ÍcaroTodo mito conlleva a un logos latente que pide a gritos ser exhibido.
Paul Recouer.

Legitimada y enaltecida desde la era clásica griega, la escultura lograda del mármol y el cincel fue la excusa precisa que entre el material y el espíritu lograron la gracia del volumen y el ritmo, posibilitando en este momento la capacidad de inclusión del mito en la vida diaria, poblando templos, avenidas y lugares públicos; concibiéndose desde entonces la vocación de recrear ambientes que aún pondera en nuestros días, ya sea a nivel urbano, natural o a nivel de salón. Con la ampliación del campo cultural fomentado a niveles sociales por el movimiento artístico de los últimos tiempos, la escultura dejó de centrarse en el marco estrecho de Las Bellas Artes par expandirse más allá del material y el volumen preciso, jugando conscientemente con el lenguaje y modos de hacer procedentes de otras manifestaciones con la que logra un nueva manera de operar, asumiendo incluso otros patrones morfológicos.

Esta Tendencia Escultórica tiene sus primeras voces en la Vanguardia, en el momento en que se prepondera el aspecto morfológico del objeto artístico, resuelto con formas de pocos elementos, preceptos de los cuales se sirven los minimalistas años después (60). Si los constructivistas anexaron el espacio interior de sus esculturas como componentes, los minimalistas se apropiaron de todo espacio para hacer arte, concibiendo la obra como sistema de elementos no autoexpresivos que funcionaban directamente con el espacio concebido para las obras. Se llegó entonces a construir ambientes cuya máxima expresión era alcanzada por el conjunto de figuras objetos, dándole paso a una de las tendencias que más adeptos ha logrado: el instalacionismo.

Aunque en nuestro país del 3cer Mundo se ha asumido la instalación por su amplia gama de posibilidades de expresión, ya sea por el uso de recursos materiales que van desde lo más tradicional hasta lo tecnológico, lo cierto es que ya sea la tendencia propiamente escultórica o su vertiente más reciente: la instalación, constituye modos de hacer que surgen en el 1mer Mundo, donde la posmodernidad tiene causas en aspectos sociales existentes y efectos económicos específicos de estos países, abarcando el fenómeno sociocultural con una óptica expansiva en todos los medios de producción y consumo, cuyo eje predominante es confirmado en las transnacionales y el neoliberalismo.

Eulises NieblaAunque uno de los fenómenos que ha acarreado la posmodernidad es precisamente la presencia inquietante del “otro” que somos, y todos los sistemas establecidos desde este reconocimiento y los mecanismos de inclusión que asumimos en vistas de consolidar nuestra sobrevivencia, esta “posmodernidad” nuestra es obviamente “apropiada” dentro de nuestros contextos tercermundistas modernos, o aún premodernos, enfocados desde los sistemas socio-económicos y políticos en que nos desenvolvemos. Se parte entonces de un conjunto de códigos aceptados como contemporáneos en su índole formal y no esencialmente en su índole conceptual.

Esta “incontenible fuerza de propagación de lo civilizatorio” (Weber) que “reproduce un orden que es orden recibido” ( Kant), da lugar a las modernidades “otras”, dependiendo del tiempo histórico del contexto donde surgen.

El caso que nos ocupa, el creador matancero Eulises Niebla resume en el decursar de su Background creativo, una serie de efectos que nos remiten insistentemente hacia este fenómeno.

Graduado del Instituto Superior de Arte y después de cursar una beca de estudios en Europa, este creador ha desarrollado una obra amplísima en nuestro contexto. Parte conceptualmente de éste y va decantando- recurriendo al lenguaje de los centros de poder, archiconocidos por él y utilizados conscientemente, toda una poética de marcado sentido filosófico-existencial, de inquietudes acerca del ser y su historia, abordados incluso con cierto sentido hedonista, expresados en códigos que remiten al llamado lenguaje pos, asumidos por el artista desde nuestro contexto como estrategia de inclusión en los espacios legitimados.

