Café CCPCCafé CCPC constituye desde ya, un importante referente en la escena teatral contemporánea de Matanzas. Pedro Franco, actor y director de EL Portazo ha conseguido solidificar su discurso a partir de una investigación exhaustiva del proceso sociopolítico de la Cuba actual. La deconstrucción que Franco ha hecho de este particular es certera y puntual; sobre todo a partir de la plataforma conceptual de la que se apoya y establece su discurso dramatúrgico.

La obra que ha sido nombrada como El café teatro CCPC es por antonomasia una tesis bien estructurada sobre la problemática refrendada en la contextura cubana del presente, que si bien hace un recorrido cronológico a partir de los iconos y presupuestos identitarios de la Cuba revolucionaria; existe una marcada información discursiva que refleja la actualidad como epíteto de solución, ¨del ahora y no del mañana¨.

La simbiosis coherente entre el abordaje temático, soluciones técnicas y dramatúrgicas, díganse, montaje, escenografía e interpretación  logran conciliar la aventura a la que se enfrenta el espectador entendido o no especializado. La conciencia de que estamos en presencia de una interesante obra tiene lugar desde la antesala, a partir la propia invitación que se hace al interior del teatro-cabaret. Interesante y provocadora es la concepción espacial, donde la escenografía es sin lugar a dudas la confidente del propio espectador, puesto que el escenario se proyecta y comporta con total verosimilitud configurándose como cabaret sin tener que acudir a estrategias escenográficas exacerbadas o sin conceder una estética mínimal dentro de su concepción más inmediata. Precisamente es la idea de esta propuesta, la evidencia y concreción desde la invención y el divertimento per se, de la relación entre el espacio, el actor y su lenguaje.En esta dimensión tropológica en la que argumento, concepción teórica y estilo se entremezclan y funden para ofrecer un producto visual de esta categoría es que se establece el dialogo entre obra y espectador, puesto que no se vulnera el orden dramatúrgico, sino más bien, este se hace acompañar coherentemente de la ordenanza escenográfica y conceptual que le codifica.

En este sentido me gustaría puntualizar algunos de los elementos de la puesta en escena y el proyecto teatral general que merecen especial atención teniendo en cuenta su carácter como obra visual transgresora.

La información toda, de la cual se sustenta el ejercicio teatral, partiendo de la propia dramaturgia en cuestión, es una consecuencia del trabajo que desde sus inicios se ha trazado EL Portazo como exponente del más joven accionar teatral de la ciudad. La propuesta conceptual que Franco investiga, analiza, coteja y finalmente dispone al público protege y decodifica un background considerable de presupuestos estéticos, artísticos e históricos que  preconizan la misión discursiva de la Cuba de hoy. Pero para llegar adecuar estas ideas, el director parte de un bosquejo y reactivación de recursos intertextuales que hacen generar una serie de información muy interesante. En primera instancia, cooperativa es la esencia del paquete conceptual que se propugna; de este postulado parte toda la información que se estructurará. No obstante, sobre esta base se utilizan citas donde el  proceso identitario cubano sirve de apoyatura, como lo pueden ser los propios códigos que acerca de la cubanía afloran en la identificación de lo que es o no cubano por no encontrarse inscriptos en ellos los paradigmas tradicionales que lo han caracterizado. Es por ello que el mismo lenguaje contemporáneo de la puesta en escena esclarece esta problemática asumiendo la más desenfrenada y coherente voluntad performática en la cual se genera la transcripción de estos preceptos.

Por otra parte se fijan estas coordenadas relacionadas con la concepción de la cooperativa a través de la misma organización de los personajes que defienden cabalmente la excelencia del servicio en este cabaret imaginable donde se emprende una distinción a la vez que la esperanza, mediada por un repaso a las diferentes escenas cotidianas vívidas de la nación. 

Cuando Israel Domínguez bien señala que Café CCPC es un read y made teatral yo agregaría que mejor es una obra Dada como concepto más totalizador porque encarna más que un objeto hecho a la medida de un gesto, la voluntad empírica del azar. Es entonces cuando la conexión con la poética de Carlos Díaz me parece más evidente, no solo por el homenaje que intrínsecamente se haya presente, sino por la estética del trabajo de EL Portazo que aun consiguiendo personalidad propia, muestra una notable influencia de la energía, estética y provocación dramatúrgica de este gran director. Este incentivo lo encontramos de una forma transgresora en Café CCPC cuando la disposición de su argumento y, en función, su escenografía, ejecutan un estrado de situaciones problémicas que en su conjunción engarzan ese sentido contestatario que comúnmente encontramos, de manera extraordinaria, en la obra de Carlos Díaz.

En principio, ya sentados en pleno cabaret, comienza la provocación exacerbada. La imaginación, el desborde y proyección disparatada de sus personajes, animados por un congruente guión, invitan al espectador a encontrar un camino donde la información brindada se va volviendo lógica según la desarrollan sus protagonistas, alcanzando una verosimilitud absoluta cuando se logra establecer -desde la representación y el absurdo-el escenario de la vida cotidiana cubana. El divertimento desenfrenado que se logra con la ejecutoria del acto performático de los actores y actrices, en la que se implica el transformismo como recurso plástico y de complementación orgánica de la trama teatral, logra instaurar la gracia de la representación desde el más sutil señalamiento ético hasta la plasmación concisa de la realidad más acusativa.

Los iconos que sobre la identidad cubana se estandarizan en la operativa actoral mediante personajes que van en su mayoría hacia una proyección documental y otras de talante moralizante, se encuentran explícitamente dirigidos a la activación de un rencuentro con los principios de formación cultural cubana sostenidos en su etapa revolucionaria. La imagen o símbolo de la religión cubana de descendencia africana, el miliciano, la puta y temas como la inmigración que es en definitiva la tribuna conceptual que se utiliza como eje central para emplazar las diferencias entre el pasado, presente y futuro de la nación son las bases referenciales que se han tenido en cuenta.

Café CCPC es una gran ´´añoranza por la conga´´que precisamente, pone al descubierto el entrecruce entre los binomios nostalgia-progreso y pasado-futuro. Representa un mosaico de lecturas que va entretejiendo un textil de posibilidades interpretativas donde la identidad no se asume como modelo histórico invariable, sino como agente movilizador que repercute y muta según las complejidades de la existencia histórica de cada contexto.


Por: Yoán Álvarez