Matanzas. Vista desde el Seminario EvangelistaLos intentos de sistematización de la historia de las artes en plásticas en Matanzas son contados. No existe un estudio que abarque el fenómeno en todas sus aristas y complejidades. Debe connotarse, sin embargo, que el mayor aporte en este sentido es el realizado por los investigadores Leonel Capote Hernández (residente en España) y Yamila Gordillo, quienes han abordado respectivamente temas como la Escuela de Artes Plásticas de Matanzas y la presencia femenina en la creación artística matancera, entre otros.

El resto de las indagaciones, en el caso del municipio yumurino, se reducen generalmente al acercamiento a ciertas personalidades históricas o contemporáneas, casi siempre abordadas a partir de proyectos museales o galerísticos, destinados a promover y divulgar una obra determinada. 

  En el décimo aniversario de su creación, el Museo de Arte de la ciudad abre sus puertas para mostrar al público un conjunto de obras realizadas, la mayoría, en la primera mitad del siglo pasado, cuando, la plástica regional pudo contar con una escuela que nació a inicios de la década del cuarenta (1), bajo el influjo de las primeras vanguardias insulares. Atrás había quedado la visión edulcorante de “lo cubano”, construida para complacer la retina de los colonizadores y de los viajeros. Prevalecen en el plantel yumurino géneros como el retrato y el paisaje, que coexisten con las nuevas formas y que en conjunto apuntan hacia un  nuevo discurso plástico, signado por una indagación formal y conceptual más profunda. 
  
Creadores de mayor o menor importancia forman parte de esta historia. Algunos de ellos están presentes en esta exposición. Otros han debido obviarse por falta de piezas representativas. En el caso de la pintura, el recorrido se inicia por el imprescindible Alberto Tarascó Martínez (Cataluña, España, 6.2.1891 - La Habana, 13.6.1952), cuyo principal aporte al desarrollo de la enseñanza artística fue la creación de la primera academia de pintura registrada en la ciudad en el siglo XX. No existen evidencias de la formación de Tarascó, si bien conocedores como el Dr. Mario Dihigo Llanos señala en sus Memorias que estudió en la Academia de Bellas Artes de Barcelona. Con el objetivo de reunirse con un hermano, el catalán viaja a México, hacia los años en que tiene lugar la revolución democrático-burguesa de ese país. También visita Estados Unidos y entre 1914 y 1915 pasa a La Habana, donde se dedica a restaurar muebles de lujo.

Arriba a Matanzas en 1916, fecha en que presumiblemente establece su academia,  cuyo plan se apoyaba en el estudio teórico y práctico. Se radica en Tello Lamar (Río) No. 27 y allí comienza  a enseñar Pintura y Dibujo. La mayor parte de los artistas matanceros con una obra legitimada en la primera mitad de la pasada centuria egresaron de las aulas de este plantel, que formó profesionales hasta la década de los treintas, época por la que asume además, la Cátedra de Dibujo de la Escuela Normal. 

La obra personal de Tarascó es reconocible por su propensión al paisaje, particularmente a las marinas y a las escenas rurales, ocupándose, en menor medida, del retrato. En algunas piezas –la dedicada a recrear la imagen de tres monjas, por ejemplo- se hace evidente su asimilación de las enseñanzas impresionistas, mientras que en otras le resulta difícil desasirse del credo academicista. 

Nacido en las postrimerías de la centuria decimonovena Esteban Valderrama Peña (Matanzas, 16.3.1892- La Habana, 14.4.1964) es paradigma de creador academicista en el que excepcionalmente se vislumbra una huella del arte nuevo. En premio a sus aptitudes, el Gobierno Provincial le concede, en 1906, una beca en la Academia de San Alejandro, en la capital. Con elevadas calificaciones, parte hacia Europa en 1908, con el fin de completar estudios en las academias española y francesa. Asiste como alumno a la Academia de Bellas Artes San Fernando, de Madrid y más tarde, en 1911, a la Escuela Nacional de Bellas Artes, de París, de donde egresa con el título de Eléve Definit. Durante su “etapa parisina” recibe su primer galardón de relevancia, cuando en 1915, se le confiere el premio del Concurso para  Portada de la revista literaria Mundial, dirigida por el poeta nicaragüense Rubén Darío, figura máxima del modernismo literario en América.

