Daniel Chavarría  “Señor Primer Ministro: Sepa que no ha llegado usted a tierra extraña. José Martí, nuestro Apóstol, nos enseñó que los combatientes por la liberación de los pueblos son patrimonio de toda la humanidad. Bienvenido sea a esta patria liberada, que también es suya.”  Con estas palabras Fidel Castro recibió a un héroe africano en el aeropuerto de La Habana. Y con el mismo espíritu acogedor del Apóstol cubano, cuyo natalicio en 1853 celebramos en estos días, yo también fui acogido en esta patria donde vivo desde hace 44 años; pero no como luchador con las armas que nunca he empuñado, sino por defender con mis libros los principios de verdad y justicia que esta Revolución enarbola.  

“Con los pobres de la tierra quiero yo mi suerte echar”. Esto lo escribió José Martí, heraldo de verdades políticas y éticas que inspiraron su lucha por dar una patria a los cubanos, y sobre todo a los desposeídos.
 
Martí fue el inspirador de Fidel, Raúl y de sus compañeros cien años después; y ese mismo lema, sin formularlo con tan poéticas palabras, fue también el de José Gervasio Artigas hace 200 años, en el Uruguay, que es mi patria de origen; y luego lo asumió también Raúl Sendic, fundador de la guerrilla tupamara, cuya biografía escribo yo desde hace algunos meses con mucha pasión. Y como el tiempo en esta Feria es tan escaso, se me ha ocurrido leer un breve fragmento a modo de muestra muy, muy sintética, sobre cómo escribo y en qué creo.
 
Aquí les va el fragmento.
 
“El Sueco había matado a un sobrinito de cuatro años. Lo atropelló con su alazán en un galope de primavera. Para huir de sí mismo abandonó Upsala,
se enroló de marino y durante una curda fenomenal perdió su barco en Montevideo. Nunca supo por qué medios llegó a Nuestra Señora de la Santísima Trinidad de los Porongos, ni al rancho acogedor de la parda Beltrana. Ella adoró a primera vista a aquel rubio alto de ojos celestes. ‘Igualito al Cristo del almanaque’, comentó extasiada y se apropió de él. Por eso, y como llegara a Porongos sin papeles, le expidieron un salvoconducto con sus impresiones digitales y el nombre de Beltrán Upsala, de nacionalidad sueca, según su declaración.
 
“Cuando la Beltrana murió de un sarampión tardío, el Sueco lloró y lloró. Y durante sus pedos lacrimógenos monologaba en lengua hiperbórea. Su leyenda negra la confesó en un reiterado mea culpa de borracho, que luego circuló por el pueblo; pero nunca le trajo malas consecuencias, porque la gente lo quería. Era un arreglalotodo muy humilde y servicial; pero en particular, un mano santa. Muchos le agradecían curaciones y alivios por los que nunca cobraba. Decía que los dones de Dios no debían venderse. Y la gente lo tenía por un ser angélico.
 
“Según el testimonio de Luis Iribarnegaray, una madrugada, a su despacho de bebidas llegaron de recalada por la penúltima copa, el loco Centurión,

Julio Legaspi y el Venado Sánchez, cuando el Sueco farfullaba una invocación y el treno habitual por su añorada negra. La niebla alcohólica no le permitió darse cuenta del saludo y palmoteos de los tres juerguistas.
 
“—¿Qué carajo estará diciendo? —dijo pensativo el Venado.
 
“En su plan jodón, el Loco se las dio de políglota y dijo que él conocía muy bien la lengua sueca.
“En ese momento entró Raúl Sendic, con 16 añitos. Todas las madrugadas durante su reparto de leche, llegaba a tomarse una horchata fría en el
bar del Vasco.
 
“Y en esa ocasión, picado de curiosidad, el jovencito se puso a observar a Centurión inclinado un poco para oír lo que decía el Sueco, mientras
asentía con una sonrisa pícara, como si entendiera. Y cuando los otros lo urgieron a traducir, les informó:
“—Está llorando porque las monjas del Convento de las Ursulinas lo mandaron llamar para que les echara un polvo en lote y.
 
“Lo interrumpieron las carcajadas, de las que el Sueco ni se enteró; y el Venado incitó al compinche a seguir traduciendo:
 
“—Dale, Loco, preguntále ahora cuántos pudo echarse.
“—Ninguno; no le funcionó el aparato y por eso llora.
 
“Según Iribarnegaray, cuando estallaron las carcajadas de los parranderos, el adolescente Raúl se puso a rezongar a tres personas mayores, que no estaban maltratando a nadie, como él decía; porque con la señora mamúa que tenía el Sueco, de seguro no oía nada ni sabía lo que estaba pasando alrededor.
 
“Pero el Bebe Sendic se acercó a ellos y los retó como si fueran unos pibes malcriados:
“¿No les daba vergüenza, carajo, burlarse del sufrimiento de un pobre hombre, que a lo mejor lloraba por el abandono de su patria, de sus

hijos, por la muerte de un ser querido? ¿No comprendían que el alcohol y las lágrimas eran por buscar alivio a alguna tragedia suya?
 
“Ya a los 16 años, Raúl Sendic no toleraba humillaciones a la dignidad de los humildes”.
Por cierto, si esta biografía de Raúl Sendic me quedara bien, quizá logre escribir después la de otro Raúl. En todo caso, voy a dedicar la de Sendic a los Cinco Héroes cubanos presos en los EE.UU., en descarada violación de todos los derechos jurídicos, humanos y divinos.        
Viva Cuba, viva José Martí, vivan Fidel y Raúl.

Viva o povo angolano, a luta continua, até a vitoria sempre.
Hasta la Victoria Siempre.

 
Palabras en el acto de inauguración de la 22 Feria Internacional del Libro. Plaza de Armas, Fortaleza San Carlos de la Cabaña. La Habana, 14 de febrero de 2013.