Niebla recorre todas las estrategias de sentido. Desde sus primeras incursiones de marcado enfoque constructivista asume prontamente la influencia mínimal donde los volúmenes geométricos son reducidos al mínimo en su aspecto formal y el espacio se convierte en un elemento más, las obras de grandes dimensiones destinadas a funcionar en concordancia con el ambiente exterior o interior asumida dentro de la tendencia escultórica en su incidencia en el entorno, el uso de efectos tecnológicos y materiales que funcionan como apropiaciones formales, e incluso, la utilización del mito como metatexto, utilizado en juegos intertextuales, como cuerpo semiótico independiente que posibilita variante semióticas que discursan en el contexto referente, hacen que participe de un proceso de seducción avalado morfológicamente por tipos de producción artística legitimados “por sí”.

Sin embargo, la modernidad en Niebla es traducida en el sentido conceptual generado de sus obras, emanados del contexto evidentemente moderno. (prestigiado en cierto sentido al material con el que generalmente trabaja: mármol, metal, cristal), aunque formalmente apele a códigos pos, con lo que su obra es básicamente contemporánea y portadora de una “contemporaneidad” de matices identitarios que conlleva una carga de sentido necesario para el artista en nuestro ámbito. De esta forma subvierte la modernidad contemporánea o pos, la simula y la re-edita, personalizada y entendida desde el “somos”.

“... el arte como comprensión (es) volcado hacia su mismo lenguaje, sobre todo el enigma oculto en el lenguaje, es decir, el símbolo. “la interpretación- según Recouer-es el desciframiento de enigmas, es la satisfacción de la sospecha, de ejercicio de la sospecha y del ejercicio de la escucha del símbolo”. (Recouer).

La obra de arte posee una gama de posibilidades de vinculación con la realidad, como construcción del signo en sí con carácter referencial (Mukarovsky) con lo que bajo estos preceptos intentaremos el acto de la revelación a través del verbo, tratando de explotar al máximo los probables referentes acusados en el acto creativo.Hemos abarcado algunos enfoques de la obra de Eulises Niebla y el propósito es mostrarles y decantarles a través de un proceso deconstructivo del discurso propuesto por las obras escogidas.

Sus obras iniciales son tratadas desde el concepto de la escultura ambiental, como la mostrada, siendo partícipe del entorno y el diálogo que establece coherentemente a través de una obra de valores plásticos preponderados en el color y las formas. La escultura es sólo el pretexto de recrear el espacio exterior donde la horizontalidad y la línea suave descansada en curvas sugieren una estética complaciente y pasiva, exaltada en el uso del amarillo siena, para ofrecernos un conjunto diáfano, de gran sentido en el goce estético y pleno hedonismo.

Bajo estos mismos conceptos es trabajada la presente, que más atrevida en composición, vuelve a utilizar el espacio dentro y fuera, organizando un juego maestro de líneas que se alzan del terreno para languidecer en curvas que apelan a incidencias en el entorno, concebido como parte imprescindible y actuante de la obra, sobrevalorando el atributo estético del objeto, acentuado en el lugar a través del volumen atrapado en líneas simples que introducen el espacio como elemento más, recurso formal asumido desde las influencias del mínimal en sus inicios de desarrollo ambiental, reduciendo la presencia física de la obra para ofrecernos un todo alcanzado por medio de una conceptualización recreada del lugar.En su etapa en Europa, Niebla realiza una serie de obras cuyo material consiste en el tubo de metal policromado. “Concentración” es una obra de pequeño formato que insiste en el juego inteligente de atrapar volúmenes a través del rejuego de la línea que ofrece como recurso formal el material mencionado, imbricando el espacio exterior e interior en una relación necesaria que activa una dinámica conceptual de juego óptico, ofreciendo la variedad visual que otorga el volumen de la escultura tradicional, basado en el ritmo y el dinamismo que consigue en los ángulos disímiles que el espectador escoja.

En estas piezas la importancia del espacio es vital sin ser dogmático, tiene la posibilidad de trasladar el contexto, otorgándole de esta forma otras cargas de sentido; como es el caso de sus planchas de metal expuestas en la expo “El camino más corto. Que organiza caprichosamente bajo conceptos de composición varios dada su movilidad, permitiéndole cada vez una nueva forma de incidir en el espacio que se hace imprescindible en cada caso, actuando sobre él de una u otra forma en cada propuesta; logrando niveles de expresión a través del conjunto de figuras-objetos con los que recrea ambientes, asumiendo conceptos formales minimalistas: el objeto artístico como plano o volumen diferenciado, es circunstancial, sólo parte y no obra en sí.

