Jonás representado por Miguel Ángel en la Capilla Sixtina.tan leve y ágil ese monstruo
que mi biblia trae.
lo veo emerger
desde los profundos espacios líquidos
con la elegancia sublime de la hembra.
me avisa que antes del caos
ya dios le llamaba      ballena.
mezcla de reposo
estrellas      lunas      soles tibios      lentejuelas
dios cultiva en su huerta.
no se entiende el grito
de la ballena herida        de muerte.
cuando a jonás lo engulló la ballena
se cumplió el ciclo del amor.
dicen que la catedral estaba linda:
festones de tripas suspensos
de las naves      musgos y algas
bailando al encuentro en las paredes
del estómago.     
una claraboya
deja a la luz la intimidad del ámbar.
oficia la ballena con velo
de satín cenizo.      el silencio en coro
suspira riendo.
hay que decir que el mar estaba manso.
nínive al fondo
espera jonás el temblor de la virgen.
 
 
tenía la isla dos ojos inmensos
por donde peinaban los dedos a los cabellos
del sueño preclaro de distancias.
no le soplan otros montes
que el único dorso del pan      ni ribera      ni planta
que le adornase el espinazo.     
había un reposo –eso sí-
donde lavaba los dientes de la poesía
y las barbas.      era un jardín con mi flor
que otros se lanzaran al agua
o a la chalupa de la aflicción  es verdad.
mas el temblor de la tierra      no.
la isla de ojos inmensos apenas se sumerge
en el mar.
                ballena a la vista.
presentirla era ya huir de la tempestad.
el romance comenzaba con el grito perfecto
de virgilio piñera
sustentando eternamente el cigarro.
 
no daré importancia a mi desvelo secreto.
prefiero verla pasar      ingenua y pasiva
como un ángel antiguo.
mi delirio arriba a la pequeñez del monstruo
-tan grande es la casa de su abismo-.
escribo con la pasión de siempre:
un verso de espuma      una alegría líquida.
puntúo la ternura con algunos peces menores
de ella       hago la pausa precisa     
la coma mayor en la grafía del mar.
nos casaremos en la iglesia
voy a cubrirla de corales y de besos.
 
en el dorso del viaje.
lo que ella procura es el pulsar de las ondas
el aire fresco de todas las palabras.
 
conoce los enigmas      pero los deja tranquilos
suspensos en el flanco del silencio
-ropa blanca doblada
sobre el regazo de la mesa-.
a veces      canta.      un pastor marino
toca flauta       música incolora
sílabas en la madrugada
descubre que el poema no es el buzo de la memoria.
 
llegó       cansada
un susto enorme en el mirar.
la tomo en el regazo
como lo haría dios al aconsejar a un angelito.
no habla.      no sacude de las pestañas
el filo del miedo.
palpita          motor moribundo
conmoviendo      conmoviendo.
se abriga en mis brazos
como si yo fuese navío
cáliz de puerto      beso de nube.
apetece devolverla a su patria de origen
retirarla de este inxilio pequeño y literario.
sólo que la poesía perdió los brazos.
 
mientras      la ballena es aún
el emisario de los dioses mansos
la escalera por donde ellos descienden
y hacen subir la sal.
todas las ballenas son divinas.      
se dejan rociar por versos
y otras necedades del poeta.
quedan lindas.
 
al quinto día de la creación ya era pez
isla ambulante      corredor de fondo en los océanos.
si dios la llamaba      respondía desde el ártico
de la cintura del orvallo      de las bahías
en que duermen todas las lunas.
no desistas por el diluvio.      entre tú y dios
hace mucho la paloma declina la rama de olivo.
así te inventan los hombres
y se matan      por nada.
 
ovillos de agua      estos momentos de silencio.
los devano en cuanto el soplo de dios te anima
 
en cuanto la soledad se sumerge en mi pecho
y urde tu muerte en el tejido inmenso del mar.
 
abalizo en la amplitud  
la palabra se divide      reflejo de tu sagrado devenir.
quedo mirándote      pausado
en un sector de agua.
como viejo ballenero     
no sé hablarte  de la gramática del monstruo     
(tu amor es bermellón     
-amapola      poema      sangre-
verbo de tu lengua muda
el sentido de las aguas).
no sé cómo perseguir tu perfume
arponear tu cuerpo sin que la boca te bese.
estás en la bahía
con begonias en el cabello
enamorando jóvenes      sentada en mi garganta.
te cubren de nubes y murmullos
mientras beben zumos y otros versos.
en el cielo      la luna pierde su mirar redondo.
contigo      todas las mañanas nacen
perfectas.
te debo el diálogo de todas las generaciones
desde las puntas del silencio      a las profundidades.     
te debo
saber de mí como la hoja blanca
sabe de la palpitación del trazo     
de la sangre       de la palabra.
te debo la demora con que aguardo
que la poesía       adormezca.
no sé cómo salvarte.
remuevo en el cesto del mundo:     
procuro un verso      una señal      un sacrificio.
ninguna redención entre los despojos.
 