Al iniciarse la segunda guerra mundial, en 1914, vuelve a la Isla y se establece en la capital, donde labora para El Heraldo de Cuba, dirigido entonces por el prestigioso periodista Manuel Márquez Sterling. En esta publicación se desempeña como dibujante, publicando en las ediciones dominicales los retratos - a página entera- de nuestros héroes de la independencia. Su habilidad en este género lo transforma en un gran retratista, cuyo afán por reproducir la realidad lo vincula a los conceptos academicistas, sobre todo cuando se trata de esos retratos por encargo y de carácter oficial. Una muestra de esta faceta puede ser apreciada en el Archivo Histórico Provincial de Matanzas, donde se conservan algunos de sus retratos realizados a personalidades de nuestra historia. Otras obras de su autoría se atesoran en las colecciones del Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo de la Revolución, El Museo de la Ciudad, en La Habana y el Museo Provincial de Matanzas.

La paleta de Valderrama se torna más libre cuando recrea géneros como el paisaje o en aquellos retratos de grupo o individuales, en los que se acerca a personajes más cotidianos, particularmente a distintos miembros de su familia. En tales ocasiones el académico cede lugar a un artista más creativo, cuyas influencias de ciertos presupuestos vanguardistas, como los del impresionismo son de clara percepción. Se destaca al respecto su excelente trabajo en Guajiros cubanos, Dura tierra y Desnudo, todos en la década del treinta. 

Valderrama sobresale además por su obra decorativa, realizada para el Palacio Nacional, hoy Museo de la Revolución, así como por su trayectoria pedagógica en la Escuela de San Alejandro. Uno de los momentos más importantes de su labor fue la confección, en 1917, del escudo provincial de Matanzas. Entre sus retratos más conocidos se hallan el de José Martí, creado en 1938, para la embajada de Cuba en México y exhibido de forma permanente en el Palacio Nacional del hermano país, el del ajedrecista José Raúl Capablanca (1940) y el del presidente norteamericano Franklin Delano Roosevelt (1945), quien posó para el artista en más de una ocasión.

Uno de los pintores más entrañables de Matanzas es Francisco Cobo. Nacido en 1915, la ciudad natal es protagonista por excelencia de sus decenas de cuadros, conservados muchos de ellos en las salas de innumerables hogares yumurinos. Los ríos, la bahía, la catedral, los flamboyanes se dan cita en la inconfundible paleta de Cobo. La ciudad, casi un personaje, es apresada por su retina a veces con melancolía, otras con radiante luminosidad. El azul prevalece en estas pinturas, donde el creador reitera, con orgullo, las diversas tonalidades de las  aguas y del cielo.

La pintura de Cobo, deudora de los cánones post- impresionistas, deja entrever a partir de los años cuarenta y cincuenta una pincelada rápida y nerviosa que evoluciona posteriormente hacia concepciones de mayor vigor conceptual. El colorido se torna más exuberante y las formas se simplifican, a través de pinceladas de aliento geométrico que apuntan a una intención más decorativa.

En la década del cuarenta el arte matancero se engrandece con la presencia esencial de  Alfredo Fuentes Pons, conocido en el medio artístico como Fidelio Ponce de León (Camaguey, 24.1.1895- La Habana, 19. 2. 1949), uno de los paradigmas de las vanguardias plásticas en Cuba. Discípulo de Leopoldo Romañach, Ponce logra liberarse de las ataduras academicistas para crear una poética personal que lo define como uno de nuestros más grandes creadores. En su etapa matancera, visita con frecuencia la recién creada Escuela Provincial de Artes Plásticas “Tarascó” (1941) y se dedica  a pintar a menudo por simple vocación o a cambio de cifras risibles, si se tiene en cuenta el valor que sus cuadros han alcanzado con el paso de los años. Debido a sus escasos recursos utiliza toda suerte de soportes. Maestro en retratar, sus cuadros apuntan más a lo psicológico que a la materia. Pintor de paleta reducida, emplea grandes manchas de color blanco zinc, ocres, sienas  o verde vejiga (posteriormente emplea violetas, azules y rosas) y se las ingenia para crear - socorrido por la espátula -  monjes, que como sus hombres y mujeres cotidianos causan gran impresión por su peculiar expresividad y apariencia fantasmal. El alargamiento y concepción de sus figuras “recuerdan las del Greco y Modigliani, menos impresionan como personas que como animales enmascarados […] (2) 