Sin abandonar esta tendencia donde el concepto formal abarca concepciones ambientalistas dentro de la escultura, Niebla incursiona además en otras experimentaciones morfológicas sin apartarse del carácter sintético y objetivo de sus obras.

El tiempo y Yo” es una pieza cargada de una filosofía existencial que somete al espectador a un conjunto de discursos emergentes presentes en nuestros tiempos, abarcando también nociones históricas y sociales que a través del referente morfológico del péndulo remite a todo el universo posmoderno desarrollado Eco en su obra magistral “El Péndulo de Foulcault” dando paso la intertextualidad lúdrica e inteligente.

Realizado en metal mediante una composición simple y suficiente de vocación ambientalista, Niebla recurre nuevamente a la utilización del espacio atrapado en volúmenes “abiertos”, sugiriendo esta vez toda una filosofía sobre la temporalidad y el ser, en cada momento histórico o en cada momento vivencial del individuo, apelando también al sentido cíclico de la histórica y a cada acontecimiento en cada golpe de péndulo. La diferenciación formal entre el espacio ‘libre” y el “sometido” o “atrapado”, que recurre a su vez al símbolo de la noche y el día, el bien y el mal,...a “La analogía de los contrarios, (es) la relación entre la luz y la sombra, la cima y el abismo, la plenitud y el vacío. (La) alegoría, madre de todos los dogmas, es la sustitución del sello por la impronta, de la realidad por las sombras, la mentira de la verdad y la verdad de la mentira” ( Eco Pág 147).

Con esta obra Niebla se inserta, desde su experiencia y contexto individual, en toda una filosofía plena de efectos, basados en reconstrucciones y rejuegos de índole intertextual, asumidos desde la periferia en los centros de Poder y Legitimación.

Otra pieza en su producción es “Es-Tres” donde la Tendencia Escultórica asume ciertos patrones morfológicos de manifestaciones bidimensionales, armonizados en una composición que exalta el sentido del equilibrio y las fuerzas físicas, resultando un conjunto que mediante la utilización del mármol, el metal y el cristal, apela a sistemas compositivos y conceptuales particulares, donde la imbricación de las manifestaciones, su interrelación, logran un resultado interesante y pleno de discursos sobre las nociones del arte en nuestros días.

Con “Ícaro y la Cuarta Dimensión del Vuelo”, el artista asume un metatexto mitológico que ofrece un amplísimo campo de interpretaciones. Resuelto formalmente a través de una composición que refiere morfológicamente al símbolo de las alas, Niebla las recontextualiza en su reconstrucción del mito al hacerlas en metal. Material que precisamente impedirá el vuelo hacia la libertad del individuo, entendida en su cuarta dimensión espiritual.

El discurso existencial se aviene a la retórica de la nostalgia y la reconstrucción de la historia, mecanismos posmodernos utilizados desde una modernidad de marcado sentido contextual e individual, también presentes en “Ícaro: Desafío e Inmortalidad”.

En esta obra el mito vuelve a ser el pretexto para recontextualizar una problemática existencial “in situs”, constante y temida, ansiada y eterna; resuelta formalmente a través de una composición que en vidrio y metal apela morfológicamente al sino de los astros del día y la noche, las cavilaciones del bien y el mal, las alas cercenadas que no alcanzan unirse a un único cuerpo y lograr el vuelo.

Formalmente la síntesis de los elementos vuelve a actuar como constante del lenguaje formal del artista.

Con su pieza “El Capricho de Pandora” alude también a la mitología griega, asumiendo los mismos patrones retóricos de las piezas anteriores, como medio de evocar un mensaje humanista que tiene su principal interés en el individuo.

La pieza representa a la caja, receptáculo del bien y el mal que son expandidos al mundo, quedando sólo la esperanza… y Niebla hace que nuestro reflejo nos haga buscarla en cada uno de nosotros… dejándonos a su ver su propia esperanza.

El título de la obra y su referente morfológico realizados en códigos asumidos desde la tendencia escultórica, remiten directamente al mito, haciéndonos hilvanar le discurso que el artista propone sin regodeos excesivamente sígnicos. Para esto utiliza efectos tecnológicos y materiales de vidrios superpuestos que consiguen los efectos generadores de afectos, como foco factual de sentido, de fuerza ponderada, apropiando recursos y modos de hacer presentes en las sociedades del primer mundo.

