Pasajes de la vida breveA la manera de Gustavo Doré, Charo Guerra, en sus Pasajes de la vida breve, ilustra su propia versión de la vida y la muerte. Dando por sentado un universo sin fronteras, ella ha escarbado, con sobrados recursos imaginativos, en zonas absolutamente ambiguas donde la supuesta realidad -o irrealidad- es siempre extraña porque hay que mirar con verdadera agudeza para descubrir todos los referentes con los cuales se emparentan estas realidades/irrealidades inmediatas. La casi ausencia de barreras entre lo externo y lo interno de los personajes de estos cuentos es lo que nos conduce a buscar respuestas que no siempre podemos encontrar en estas páginas y que nos inician en el viaje hacia el que la autora pretende conducirnos. 

Estas quince narraciones oscilan entre lo imaginado y lo más íntimo de cada uno de los personajes que aquí asoman en espacios - abstractos a ratos y muy precisos en otros- que demarcan la intensión de la autora de crear, no ya círculos como en la estructura del Infierno, sino pequeños cubículos que parecen habitar dentro del mismo edificio intangible donde se mezclan ensoñación, evasión y discurso racional. Estas historias tienen en común un ambiente distinguido por diferentes calidades de esfuerzos humanos donde diversas tensiones se encargan de aparentar un texto de ambiente de ensueño o umbría  que podría devenir en símbolo de los mundos interiores que Charo traza en estas páginas.

Diferentes ramificaciones morales se muestran aquí, marcadas por la ilusión o la parálisis, el hastío o la rabia pero teniendo como denominador común –como reza en la nota de contracubierta del libro- la naturaleza sobresaltada de los personajes y sus diferentes motivaciones psicológicas.

El instante fugaz donde Munch deviene buscador  de identidades e inmortalidades; el recuerdo de la fuente lanzada contra los intrusos; el paisaje europeo que es punto de fuga en el cuadro que cuelga en la oficina; el porquerizo muerto que probó la comida de los cerdos envenenados; el inocente, gris, asfixiado adolescente escondido por sus progenitores; el ladrón asesino de su propio padre; el grito que atraviesa este libro desde el cuento inicial y los delirios de los viajes…constituyen todos túneles de entrada y salida hacia la muerte en todas sus variaciones: la física y la psicológica, la espiritual y la simbólica. Túneles que no hay otra manera de atravesar como no sea recorriendo los pasadizos de la vida real o imaginada, que algunas veces viene siendo lo mismo. 

Las oposiciones logradas por Charo entre mundos de diferentes naturalezas es algo que define a Pasajes de la vida breve. La secretaria que tiene como mejor oficio las horas de felaciones de oficina, los anónimos acusadores, los jefes prepotentes, los traidores, encuentran su opuesto en la hierática fuente de mármol y los rostros absorbidos por Munch, en la mano manipuladora de los pintores y la imagen de un bosque dividido por el cauce de un río. El ambiente europeo donde el mesero afrancesado sirve panqué con pasas entre copas de vino encuentra su perfecto opuesto en el encierro del joven –pobre pájaro enjaulado- por sus padres para huir de una vida de servicio o de un servicio en la vida, váyase a saber cuál es el detalle exacto.

El equilibrio que establece Charo Guerra entre el tiempo real y el imaginado es otro de los aciertos de estas narraciones ya que marca no sólo el tiempo de la narración y la lectura sino también el tiempo de las pinceladas, la música o una mirada y esto no es un logro fácil porque para ello se precisa que la voz narrativa de la autora haya trabajado con intensidad porque, diciéndolo con sus mismas palabras: No debe precipitarse el movimiento. El tiempo va poniendo las cosas en su sitio.

No siguiendo una estructura de círculos, si no de habitaciones con puertas comunicantes, al llegar a la última historia descubrimos  que la puerta de salida comunica con la habitación primera. De este modo la protagonista del  último cuento (“La extranjera”), advierte ella misma: Soy la mensajera y nada más, lo que nos lleva a entrar nuevamente a la primera habitación-cuento, donde ya sabemos que se continuará por siempre esperando a Holger porque Los artistas lo complican todo,… pero los héroes son distintos y por ello la relectura, la visitación al edificio intangible donde se mezclan ensoñación, evasión y discurso racional va a seguir ocurriendo una y otra vez, entrando y saliendo al laberinto que Charo Guerra ha conformado para mostrarnos con cuidadosa garantíaexpresiva las distintas combinaciones de la vida y la muerte.

Notas:
Pasajes de la vida breve.fue publuicado por Ediciones Unión. Colección La Rueda Dentada. La Habana, 2007.

Laura R.Por: Laura Ruiz Montes
(Matanzas, 1966) Ha publicado entre otros, La sombra de los otros en la colección Pinos Nuevos, Lo que fue la ciudad de mis sueños, en Bartleby Editores, España. El camino sobre las aguas, Ediciones Unión