El grupo Papalote, al que en 1962 llamaron el GrupoGuiñol de Matanzas después del cursillo de los hermanos Camejo celebra un nuevo aniversario. Una fecha memorable, el 19 de junio marca el inicio, el despegue de la trayectoria del colectivo  que después sería uno de los  emblemáticos de la Isla de Cuba, perennemente con su sede en Dáoiz, en pleno barrio de La Marina. Siempre escribo que los niños

matanceros han tenido durante casi cinco décadas  el privilegio de disfrutar un espacio para asistir solos o acompañados  al teatro, de un variado repertorio que ha incluido autores como Dora Alonso, Javier Villafañe, Federico García Lorca, Dania García, y fundamentalmente la prolífica  dramaturgia de René Fernández Santana. Cuando de aniversarios se trata uno empieza un recorrido en la historia casi siempre en retrospectiva.

Desde Tres somos tres, la última producción, hasta los inolvidables montajes de Pepe Camejo en marzo de 1962 de Las bodas de ratón pirulero, La margarita blanca, El Hacha de oro y Comino y pimienta vencen al diablo. Entonces, sin uno poder detenerse en cada montaje, en cada acontecimiento, en cada creador que dejó su huella, lo que sería volver a escribir la historia de un colectivo teatral sobre el que ya lo han hecho  Jorge Martínez, Oscar Jorge Marrero, Víctor Reyna,  menciono el montaje en 1963 de Lobito y su conciencia, obra del primer director de la agrupación: Rolando Arencibia. No olvido a los directores que pasaron por el guiñol matancero, como el uruguayo Nicolás Loureiro, Sarita Miyares, Eddy Socorro  y René Fernández Santana, su director de siempre, el creador de Papalote, el que voló indetenible al cielo, con las herramientas que otros le dejaron, creando las suyas, reinventándolas, asentándose para siempre en la historia del teatro para niños y de títeres en Cuba. Tampoco dejo de mencionar los diseñadores que han dejado su estela creadora en cada espectáculo o en otras zonas del diseño: Raúl Castro, el limonareño que diseñó La Guitarra de Felipito, El Día que se robaron los colores…; Manuel Hernández, devenido caricaturista, que inició en Papalote su servicio social y trabajó en cuatro obras durante la década de sesenta; el maestro de la cartelistica Juan Antonio Carbonell, que para reconocer su maestría, solo hay que revisar el cartel y el programa de Romance del Papalote que llegó a la luna, y exclamar ¡inolvidable!;  Zenén Calero, el de más profunda huella durante casi quince años en Papalote en el diseño escénico: muñecos, vestuario, luces, escenografía, pero también en la cartelería, la ilustración de libros y revistas como La Mojiganga o varios libros de René Fernández publicados por las ediciones emergentes de Teatro Papalote, con Vigía o Arbolé. Tampoco quiero dejar de mencionar al joven y talentoso diseñador gráfico Johan Trujillo, que ahora mismo trabaja con la agrupación, siempre renovada por la presencia de jóvenes creadores. Muchísimo menos, puedo dejar de mencionar a una atrezzista veterana, parte indisoluble de Papalote y del teatro matancero: Jacqueline Ramírez, artífice de cada uno de los sueños del director y el diseñador de la agrupación, en una especialidad donde el resultado de su labor es esencial para la concreción de la puesta.

Cerca de ochenta actores han pasado en las diferentes etapas de la agrupación. Nombrarlos a todos sería imposible en un espacio como este, pero si me gustaría recordar nombres como los de Miriam Muñoz, que comenzó su carrera allí, y volvió en otras ocasiones con la agrupación, y es una actriz de una huella imborrable en el teatro matancero y cubano de siempre; las hermanas Seguí, jimaguas que se iniciaron en Papalote en los setenta, que casi han vivido allí,  y una de ellas, Mayda todavía permanece con la agrupación. Las recuerdo interpretando a los Ibeyis, los dioses jimaguas y el hermoso e irrepetible recurso de verlas en escena en esta obra: actrices jimaguas, animando personajes jimaguas.  Leonardo Lucero, el primer graduado de la ENA, que ingresó al colectivo. Actores y actrices como Miriam Zulueta,   José Luis Quintero, Juan David Ferrer, Eduardo Roman... Rene Blanco...O a Rubén Darío Salazar, el primer graduado del ISA, premiadísimo actor, que marcó su carrera con el ya mítico Okín Aiye Aye y es actualmente uno de los más talentosos directores cubanos del teatro para niños y de títeres.  Músicos como Fabio Hernández, un nombre imprescindible, Joaquín Bermúdez, Hilda Elvira Santiago…, y entre otros que dejaron su aporte: Raúl Valdés, ese importante creador que ha legado una cardinal obra musical para el teatro matancero y cubano.

También deben recordarse los aportes de Afrocuba, Orum Arabba… En una fecha conmemorativa debe mencionarse asesores como Víctor Reyna, Jorge Luis Cabrera, Oscar Jorge Marrero, y el asesor folclórico, coreógrafo y bailarín Angel Luis Serviá. No deben olvidarse los numerosos premios que desde 1966 viene obteniendo el colectivo en eventos y festivales nacionales e internacionales.  Su extensa y variada trayectoria internacional desde que en 1984 representó a Cuba en el Festival de Títeres de Bielsko – Biala, Polonia; ni que fue Papalote quien nos representó por primera vez en el I Festival Iberoamericano de Cádiz en el 86. Tampoco olvidar su importante labor pedagógica, sus muestras expositivas en la Sala - Vestíbulo, su actividad comunitaria, su Taller Internacional de Teatro de Títeres y el espacio sociocultural La Calle de los Títeres, cuya existencia supera más de diez décadas. Sin duda no puedo mencionarlo todo, no puedo abarcar casi cincuenta años. He intentado jerarquizar,  pero faltan nombres, acontecimientos, que usted puede descubrir- si le interesa conocer - en los archivos de Papalote que se encuentran en el Centro de Documentación e Investigaciones de las Artes Escénicas Israel Moliner Rendón o en el área de documentación del colectivo. La huella inimaginable que ha dejado Papalote está en libros, recortes de prensa, fotos, catálogos, documentos. Una trayectoria inabarcable que siempre nos revela zonas no estudiadas, actores, diseñadores, técnicos, músicos, asesores, acontecimientos, eventos, espacios, que es fundamental estudiar y que muchos aparecen recogido en el Diccionario del Teatro para niño y de Títeres en Matanzas, de próxima aparición en diversas editoriales.

Sirva este brevísimo acercamiento en el Mar Desnudo, como un sencillo homenaje a todos los de alguna manera han dejado su aporte a la trayectoria del colectivo, y especialmente a la agrupación, que desde Dáoiz continúa su incesante labor en pro del teatro para niños  y de títeres en Cuba, siempre en el viento, buscando la inmensidad del cielo.



Por: Ulises Rodríguez Febles.
Dramaturgo e Investigador.