tal vez construir un barco.     
mas tanta incompetencia no redime la soledad
ni el viento cree que las aves
pacen en tus ojos.
el abrazo que te di es para uso personal.
no lo divulgues      ni lo abandones
suspéndelo en cualquier océano.      guárdalo en la boca.
 
ay       esta voluntad de viajar en el pecho de tu continente flechado     
ser dueño del silencio y sentir lo que la vida es.
envidiarte y navegar armado con tu brújula        -no saber el rumbo-
así como quien viste de una placenta y en ella permanece
sin fastidio ni sueño.
 
dios sabía
por eso te llamó       ballena.
dándote la inmensidad como límite.
 
alguien le pasa la mano sobre el dorso…
sus ojos pequeños son dos garzas conmovidas.
ella es así: cualquier ternura la derrite.
fresco fruto a la mesa
-tajada de manzana-.
cuerpo      gusto probado
ubre real de la poesía.
 
anda como en un deseo de ser gaviota.
toda la vida corriendo mundo
marinero solitario de todos los puertos.
no hay abismos donde no tenga enamorados.
¿de cuantos navíos se despedirá con el mismo bouquet?
el cuello alto y largo        aroma de tristeza.
te dejo sin adiós como quien despide toda la piel de la vida.
en el bolso del muelle el pañuelo reposa       
nostalgia mojada.
 
(…) eras       nómada en tu propia casa.     
cuesta entender si me haces señas.
tu última carta venía fechada desde el pacífico
y te vi pasar a mi isla.      pensé enviarte un ramo de hortensias
un pan de masa sobada      un plato de arroz dulce
una cuarteta cantada en cualquier nota.     
sólo gustas  del pastor de la luna y no sé qué rebaños pastoreas.
quedé en una intención sentado      por dejar desvanecer
la espuma de las emociones.      grité tu nombre.  sentí
la voz batir el techo del cielo y una estrella se deshizo por el susto.  
                que alguien se acuerde de los barcos balleneros
o de nuestro romance      no sé (…)
(…) ¿podrás oír algo de la boca de los poetas?
vas hasta nínive      conoces todos los caminos
nada te deja adormecer.      levantas el mar      abres la ventana
y haces señales a los niños que nadan con una pelota roja.
amiga mía     ¿cómo no te van a herir?      andas
con la manzana descuidada de artificios      tentando a los hombres
al venial pecado.     desciendes al edén y pasas el portón
sangrando un hijo.      dios castiga a todas las manzanas.
tu sabiduría no creció en cualquier biblioteca municipal.
¿cómo quieres vivir sin dios? 
¿cómo dar al océano la forma singular de un campo de trigo?      partes       
y el mundo te recibe con piedras y arpones.      sería bueno
que te llamases magdalena y no ballena. pero no puedes.
todos los hombres te han de llamar bien aventurada  
besarte los tobillos.
un día te llorarán como se llora la pérdida de la mujer
                quedando con los ojos agujereados por las bombas.
más tarde (los hombres) desaparecerán y tú andarás por ahí
con miedo de las manzanas (…)
(…) navegaba y los corales estremecían.      hay otros relatos
menos esquivos a la orilla del mar.      nadie
osó decir que sus ciudades eran sueños sumergidos
y que en la noche sus ojos iluminaban los caminos de los peces.
jonás pasó por ella sentado sobre un resto de naufragio.    
se saludan con un beso.      hablan de las aves      del cántico     
de una tristeza antigua situada  en el horizonte.
(sé de esto como cronista de un tiempo en que los versos
aún tenían algún sabor semántico).
                                     hablaron.         hablaron por intuición
de los pormenores de una fiesta.     
trazaron rumbos sobre el mapa que más tarde colón usará.      cantaron Qalma mía gentil que partistef.
jonás llora.     entonces ella le dice      entra.
así sacrificó la luz de los ojos desembarcando en una otra ciudad
plantada a la orilla del mar.
(…) ella navegaba y los corales estremecían (…)
 
(…) después yo andaba con la ballena en la barriga
-no que fuese jonás o cualquier dios menor-
sin saber dónde posarla.      había un arpón
apostado a la espera      tuve miedo
de no ser capaz
de recorrer la íntima distancia que separa el odio del amor.     
el mar estaba azul y verde
su rumor era breve como el de las aves de mi madre
en el sembrado de nuestra casita blanca.     
yo tenía que engañar al arpón.
al filo de la sorpresa  
demanda del crimen perfecto
me disfracé de ballena
-bailo y bailo hasta la seducción del cuerpo-     
 
se me espetó en el lomo
la bestia semental sabida y vomité la ballena
en otro lado del mar azul y verde.      me deshice en sangre
cambié todos los colores.
pero de mí no derretirán aceite ni sacarán harina
ni tendrán ámbares.
ningún rapaz me robará los dientes.     la ballena sonríe (…)


* Con este poema el autor resultó ganador - en el año 2007 - del concurso América Bobia de las Ediciones Vigía. Matanzas

 


Félix MIguel García.
Santo Domingo. Villa Clara. Poeta. Narrador