Francisco Coro Marrodán
(Matanzas, 10.7.1917) es una de las personalidades más notables del arte prerrevolucionario en Matanzas. Alumno de Tarascó pasa con posterioridad a la Escuela de San Alejandro, de donde egresa en 1942. Pintor de una pincelada impecable, recibió el elogio de autoridades como Luis de Soto y Jorge Mañach. Prefirió sobre otros, el género del retrato. Sin desentenderse de la normas académicas incorpora ciertos rasgos del vanguardismo, particularmente en aquellos cuadros en los que sublima sus referencias de Ponce de León. Sus preocupaciones religiosas y existenciales lo vinculan también al surrealismo, particularmente en su poética más personal, no así en las decenas de retratos que pinta, por encargo, para personajes de la burguesía matancera. Entre su obra de asunto religioso se destacan los murales que pinta para la sede del Obispado matancero y las pinturas realizadas para el Santuario de la Purísima Concepción y para la Capilla del Sagrario, de la iglesia San Pedro, ambas, en Versalles.
 

Otro de los pintores cuya formación data de la primera mitad del siglo XX es Luis Barés Coronado (Matanzas, 1931- La Habana, 1990). Más que en los atractivos naturales, este pintor indaga en los asuntos religioso, las naturaleza muerta y en las figuras del espectáculo circense, payasos, en particular, cuya singularidad paradójica es el dolor. Entre 1940 y 1950 inicia estudios, que no concluye en la Escuela Provincial de Artes Plásticas “Tarascó”. Artista de grandes posibilidades técnicas trabajó lo mismo el óleo, que la acuarela, además de dibujar al pastel y dominar el collage

En sus pinturas utiliza gruesas capas de óleo que trabaja con la espátula “junto al predominio de las gamas frías, que en algunos cuadros atempera con tonalidades más cálidas” (3) Además de los temas citados, Barés Coronado concedió gran importancia la tratamiento de la figura de Cristo, tal como puede apreciarse en algunos de sus óleos sobre madera. Con frecuencia pintó el más universal de los rostros hacia las décadas de 1960 y 1970, ofreciéndonos su visión personal a través del uso de grises y sienas. El alargamiento de las formas y el propio colorido, así como ciertos fondos lo aproximan al arte bizantino, según el criterio del historiador del arte Leonel Capote, que afirma: “La obra plástica de Barés se aparta temáticamente de las tendencias que más estuvieron en boga por los años en que trabaja sus cuadros, deudores, a veces de Fidelio Ponce, quien deja  a su paso por Matanzas una estela de seguidores connotados” (4) Su Ecce Homo que se exhibe en esta exposición data de 1949 y como la mayoría de las obras del conjunto pertenece a los fondos del Museo Provincial Palacio de Junco.

Rafael Soriano López (Matanzas, 23. 10.1923) se gradúa de San Alejandro a inicios de la década del cuarenta. Es considerado integrante de la llamada tercera generación de artistas modernos y en su ciudad natal llegó a desempeñar la dirección de la Escuela de Artes Plásticas y de la Galería Matanzas, que había sido oficialmente inaugurada por los profesores de la escuela, en enero de 1951.  Inicialmente se interesa por la obra de los primitivos flamencos e italianos, así como por la poética post impresionista del francés Paul Gauguin, cuyos colores exuberantes y formas bidimensionales planas lo erigieron en un nombre imprescindible del arte de vanguardia internacional.

Soriano opta, sin embargo, por la mesura del color. En sus pinturas se hallan imbricados además rasgos surrealistas y metafísicos, los que le permiten representar los objetos y la figura humana con gran economía de recursos. Creó, con preferencia, obras de gran formato, con un personal sentido de la composición y el balance. Los pigmentos son aplicados con minuciosidad, por capas, sin tratar de imitar modelos, ni formas naturales. Su lenguaje visual es construido a partir de la estructuración de rasgos horizontales y verticales que encierran planos de color puro. Un ejemplo de la aplicación de estos presupuestos es su pieza abstracta Composición, de la colección del Museo de Arte.  En la actualidad, el pintor reside en Estados Unidos. Críticos como el colombiano Francisco Antonio Zea consideran que Soriano se cuenta “entre los mejores pintores latinoamericanos. Su obra trae reminiscencias de lo cubano, con proyección universal” (5).

Las mujeres dejan también su huella en el quehacer estético de la “Atenas de Cuba”, destacándose las pintoras Hilda Aguiar, Margot Colosía y Elvira Ramos.

Una caricatura del escritor matancero José Zacarías Tallet se integra también a la exposición. La misma fue realizada por el caricaturista cardenense Conrado W. Massaguer (1887-1956), uno los más fecundos creadores del género, dignificado por su trazo audaz y elegante. Massaguer desarrolló además una encomiable labor cultural como parte del Grupo Minorista (1923-1928) y al frente de Social, publicación nacida en 1916, y de la cual fue además su ilustrador gráfico y su principal caricaturista.