Con su obra “Sagrado Apetito”, Niebla asume el estigma de la hamburguesa de Oldenburg y los pop, recontextualizada en busca de un discurso, otro que refleja inquietudes y problemáticas actuales en este tiempo y lugar. La hamburguesa de mármol y cristales proclama por sí misma la imposibilidad de consumo. Formalmente realizado con todos los microelementos que supone, la hamburguesa de Niebla reconstruye un símbolo que apela a fenómenos económicos y sociales que nos afectan en lo cotidiano. “Sagrado Apetito” constituye de por sí más que una ironía, una parodia que reutiliza códigos pos legitimados que son apropiados, para ofrecernos un discurso que refiere, incluso, cierto sentido mitológico y de perdurabilidad histórica.

Niebla ha apostado también por lo leve, entendido en la aceptación física del término. Levedad que ha confirmado mediante inusuales situaciones de equilibrio entre las formas recurrentes del metal y el cristal, convocando contradicciones que basan su resorte discursivo en esquivar y desafiar la lógica gravitacional.

Las últimas producciones de su que hacer escultórico reunidas en sus dos series: “Tsunami Tropical” y “Hojarasca”, aunque aparentan no responder a estos preceptos, avalan la continuidad en la manera de concebir su arte y en el uso de los materiales que explota en todas sus potencialidades. Estas serían coincidencias y distancias, no defasajes de su poética; menos aún significan obviar la capacidad de “vuelo” que le confiere al peso de lo tridimensional y que aquí reafirma ejerciendo el efecto de lo áureo, cual si fuera una voluntad espiritual.

Estas dos series tienen un fuerte referente morfológico en las obras que Niebla concibe para espacios abiertos, consecuentes con los modos de la escultura ambiental, debiéndole a una suerte de abstracción que la línea curva hace cristalizar en lo figurativo y confiere a la ola y a la hoja el signo temático, señalado por una particular manera de seducción, que caracteriza a nuestro paisaje diario regido por el vaivén de las olas, a veces desenfrenado, del mar y los vientos intempestivos; e interpretados en estas piezas escultóricas por una movilidad que indistintamente promueve la composición vertical y la horizontalidad, asociados a estados de ánimo que emanan de quien habita la ciudad y despliega su sentir hacia el espacio que lo provoca.

La construcción de mundos parte siempre de mundos preexistentes, de manera que hacer es rehacer, con lo que Eulises Niebla se erige como un artista que asume códigos legitimados y estrategias, que mediante la apropiación y recontextualización desde su concepto identitario, logran una obra consciente y plena de sentidos que logran la inclusión en el discurso legitimado del arte contemporáneo.

Las estrategias conceptuales y los modos de hacer y operar apelan al intelecto y a una élite preestablecida, sin desdeñar otros niveles interpretativos necesarios para descifrar el sentido parcialmente oculto en las formas simples de su obra. Esta se abre al amplio background de producciones artísticas a través de una utilización consciente de todos los elementos.

Su obra representa una experiencia parcial que puede se recibida por otros contextos bajo el manto aparente de la comprensión de códigos. La resignificación de estos y por ende, su apropiación, funcionan como un modo de proclamar un lugar inserto en el espectro contemporáneo. La vos del “otro” que somos asume lo formal partiendo de estigmas legitimados y el concepto mismo es generado del contexto y sus condicionantes.

Lo contemporáneo que somos no se asume formalmente como desafío histórico, fenómeno que condicionó el proceso cultural del Primer Mundo, sino como simulacro de desafío, asumiendo identidades desde la periferia donde rehacemos una nueva modernidad, con matices propios de nuestro contexto.

Eulises Niebla, desde su vocación humanista con precedentes constantes en la historia del arte y la carga de sentido contenida en sus obras, revierte su otredad como vuelo infinito de Ícaro, una y otra vez, mostrándonos desde nosotros la única esperanza que somos; siendo cómplice y partícipe de nuestras inquietudes universales y particulares, cosmovisivas y diarias, reanudando dentro de nosotros un ansia constante de reconocimiento y diferenciación.

Por: Helga Montalbán
Especialistas del Centro de Arte de Matanzas.