revolución. El día 15 se corrían las cortinas del Teatro Sauto para ver a la Alonso en Las bodas de Aurora.

Viene desde otras nubes triste y alta.

A finales del 57 baila Giselle y El lago de los cisnes en el Teatro de Ópera y Ballet de Letonia. El cuerpo de baile la carga en hombros y la conduce al camerino.

Alicia estrena Carmen en 1967, con coreografía de Alberto Alonso, sobre un arreglo de Rodion. La poesía en una dimensión nueva de lo conocido, dimensión desconocida de lo evidente, misterioso deseo en la nostalgia imprecisa.

Existen artistas en los cuales parece confluir todo el saber que les antecedió y que poseen además la capacidad de asimilar todo ese montón de cosas grandes y menudas y ascender hacia un nuevo estadío, Alicia Alonso es una de esas figuras de la danza, torrente de agua que se despeña y corre hacia la conformación de su excepcionalidad.

Prima ballerina absoluta, coreógrafa, fundadora y directora general de una compañía que está celebrando 60 años. Hito sin réplica de la Escuela Cubana de Ballet.

Entonces no es aventurado reclamar el fundamento clásico…para esta mujer la danza es danza y algo más.

Llegados los 70, yo vi bailar a la Alonso el pas de deux de El lago de los cisnes, de vuelta a casa estaba. Otra vez Matanzas, y la ciudad toda se pondría a sus pies para venerar a la más grande de las bayaderas, heroína del ballet clásico romántico.

Alicia diría “la danza nació con el ritmo y el ritmo en el hombre, con el primer latido del corazón, es pues tan vieja como el hombre mismo”

Por eso Vigía, homenaje diario al Renacimiento, confluencia de ballet-danza- poesía. Por eso otra vez Matanzas, Fina y Cintio Vitier, los origenistas; Rolando Estévez en su diseño teatral que deja por  esta vez descorrer nuevamente las cortinas para revelarse Alicia en otro enero, con la gracia de un equilibrio sorprendente.

Tomo entonces los versos de la Loynaz, versos nacidos del alma de la patria: En mi vida y en mi muerte tus manos. Tus manos que no aprietan ni imploran, que no sujetan, ni golpean, ni tiemblan.

Tus manos que no se crispan, que no se tienden, que no son más que eso, tus manos, y ya todo todo mi paisaje y todo mi horizonte.

 Desde la atalaya en enero del 2009, encendemos el candil.

Por: Agustina Ponce.