ESCULTORES

Manuel Rodulfo Tardo (Matanzas, 18.2.1913- Estados Unidos, 22.12.1998) fue uno de los artistas matanceros más prolíficos y legitimados del período republicano. Escultor, dibujante, pintor, ilustrador, ensayista y pedagogo, su obra se conserva en instituciones y colecciones privadas. Al iniciarse la década de los treintas da cauce a sus inquietudes plásticas e ingresa, gracias a una beca, en la Academia Tarascó. Posteriormente, cursa estudios en la Escuela Nacional de Artes de San Alejandro (1934-1939).

Durante su etapa de estudiante en la capital del país, el joven creador mantiene contacto con el acontecer cultural de su ciudad natal, vinculándose a las más importantes asociaciones intelectuales de la misma, desde el Liceo Artístico y Literario y el Ateneo hasta las creadas en ese período por los intelectuales yumurinos, con el objetivo de promover la creación artística en sus más disímiles disciplinas. Se destacan el Grupo Índice y la Asociación de Artistas y Escritores Matanceros (ADAYEM), ambas de existencia efímera, pero protagonistas de una fecunda faena que repercute positivamente en el panorama artístico de la “Atenas cubana”. En este contexto, Rodulfo se da a conocer en exposiciones que tienen por sede la Sociedad Milanés (1930) y en algunas de las instituciones citadas. En 1941, deviene uno de los fundadores de la Escuela Provincial de Artes Plásticas “Tarascó”.

En la capital se asocia a la importante labor desplegada por el Círculo de Bellas Artes y la Sociedad Nuestro Tiempo, en las que también protagoniza algunas muestras. Viaja a Estados Unidos y a México, donde entra en contacto con el movimiento muralista, que deja inevitables huellas en su poética. Su obra, emparentada inicialmente con el academicismo, se caracteriza por el primitivismo y la fusión de formas americanas y negroides. Como ilustrador colabora con Bohemia y Carteles. Entre sus piezas de carácter público se destacan la escultura del poeta Gabriel de la Concepción Valdés, “Plácido”, emplazada en el parque de igual nombre y el Monumento a Martí, ubicado en el Paseo Martí, ambos en la barriada de Versalles.

También estudiante de la Academia Tarascó y después de San Alejandro, José Felipe Núñez Booth (Perico 7.5. 1919- ?) es uno de los artistas, cuya poética alcanzó un vuelo personal que lo hizo merecedor de un lugar significativo en el quehacer escultórico de la Isla. Discípulo de Juan José Sicre - pionero de la vanguardia escultórica en Cuba - a Núñez Booth, ningún material le fue ajeno: el barro, la piedra, la madera, el metal, el yeso cobran, al amparo de su ingenio, formas que van desde el academicismo más heterodoxo, hasta la recreación de nuevos códigos formales.
  
En noviembre de 1950, funda junto a Américo Alvarado el Boletín 3, publicación ilustrada, que la Escuela de Artes Plásticas “Tarascó, edita mensualmente y que refleja las preocupaciones de sus redactores por el arte nacional  y extranjero.

Entre las obras públicas de Núñez Booth es muy conocida su escultura del poeta José Jacinto Milanés, en la Plaza de la Catedral yumurina. Menos conocidas, pero más consecuentes con las corrientes estéticas de su tiempo son Matanzas o Mujer reclinada, perteneciente esta última a los fondos del Museo de Arte. En Mujer reclinada hace gala de su gusto por los volúmenes y por la combinación de estos con líneas que aligeran visualmente la imagen, confiriéndole cierto movimiento.

También se vinculó activamente a la obra intelectual del grupo Índice. Fue Profesor y Director de la Escuela de Artes Plásticas de Matanzas (1940-1959), fundador de la Unión Nacional de Artistas y Escritores de Cuba (UNEAC), en 1961 y Director, del Consejo Nacional de Artes Plásticas. Entre sus exposiciones más importantes se destaca su participación en la emblemática Trescientos años de Arte en Cuba, auspiciada por la Universidad de La Habana y por otras importantes instituciones del país. Acerca de su poética Capote ha expresado:

La obra de este creador marchó muchas veces paralela al acontecer artístico universal, al mismo tiempo que buscaba en ese devenir, su lenguaje propio. Más que la moda […] Núñez fue incorporando un sentido muy personal de la expresión, al elegir lo imprescindible para trasmitir su individualidad.

