Matrioshka Karel BofillPese a la humedad del trópico que es capaz de ablandar cualquier resistencia, Karel Bofill escribe sentado frente a las aguas.  Crea palabras, que aún a riesgo de ser tragadas por los pelícanos, trascienden toda frontera y construyen un horizonte donde se mezclan los cascarones que conforman el imaginario del poeta con eso que alguien ha llamado “tiempo insular”. De esa mezcla nace Matrioshka, un cuaderno de poemas de apreciable integridad cuya esencia no solo no le impide, sino que lo impulsa a ser una criatura de dos cabezas que acompaña todo lo que nace y despide todo lo que muere.

La muerte del gorrión y el cactus encuentran en este libro paralelo con los cráneos humanos que vistos desde la altura muestran toda su soledad, toda su incapacidad.  Casi todo en estos poemas se erige en metáfora del hombre: la llave de agua bloqueada por la capa de magnesia, el perro muerto en la arena que lo aleja del camino del mar y de todo camino posible, la cotidianidad en alerta permanente porque quién sabe si la guerra…Como si la guerra no fuera también este estado tan conocido, esos mendigos de manos sucias, esa cara de bebé sonriente en la caja de talco y sobre todo esa sonrisa de por qué, de para qué y de futuro tambaleante.

 

Ocho cascarones conforman este libro. Cada uno es la patria y también es el buey de cabeza baja. Y es la altivez de la gloria y la tristeza-ojo de perro. Cada cascarón es el conocido paso hacia el abismo y es también su contrario: la pintura fresca y olorosa en las manos del infante, su dibujo extraño que a cada quien le recuerda algo diferente: un árbol, una casa, a veces una mancha negra aterradora y a veces una rayita mínima que no puede ser otra cosa que el mar. O que quizás tampoco sea el mar sino un tímido verso que recuerda la magnitud del mar, su alcance, su libertad y su peligro.

El discurso poético de Bofill es una zona casi virgen donde confluyen muchos espacios, donde se adentran angustias colectivas y poemas que son estremecedores testimonios personales. Poemas como matrioshkas cuidadosamente colocadas una dentro de otras como mismo se coloca el pasado dentro de los días que aún esperan. A veces entran suavemente y en ocasiones rechinan, siempre bajo el riesgo de que queden trabadas las dos partes. Siempre bajo el temor de no poder luego despegarlas, de no poder diferenciar entre lo nuestro y lo que no lo es, es decir: entre la nieve ajena y ciertos pensamientos, ciertos hechos que nos dejan completamente helados mientras repetimos una y otra vez que aquí, en esta isla, no hay inviernos.

Incluido a ratos y desterrado a veces, Karel Bofill regala sus matrioshkas. Ya se sabe que es un regalo traicionero, no es posible saber de antemano su contenido final pero vale el riesgo de encontrar lo inesperado en ese incierto camino que es la búsqueda de algo definitivo…o que por un instante, al menos, regala  la ilusión de serlo.


 
Por: Laura Ruiz Montes
 
Palabras de presentación de “Matrioshkas”, de Karel Bofill Bahamonde. Premio David, 2009. Publicado por Ediciones Unión, 2010