Sin lugar a dudas, las obras de pequeño formato o las denominadas esculturas de salón, ofrecen en el conjunto de realizaciones de este artista, las soluciones más atrevidas y las sumatorias más novedosas. Sus esculturas marcaron un hito dentro del desarrollo del arte de la ciudad de Matanzas, al mismo tiempo que dejaron su huella  a nivel nacional, al caracterizarlas un estilo independiente. (6)

Juan Esnard Heydrich (Matanzas, 1917- Idem, 1998) es como Núñez Booth uno de los escultores cuyas preocupaciones formales lo mueven a crear una obra a tono con su contemporaneidad. Graduado de la Academia Tarascó, pasa después a San Alejandro, en donde es discípulo de Juan José Sicre. Trabaja materiales no convencionales como el metal, realizando obras que lo señalan como un artista de su tiempo. Su poética puede dividirse en dos etapas, una abstracta y la otra figurativa. En esta se destaca su serie de palomas, una de cuyas versiones pertenece a la Colección del Museo Provincial. Por su filiación al Partido Comunista, Esnard sufrió prisión durante la dictadura batistiana. De temperamento altruista apoyó en más de una ocasión el trabajo de otros artistas. Tal fue le caso, por ejemplo, de Soriano. Confeccionada en metal, su Paloma de 1960 es un canto a esa armonía que siempre propugnó, tanto con su arte, como con su conducta humana.


Agustín Drake
(Matanzas, 1.9.1934) se mantiene en plena lucidez creativa. Premio Provincial de Artes Plásticas 2008, es reconocido por su trabajo con materiales y utensilios cotidianos que son transformados,  por su imaginación y pericia en una variedad de figurillas: animales, entes oníricos y otros. Los estudiosos de su obra,  comparan su “zoológico” con la tradición del animalismo hierático y fantástico que se inicia con la pintura y totems primitivos y que alcanza realizaciones de gran vuelo en el arte del antiguo Egipto. Como consecuencia, su figuración es libre, suelta (7).  Sus piezas de animales, son deudoras de un universo mítico, en el que apenas se reproduce, de manera convencional, el mundo real. Utiliza cubiertos, que no se preocupa por enmascarar tras las nuevas y estilizadas formas que crea a partir de su acto redentor. También emplea otros materiales como el barro, magistralmente trabajado en su Sagrada Familia, conjunto de líneas abstractas que forma parte de esta exposición con la que el Museo de Arte celebra el décimo aniversario de su fundación.

 

Por: Mireya Cabrera Galán, Rabsarys Rodríguez Núñez, Yamil Mazzarío Rodríguez, Sorángel Fuentes Cruz, Daymara Súarez Rodríguez y Yarelis Casas Pereira.


CITAS Y NOTAS.

  1. El 3 de marzo de 1941 se inaugura la Escuela Provincial de Artes Plásticas “Tarascó” en el mismo sitio donde surgiera la Academia de Alberto Tarascó (actual Río No. 27). Posteriormente se ubica en otros locales. Su primer director fue Tarascó. Al fundarse, el claustro de profesores lo integran, entre otros, el abogado y poeta Américo Alvarado, Guy Pérez de Cisneros, considerado el crítico de arte cubano más importante del período, el escultor Manuel Rodulfo Tardo, los pintores Francisco Coro Marrodán, Armando Cartaya, Félix Casas Lima, Emilio Dihigo, Roberto Diago Querol, Domingo Revenét y los también escultores Juan Esnard, José López Conde y José Felipe Núñez-Booth. En 1949 la mayoría de estos profesores celebran su primera Exposición de Pintura, Escultura y Artes Aplicadas y al año siguiente fundan un boletín ilustrado. Por sus avanzados planes de estudio esta escuela estuvo muy vinculada a las ideas de vanguardia, menos asimiladas por la academicista San Alejandro. Ella se considera la antecesora de la actual Escuela Provincial de Arte de Matanzas.
  2. Pintores cubanos. La Habana: Ediciones R. 1962. p. 23
  3. Leonel Capote Hernández. La poesía cromática de Luis Barés Coronado. Matanzas. s/f
  4. Idem.
  5. Tomado de la documentación personal de Juana Rosa Soriano López, hermana del pintor, quien fue entrevistada por Rabsarys Rodríguez, en abril de 2008.
  6. Leonel Capote Hernández. Esculturas de José Felipe Núñez Booth. Museo Provincial de Matanzas. Julio de 1990. s/p
  7. Gerardo Mosquera. Exploraciones de la plástica cubana. La Habana. Editorial Letras Cubanas. 1983. p. 199